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EL CASTIGO DEL OBISPO (mario a.) pesado
Radio novela: el castigo de Texcocotepec
Tang- tang- tang… el repicar de las campanas anuncia una hora mas en el intranquilo pueblo de San Martín Texcocotepec. Enclavado justo al centro de nuestra colorido país. Desde muy temprano hombres y mujeres se hallan en apretada vigilia, llevan ya casi dos horas postrados a la puerta de la vieja capilla. El sol que cae a plomo sobre sus cobrizos brazos desnudos. Las mujeres, que a decir no son muchas cubre sus cabezas con pesado rebozos negros, luto inducido, pues a si lo dice la tradición.
Sus pisadas marcan el suelo arenoso de las pocas calles del pueblo, traen a cuestas un sencillo féretro.
De vez en vez rezan entre dientes un padre nuestro y un ave Maria.
¡Toc-toc-toc!- suenan los puños golpeando la gruesa puerta repetidamente. Más nadie contesta.
Compadre: -¡Abra señor cura! abra por su madrecita santa.
-Viuda Paz: ¡Ayy compadrito! ¿Por que razón no abre el padre Rosendo?
Don Cleofás: -Pus por que… por las tarugadas del obispo; por que mas.
Compadre: -¡Callese! Don Cleofás, que asi menos nos van hacer caso.
Viuda Paz-¡Aaayy…! ¡Pobrecito de su compadre! Ni de eso va ser digno.
Cleofás: -Y la mera verdad ya hiede…
Viuda Paz: -¿Qué cosa dijo don Cleofás?
Cleofás: -No, nada señito Paz; que ya es tarde.
Viuda Paz: -¡Ah! ¿Yo como que escuche otra cosa?
Toc-toc-toc… Vuelven a tocar con insistencia, con el mismo resultado, nadie contesta, ni se asoma.
Comadre Susanita: -Padrecito Rosendo, abra ud, échele nomás su bendición y nos vamos. De verdad, nos vamos en santa paz.
Don Cleofás que es el de mayor edad y funge como secretario ejidal de la comunidad; desesperado patea repetidamente la puerta de madera:
-pang- pang-pang-pang…
Compadre: -Ya sosieguese don Cleofás, que menos nos van abrir.
Cleofás: -¡Pero que jijo de su pelona…!
Compadre: -Que se sosiegue, le digo.
Viuda Paz: -¡Ayyy! Mi marido que culpa de sus malentendidos.
compadre: -Ya, ya Pazita ya no sufra que don Ramiro ya debe de estar dando cuentas al creador.
Cleofás: -Si es que se lo permite el obispo…
Compadre: -¿Otra vez la burra al trigo? Ya párele don Cleofás; después de todo, pues todos somos culpables…
Cleofás: -¿Culpables? ¡Mis polainas! Ora resulta que nosotros ponemos las reglas de quien es bueno o malo…
Compadre: -Con ud no se puede.
Viuda Paz: -¡Aaayyy mi pobre marido ni de eso eres digno de recibir! la santa absolución.
Compadre: -Ya serénese comadrita, su comadre tiene razón, mi compadrito Ramiro era buena gente; de aseguro va derechito a la gloria eterna…
Cleofás: -A las glorias de Texcocotepec, que buenos curados sirven alli.
Comadre Susanita: -¿Pero que cosas dicen don Cleofás?
Cleofás: -¡Que no oyó seño Susana! Pues ahí vamos la mayoría de los varones y una que otra vieja del pueblo a desahogar las penas.
Comadre Susanita: -Ira ud. y sus viejas, por que lo que soy yo, no mas no. recuerde que soy miembra de la buena pía del templo.
Cleofás: -¿Mire, mire? No se haga de la boca chica; que si es cierto como dice. Pus” todos somos culpables, que bien que le tundió a la bailada y a la tomada.
Comadre Susanita: -¡No me levante falsos testimonios! Le prohíbo que me hable así. Yo no acostumbro esos lugares de mala suerte. Ahora que si esa tarde me di ciertas libertades, impropias de mi calidad de santa pía, fue solo por el compromiso con el pueblo. Que de haber sabido este resultado, ni loca hubiera ido. Imagínese como quede ante la piadosa gente…
Cleofás: -Hágase, hágase; señora Susana que aquí todos sabemos que su supuesto sobrino Héctor, es producto de su debilidades con el bueno para nada del Venancio.
Comadre Susanita: -Cleofás, no se mande, ni me invente patrañas. Que le aseguro, que de los dos ud sale perdiendo.
Cleofás: -Ya, pues; déjese de alegas zonsas, que traigo todavía la cruda del miércoles. ¡aahh jijooo! Que bueno estuvo aquello.
Viuda Paz: -Aaayy pobrecito de mi Ramiro.
Comadre Susanita: -¿Pobrecito? ¡Ladino de viejo! Si bien que le entraba a los curados de la pulquería, ya después en la nochecita, remataba en el bar de la Adela…. ¡No si se ponían hasta atrás los cabrestos!
Viuda Paz: -¿Que cosa dijo, comadre? No calumnie la memoria de mi marido; todos vimos que fue una repentina “catalepsia”
Compadre: -Epilepsia, señora Paz, epilepsia.
Comadre Susanita: -Lo que oyó. El amigote del Cleofás, que fue su marido, bien que le entraban con fe y animo al vino y a las viejas. Allí tiene el resultado. Congestión alcohólica
Viuda Paz: -Como sea, el pobre sufría de ataques desde niño, por las friegas que le acomodaba mi suegro.
Cleofás: -¿Uuyy si como no…?
Viuda Paz: -Don Cleofás, le prohíbo que hable mal de mi difunto esposo, y a ud comadre Susana, me debe una explicación. Ya después arreglaremos cuentas. No se le olvide que también pertenezco a la pía sociedad de la virgen de la concepción de San Martín Texcocotepec.
Comadre Susanita: -¿A verdad que si? Las verdades duelen, no que no…
(Iiiiinggg….) En eso el crujido de la puerta, al ser abierta interrumpe la alegata de unos y otros. Aparece el cuerpo rechoncho y chaparro del párroco, un hombrecito, que para peores males es miope, por lo cual usa unos anticuados lentes de botella, con eso era más evidente la caricaturesca escena.
Cura Rosendo: -¿Por una fregada, que no saben leer? Hatos de pecadores insolutos, insepultos.
Compadre: -¿Pero padre, como vamos a creer que por un simple bailecito y unas cuantas copitas de mas? Ahora nos niegue este deber cristiano; de la santa unción de los muertos.
El párroco mueve con exagerado movimiento la cabeza.
Cura Rosendo: -Ya les dije que no fui yo quien puso el castigo; fue el señor obispo.
Cleofás: -¿Y ese mono que vela tiene en este entierro?
Cura Rosendo: -Cleofás más respeto, si no ahora mismo lo excomulgo.
Cleofás: -¿Me que? Cálmese sr Rosendo, ni se atreva a gritarme bien que tiene cola que le pisen. O que ya se le olvido cuanto recibió de las fiestecitas del carnaval. ¿Y cuánto se embolso?
-humm, humm…- cambiando el tono de voz por uno más melindroso les habla el párroco:
Cura Rosendo: -Miren, hijitos, como les digo, el señor obispo siempre ha tenido recelo en contra de nuestro pueblo; no olvida lo que el considera una afrenta. Recordaran que san Martin Texcocotepec fue la única región de la arquediosis que no voto a favor de su promoción a obispo. Y miren que eso ya es de años atrás.
Viuda Paz: -Pero padre, mi pobre Ramiro que culpa tiene de sus diferencias. Con que ud le de su bendición y la unción de los santos difuntos todos contentos. Siempre fue un buen cristiano.
Cura Rosendo: -Mmmm… pues así como un bueno, te diré, se pasaba más tiempo allá en esa pulcata… ¿Cómo se llama?
Comadre Susanita: -Las glorias de Texcocotepec.
Cura Rosendo: -¡Ah si, bien que sabe doña Susana! Uds como damas de la santa sociedad pía, deberían de haber advertido… ¡Prohibirlo más bien!
Que el dichoso carnaval se prolongara mas allá de lo aceptado, no que hasta el santo día miércoles de ceniza. Voy a creer, su ignorancia.
Comadre Susanita: -Como será padrecito, si ud también se encontraba allí, no hasta se tomo varias copitas de vino consagrado, “quesque” por su aversión al pulque…No regaño a mi sobrino por que trajo una sola botella. ¿Ya se olvido padrecito?
Cura Rosendo: -¡Calla, calla! Que sin duda me encontraba distraído con otras diligencias, por lo cual no me percate de la gravedad del asunto, por eso mismo digo; todos somos culpables de la inefable acción.
Cleofás: -Pingo de curita. Si a de veras se las de muy santito. Ya, ya señor Rosendo ya de su brazo a torcer y échele su bendición al muertito, que lo traemos paseando desde “antier” y con este canijo calor, pues como que ya apesta.
Cura Rosendo:-Eso si no se va a poder hijitos.
Compadre: -¡Ha! ¿Dios por que? Al fin ya todos admitimos nuestra responsabilidad del miércoles pasado.
Cura Rosendo: -No hijitos, no entienden, si esto llega a oídos del obispo, nos excomulga primero a mí y después me corre de mi iglesia.
Cleofás: -¿Su iglesia? ¿Cuánto le costo? ¿Cuándo se la vendimos?
Cura Rosendo: -Ya, ya estuvo. No voy a permitir más insolencias. ¡Ya dije que no y no! Ahí se quedan yo me retiro, tengo otros asuntos pendientes por hacer…
Comadre Susanita:-¿Cuáles? Si la iglesia esta cerrada y según su papelito clavado, va ser todo un mes; en ese tiempo queda prohibido nacer y morir, las casaderas no tendrán otra opción que fugarse, para después ser acusadas de vivir amancebados.
Viuda Paz: -Téngalo por seguro comadrita.
Cleofás: -¡Ya ya vamonos yendo! Este cabresto no entiende razones.
Cura Rosendo: -¿Cleofás?
Cleofás: -¿Cleofás que?
Cura Rosendo: -….mmmm. Me voy. Háganle como quieran, ya dije y punto. No abro las puertas de la iglesia si no hasta pasado los treinta días del castigo del obispo; y se acabo.
Cleofás: -Pues a ver que comes, por que de las limosnas no creo.
Cura Rosendo: -¡Ya dios proveerá!
Cleofás: -Si no las viejas estas. A mi se me hace que entre uds hay gato encerrado…
Cura Rosendo: -¿Sabes que Cleofás? Me tienen sin cuidado tus necios comentarios.
¡traasss¡ Con tremendo portazo cierra definitivamente la iglesia. Mirándose todos a la vez, se encogen de hombros, con dificultad levantan el ataúd del muertito.
Compadre: -¡auuchh! Como pesa el gordo…
Viuda Paz: -Ya compadre respete mi dolor… no sea sacrílego.
Comadre Susanita: -¿A donde vamos?
Cleofás: -A donde mas, si no al panteón; seño Susanita.
Compadre: -En eso si tiene razón don Cleofás, pues al final todos paramos allá.
Se dan media vuelta, con su carga mortuoria… cantan y elevan rezos que se pierden en atardecer campestre de Texcocotepec. Sus pisadas van marcando el suelo arido del pintoresco pueblo.
FIN
Mario a. 8 de marzo 2009
Reparto:
Por aparición
El muertito: Ramiro ni la debe ni la tiene, pero aun así se va quedar sin santa bendición. Ira a parar derechito al purgatorio.
1.-Viuda Paz: la mujer del difuntito, sufre y se acongoja ante al imposibilidad de dar santa sepultura a su querido y ladino esposo. Es la que llora y se desgarra el alma ante la incomprensión de los demás.
2.- Cleofás. Secretario ejidal del pueblo, por tanto autoridad civil, prepotente y autoritario, acompaña la comitiva fúnebre más por compromiso que por gusto, ya delante del curita no reprime sus protestas ante el abuso clerical que son objetos. Sin embargo aun así tiene que acabar aceptando que ante la decisión del cura nada puede hacer.
3.- Compadre: de la viuda, y muy amigo del muertito, es el que esta mas orientado hacia donde se dirigen las sinrazones de ambos bandos, las protestas de ellos y la negación del cura Rosendo, por eso entre consolar a la viuda, mantener quieto a Cleofás, discurrir entre la pía Susanita y convencer al curita. Pasa el tiempo sin lograr ni uno solo de sus propósitos.
4.- La comadre Susanita: mujer de doble moral, escandalosa, y chismosa. Se obsesiono en pertenecer una sociedad piadosa, solo para ser tenida como alma caritativa y de esa forma cubrir su deshonesto pasado.
5.- Cura Rosendo: el clásico curita de pueblo, mandón y inescrupuloso, obedece la orden obispal, mas por conveniencia que por celo clerical. Sin importarle las graves consecuencias que de esto derive.
La escenografia es una cartulina pegada a la pared donde un paisaje seco de casas apiladas a una iglesia chica y modesta, los dolientes vienen por un camino pedregoso y llano, sus pesadas pisadas vienen levantando polvo amarrillo, un polvo que se pega a los dientes, pues vienen recé, que rece una imperfecto rosario. En su larga procesión; casi dos días, no han conseguido darle santa sepultura al pobre Ramiro que al parecer murió ahogado de borracho.
El ambiente también se conjuga para darle una rica pincelada costumbrista al acto presentado. Los ladridos de varios perros, el viento que de repente sopla fuerte, las pisadas de las personas, los burdos toquidos, las potentes patadas que da Cleofás al portón denostando el desprecio que tiene por las costumbres de los creyentes. Los murmullos de los que sin hablar, se hacen presentes al rezar con más fuerza por momentos, al llegar y al retirarse de la clausurada iglesia.
Todo el desarrollo de la trama en tiempo real no ocupa ni la hora, pero sin embargo en la puesta escénica, se lleva menos tiempo.

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