Reyes I


By Dostoievsky1985 - Posted on 15 August 2008

Reyes Capitulo Primero

Dicese que en el tiempo en que el rey Basilious Alfious, gobernaba la zona de la liceciatura prosaica, los hombres libres no eran tales sino que el yugo de la opresión intelectual, moral y física los sometía sin mayor esperanza que la muerte para hallar la libertad del alma. Una doctrina íntegramente antihumana era lo que fundamentaba el accionar del macabro líder. Pueblos enteros vieronse sometidos a los periplos de tal mente macabra.
Sobre el monte Athos en la ciudad de da janoveira, ciudad conocida por los forasteros como la ciudad de la mentira, erguiasé el gran templo a la cautiva verdad. Durante centenares de años el hombre había rendido honores a la loable verdad, haciendo ofrendas de sacrificio personal. Irónicamente ninguno de esos seres adoradores tenia la mas remota idea de que o quien era la verdad que tanto adoraban.
El templo era un lugar de reunión común a todos los sabios del reino. Ellos debatían sobre diversos temas diversos: acerca de los ciclos de las cosechas, de nuevos métodos de construcción de canales de riego e inclusive sobre el misterioso origen de su utópica sociedad, la cual se basaba en la abstracta y por pocos conocida verdad, ubicada en forma paradojal dentro del inmenso y majestuoso templo marmóreo. Generaciones anteriores, por medio de los tan prolíficos debates dispusieron y comprendieron, erróneamente por cierto, que la verdad el no ser asible huiría de ellos por lo que el templo desde dicho día convirtierase en una edificación carcelaria además de un lugar santo.
El hecho es que por más majestuosa fortaleza que construyesen, con muros que llegaren hasta la barriga de las nubes, picas en sus extremos con filo de diamante, barrotes hechos con acero de la selva negra, guardias con espadas, ballestas, escudos y las mas extrañas y extravagantes armas conocidas, ciertas noches la cautiva verdad se daba a la fuga haciendo caso omiso de los recaudos tomados por sus carceleros. Como un ladrón en la noche adormilaba los guardias, escalaba los muros y deslizabasé por las calles de la ciudad, usando la niebla como encubierta, tal todo un estratega militar que toma la adversidad como ventaja. Vagando por callejones y pasillos ella parecía sin rumbo, pero no así sin meta. Lógico seria que en una ciudad donde la verdad esta prisionera del hambre de poder de unos pocos hombres, los excluidos del botín tranquen sus puertas y ventanas con los maderos más robustos que hallasen; pero esto no siempre era así. La verdad en sus noches de fuga ingresaba en los hogares abiertos con el más precavido silencio. Silencio que solo veiase interrumpido en el momento que ella susurraba al oído de los hombres palabras trastornadoras de la razón. De ahí que en las brumosas mañana de invierno apareciesen incluso hasta una docena de locos deambulando por la ciudad.
Las medidas tomadas por el gobierno luego de estas esporádicas fugas eran un tanto repetitivas. Escuadrones de inquisidores indagaban a todos los seres del reino sobre su respectiva identidad, la verdad al no poder mentir siempre se identificaba como ella misma. Luego la proclama oficial informaba al pueblo sobre el terrible hecho ocurrido: “Doce hombres traidores a los valores constitutivos de la moral nacional, secuestraron durante horas de la noche a la verdad, pero la culpa carcomió la psiquis de los mal vivientes de tal modo que perdieron la razón y no son dueños de sus facultades mentales. Los mismos ahora cumplen condena en una institución mental”. Quienes recluían a la verdad gobernaban con la mentira.
Tales hombres a quienes la cautiva verdad les robaba la razón y el gobierno la libertad, convertianse un tercio locos, un tercio poetas y un tercio profetas. Dichas profecías eran bien atendidas por el rey. Todas ellas parecían pronosticar el nacimiento de 4 varones durante el solsticio de invierno próximo, a quienes el destino les impondría la tarea de por fin reunir a la libertad con su hermana, la verdad.
Rumores esparcidos por el reino rezaban sobre el plausible asesinato de todos los primogénitos varones nacidos luego del solsticio. Cientos de padres asustados intentaron enviar al extranjero a sus hijos recién nacidos, otros confiaron en que los rumores eran solo rumores y que su loable rey nunca cometería tal atrocidad contra su pueblo. Los hechos ocurrieron tal cual los rumores, la sangre de los infantes tiño el empedrado de las mazmorras del palacio de un rojo enfermizo. Solo 4 varones recién nacidos lograron huir de la matanza real. Sus padres en un esfuerzo por salvar sus vidas los enviaron en cestas con ropas de venta a ciudades lejanas donde familiares lejanos cuidarían de ellos.
Dos de ellos tuvieron un destino común en una granja enclavada en el valle del hermitage. Imponentes picos con nieves eternas en sus cumbres coronaban el valle, pinos y demás confieras proferían un aroma cautivador al aire de montaña. Un torrentoso río descendía estrepitoso y serpenteante desde los cielos abasteciendo la granja con sus aguas diáfanas y heladas, aun con el sabor de los milenarios glaciares. La regente de la granja era una hechicera babara de rubios y lacios cabellos llamada Berg con ojos como espejos que nunca tenían un tono particular sino que siempre reflejaban lo que veían. Nunca nadie supo en verdad la verdadera edad de la hechicera, deciasé que había nacido con las montañas sin edad, lo que parecía ser verdad porque ella tenía la sabiduría de más de 1000 vidas humanas. Dicha sabiduría fue lo que la evoco a convertir a los dos infantes en seres del reino animal, para que los soldados del rey Basilious Alfious no los reconocieran o siquiera dudaran de su innato crimen.
Hacia años que la babara no conjuraba hechizos, por lo que recorriendo sus inmensas galerías subterráneas, repletas de libros envueltos en telas de arañas y con una vaho a humedad y magia, por fin hallo lo que buscaba. Al primer infante decidió convertirlo en oso y al segundo en canario, con el nombre de esos animales también serian conocidos en la posteridad. Todo conjuro no esta complementado sin un brebaje adecuado, por lo que la tarea a realizar era hallar los ingredientes simples para crear una formula compleja. Las reglas del mundo exotérico no son tan complejas u irracionales como el común de la gente piensa, nunca se puede sacar un conejo de una galera vacía, la verdad es que se pueden transmutar objetos, pero no crearlos, por lo que la hechicera necesitaría un joven de viriles cabellos para crear la piel del oso, y 7 onzas del oro mas puro para dar el tono especialmente dorado del canario. Tantos años en la práctica de este arte ocultista la convirtieron en una gran conocedora del mundo del mercado negro y contrabando, el cual estaba a cargo del moro llamado Rolo. Rolo aconsejo a Berg que hiciera una visita al judío fumanchero que sin duda el tendría lo que ella buscaba. El judío vivía en la ciudad de “Cinco Hojas”, su casa asemejaba una gran pipa. Al llegar al lugar, la hechicera dio tres golpes al llamador del umbral de la puerta, en segundos el judío apareció flotando sobre una nube blanca como el marfil la cual se disolvió dejando ver el agreste piso del hogar. Negocios son los negocios hasta en este bizarro mundo, no se perdió tiempo en planteos sin sentido. En sus alacenas el judío tenía lingotes de diversas calidades de oro, la ducha hechicera índico cual era el que ella requería sin dudarlo. Colgando en una jaula atada con cadenas a la cabreada del techo, estaba un joven esclavo gimiendo por agua, si bien hallabase totalmente desnudo sus genitales estaban completamente cubiertos por una inmensa maraña de bello puvico y su rostro indescifrable hallabase también cubierto por los cabellos.
-¿Cuánto quieres por el esclavo, Judío?- pregunto la babara.
- Solo 9 denarios- respondió el judío.
-Me parece justo. – Contesto la hechicera que abandono la casa del judío con todos lo ingredientes necesarios.
Ya en su cabaña ella dio inicio a los preparativos. Tomando al esclavo por sus cadenas del cuello le pregunto su nombre a lo que el respondió soy Teodoro y aprovechando las fauces del esclavo abiertas Berg le volcó un brebaje maloliente el cual lo obligo a tragar. Un rugido agito el valle, la piel del esclavo se torno amarilla, todos los cabellos empezaron a caer, el piso se cubrió de una alfombra de pelos y el esclavo apareció detrás del manto de pelos que lo abrigo durante toda su vida. Su piel era rosácea como la de un niño, Su rostro, sus genitales, sus miembros de ahora en mas no estarían cubiertos, el se sintió desnudo, sintió vergüenza por primera vez en su vida y huyo libre por el verde césped del valle, lo que la hechicera no evito porque solo necesitaba el cabello y no al esclavo. Con los cabellos de Teodoro produjo un brebaje el cual dio de beber al niño. En un parpadear de ojos el niño se convirtió en un osezno, con bellos marrones que cubrían todo su cuerpo. Así también sucedió con el otro bebe que se convirtió en un diminuto canario del color del sol que, surcaba las copas de los pinos y en las noches dormía sobre el fogón de la cabaña donde una bota de cuero le servia de nido. El oso dormitaba en el umbral, siempre atento a guerrear con cualquier intruso. Los años fueron pasando, ellos se adaptaron a la vida de la granja a la perfección avocándose a juegos con los demás animales del valle, como el perro Leandro o el topo Nico.
Los otros dos bebes tuvieron destinos muy distintos, uno de ellos fue enviado al país de los galos donde se hacían los mejores vinos y quesos del mundo conocido. Lo extraño es que jamás aprendió el idioma de sus coterráneos ni comento en momento alguno a lo largo de su vida su experiencia vivida en aquel lejano paraje, sino que alojo en el más recóndito lugar de su mente las experiencias vividas, talvez en el mismo lugar donde aun alojaba la sed de venganza por el destierro. El bebe restante fue enviado a los montes nórdicos donde las tribus salvajes del norte vivían en perpetua comunión entre elfos, hadas y gnomos. La vida en el monte no fue tan dura para su semblante, el logro aprender los idiomas de las diversas comunidades que habitaban las distintas comarcas, el rey de los gnomos llamado Mosqueraus siempre lo recibía con un trébol azul en señal de bienvenida.
Mientras en la ciudad de Da Janoveira, el rey Basilious Alfious aun gobernaba, a diferencia de tiempos anteriores hoy no era la verdad el abstracto ser adorado sino que la corporeidad del oro había reemplazado a la verdad, que hoy era prisionera en la torre norte del castillo monarcal. En el templo del monte Athos se erguía un nuevo ídolo hecho de oro, el pueblo ofrecía festines en honor al ternero de oro llamado “Fercherus”. La llamada alcahuetería era la religión oficial, templos erguiansé por todo el reino.

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