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PARAISO CALIENTE
Un amigo me dijo que este cuento no iba ser entendido por personas que no conozcan el habla de los peruanos, que iba a ser malinterpretado o, peor aún, simplemente calificado de obsceno. Yo espero que no. Espero quien lo lea lo haga con la misma seriedad con la que lo he escrito, pues atreverse a ir hasta donde lleva el texto y remover conciencias, es algo difícil aún para el propio narrador.
UNA VISITA AL PARAISO CALIENTE
Franco, franco lo peor de venir a Lima no es estar solo sino aguantado-dijo Antonio-. Cuando uno está solo al comienzo nomás es difícil porque después te acostumbras o haces amigos. Pero estar aguantado es algo a lo que nunca te acostumbras pe, y ahí tus amigos no te pueden ayudar. Puedes correrte la paja si quieres; pero es peor porque después terminas sintiéndote más solo y encima culpable. Así que mejor seguir aguantado nomás. Pero la soledad y la arrechura son traicioneras y uno siempre termina haciendo cosas que no quiere. Para que veas te voy a contar una huevada que me pasó la primera vez que fui a un chongo en Lima, y creo que es el peor día de mi vida. Cada vez que me acuerdo me hace doler la cabeza; pero te lo voy a contar vas a ver, te voy a contar para que veas. Esto fue... a ver, déjame recordar...en... agosto del noventainueve. Si, por esa fecha. Yo en ese tiempo ya estaba más o menos un año en Lima, y ta que nada de hembras, loco, por Dios. Hace como dos años que no la veía y ya estaba medio desesperado pe. Como por esa fecha ya chambeaba en una ferretería y ganaba más o menos mi villegas, pensé en ir a La Colmena a matar por fin pe, loco. A reestrenar el muñeco en Lima ¿si o no? Así que ese mismo sábado que pagaban me decidí y ta que me fui contento a chambear. Cómo estaría de desesperado, me acuerdo, que recién pagaban en la noche y yo desde la mañanita ya sólo estaba pensando en cobrar ¡A su mare! Ya cuando me pagaron, chapé una combi al centro y me fui volando. No vas a creer pero yo debí estar con la imaginación tan calentona que miraba por la ventana y veía hembras calatas por todas partes. Hembra que veía en la calle, hembra que imaginaba calata. Y sentía como si mi corazón contara los segundos: ¡Pum, Pum, Pum! Y el carro que se demoraba como mierda para llegar. Era como una hora, pero creo que nunca en mi vida me ha parecido tan largo el viaje.
Recién cuando bajé en la esquina de La Colmena con Tacna, me calmé un poco y pensé: " Primero voy de pasada a chinear como está la mercadería y a la regresada escojo", pensé, y fui pe. ¿Tú todavía no conoces ese sitio, no? Es una calle cualquiera sólo que con bastante gente y putas paradas a los costados, naa más. No es gran cosa. Yo fui pe por esa calle, así chineando disimuladamente las putas y ta que todavía no me animaba. Sólo habían tías gordas con los rollos afuera y otras cholitas chatitas; pero ninguna buena como para empezar bonito en Lima. Algo para recordar ¿si o no? Así que ya estaba pensando en ir a buscar más hembras por Emancipación o por Caylloma cuando en una cuadra, creo que en casi la última, una callecita media oscura que entra para adentro, veo a una rubia que viene a la avenida y me paré pe. No parecía puta, loco, te lo juro por Dios. Más bien parecía una de esas jugadoras que van a las discotecas, eso parecía. Yo cuando la vi medio que me quedé huevón sin saber bien si era o no era de la vaina, hasta que me decidí rápido y me acerqué (no fuera a ser que algún pendejo le cayera antes y me atrasara). Así que voy, y como ella vio que me acercaba, se recostó en la pared y se me quedó mirando. De veras era puta, loco; pero, eso si, era rubia al pomo porque se le notaban las raíces negras en el pelo. Así y todo estaba de lejos mejor que las tías gordas de la avenida. Yo me acerqué pe y le dije, creo que tartamudeando un poco porque estaba nervioso. Le dije:
– ¿A cuánto el servicio, flaca?
Y ella al toque: “Veinte soles, papito. Servicio completo. Bien atendido para ti. ¿Qué dices? ¿Sales o no?”. Yo, puta, claro que quería; pero como me daba roche caer tan fácil, le pregunté pe de nuevo para hacerme el difícil: Pero ¿Cómo es?, le dije, ¿Con poses, con chupada, cómo es?", y ella: “Con poses, con chupada, con la patita al aire, al filo de la cama. Como tú quieras, papito. Qué dices: ¿Sales o no sales?”
Yo todavía quería hacerme de rogar un poco más para ver si me hacía un descuento o algo; pero ella me miraba a los ojos de una forma un poco loca que me excitaba y ta que, ya no me aguanté más y le dije: “¿Por dónde es?” Y entonce ella me agarró de un brazo y me dijo: “Ven conmigo. Yo te llevo" Y nos fuimos pe. Putamare, en ese momento yo estaba tan arrecho que ahí mismo la empecé a meterle mano, loco. ¡En serio! La abracé, le paletié el culo, y ella se rió nomás y me dijo que la lechada se me salía por los ojos o algo así. No sé bien; pero nos reímos. Y así, abrazados como dos enamorados entramos por esa calle y doblamos por una esquina. Ese sitio estaba un poco más oscuro. Más allá entramos a un hostal con luces en la puerta que decía “Bienvenidos al Paraíso” y subimos al segundo piso. Arriba de la escalera me acuerdo que había un espejo grande que reflejaba todas las gradas, y cuando llegamos arriba vi que a un costado había algo así como un kiosco, y dentro del kiosco una tía gorda blancona con peluca roja que cobraba los cuartos, y una chola enana embarazada que en vez de blusa de maternidad tenía un polo azul de Inka Kola. Una vez arriba la puta me jaló al kiosco, y me pidió la plata para el cuarto. Me preguntó cuantas me iba a echar, y yo como hace dos años que no la veía, cojudo, dije: “Dos”. Entonces ella me dijo: " Si van a ser dos tienen que ser veinte soles más. Catorce para mí y seis para el cuarto". Yo ya me había olvidado que la cosa era así; pero como no quería hacerla más larga, le di cincuenta lucas y que no jodiera. La puta pagó. Le dieron dos condones con dos pedazos de papel higiénico, y me jaló para un costado. Fuimos por un pasillo todo feo, casi oscuro, que apestaba a mierda, y entramos al cuartito que nos habían dado. Era un cuartito hasta las huevas, loco, por Dios. Más parecía un calabozo: Todo cerrado, sin ventanas, sin espejos, sin lavatorio, sin naa. Sólo con un catrecito al centro y un colchón con una sábana encima y nada más. ¿Sabes? Más parecía el cuartito de la chola del hostal que una habitación por la que yo había pagado cuarenta lucas. Para colmo, hasta el interruptor de luz estaba roto. La puta huevona abrió toda la puerta y, alumbrándose con la luz del pasillo, se puso a raspar los cablecitos para prender el foco: ¡Chic! ¡Chic! ¡Chic! Era pa cagarse de risa, loco. Por Dios que era pa cagarse de risa. Ahora que me acuerdo me da risa pe; pero en ese momento no estaba con ganas de reírme, y más bien ya me estaba arrepintiendo de haber ido. Y estaba pensando en pedirles que me devolvieran mi billete cuando, creo que a la huevona le pasó corriente en los dedos, porque dijo:” Au, au”. Y volteó rápido donde mí y toda descarada todavía la conchasumare, me dijo: “No puedo prender el foquito, amigo, me dijo, ¿Tiene que ser con la luz prendida o lo podemos dejar así nomás?”. Yo, qué mierda, le dije que tenía que ser con la luz prendida para verla calata que para eso había pagado mi buen billete ¿no? Y entonce ella sacó la cabeza al pasillo y se puso a gritar como loca: “¡Elmer, Elmer! ¡La luuuuuuz! ¡En la dos quince, Elmer! ¡No puedo prender la luuuuuz!”. Y no sé quien le contestó una huevada allá fuera y entonce ella cerró la puerta y me dijo: “Ahorita viene el Elmer, amiguito, vamos comenzando hasta mientras”. Y empezó a quitarse la ropa pe. Como el cuarto ya me estaba pareciendo un poco claro porque mis ojos se estaban acostumbrando, y ella era blanca, se notaba más o menos la huevada. Pero creo que a ella no le gustó que la mirara calata porque me dijo que mejor nos desvistiéramos los dos juntos, así que nos desvestimos. Como yo soy medio moreno, qué mierda, moreno en la oscuridá: hombre invisible. Normal, me quité toda la ropa y la amontoné en el piso; pero ella sólo se quitó una pierna del pantalón y la otra se lo bajó hasta la rodilla y así, en calzón y blusa, se sentó en la cama y me dijo que me acercara. Yo me acerqué. Ella abrió un condón y me lo puso en el pincho y después se sacó una pierna del calzón y se echó en la cama. Separó las dos piernas y me dijo que se la pusiera. Yo todavía me quedé un ratito mirándole la zorra medio afeitada y pensé: “Hace como dos años, Diosito, hace como dos años. ¡Por Fin!”. Y Fumm pe, me tiré encima como tigre y empecé el ataque. ¡Ahhh, ahhh! Ya estaba dándole su tormento a la puta maldita cuando, al ratito nomás, le pregunté si podía quitarse la blusa (porque tú sabes que uno cuando está con ropa como que no trabaja bien, ¿no?); pero la maldita dijo que todavía no, que para la otra ya, y no sé que cosas más. Yo pensé que eso lo decía porque en cualquier rato venía el Elmer ese a arreglar el foco y no le insistí más pe. Más bien como estaba recontraarriola, le estaba pasando su lenguaje por el cuello, por los hombros, cuando (¡te vas a cagar de risa, loco!). Empezaron a tocar la puerta. Fuerte todavía conchasumare: ¡PLUM ¡ PLUM! ¡PLUM!. “¿Qué quieres?” gritó la puta en mi oreja. Y al otro lado de la puerta: “¡Vero, Vero! ¿No quieres que te prenda el foco?”. Y ella que estaba debajo de mí: “¡Siii, pero aorita no puedo pararme. Espérate un ratito nomás!¡Aorita acaba!¡Aorita acaba!” (¡Que tal cague de risa, Adrián!). El otro huevón le contestó: “¡No puedo! ¡La Inés (la Inés o no sé quien chucha dijo) la Inés quiere que le arregle el caño de abajo! ¡Se está saliendo el agua!” Y la puta Vero que estaba debajo de mí: “¡Si, pero aorita no puedo pararme! ¡Espérate un ratito nomás ¡ ¡ Ya orita acaba, ya ahorita acaba!”. Dijo, y empezó a moverse como sea debajo de mí. El otro huevón que debía estar apurado, le gritó: “¡Vero, Vero ¿Quieres o no quieres que te prenda el foco?”. Y ella: “Si, pero aorita estamos ocupados. Espérate ahí nomás. ¡Ya estamos acabando! ¡Ya estamos acabando!”. Dijo, y a mí me susurró en la oreja: “Apúrate, papito, apúrate. Concéntrate y vacíate rápido porque si no el Elmer se va”. Y el Elmer maldito que no nos dejaba trabajar tranquilos, le gritó:”Vero, Vero ¿a ver pregúntale si mejor no quiere que lo dejes para más tarde?”. Y la puta maldita, sin dejar de moverse debajo de mi, me preguntó en la oreja:"Papito, papito ¿quieres que aorita te prenda el foco o lo podemos dejar para más tarde?” Yo, ¡Por Dios que estuve a punto de mandarla a la conchasumare, Adrián! No te rías. Por Dios que nunca, nunca antes en toda mi vida, me había sentido tan cojudo, tan huevón, como ahí, tirando mientras ellos se gritaban! Para no hacer más bilis ya le dije que mejor lo dejara así nomás para más tarde, y la muy piojosa se puso a gritar: “¡Elmer, Elmer! ¡Mejor vente más tarde! ¡Yo te aviso! ¡Orita estamos ocupados!” (No te rías pe, loco). El otro imbecil dijo no sé que huevada allá fuera, y después le dio una patada a la puerta y se fue corriendo como si lo persiguiera la policía. Ahí nomás, al ratito, cuando yo ya estaba quieto y ella era la que se movía, me vine, loco, me vine. De placer no sentí nada, Adrián, te lo juro por Dios. Fue sólo como si me inyectaran un calmante de golpe y me quedé quieto como un muerto. La Vero maldita se dio cuenta que yo me había venido y me empujó para un costado y saltó como un resorte. “Espérate ahí, escuché que me decía, voy a llamarlo al Elmer de una vez para que prenda el foco" me dijo, y empezó a subirse el pantalón. Como yo estaba medio mareado ni siquiera la miré. Sólo cuando acabó de vestirse me dio el otro condón y un pedazo de papel higénico y me dijo que me cambiara. Después se fue a la puerta y me dijo: " Aorita vengo" y salió.
Yo todavía me quedé ahí un rato echado en la cama, escuchando la bulla, unos gritos, unas risas, unos pasos que iban y venían y, recién después me levanté y me puse el otro condorito. Después me volví a echar en la cama, y como hacía un poco de frío porque estaba calato, me tapé con la sábana. No sé bien cuanto rato estuve esperando, loco, (sólo que ya me estaba pareciendo que se estaba demorando mucho), cuando escuché que tocaban la puerta y así, calato como estaba, fui a abrir. Abro la puerta y saco la cabeza para ver quien es el que está tocando y ahí, a un costado de la puerta, a este lado, veo a una pareja (o sea un pata con una puta), parados en el pasillo, y al otro lado veo a esa chata serrana que te dije que estaba en la administración, con su polo azul de Inka Kola y con una escoba en la mano. Parecía un fantasma oye, una bruja embarazada o algo así. Yo, como todavía no sabía lo que hacía ahí, le pregunté pe a la chata que era lo que quería y, creo que ella me entendió mal porque me puso cara de perro y me contestó:” ¿Cómo que qué quiero? ¡Qué desocupe el cuarto, ya hace rato que pasó su hora!”. Y yo no le entendí nada, Adrián, loco. Te lo juro por Dios. Pensé que no sabía que yo había pagado por dos veces, así que le expliqué que yo había pagado por dos polvos; pero ¿sabes lo que me contesto la muy piojosa? Es para cagarse de risa, loco. Me repitió con cólera: " ¡Yo he pagado por dos polvos, yo he pagado por dos polvos! ¡Hace rato que ya han pasado sus dos polvos! ¡Apure, apure! ¡Desocupe el cuarto nomás que acá la gente esta esperando!” me dijo, y ya no supe que hacer, loco. Me quedé huevón de la sorpresa. No sé porqué pensé que estaba bromeando, o hasta pensé que estábamos en cámara escondida o algo así, porque me acuerdo que no capté bien al comienzo. Y supongo que me quedé mirándole a la cara, digo, porque me acuerdo que la enana todavía me gritó de nuevo: ¡Ya, ya apúrese, apúrese! ¡Deje de mirarme la cara y váyase de acá de una vez” me dijo, y ta que yo recién ahí empecé a entender que eso que me había dicho era en serio, loco. O sea que la puta maldita me había dejado, y mis dos polvos ya se habían pasado y eso me calentó de golpe pe. ¡Cha que a la chata de mierda le grité de frente en su cara!:
- Oye, chola serrana conchatumadre... ¡HABLAME BONITO, CARAJO!
La enana retrocedió asustada y se quedó lela mirándome. El patita que estaba en el pasillo se cagó de la risa y yo le pregunté de nuevo a la enana: ¿Dónde está la puta? Y ella me contestó despacio (ya le había quitado todito su orgullo): " Ya se fue la Vero", me dijo. Y puta que ahí recién comprendí del todo que esa maldita me había metido cabeza, loco. Me había dejado esperando y se había escapado con mi plata la conchasumare. Así que en ese momento sentí una cólera maldita que me metí al cuarto y empecé a vestirme como sea. Pensaba ir a buscar a la Vero por que ni cagando que me iba a quedar tranquilo mientras una puta se llevaba mi plata en mi primera vez en Lima. Así que me vestí como sea y salí al pasillo. Apenas salí, la enana se metió corriendo al cuarto jalando su escoba y yo me fui corriendo a la administración porque pensaba preguntar por la Vero hasta encontrarla. Así que me acerqué al kiosco y vi, creo que a dos o tres putas choclonas en el mostrador, y detrás de ellas, dos o tres giles tranquilos y en fila como si estuvieran haciendo cola en un banco. No sé bien porqué pero sentí envidia de ellos, loco. En serio. En ese rato hubiese querido no estar ahí y que eso no me estuviera pasando.
Así que estaba esperando que la tía del kiosco se desocupara mientras chineaba solapa los otros cuartos, el otro pasillo, algunos puntas que entraban y salían cuando, al mirar el espejo. (Si, ese espejo grande que te dije que reflejaba toda la escalera). Ya, al mirar el espejo te digo, veo que sube la puta Vero con su blusita azul y su pantalón blanco, y veo que trae otra víctima de la mano. Era un negro gruesazo que parecía hecho de cebo derretido porque tenía todita la camisa mojadita en sudor. La iba a aplastar como un camote a la Vero esa. Apenas subió ella me vio ahí parado y, seguro que había pensado que ya me había ido o que me habían botado, porque puso cara de cojuda y se quedó quieta mirándome. Después se hizo la loca nomás y se fue al kiosco. Yo ahí, solapa me deslice como una sombra, y me puse a su lado. Ella me miró y yo, para no hacer mucha luz, le dije: " No quiero problemas. Devuélveme el billete que me debes y me voy" le dije, ¿y sabes lo que hizo la jijunagramputa, Adrián? No vas a creer. Es pa cagarse de risa. Se quedó mirándome como si yo la hubiera amenazado de muerte y me gritó: " ¡Anda sal de acá, oye. Yo ya te atendí!". Entonces yo también me asé más; pero le expliqué como sea que yo le había pagado por dos polvos y que no me iba a ir hasta que no me devolvieran la plata. Y entonce ella, creo que me iba a decir no y se iba a hacer la difícil; pero como me vio en la cara que yo no estaba para juegos, me dijo que me iba a atender de nuevo si pagaba el cuarto; pero yo ya no quise pe. Le dije que no, y que me devolviera la plata nomás para buscarme otra polilla mejor, y ahí ella se puso como loca. Me gritó: "¡Ah, no, entonces ahora peor no te doy nada. Y ya no molestes más porque sino le aviso a la señora que me estás molestando y le digo que te saque”. Me dijo, y ta que yo también me calenté peor pe. Así que ya iba a armar un chongo en pleno chongo, cuando escuché que alguien nos gritaba por un costado: “¿Qué está pasando ahí?”. Escucho y volteo pa ver quién nos había gritado y, en medio del kiosco, veo a la tía cuche con su cabeza teñida mirándonos desde el centro, y me doy cuenta que todo el mundo nos estaba chineando. ¡Puta que yo cuando me di cuenta que todos nos estaban chineando me paltié feo pe! Pero la Vero maldita que era una rata para estas cosas, se acercó más donde la tía y le dijo: " Nada, señora, mire usted que este hombre viene acá a hacer problemas y no me deja trabajar", le dijo, y yo, cuando la oí ta que también me fui encima del kiosco y le dije: " Mentira, señora. Yo sólo quiero que ella me devuelva lo que es mío, nada más". Le dije y puta que la Vero maldita que ojala se quede puta el resto de su vida, me gritó: "¡Ah si? yo no te voy a dar nada por mas problemas que hagas!", me dijo. Y la tía gorda esa, se acercó donde mí. (O mejor dicho se arrastró, porque me acuerdo que era tan gorda que se movía despacio como un caracol). Y me apuntó con su dedo gordazo y me dijo: “¡No estés haciendo problemas acá, muchacho!, me dijo, ¡ No estés haciendo problemas en mi local porque yo llamo a la policía y te hago meter adentro por problemático", me dijo. Y ahí, ¡Justo en ese momento maldito!, como sacada de no sé donde, la chata-enana-retaca-raquítica que limpiaba los cuartos, se apareció en el kiosco por la puertita de abajo, y toda tranquila todavía, sin mirarme siquiera, dijo: “A ese hombre le gusta hacer problemas, señora, dijo. En denantes me ha insultado bien feo porque le dije que desocupe el cuarto”.Dijo eso y me mató pe, Adrián. La tía morsa con peluca, tembló toda de cólera y me señaló la escalera con su dedo gordazo y me gritó: “¡Sal de acá! ¡Yo te advertí que no quiero gente problemática en mi local! ¡Sal de acá!” mE gritó toda asada y ahí yo también me rebelé del todo y empecé a gritar como loco. Ya no me aguanté que me engañaran con mi plata, que me dejaran calato, que me hicieran cargamontón, y encima que me quisieran botar como a un perro, así que me crucé del todo y me puse a gritar: “ ¡No, yo no me voy a ir ! -le grité- ¿Porqué? ¡Primero que devuélvanme mi plata y después me voy!, le dije, y entonce la tía-mami rodó hasta el otro lado del kiosco y sacó la cabeza por encima de la escalera y se puso a gritar: “¡Renzo, Renzo! ¡Anda llámalo a la policía para que venga!”. Y ahí cuando yo escuché “policía” se me fueron toditas las ganas de reclamar, loco. Yo no quería problemas con los tombos en ese chongo asqueroso; así que me puse a zafar nomás, y me vine retrocediendo despacio. Como vi que todos me estaban chineando, a la Vero maldita que no me quitaba los ojos de encima le grité: “Vas a ver que te voy a volver a encontrar… ¡Puta!”. Y a la chata medio polvo, que también me estaba mirando, le grité con odio: “¡Ojala te mueras dando a luz, maldita!”, y ¡Fumm! me tiré como gato por la escalera. Y escuché que la tía gritaba por encima de mi cabeza: "¡Renzo, Elmer! ¡Agárrenlo a ese maricón que está escapando!”. Y ahí, lo que pasó después ya no sé si contártelo, loco. Me da nervios. Creo que hasta miedo me da recordar lo que pasó. ¿Has escuchao esa frase que dice:” Recordar es volver a vivir”? Yo creo que es verdad, loco. Por eso es que me hace doler la cabeza, creo. Pero te voy a contar para que veas que te tengo confianza vas a ver, te voy a contar: Estaba bajando por la escalera como te digo, más o menos en la mitad, cuando escucho el grito arriba y veo que la puerta de abajo se abre de golpe y dos huevones flacos y con gorrita suben a toda carrera. Creo que ellos no habían escuchado bien lo que les dijo la tía, Adrián, mira; porque ya se estaban pasando de largo por mi costado, cuando la tía gorda (que ojala le dé el cólera y se muera), les gritó de nuevo: “¡Renzo, Elmer! ¡Métanle su goma a ese maricón que esta insultando a las chicas!". Y ahí si ellos me pararon en la escalera y no me dejaron avanzar. Estuvimos forcejeando un rato para que me suelten, todavía sin pelear. Pero la vieja maldita les volvió a gritar desde arriba: "¡Métanle su puñete para que aprenda a no hacer problemas!”. Y ahí si que empezaron a lloverme los golpes, loco. (Mierda, todavía me duele de sólo recordar). Primero me cayó un combazo en la espalda “¡Plumm!” Después otro en pleno cogote “¡Plumm!” Y yo que todavía estaba medio caliente, me asé del todo y también empecé a meter puñete como loco: “¡Plumm! ¡Plumm! ¡Plumm!” Las putas empezaron a gritar arriba, y nosotros abajo metiéndonos golpe como chinos: Puro puñete y patada por donde cayera. No sé ni como hemos podido pelear en esa escalerita flaquita, loco. Tirábamos a matar: donde sea, como te caiga. Estuvimos peleando un rato, (no sé cuanto porque ahí uno no lleva bien el tiempo), cuando, en uno de esos rebotes que dábamos en las barandas, veo un espacio libre entre esos dos piojosos, y en menos de lo que canta un gallo me zampo por ahí como un rayo, y embalo la carrera a la calle. Me acuerdo que todavía les grité: “¡Putas malditas, conchasumare!”. Y ni siquiera me había dado cuenta que esos malditos se habían echado a correr detrás de mí, loco. Seguro que de picones porque yo les había metido más golpe. Llegué hasta la puerta y corrí como un demonio a la calle, y cuando ya iba adelante, escucho que le gritan a un tombo que estaba parado en la esquina. “¡Pancho, Pancho, agarra a ese maricón que se está escapando!”. Y creo ni bien escuchó el tombo desgraciao, se vino como toro donde mí, gritando: "¿Qué ha hecho, qué ha hecho?". Y ellos, como las huevas: “¡Agárralo nomás, agárralo!” Y apenas yo los escuché corrí para un costado y vi que el tombo se me venía como arquero para agarrarme; pero como estaba un poco gordo y yo estaba como correcaminos de desesperado, le hice un quite y lo pasé por el otro lado. Después ya ni lo vi, loco. Doblé en la esquina y como tenía el campo libre y ya veía las luces, los carros, la gente que pasaba por La Colmena, volé como una flecha. Escuché que por detrás me gritaban:"¡Párate ahí, conchatumare, párate!"; pero yo ni cagando que iba a parar pe, loco. Más bien debí dejarlos en pampa a los malditos esos. Ya ni los vi. Apenas llegué a la avenida, me tiré para plaza San Martín corriendo por un costado de la vereda como un choro y después me metí por el medio de la gente como un piraña y seguí corriendo como una cuadra más.
Ya cuando vi a unos municipales desalojando unas putas, paré de correr y me puse a caminar despacio. Me sentía recontra, pero recontra mal, Adrián. Te lo juro. No sé que me pasaba. Yo nunca he sufrido de mareos o desmayos; pero, aunque no creas, no sé porque sentía mareos y escalofríos que me venían de rato en rato; y tenía miedo que me diera un ataque epiléptico ahí mismo en la calle, loco. Por suerte llegué sano hasta la Tacna. Y de ahí bajé caminando despacio hasta la Grau. Recuerdo que venía un viento helado por la calle y yo eso le agradecía a Diosito porque sentía que ese frío me calmaba los nervios. Cuando llegué a Grau tomé una custer y me senté al fondo y abrí la ventana para que entrara harto viento. Durante el viaje traté de no pensar en lo que me había pasando, loco, porque me hacía doler la cabeza. Sólo después, cuando recién llegué a mi cuarto, me eché en la cama y me puse a pensar en eso. Puta que sentí pena por mí mismo y me puse a llorar, loco; aunque no creas. Sabía que nunca me iba a poder olvidar por más que quisiera, y eso me daba pena pe. Estuve llorando un ratazo, hasta que después me cansé y no se bien porque, pensándolo bien, empezó a darme risa, loco. En serio. Lo recordaba bien y me hacia reír porque también era para cagarse de risa, hay que reconocer que era pa cagarse de risa. Estuve así un rato, riendo y llorando como huevón, hasta que me dio sueño y me quedé dormido. Desde ahí nunca más he ido a buscar putas por la Colmena porque siempre me han dicho que meterse ahí es medio peligroso y hay policías, así que prefiero ir a esos sitios que salen en los periódicos porque es más seguro. Pero ahora que tú estás si quieres podemos ir a darnos una vuelta por allá. Tal vez hasta encontremos a la Vero esa, loco.

Hola, Sila, gracias por contestar
No entendí muy bien en que sentido el tipo era un gil ! Es un personaje lúcidamente construido, que puede ser realizado con eficacia o no, nada más! Aunque coincido contigo en que el estilo coloquial suena a falsete, creo que posee los valores que preconizaba Pacheco en la Comarca Oral, y que la falsedad se puede convertir en un técnica si ponemos otro narrador que desmienta o contradiga lo narrado como en En el bosque de Akutagawa Ryanosuke, o lo convierta en fantástico si juega con lo sobrenatural dejando campo a la incertidumbre como lo preconizaba Todorov y lo utilizó Rulfo; pero en fin... no quiero darte clases de técnica, ni de teoría literaria.
Pensé que alguién podía hacer una crítica inteligente, objetiva, más allá del femenil me gustó o no me gustó; pero en fin, creo que fue pedir demasiado.
Un abrazo de todas maneras. Bonito blog, ah. A pesar que la comida es intelectualmente insustancial, creo que tiene posibilidades. Sigue escribiendo.
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