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un comienzo
Capitulo I
Me encontraba caminando solo en las calles. La niebla dominaba el ambiente; Y paso a paso desaparecía de mi mente la noción de mi conocimiento. ¿Quién soy? ¿Por qué estoy aquí? Estas eran preguntas que me atormentaban en ciertos momentos, cuando la calma invadía mi ser.
Había dedicado muchos años de mi vida realizado todo tipo de investigaciones, por encargo de personas particulares, empresas privadas u organizaciones. Me especialicé en fraudes laborales, civiles y comerciales, averiguando la vida y conducta de alguna persona por infidelidad, hurto, robo u homicidio. Podría decirse que haberme convertido en detective privado, había sido la meta alcanzada. Pero sin previo aviso los años me hicieron ver que me había transformado en un simple policía, eso era, …nada mas que eso; Al fin y al cabo mis 16 años como inspector privado, fueron comparados con unos, monótonos 18 siendo el jefe de la policía judicial.
Entre en un café algo perturbado, ocupe una pequeña y apartada mesa junto a la ventana. Mire a mí alrededor, en una esquina del lugar, había una pareja de jóvenes tomando capuchino, luego desvié mi atención hacia un viejo muy canoso y con un singular bigote blanco, que se encontraba en la barra leyendo el diario, y por ultimo una joven algo deprimida y sin gracia alguna que se acercó hacia mí ofreciéndome algo de beber. Tarde unos segundos en contestar, finalmente pedí un café con crema y el diario.
Observe la calle, la lluvia resbalaba contra el vidrio, y una fuerte brisa azotaba las calles de la antigua ciudad.
Tanto policías como detectives tienen como misión, evitar la delincuencia, cada uno en su ámbito.( Pensé tranquilamente.) No importaría en que la vida me transformara, mientras siguiera con la misma meta frente mis ojos.
De pronto mi café y el diario llegaron, mientras prendía un cigarrillo; abrí el diario, ojeándolo rápidamente leí los títulos del día, pero nada llamaba mi atención, fue en ese instante donde vi una noticia con la que podría matar algo de tiempo. “Trenes de Wall Street retrasados 3:15 h por reparaciones” Mas de 1.000 disgustados pasajeros durante el día sufren este incidente.” Comencé mi café y también la noticia. El silencio llenaba el bar de una manera desesperante; Pasados unos minutos concluí la lectura por falta de interés, me levante, y me dispuse a llevar el periódico a la barra; Cuando al levantarlo un pequeño papel callo de él. No tarde en recogerlo, éste estaba doblado formando un diminuto triangulito. Me senté en mi mesa nuevamente dispuesto a abrirlo, y al comenzar a desplegarlo, poco a poco el papel me permitía descubrir un siniestro mensaje.
Est. J. Smith:
Falta poco para que la flor se marchite. ¿Le gustaría regarla?
El 30 del corriente
PD: faltar, no seria de su conveniencia.
Asombrado mire a mí alrededor, mi cuerpo inmóvil buscaba una respuesta, pero la indiferencia pintada en el bar demostraba el menor interés en la situación.
Un extraño pero familiar sentimiento me invadía; Algo reconfortante, tal vez.-Me atreví a pensar. ¿Qué debía hacer? Un extraño mensaje había llegado a mis manos; Lo leí nuevamente; Me tome unos minutos para estudiarlo y me di cuenta que faltaban 5 horas para el 30.
Obviamente se trataba del tipo de caso donde, la personalidad delictiva busca llamar la atención del público, al alertar sobre un crimen que no fue cometido aun.
¿Pero por que la nota no llego directamente a un departamento de policía, o a editoriales importantes, en vez de llegar a un “detective privado”? (Que uno de sus últimos recursos seria acudir a la policía, sacando el crimen a la luz y sus detalles, sin haber sido resuelto antes. Tenía que existir un motivo; Pero ahora quedaba en mi decidir si aceptar el caso o dejárselo a la policía. Por un lado, la idea de un crimen no cometido, donde el supuesto “criminal” busca publicidad, no me atraía en lo absoluto; Pero por otro, indudablemente el mensaje estaba dirigido hacia J. Smith, advirtiendo que seria de mi conveniencia asistir.
Algo atormentado, permanecí en mi silla un instante analizando mi situación. Los minutos se consumían segundo a segundo, y solo tenia 5 horas para elegir que estaría haciendo el día de mañana. Así que pagué, tome un ultimo trago de café, apague mi cigarrillo, y devolviendo indiferencia salí del lugar.

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