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A continuación os voy a ir dejando un relato por capítulos sobre la historia de un sicario, y como poco a poco la trama que voy sacando va complicándose.
Capítulo 1:
Cruda realidad
Hola, me llamo Cédric Iscariote, o por lo menos me llamaré así durante mi estancia en Paris. Me hallo sentado en un “Irish Pub” tomándome un café de 15 euros, son aproximadamente las nueve y el Sol luce bien. Tiene bonitas vistas, la torre Eiffel se ve perfectamente desde aquí y la gente parece agradable. También se distingue el “Vitrau”, una especie de restaurante que siempre saca buenos beneficios. Todo está tan tranquilo, eso me gusta, un buen ambiente y gente tranquila, nada de alborotos, pero eso no suele durar mucho, fijaos, la mayoría parecen guardar su verdadero rostro, tras las sonrisas que muestran se esconde un llanto, saben que sus vidas son un asco pero reniegan de ello, se mienten a si mismos, en otras palabras, no son realistas. Aun así creen en este mundo, piensan que mas allá de sus vidas abunda la felicidad; pero está bien, les hace optimistas y eso me gusta.
Observo a una pareja no muy lejos de mí, él parece haberla engañado con otra mujer, ella lo sabe y no se lo ha dicho, los dos sonríen y es a eso a lo que me refiero.
A pocas mesas de mi se encuentra una mujer, rubia y supongo que de unos 47 años, va muy bien vestida y se está tomando un Martini. Se ha fijado en mi, me lanza miradas seductoras y se roza con suavidad los labios, eso me indica que enseña una vida lujosa y despreocupada, y seguro que al llegar a su adorable mansión sola, seguirá con su botella de Martini que tanto le gusta para olvidarse de la desagradable vida que lleva.
Parece haber un vagabundo en uno de los bancos que abundan en esta acera. Es bastante mayor y sonríe a cada individuo que pasa a su lado. Su rostro es familiar para todos, antes era millonario, estafaba a la gente, se regodeaba con la clase alta y se casó innumerables veces, todas las mujeres con las que compartió su vida fueron hermosas, lo que no sabia es que eran cazafortunas. Ahora vive en la calle y la gente le ignora.
No me quiero desconcentrar, Vuelvo a fijar la mirada en el Vitrau, parece que alguien importante está entrando, Lionel Mercié. Otro ricachón corrupto que abunda en este barrio. Va muy bien escoltado, este año Lionel se ha presentado a las selecciones, parece ser que su ambición no tiene límites, quiere ser presidente. Nadie le votará, aunque eso a él no le importa, conoce gente importante y tiene mucho dinero. Hoy en día el dinero mueve el mundo, da igual quien seas mientras tengas dinero, pero creo que hay alguien que eso no le importa. Lionel ya está dentro del Vitrau, se sienta y pide a uno de sus matones que le traiga el periódico.
Para asombro de todos, el local donde se encontraba el magnate explota, es una lástima, en el Vitrau se comía bien. La gente empieza a aterrarse, gritan y corren; pero nadie hace nada útil.
¿Por qué ha sucedido esto? Quizá Lionel tenía enemigos, supongo que mas de uno, ¿Pero quien es el desalmado que ha hecho esta atrocidad? Me pagaron bien.
Si, soy un sicario, me pagan por aquello que mejor se me da hacer, matar gente.
Lionel Mercié está muerto y me he acabado mi café, aquí ya nada me retiene.
Me dirigí al aeropuerto para llegar a Londres, os contaré algunas cosas durante el transcurso del viaje.
Nací en España, mi madre tenía 17 años cuando salí de ella. Era una yonki, con 23 años se casó con un hombre que al poco tiempo descubrió que era alcohólico. Casi todas las noches oía desde mi habitación gritos, y al día siguiente la veía con moratones. Mentiría si dijese que no intentó abusar de mí, pero cada vez que lo intentaba mi madre se interponía, y esa fue la causa de su muerte. Mi padrastro fue a la cárcel y yo a un orfanato. Cuatro años después fui adoptado por una pareja de ingleses bastante perfecta, por lo menos en apariencia. En realidad eran dos personas que trabajaban para una organización que se encargaba de quitar de en medio a los enemigos del gobierno. Durante esa época, la organización mandaba lacayos a adoptar huérfanos de todo el mundo para amaestrarlos en el arte de la muerte. En esa etapa de mi vida aprendí a dejar apartados mis sentimientos, me enseñaron cientos de formas para quitar una vida, me metieron en la cabeza más de cinco idiomas y aprendí a soportar el dolor.
Con 22 años dejé esa organización fingiendo mi propia muerte para intentar llevar una vida normal. Dios sabe que lo intenté, pero me cambiaron demasiado como para ahora ser una persona normal, dos años intentando llevar una vida así fueron mas que suficientes para darme cuenta de lo engañado que estaba. Por capricho del destino, conocí a una mujer que se hacía llamar Zoe, que me introdujo en una agencia secreta llamada “Los Cuatro Astros”. Zoe no me conoció por casualidad, la agencia llevaba tiempo buscándome y ella era la encargada de hacerlo, y esa es una de las cosas por las que no confío demasiado en ellos, ¿Cómo sabían que estaba vivo? Por lo demás está bien, son discretos y normalmente me facilitan los utensilios que necesito en cada trabajito que me asignan. Ya llevo unos cinco años trabajando para ellos y aunque de momento no les he defraudado, no perdonan una.
¿De que va Los Cuatro Astros? Muy sencillo, todo es pura rutina y todos los encargos se realizan de la misma manera, una persona con influencia tiene la suerte de conocer nuestra existencia, contacta con los mandamases de la agencia, le cuenta quien o que es lo que lo molesta, los mandamases contactan con uno de nosotros y entonces acabamos con el obstáculo de nuestro cliente.
Bienvenidos a mi vida.

Capítulo 2:
Dentro del cascarón
El avión ha aterrizado y me encuentro en Londres. Me dirigí a la central, donde seguramente me estará esperando Zoe. La central está bajo un edificio, para llegar hay que pasar por un portal bastante corriente, dentro hay mendigos y okupas. Entrando al aseo y abriendo una trampilla del suelo se accede a una especie de ascensor, que baja diagonalmente. Cuando el ascensor para debo meter un código de cinco dígitos que cambia diariamente y solo hay un intento para pulsarlo de forma correcta, no os gustaría saber que ocurre si fallas. Una vez insertado el código, el ascensor se abre y entro en una sala rectangular con dos guardias a los lados, lo cruzo y pongo el pulgar de mi mano derecha en una pantalla táctil. Una puerta escondida se abre y por fin, ya estoy en la central.
-Uno! Me alegra volver a verte! Por cierto, debo comentarte una cosa acerca de tu último trabajito. ¿Por qué volaste todo el Vitrau? Solo tenías que encargarte de Lionel Mercié.
El que me habla es “el Patrón”, lo llamamos así porque en la central es el que está al mando. Por lo visto no está muy contento, parece que no le ha gustado mi actuación, pero pocas veces se le ve feliz, Patrón es una persona amargada que siempre está detrás de todos nosotros para averiguar que hacemos mientras estamos en la central. Como todos los demás, me ha llamado “Uno”. Aquí en la central me otorgaron este mote hace poco por demostrar ser el mejor.
Bueno, será mejor que le de alguna escusa al Patrón para que me olvide durante un tiempo, siempre que me dirijo a él lo hago de forma que se enfade mas, me gusta cabrearle, es como si demostrase que es inferior, siempre funciona.
-Patrón, con todo mi respeto, no me proporcionasteis las herramientas adecuadas para efectuar de forma segura y discreta mi trabajo, vuestra incompetencia en la labor ha ocasionado que mi persona utilizase otros utensilios un poco mas llamativos y acabase por crear una barbacoa gigante. Quizás, si hubiese tenido en mis manos un instrumento como el MK96, el Vitrau no estaría saliendo en los canales de televisión de todo el mundo. Ahora, si me disculpas, debo marcharme, me parece que no tenemos nada que discutir ¿cierto, Patrón?
El Patrón se quedó en silencio mientras me perdía de vista. A pocos metros se encontraba Zoe, mirándome con esos dulces ojos oscuros y a la vez penetrantes, es capaz de hipnotizar a cualquiera cuando sus susurrantes palabras salen de su boca.
-Hay que ver la que has montado, en la tele no hablan de otra cosa. ¿Qué tal Francia? ¿Es tan bonito como dicen? Que preguntas, tú no eres de los que se paran a contemplar el paisaje.
-Igual no me conoces del todo bien.
-Vamos Uno, soy la única que te conoce, así que no te hagas el interesante, quizá te lleves alguna sorpresa guapo.
-No me llames así, ¿Sabes donde está Operador?
-No me cambies de tema, siempre me haces lo mismo.
-Venga, necesito hablar con él.
-Estará discutiendo con Random, como siempre.
-Eso significa que estarán en el cuarto Randon, gracias Zoe.
Siempre que hablo con ella me pongo nervioso, no se si es porque me gusta o porque me saca de quicio. Me dirijo a la habitación de Random, una persona muy desordenada, no soporto nada de él, es prepotente y un poco egocéntrico, por lo que paso de hablar con el, tengo un sistema bastante bueno para quitármelo de encima cada vez que me molesta. Bueno, ye he llegado, allí están, discutiendo de nuevo, será mejor que entre… Buf, esta habitación huele que apesta.
-Random, salte un momento, debo hablar con Operador.
-Hey! Esta es mi habi…
-O te sales o te rompo las piernas.
-Va…vale…
-Operador, ¿Tienes lo que te pedí?
-Me ha costado un poco mas de lo que pensé Uno, pero ya lo tengo, está en mi cuarto, y lo necesitarás para tu próximo encargo.
-¿Próximo? Creía que iba a descansar unos días… esto…¿Cómo sabes que voy a tener un nuevo encargo? Tú nunca sabes de mis misiones.
-Ups, lo siento Uno, no debería haberte dicho nada, no se lo digas al Patrón por favor! Odio que me eche la bronca.
-No te preocupes, nadie quiere oír al Patrón. Te dejo, tengo que cambiarme.
Después de recoger la MK96 del cuarto de Operador me dirijo a mi habitación. Dejo el arma y me doy una buena ducha fría. Estos son los mejores momentos para pensar, y lo primero que me viene a la mente es uno de mis mentores, le llamaban Ramses. Era una persona muy seria y siempre veía la realidad de las cosas.
Yo era un niño cuando me enseñó a matar, recuerdo aquella vez que me dejó ir a una de sus misiones. Me llevó a una azotea, desde donde se veía una ventana de otro edificio, una ventana que daba a la habitación de un famoso hombre de negocios.
Me acuerdo perfectamente que en ese preciso momento no dejaba de hacerle preguntas.
-¿Quién es ese hombre Ramses? ¿Quién es?
-El objetivo, niño.
-¿Por qué vas a dispararle, Ramses? El no nos ha hecho nada.
- Su nombre es Andrei Perman, tras esa fachada de magnate, se esconde uno de los traficantes de heroína más grande del mundo. Cada año mueren miles de personas por su culpa, el blanquea el dinero en importantes bancos.
-¿Qué es blanquear?
-No me interrumpas niño. Después de eso lo lleva a una cuenta que tiene en otro país, y así todos los meses. No puede ir a la cárcel porque tiene comprado a medio país, solo la gente humilde está bajo la ley, él solo se debe preocupar de no llamar la atención, Cuando desde su gran oficina se asoma por la ventana, no ve a personas moviéndose por las calles, solo ve montones de billetes correteando. El mismo es un cáncer.
-¿Por eso le vas a disparar?
-No, lo que el haga no me importa en absoluto, solo te he dicho lo que querías oír. Lo voy a matar porque esa es mi misión. Es posible que el cliente sea alguien de la competencia, alguien que sea igual que él. Nosotros no somos héroes niño, solo hacemos lo que nos ordenan, recuérdalo siempre, hoy ha sido el pero mañana podrías ser tú.
Recuerdo aquél momento como si fuese ayer, Ramses me enseñó muchas cosas de la vida. En fin, es hora de volver a la sala donde se encuentra el Patrón, supongo que me dirá de qué trata esa misión de última hora de la que me habló sin querer Operador.
-Uno! Por fin te encuentro, ven aquí muchacho, tienes un encargo urgente.
-Vaya Patrón, me has pillado por sorpresa, ¿De que trata?
-Es un nuevo cliente, se llama…
-No! No quiero saberlo, eso no importa, dime que tengo que hacer.
-Tu objetivo se encuentra en China, mas concretamente en Fuzhou. Su nombre es Yasuto. Zoe irá contigo
-Siempre voy solo.
-Esta vez no, Uno. Coge todo lo que necesites y marcha hacia China. Toma, aquí tienes la dirección de tu piso franco, cuando llegues encontrarás toda la información necesaria para encontrar a tu objetivo.
Esto pinta mal, nunca me ha obligado ir con alguien, y menos con Zoe ¿Por qué ella? Empezaba a tener dudas, dudas de todo, algo me decía que ir a China resolvería mis quebraderos de cabeza.
Capítulo 3:
En la telaraña
El viaje a Fuzhou fue movidito, Zoe se comportó como una niña. Llegamos al piso franco, estaba bien amueblado. En la mesa del comedor había unos papeles, en ellos venían nuestras nuevas identidades, el nombre de un hotel y el número de una habitación, entre otras cosas. En una de las dos habitaciones había dos maletines, uno con un millón de yuanes y el otro con mi preciosa MK96.
-Bueno, tenemos que ir a ese hotel Zoe.
-Ahora soy Eva Martínez, no lo olvides cariño-Otra vez empieza a hablar con tono sensual, lo hace adrede, sabe que me pongo nervioso-Y tu te llamas Juan Del Monte. Venimos de España a pasar las vacaciones.
Ya en el hotel, nos dirigimos a la recepcionista, es rubia y sus ojos no son rasgados, supongo que hablará nuestro idioma, con un poco de suerte, el chino no lo domino muy bien.
-Buenos días, ¿Qué desean?- Tiene acento extraño, la habrán contratado por saber bastantes idiomas, seguramente este hotel está lleno de turistas, además tiene aspecto de irresponsable, je, nunca se me escapa nada, aprendí del mejor-
-Buenos días, nos gustaría alquilar una habitación-Le dije con tono amable-La 512 si es posible.
-Muy bien, dejadme que vea, un momento.
-Mira cariño, que fuente mas bonita!
-Eva, cálmate, y deja de mover los brazos de esa manera, la gente nos está mirando, se van a pensar que eres tonta.
-¿Qué me has llamado?
-N-Nada, simplemente te digo que te controles, mi amor.
-No, me acabas de llamar tonta!
-No montes el numerito otra vez.-Afortunadamente, la recepcionista nos volvió a hablar, me ha salvado de la sobreactuación de Zoe-
-Uy, lo siento, pero está reservada.
-No puede ser señorita, mi mujer y yo veníamos con la ilusión de estar en esa habitación, además, ella es supersticiosa, y si no nos dan esa habitación se pondrá histérica.
-Lo siento, pero la habitación ya está reservada, a nombre de Juan Del Monte.
- ¿Cómo? Si ese soy yo, aquí tiene mi DNI. Si nos da la llave ya no nos quejaremos al gerente-Que extraño, Patrón no me comentó que ya tendría reservada la habitación, cada vez lo odio más-
Subimos a la 5ª planta, donde se sitúa la habitación, y entramos.
-Vaya, que muebles mas exóticos Juan, ¿te gustan?
-No, y concentrémonos. Nuestro objetivo se llama Haoyu, y desde la ventana del salón se debería ver.
-Si, pero primero comamos, tengo mucha hambre y no he comido nada desde que llegamos.
-Está bien, de acuerdo, pidamos algo.
Después de pedir la comida y comérnosla, Zoe me convenció de acomodarnos en el sofá para ver la televisión mientras hacíamos la digestión. Salió un anuncio de apadrinamiento, y como no, Zoe saltó.
-Que pena dan, míralos, no tienen nada, ojala alguien les ayudara.
-Claro, que pena dan ¿no? Sin embargo sigues sentada, luchando por respirar, por el atracón que te has dado, compadeciéndote de ellos y a los pocos segundos te habrás olvidado de lo que has visto y de forma desinteresada seguirás hablando de otra cosa. Pero si lo que les sucede a ellos pasa justo a tu lado, a la gente que te rodea la cosa cambia ¿verdad? Actuarías de forma distinta, te interesarías de verdad e incluso te asustaría, intentando salvarte para no estar en su piel. Piensas como el resto del mundo, cuando la situación es lejana se desinteresan y despreocupan, pero si interactúa con ellos de forma directa su comportamiento cambia radicalmente.
-¿Sabes que? Odio cuando te pones así, crees que todos somos víctimas de la realidad, pero no sabes que tu eres víctima de ti mismo!
-Solo intento decirte que todos desempeñamos el papel que se nos ha sido otorgado desde que nacimos, no podemos cambiarlo, es inevitable, no podemos cambiar nuestro destino al nacer, nadie tiene la culpa.
- Capullo!
Zoe se levantó y se metió en la habitación, dando un gran portazo. Resulta irónico que alguien como ella se enfade de esa manera por lo que he dicho, pero miremos el lado positivo, ahora puedo centrarme en mi trabajo sin nadie que me moleste, resulta gracioso, cada acción conlleva a una reacción. Otra cosa que me enseñó Ramses.
Me pongo los guantes, saco la MK96, le pongo el silenciador y me asomo un poco por la ventana, Haoyu debe estar justo en el edificio de enfrente, afortunadamente tengo una foto de él. Ya! Le veo, todas las molestias que se ha tomado Patrón con esta misión y el incompetente no me ha podido facilitar información mas precisa sobre su ubicación.
Vaya, está acompañado, será su guardaespaldas, estos tipejos suelen tener como mínimo un… un momento, se va, le van a dejar solo, el guardaespaldas acaba de cerrar la puerta, es mi oportunidad, le apunto justo en la cabeza y… ¡¡¡¡BANG!!!! ¿¿Qué?? ¿¿Cómo?? ¿Quién a disparado? El disparo ha herido a Haoyu pero no está muerto, el maldito ruido habrá alertado a todo el mundo, joder, tengo que coger a Zoe y largarme de aquí.
Abro la puerta de la habitación:
-Zoe, ¿lo has oido? Tenemos que largarnos Depr…
No es posible, la chaqueta de Zoe ensangrentada y la ventana que da a un patio interior está rota, y lo cristales están dentro, eso es que alguien a entrado, hijos de puta, es una trampa! Tonto, tonto, tonto! Como he podido caer así!
Cojo unos cuantos yuanes y dejo la MK 96, alfil y al cabo no tiene mis huellas.
Salgo por la puerta y me dirijo a las escaleras, el ascensor es traicionero en estos casos. Para mi asombro veo por el hueco de la escalera a unos policías subiendo a toda prisa, ¿ya están aquí, tan rápido? ¿Cómo es posible? No me queda otra alternativa que subir al tejado. No! Eso es lo que ellos quieren, mejor entro en una habitación de este mismo piso. Llamo a la puerta de la habitación 520 y empujo al anciano que sale, cierro la puerta con pestillo, le tapo la boca con un trapo que hay por la habitación y le digo que no se preocupe, que no le haré daño y todo saldrá bien, eso, exacto, que todo saldrá bien.
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