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A LAS PUERTAS DEL OCASO DE MI VIDA
¡Empiezo a ser viejo!
Ser viejo, o ser vieja, en muchas otras culturas es una condición digna y habitada de una inmensa honorabilidad y respeto. Yo, como sea, prefiero llamar a la vejez, como a una etapa de juventudes acumuladas.
Cuando se tienen más de 50, es cuando empiezas a reconocer, las riquezas que te da la experiencia, y te das cuenta de la “multiplicidad” de sus contenidos, de la fragilidad del ayer, y lo precario del mañana; tener más de los 50, es estar dispuesto(a), a vivir intensamente, la década que se nos abre, con una lúcida convicción de que puede ser la última. Es ya no posponer los sueños, es el tratar de hacerlos realidad lo más pronto posible, y en la medida de lo posible, es alegrarse y dar gracias al despertarse, y darse cuenta, que a uno le duele algo, -¡sigo vivo!- exclamas.
Tener más de los 50, es saber quienes son tus verdaderos amigos y amigas, y es el haberse ganado el enorme privilegio de ser tu mismo, y no simular más frete a los otros, es saber decir “no” cuando es “no”, y decir “si” cuando es “si”, es conocerse a fondo. Es conversar con la soledad, y nunca más sentirte solo(a), es asombrarse de lo que se ha logrado. Lo hecho, hecho está y ya no existe sino el asombro. Es reconocer la belleza, frente a esas mujeres que en un tiempo te volvían loco, y conservarte sereno, es tener muchas adolescencias acumuladas.
Me viene a la memoria el libro de “Gabo” de Gabriel García Márquez: “El amor en los tiempos de cólera” Cuando Florentino y Fermina, los dos, acumulando más de 150 años, y después de 53 años, 7 meses y once días, hacen por fin es amor, descubriendo los dos, que hacer el amor, es mucho más de un acto biológico de penetración, ligado a ciertos estímulos hormonales. El amor, el erotismo y la circulación del deseo, no tienen nada que ver con la química, a pesar de algunos artículos que salen periódicamente, para tratar de convencernos que el amor es una cuestión de química y que pronto podremos ver una molécula de amor debajo de un microscopio.
Sí, que esplendido es este libro, si lo comparamos con las putas tristes de su último cuento, que nos viene a contar las miserias de la vejez masculina, cuando necesita carne fresca antes de morir. Ese viejo y eterno cuento de los miserables putos del mundo. (Y aprovecho para contarles que mi computador me subrayo putos como palabra que no existe, más no así, putas…)
Pero Florentino y Fermina están ahí, para mostrarnos que, más allá de las modificaciones biológicas debidas a la edad avanzada de los dos, y de todo lo que nos ha contado la cultura y el discurso medico tradicional, (sobre el secamiento de las paredes vaginales y la disminución del deseo sexual entre otras cosas), desear al otro esta hecho de muchos elementos que permanecen intactos a pesar de los años. La circulación del deseo, desde lo imaginario, lo simbólico, la palabra y la experiencia amorosa acumulada, puede más, mucho más que la edad de nuestra piel y de nuestras hormonas.
“…Vivían horas inimaginables cogidos de la mano en las poltronas de la baranda, se besaban despacio, gozaban la embriaguez de las caricias sin el estorbo de la exasperación. La tercera noche de sopor, ella lo esperó con una botella de anisado (….), necesitaba un poco de aturdimiento para no pensar en su suerte con demasiada lucidez, pero Florentino Ariza creyó que era para darse valor en el paso final. Animado por esa ilusión se atrevió a explorar con la yema de los dedos su cuello marchito, el pecho acorazado de varillas metálicas, las caderas de huesos carcomidos, los muslos de venada vieja. Ella aceptó complacida con los ojos cerrados, pero sin estremecimiento, fumando y bebiendo a sorbos espaciados. Al final cuando las caricias se deslizaron por su vientre, tenía bastante anís en el corazón. (Del amor en tiempos de cólera), de Gabo, otro de mis escritores y libros favoritos, que igualmente les recomiendo, junto con sus “cien años de soledad”, que le dio el premio novel.
-Si hemos de hacer pendejadas, hagámoslas –dijo- pero que sea como la gente grande.
La llevó al dormitorio y empezó a desvestirse sin falsos pudores con las luces encendidas. Florentino Ariza se tendió boca arriba en la cama, tratando de recobrar el dominio, otra vez sin saber qué hacer con la piel del tigre que había matado. Ella le dijo: “No mires”. El pregunto por qué sin apartar la vista del cielo raso.
-Porque no te va a gustar- dijo ella.
Entonces él la miró, y la vio desnuda hasta la cintura, tal como la había imaginado. Tenía los hombros arrugados, los senos caídos y el costillar forrado de un pellejo pálido y frío como el de una rana. Ella se tapó el pecho con la blusa que acababa de quitarse, y apagó la luz. Entonces él se incorporó y empezó a desvestirse en la oscuridad, tirando sobre ella cada pieza que se quitaba, y ella se las devolvía muerta de la risa……”
Dejo aquí para no aburrirlos, pero como lo saben, Florentino y Fermina no se separaron un solo instante en los días siguientes.
Es una lección que nos da García Márquez a través de sus dos protagonistas, una lección de humanismo, una prueba de nuestra humanización, una prueba bellísima de que al cumplir más de los 50, definitivamente nos hemos alejado del macho y de la hembra que solo pueden obedecer a determinismos biológicos en el único contexto de la reproducción. Amar y desear a los cincuenta, sesenta, setenta y ochenta es la victoria de lo simbólico, de lo imaginario y del erotismo sobre la triste cópula de los animales y desafortunadamente de algunos animales de la especie humana también…
Por supuesto que para vivir esto es necesario, como ya lo mencioné, decir adiós a los estereotipos culturales que constituyen a menudo nuestras propias ataduras
. Mi generación pertenece a una generación de protagonistas históricas sin precedente, Muchos años de lucha, nos cambiaron la vida en medio de enormes resistencias, y la mujeres ganaron, junto a nosotros, muchos de sus cambios que ahora la mujer de hoy, hi siquiera sabe los costos que esto costó.
Las imágenes culturales de mujeres mayores de mi infancia hablaban de mujeres tristes y vestidas de gris, de señoras de la misa de seis, de señoras bien aventajadas, la maestra de escuela con su traje sastre y su peinado de moña y de las abuelas o tías solteronas, o mujeres llenas de experiencias pero relegadas al patio de atrás repitiendo con sus nietos y nietas lo que habían hecho toda la vida Eran las mujeres viejas de mi infancia. Por supuesto existían excepciones como lo fueron muchas mujeres de lucha, quienes, ya en 1930, sintiéndose incómodas en un mundo de hombres que no las dejaban existir en el sentido moderno de la palabra, iniciaron una lucha tenaz para el sufragio femenino. Fueron 20 años de lucha en las cuales oyeron cualquier cantidad de imbecilidades por parte de los patriarcas de este país, hasta que consiguieron el derecho a voto.
Hoy las imágenes de mujeres de 50, 60, 70 son múltiples, variadas y a menudo sorprendentes. Se están forjando nuevos mundos imaginarios, a partir de la multiplicidad de identidades femeninas. A veces nosotros mismos, las miramos y no lo creemos.
Existen también imágenes culturales para nosotros, esas imágenes del viejo verde que puede todavía seducir a una mujer que tenga mucho menos de la mitad de su edad.
Duro soportar ese cliché, cuando sabemos que un hombre de 60 o 70 ya no tiene mucho para seducir con los criterios de una cultura patriarcal que pone el éxito y el poder sexual como garantes de la seducción.
Poder sexual masculino a los 60 o 70…olvídense… yo, conozco a los hombres de mi generación, y al menos de una gran fortuna, (Léase viagra), que pueda suplir una poderosa erección…no tenemos gran cosa para mostrar.
Al mismo Florentino le pasó. “–Esta muerto- dijo el, sin ilusiones. Le toco confesar a Fermina que la primera vez siempre le pasaba lo mismo, una mentira piadosa por supuesto.”
Pero a ellos dos no les importó mucho porque sabían que el erotismo tiene múltiples otros recursos que la erección y la penetración.
Y sí, creo que es, hoy por hoy, más duro envejecer para nosotros los hombres, porque a nosotros de verdad, nos hemos fosilizado, mientras que las mujeres evolucionan como nunca antes. Hoy día las mujeres son el verdadero motor del cambio, los hombres no. Las mujeres han re-significado casi totalmente su existencia. Los hombres, no. Las mujeres están inaugurando todo: la palabra, la escritura, el saber y la participación en los espacios públicos; pero también están inaugurando el amor desde un cuerpo que por fin les pertenece, están inaugurando un deseo propio que ya no necesita mimetizarse sobre el deseo masculino y por supuesto están inaugurando una vejez llena de posibilidades insospechadas hace solo 5 décadas.
Sí, tener 50 años hoy, puede ser un goce. Para mi lo es. Es el inicio de un ciclo culturalmente más productivo, una etapa de crecimiento intelectual y laboral. No sé si si soy más productivo ahora, pero empecé a escribir libremente a los 17 años, y tener 40 años, escribiendo, es iniciar el camino hacia la levedad. Ya se resolvieron los grandes problemas de mi vida, ya se me agotan los temas.
Así es el tiempo,hasta me da coraje ir al médico, pero no porque esté enfermo, sino por que los médicos de hoy, hablan con sus computadoras en vez de con el paciente.
Habla con tus pacientes, (Le digo a mi hijo, que es doctor) Uno va a con el doctor, para que alguien nos escuche y no tanto para obtener una formula, tómense el tiempo de hablar, de escucharnos, de preguntarnos sobre la calidad de vida familiar, laboral, amorosa, sexual. La medicina nunca hubiera debido dejarse medir con criterios de rentabilidad. Ustedes saben más que yo que la palabra, muy a menudo, cura más que la formula. Cuéntennos, (a nosotros viejitos(as), que hacer el amor sin consultar el calendario, sin píldoras o dispositivos intrauterinos, dejando circular libremente el deseo, es un privilegio; cuéntenos que podemos ahora amar de manera liviana y sin culpa, porque a los cincuenta años uno conoce su cuerpo y debe saber amar. Dígannos que nunca es tarde para empezar a amarnos a nosotros mismos, a cumplir viejos sueños, a volver a enamorarnos, porque el divorcio o la separación no son fracasos, son derechos que hablan de la libertad para volver a empezar. Lo necesitamos escuchar. Claro sé que están las oleadas de calor, (bochornos) para la mujer, pero pasan, ¿cierto? -la homeopatía y la acupuntura hacen milagros, las terapias de sustitución hormonal también- y en cuanto a la resequedad de las paredes vaginales, yo creo que se la inventó una cultura misógina, porque a los hombres patriarcas, les gusta más, tener sexo con jovencitas que con mujeres maduras, que podrían enseñar cosas que ni siquiera sospechamos...
¡ARRIBA LAS MADURITAS. JE JE JE!

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