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Prosa poética a un ángel III
Pasaba el tiempo. El ángel y yo íbamos forjando una profunda amistad. Yo le apoyaba y le ayudaba en todo, sin pedir nada a cambio. Lo único que quería era su compañía y su sonrisa. Aún recuerdo con nostalgia su cabello dorado, sus ojos turquesas, su piel de plata...Éramos como dos en uno, como uno en dos. Los dos llorábamos juntos, los dos reíamos juntos. Nuestras almas se unieron como dos vientos que desde la montaña bajan al mar.
Gracias al ángel creía que el mundo era mejor, que merecía la pena entregarse a los demás sin más.
Cada día que pasamos juntos era un día feliz, alegre, que merecía la pena volver a vivir. Parecía que no nos importaba ser diferentes, nadar a contracorriente. ¿Para qué queríamos a los demás en aquel lugar? Ese lugar no era el mío. Tampoco era el del ángel. Al ángel le faltaba algo que no tenía allí.
Nos entendíamos. Sólo una sonrisa o un gesto bastaba. Y de fondo, las murmuraciones de los que sólo veían en el ángel. Elos sólo veían en el ángel una hierba a la que como mínimo había que pisotear, o ignorarla, porque era diferente. No era una hierba. Ellos son hierbas, malas hierbas que sólo se hacen fuertes cuando el número las protege y las respalda, pero que en solitario no són más que mosquitos insignificantes. El ángel sólo era una flor rara que nació para sufrir la incomprensión de muchos y tantos.
Uno al lado del otro íbmaos venciendo las dificultades que nos surgían día a día. Pero nada era tan fuerte como aquella unión, que yo creía eterna. Me hice a la idea
Y en la lejanía, los demonios conspiraban y se movían por su insidia amarga. Con palabras zalameras se ofrecían al ángel. Querían llevarlo a su lado, pero ¿para qué? Yo sabía que odiaban al ángel, que no lo entendían ni querrían entenderlo nunca. Y el ángel, seducido por la falsa dulzura, se dejaba querer por los diablos afanosos en hacer daño a quien no fuera como ellos. El ángel empezaba a tener vendados los ojos y sufría empezaba a comportarse como ellos [...]

Que interesante relato. Siempre la maldad es màs que nada vulgaridad y no saber elevar el alma màs alla`de lo ordinario y cuotidiano. Lo peor es cuando nos ciegan con esas vulgaridades y no podemos ver màs allà de las apariencias y empezamos a imitar conductas alienantes.
Eso mismo intento transmitir, y no sé si lo hago con éxito o no.
Me ha gustado mucho tu comentario . Gracias a tu comprensión y tu opinión tengo más ánimos de acabar este extraño relato basado en una vivencia personal que me acaeció no hace mucho. Ojalá que pronto encuentre u nhueco entre mis ocupaciones y pueda subir la cuarta y última parte, con desenlace un poco extraño, pero así ocurrió.
Con todo, intentaré seguir y hacerlo mejorando. Muchas gracias por tu comentario. No sabes cuanto te lo agradezco.
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