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Fin de 2008: Una mujer sensual
-Elena ¿qué haces?- preguntó Antonio a su mujer-
-Voy a hidratar mi piel con crema- respondió ella con una sonrisa picarona- Tú sigue mirando la tele, anda.
-Claro, ejem...¡estás como un tren !-soltó él a modo de halago-
El mar del deseo
2,3,7,11,13,17,19,23,29 ...las secuencias numéricas perfectas. Números primos divisibles entre la unidad o lo que es lo mismo 1 y si mismos. Números simples, números difíciles de comprender y asimilar, al igual que ella misma.
Raíces en el corazón
Raíces
Brazos sin alma que abrazan lo anhelado
sutiles besos de amapolas sin aroma
que se esconden al fondo más al fondo
para proteger al oscuro rojo corazón.
Raíces
Ramas fortificadas que endurecen la capa
de un sentido amor acastañado de eco sordo
tic tac de un reloj sin pilas que gira con el Sol.
Raíces
Sin ojos que lloran bajo el manto del adiós
cristalizando los momentos de ternura
en la corteza lírica del árbol del amor.
El amo del placer
Yolanda no intuyó la seducción que poseía el varón que merodeaba perspicazmente en torno suya dentro de la tienda de artículos eróticos. Era una mujer excitante, segura, de mirada dura y dulce penetrante, gozaba de buena figura y un extraño poder seductor.
Tú no, tú
Te adoré entre las flores
me clavé todas las espinas
sangraba con mil heridas
huí del vuelo de Heodes.
La puta de nadie
Amanda soñaba con ser algo más que una mujer dulce y obediente de un hombre bueno. Quería ser ella, oler su valía, proyectarse socialmente fuera del olor a cocina y de las horas de plancha. Lo había intentado varias ocasiones sin éxito, sus trabajos eran quebradizos y siempre volvía a ser lo que no quería: una mantenida de larga duración.
Hasta que conoció a Andrés, su jefe. Un alto ejecutivo que le concedió la benevolencia de un puesto de secretaria de dirección nada más verla.