Opinión trasnochada de la feria de mi pueblo
He pasado del gran entusiasmo por la feria a la casi total indiferencia. De los diez, a los cuarenta y siete años. He visto menguar las emociones de antaño por el hastío de la experiencia del presente. En tantos años aún se conserva una tradición desfasada con los tiempos actuales. Las atracciones de feria son el exponente de una cultura de “pies pesados” que no avanzan en el desarrollo de la lógica. La incultura, la necesidad, la inocencia, se mezclan para que avispados personajes saquen provecho a las masas que la acreditan .
Pero a las tradiciones no se las puede forzar a desaparecer, tienen que morir pos sí mismas, o transformarse acorde a los tiempos presentes. Los niños siempre estarán encantados con el juego de luces y colores. Deseosos de montarse en esos caballitos que giran mezclándose entre cochecitos de bomberos, coches de policía y motocicletas deportivas. Los adolescentes aprovechan la ocasión para pasárselo bien, pero sobre todo para descubrir al sexo opuesto en un ambiente de fiesta. Los adultos acompañan a los niños. Algunos adultos son tradicionales o son emigrantes que descubren nuevas sorpresas allende sus tierras. Pero la feria empieza a dejar un regusto desabrido que me aboca al desdén. Siempre lo mismo. Aunque es la ocasión propicia para encontrar viejos amigos o conocidos a los que quieres eludir para evitar sentirte obligado a los saludos de rigor, aderezados con un “no saber que decir” que convierte la situación en un momento ridículo e incómodo.
Pero no todo es así evidentemente. Porque sigue siendo maravilloso que un niño sonría feliz cuando descubre nuevas sensaciones. No deja de ser una oportunidad para recordar viejos tiempos, a través de los conocidos de antaño que se tenían olvidados. No deja de ser un momento de fiesta, a la que somos tan inclinados. Es un instante de explosión económica, mucha gente vive de ello, y quizás es el símbolo necesario que marca el paso del tiempo, para sacarnos del marasmo mental en que estamos inmersos. Creo que lo verdaderamente decepcionante es ver que todo sigue más o menos igual, mientras gente que siente como yo empieza a molestarse por el paso del tiempo. En el fondo quizá esté envidioso de no poder disfrutar con tantísima emoción, las sensaciones que ya sólo pertenecen al pasado. Sin querer podemos vernos abocados a la nostalgia y la nostalgia pese a ser un dolor dulcificado no deja de ser dolor, y si estamos para fiestas, ¡caray! no estamos para el dolor, o al menos no lo queremos estar.

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