¿ES LA ADICCION Y LA DELINCUENCIA, UNA ENFERMEDAD'
¿La delincuencia y la adicción, como una enfermedad?
Se observa una tendencia a concebir como patológicos ciertos comportamientos, para evitar el juicio moral y/o judicial sobre ellos. Tal maniobra, al contrario de como suele ser presentada, no es «liberadora» sino todo lo contrario. Además tiene muy diferentes pero siempre nefastas consecuencias en la consideración de violadores o consumidores de drogas como «enfermos» en vez de como delincuentes que han de responder de sus actos, en el primer caso, o de personas que ejercen sus derechos sin eludir la responsabilidad, en el segundo
«No estamos locos, que sabemos lo que queremos...» Canción popular
En un momento determinado (que no voy ahora a situar con precisión), algunos comportamientos, que hasta entonces habían sido tenidos socialmente por delictivos, empezaron a ser paulatinamente considerados como «patológicos» o «enfermos». El paso, o los pasos –al principio inadvertidos– en esta dirección, se dieron desde supuestos presuntamente «humanistas» o incluso«progresistas», o así se quiso presentarlos. A partir de ese momento, en algunos ámbitos se viene teniendo por más pertinente considerar ciertos comportamientos como propios no de delincuentes o de criminales, sino como característicos de «enfermos». Ello sería más adecuado por ser, supuestamente, más progresista, más humano. La cantinela de que no son delincuentes que precisen castigo, sino enfermos que necesitan tratamiento, se ha convertido, de un tiempo a esta parte en bandera progresista frente a las concepciones y propuestas más conservadoras de «mano dura» en la persecución y el castigo del crimen.
Sin pretender cuestionar la idea de que dentro de los sistemas sociales la promulgación de reglas y prohibiciones y su reforzamiento mediante sanciones «sirven como medios primarios para ejercer un control sobre la conducta de los individuos» sin desconocer que a partir de un momento dado en las sociedades occidentales «el ejercicio del poder se formula siempre en el derecho» y que el sistema mismo del derecho es «una manera de ejercer la violencia, de anexarla en provecho de algunos y de hacer funcionar bajo la apariencia de ley general las asimetrías e injusticias de la dominación»; sin negar que el sistema penal castiga especialmente a los previamente desfavorecidos; sin querer tampoco entrar (por lo menos de momento) en la discusión de si puede o no haber alternativas factibles a la regulación de unas normas de convivencia que incluyan algún tipo de sanción..., me propongo defender que la patologización de comportamientos no es en absoluto una forma de humanizar a las personas que los llevan a cabo, sino, al contrario, una manera de desposeerlas de la dignidad que como seres humanos les corresponde, al considerarse que tales personas no son libres de actuar como lo hacen y que por lo tanto no pueden ser responsables, no se les puede pedir que respondan de sus actos (mientras que quien lleva a cabo tal consideración sí que actuaría como una persona adulta, libre y responsable).
Sostengo que esta operación patologizadora de la conducta, lejos de conducirnos a la liberación de las cadenas que nos atan a poderes externos, constituye una vuelta de tuerca más en el proceso de arrebatársenos la soberanía sobre nuestras acciones, infantilizándonos y poniéndonos bajo la tutela de instancias sobre las que no tenemos posibilidad alguna de intervención. Una manera, en definitiva, de quitársenos libertad y de que se ejerza un control sobre nuestros actos que resulta tal vez más fina y presentable que la burda criminalización, pero también más difícil de detectar y de rechazar. A este respecto cabe señalar que frente a la consideración de delincuente, que iba con toda claridad contra la persona criminalizada, la patologización y la intervención posterior tendente supuestamente a curar, se justifican como algo que se hace por el bien de la persona etiquetada de enferma.
No es excepcional, sin embargo, pasar a tratar desde una perspectiva médica conductas que anteriormente han sido consideradas moralmente reprobables y/o jurídicamente punibles: piénsese por ejemplo en la masturbación, la homosexualidad, el uso de drogas; y cada vez que se ha llevado a cabo, ha sido presentada como si fuera más amable, más benévola para con las personas afectadas esta maniobra de concebirlas como enfermas; pero la operación del pobrecitos-están-enfermos siempre ha destilado también un tufillo paternalista y perdonavidas difícil de ocultar.
La progresiva ampliación del campo que se analiza en términos médicos («sano», «enfermo»...) es directamente proporcional a la reducción del que se describe recurriendo a conceptos como libertad/responsabilidad, conceptos estos centrales en la reflexión ética y en la concepción del ser humano que de ella se deriva. La cuestión es que cada vez se medicalizan más aspectos de la vida cuyo lugar, si de respetar la dignidad del prójimo se tratara, debería ser la ética y el derecho, es decir, el ámbito de la elección personal, de la libertad y la responsabilidad, del ejercicio de los propios derechos y del respeto a los ajenos. Sin embargo, el «imperialismo médico» invade cada vez más terrenos de nuestras vidas y pretende explicar actitudes y comportamientos personales que, por el motivo que sea, son considerados inadecuados, utilizando términos como «sano» o «enfermo». Se trata del proceso al que Foucault denominó medicalización indefinida: la medicina parece no tener campo exterior a sí misma.
Analizar el comportamiento humano básicamente en términos de libertad/responsabilidad o, por el contrario, priorizar la concepción médica de la conducta, es una elección de importantes consecuencias. Me propongo defender la idea de que no se reconoce más dignidad a las personas ni se las trata de forma más humana por el hecho de negarse a considerarlas responsables de lo que hacen; no es más progresista actuar así que pedir cuentas
Por mi parte, me resisto a concebir el encarcelamiento como algo diferente del castigo (por más que tanto la legislación como la legión de sociólogas, psicólogos, monjas, curas y demás profesionales que le hacen los coros, insistan en subrayar que el objetivo de la prisión es –o debería ser– la reinserción); dudo además de que nadie, y menos aún el Estado, tenga el derecho de ni siquiera intentar reinsertar a persona alguna
Por lo demás, repetiremos con Sánchez Ferlosio, «que no nos falten las fuerzas para preferir siempre la prisión al sanatorio».
"TOMADO DE TERESA MALDONADO"

LAS CONDUCTAS ANTISOCIALES DEBEN SER ABORDADAS DESDE UNA VISION MAS INTEGRAL Y ESTA VISION NOS LA PROPORCIONA LA CRIMINOLOGIA.
LA MISMA NATURALEZA DE ESTA CIENCIA SINTETICA, CAUSAL EXPLICATIVA,NATURAL Y CULTURAL DE LAS CONDUCTAS ANTISOCIALES, NOS BRINDA UN ESPECTRO AMPLIFICADO DE LO QUE IMPLICAN LAS CONDUCTAS ANTISOCIALES
LA TENDENCIA ACTUAL, PARA EXPLICAR DIFERENTES FENOMENOS (SOCIALES, POLITICOS, ECONOMICOS, BIOLOGICOS, ETC) ES A TRAVES DE LA SINTESIS DE DISTINTAS CIENCIAS, EL BENEFICIO QUE SE OBTIENE CON LA SINTESIS ES MAYOR YA QUE EL FENÒMENO ES ABORDADO DESDE DISTINTOS ANGULOS Y NOS LLEVA A LA CREACIÒN DE UNA SUPER-CIENCIA.
PONGO EL EJEMPLO DE LOS DEFENSORES DE LA NOCIÒN JURIDICA ACERCA DE QUE LAS CONDUCTAS ANTISOCIALES SOLO PUEDEN SER OBSERVABLES POR ELLOS Y POR LO TANTO SANCIONADAS POR SU MATERIA Y YO DIRIA QUE ES UN ERROR YA QUE RECORDEMOS QUE LA REALIDAD ES CAMBIANTE EN TANTO QUE LA LEY ES ESTATICA, Y POR LO GENERAL ATRASADA.
CON ESTE EJEMPLO PRETENDO DAR A ENTENDER QUE NO ES POSIBLE ABORDAR EL FENÒMENO ANTISOCIAL DESDE UNA POSTURA INDIVIDUALISTA (EGOITA) YA QUE POR SU NATURALEZA, RESULTA INSUFICIENTE PARA UN ENDENDIMIENTO A FONDO
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