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Morir es Vivir
Bueno, aquí os presento un relato que escribí hace ya unos meses. Acepto críticas, opiniones y demás comentarios. Muchas gracias y espero que os guste.
Morir es vivir
Había llegado la hora de la verdad, ya era de noche y todo seguía según lo previsto. El plan no podría fracasar. La noche era muy cálida en la selva, como era normal en los veranos ruandeses. Los guardias estaban en las cantinas bebiéndose las escasas reservas de whisky, era un día de fiesta, al fin habían logrado entrar y destruir a un pequeño pueblo rebelde y estaban celebrándolo. Era el momento perfecto para huir. Cogió su pequeña mochila y se la cargó a sus espaldas, en ella solo llevaba una vieja foto de su familia, un libro y un par de mudas. Antes de abrir la ligera puerta de madera que le sacaría de la choza donde dormía, se agachó hacia la mesilla de su litera para coger sus armas, un pequeño revolver, ya preparado para disparar, y un afilado cuchillo con puño de madera que él mismo había fabricado. Metió ambos en sus respetivas fundas y salió por la puerta sin hacer ruido.
Su escapatoria estaba en la selva, sería un camino duro, pero era la única forma de asegurarse de que no le seguirían. Los animales eran peligrosos en la selva, pero prefería morir bajo sus fauces que por un disparo por la espalda de cualquiera de los que aun eran sus compañeros. Pero antes de su inminente huída tenía un asunto pendiente. Con sus pies descalzos y encogido al máximo iba moviéndose de choza en choza lo más sigilosamente posible. Tras rodear medio campamento a hurtadillas llegó a su destino, era una choza grande con forma circular, en ella vivía uno de los oficiales de la guerrilla. En esa época del año las ventanas de madera permanecían abiertas por el insoportable calor, por ello no le fue difícil colarse en el interior de la choza.
Ya había estado allí más de una vez en esos cinco años que llevaba viviendo en aquel campamento. Sabía donde encontrar lo que buscaba, decidió esconderse en una esquina del comedor, el hombre al que iba a matar estaba en su habitación haciendo el amor con su mujer, la puerta de la habitación quedaba a su izquierda. Tenía que actuar rápido, si no la luz del día dificultaría su huída, cogió un adorno que había colgado en la pared y lo tiró al fondo del comedor. El instrumento, de pesada madera, chocó fuertemente contra el suelo provocando un brusco sonido. Sacó el afilado cuchillo de su funda y se preparó para asestar el golpe. El hombre no tardó en aparecer en el comedor para ver que ocurría, encendió la pobre luz de una bombilla mal conectada y cuando se fue a dar la vuelta ya era demasiado tarde.
Pudo observar su rostro de terror antes de atravesar su cuello con el machete, sonreía, llevaba soñando con ese momento desde hacía cinco años y por fin se cumplía su sueño. Apretó un poco más sobre su cuello antes de sacar de golpe el acero y salpicar la pared con su sangre, el cuerpo cayó muerto al suelo al ritmo de la relampagueante luz de la bombilla. Después de eso, solo se oyó un agudo grito que penetraba en sus oídos. Se giró, era la hija pequeña del general contemplando aterrorizada la escena. Se quedó helado mirándola fijamente, no reaccionó hasta que la mujer salió, tapada con una sábana, de la habitación. Ella dio la alarma al ver al asesino. Era el momento de irse, el plan se iba al traste, saltó por la estrecha ventana y corrió veloz hacia la selva.
Llevaba toda la noche corriendo por la selva, pero parecía que llevaba a sus perseguidores pegados a los talones. Además su cabeza no dejaba de mostrarle una y otra vez la grotesca escena de su asesinato, se había convertido en quien más odiaba. Necesitaba pensar con claridad para salir con vida, sin embargo no era capaz, quizás estuviese corriendo en círculos, decidió parar un rato para orientarse. Se sentó sobre una roca, con el revolver en una mano y el largo machete en la otra, descansó durante unos minutos hasta que escuchó un ruido entre la maleza, se acercaban. Se maldijo y continuó corriendo, miraba hacia atrás constantemente a la vez que arrancaba las ramas con el machete, no conseguía distanciarse. Al final en una de sus miradas de atrás hacia delante vio como una culata de un rifle le golpeaba en la frente. Su cuerpo cayó inconsciente al húmedo suelo.
Una mancha negra se acercaba hacia él tambaleándose, tenía la mente nublada y se encontraba desorientado. Mientras la mancha daba vueltas alrededor de él, intentaba adivinar donde estaba. No podía moverse, su delgado aunque fuerte cuerpo estaba atado de manos al techo mientras que sus pies arrastraban ligeramente por el suelo, aun así dudaba que fuese capaz de ponerse en pie. Intentaba hablar pero su lengua no le obedecía, notaba como emitía rudos gruñidos que no inquietaban a la molesta mancha que le hostigaba. Pasaron pocos minutos hasta que una luz deslumbró aun más sus ojos, otra mancha negra, esta más grande, se acercó a él y le arrojó un cubo de agua sobre su rostro a la vez que le gritaba.
- ¡Paul!. ¡¿Qué hiciste?!.
- Nada...- mintió. El agua le había servido para recordar, estaba metido en un lío. El gran hombre le propició un fuerte golpe en la sien que le nubló de nuevo la vista.
Mientras su cabeza giraba sobre su cuello de un lado a otro, comenzó a recordar su desafortunada huída. Llevaba años planeando como salir de aquel infierno que el destino le había asignado, y todo se había echado a perder por culpa del grito de la niña, le había paralizado. Hacía cinco años que había llegado al campamento para formar parte de la guerrilla que aterrorizaba a todas las aldeas cercanas. Llegó con doce años, y no tardó más de seis meses en ser un sanguinario asesino, era su destino, su única forma de seguir con vida. Cuando su entrenamiento acabó fue marcado, un gran tatuaje con forma de serpiente pasó a formar parte del interior de su brazo, del codo a la muñeca zigzagueaba el horrible reptil. Ese sería su signo para siempre.
No tardó en aprender a dejar el símbolo de la guerrilla. Su primera misión fue quemar toda la cosecha de una pequeña aldea al sur de su campamento, se negaban a seguir pagando el alto tributo que pedían y que dejaba a esa pobre gente sin nada para comer; semanas después fue a asesinarlos por impago. Sus acciones eran rápidas y crueles, se montaban en un jeep, aparecían y cobraban lo que ellos querían a la horrorizada multitud. Si alguna aldea se revelaba, hacían una masacre y volvían al campamento con los bolsillos llenos. Total, eran simples campesinos, su destino debía ser la muerte. Esa fue su vida durante esos años. En ese tiempo la guerrilla se había expandido a lo largo de todo el país, tenían el poder físico y pronto también tendrían el político, años de masacres se avecinaban en su querida tierra.
Por suerte o por desgracia, él nunca podría olvidar su pasado. Le habían intentado lavar el cerebro, y en algunas ocasiones pensaba que lo habían logrado, aun podía recordar la cantidad de veces que quiso creer que había sido abandonado por su familia. Pero su corazón no se dejaba engañar.
Tras varios minutos recuperándose del golpe, volvió a levantar la cabeza, aun veía mal, pero ya no era una imagen difusa. Se encontraba en el cuartel del campamento, en la sala había uno de los guardias, con aspecto de resaca de la fiesta de por la noche, y el mismísimo líder de la guerrilla. Era un hombre alto y fuerte, estaba muy entrenado, sus facciones eran afiladas y vestía con un elegante traje militar. Cuando vio que Paul se recuperaba cogió otro cubo de agua y se lo arrojó encima con fuerza, después se quitó la boina que le atribuía su cargo y la dejó sobre una mesa.
- ¡¿Qué hiciste?!.- le gritó de nuevo, Paul aun estaba recuperándose del baño.
- Nada...- dijo esta vez con tono firme. De nuevo su contestación recibió su consiguiente golpe, esta vez en el vientre.
- Yo te diré lo que hiciste...- dijo el hombre con calma, mientras Paul se escupía encima para recuperarse del golpe.- Mataste a Bernard, a un oficial, delante de su familia. ¿Verdad?.
- No maté un oficial, maté a un asesino.- contestó con respiración entrecortada.
Era la respuesta que necesitaba el General para acabar con aquello. Le hizo un gesto al guardia mientras él salía de la habitación. El guardia cogió con fuerza su arma y le propició una colección de golpes por todo el cuerpo, por suerte era un chico duro, de un gran físico que aguantaba bien los golpes. Después sacó un cuchillo de su cinto y cortó la cuerda que le ataba al techo. Su largo cuerpo cayó al suelo como un saco de arena, la sangre le corría por las muñecas y por el rostro, y era incapaz de ponerse en pie. Cuando lo intentó por segunda vez, recibió un nuevo golpe de culata en los riñones por parte del guardia. A los pocos minutos logró ponerse de rodillas, cuando levantó la cabeza vio al General, llevaba a un niño cogido del hombro, no quedaba nadie más en la habitación. El niño le miraba con miedo, era pequeño, no tendría más de diez años. Seguramente era la primera vez que veía a un hombre agonizando.
- Este hombre fue el que mató a tú padre...- le dijo el General al niño mientras le señalaba.
El General sacó su pistola de la cartuchera y se la ofreció al crío. El niño la cogió con las dos manos, en sus ojos había lágrimas, estaba furioso. Se acercó hacia donde se encontraba hasta ponerse frente a frente con el malherido. El niño estaba nervioso, le temblaban las manos, y no lograba apuntar con precisión. La rabia le podía en esos momentos, pero por muy joven e inconsciente que fuese, matar nunca era algo fácil.
La escena que presenciaba en esos momentos ya la había vivido él de pequeño. Aun recordaba como uno de la guerrilla llegó un día a la finca de su padre, a las afueras de una aldea, para cobrar el tributo. Su padre se negó, su familia era grande y no tenían para poder comer, el hombre se bajó del jeep y le propició un golpe que le llevó de bruces contra el suelo. Toda la familia presenciaba el acto sin moverse de la puerta de la casa, hasta que su hermano mayor no pudo soportarlo más y corrió a defender a su padre. El jefe del jeep le cogió y tras darle una paliza le dio su arma, ‘Mátalo y os dejaremos en paz’ le gritó mientras señalaba a su padre. Su hermano no podía hacerlo, se revolvió e intentó disparar hacia el guerrillero, pero cuatro balazos le interceptaron antes de que pudiese lograrlo.
El hombre se acercó hacia el porche de la casa y entonces le dio el arma a él, solo tenía doce años, ‘Mátalo y os dejaremos en paz’ gritó nuevamente señalando al suelo. Paul, con lágrimas en los ojos, miraba a su padre mientras le apuntaba tembloroso con la pistola, el hombre tirado en el suelo lloraba y rezaba por su familia. Su padre le miró fijamente y le gritó ‘¡Dispara!, ¡dispara!’, lo dijo varias veces, Paul cerró los ojos y disparó. El cuerpo de su padre cayó sin vida sobre la tierra al lado del de su hermano. Paul se giró hacia el hombre, con lágrimas en los ojos, para devolverle el arma mientras todos los del jeep celebraban la desgracia. El hombre con una sonrisa se acercó y dijo ‘Tú vienes con nosotros’, y luego dio una señal a sus hombres para que acabaran el trabajo. El niño se giró hacia su familia y observó como disparaban a su madre y a sus hermanas, y por último vio el rostro de su hermano pequeño que aun cogía con fuerza la pierna de su madre y se giró antes de verlo morir.
Ahora lo entendía todo, ese rostro que no había visto morir era el que le apuntaba en ese momento a la cabeza con un arma, había crecido mucho, pero no podía olvidar sus rasgos familiares. Nunca pensó que su hermano siguiera vivo, pero esos hombres debieron llevárselo cuando le capturaron a él. Paul levantó la cabeza sonriendo, estaba feliz de verle, pero no podía permitir que el pequeño también muriera buscando una venganza. La venganza del hombre que le hizo matar a su padre ya estaba cumplida, su hermano merecía vivir sin el peso de llevar a cabo una venganza.
- ¡Yo maté a tu padre!.- gritó Paul sonriéndole.- ¡Dispara!.
El niño apretó el gatillo y el cuerpo de Paul cayó sin vida sobre la madera del suelo de la habitación.

Hola Arkantos!
qué terrible historia!. Además -supongo- que puede ser tan real, y eso me pone los pelos de punta. El tema de los niños en la guerra, uffff.
Lo has escrito muy bien. Sólo hay una cosita y mira que yo no me suelo dar cuenta, pero, bueno es una bobada, en la línea...
El cuerpo de su padre calló sin vida sobre la tierra al lado del de su hermano.
Creo, por lógica que en lugar de "calló", será "cayó". No digo que a lo mejor pudiera ser que aquel cuerpo quedó en silencio, pero supongo que más bien es un resbalón en el teclado.
Besos, me gustó.
pepsi
if you leave me...
can i go with you?
Me alegro de que te guste, en fin, cruel como la vida misma, no? XD. Por cierto, fallito habia estado busandolo porqe sabía que estaba en algun sitio, ya lo localize, gracias. ;).
Un saludo
Arkantos
Hola, Arkantos
Veo que recién ingresas a este foro; bienvenido, entonces.
Un cuento interesante, con buen ritmo; y una historia dura, que muestra muchas miserias, de las que llevamos a cuestas los seres humanos...Una historia de venganzas sobre venganzas, a la cual el protagonista decide poner fin, esta vez llevado por el cariño a su hermanito. Esa muerte, su muerte, quizás lo redima, en parte, de las crueldades anteriores. Quizás.
Leí con interés, a medida que iba avanzando en el cuento; hay pistas que aparecen, aquí una, allí otra, y terminan “enganchándose” unas con otras en los últimos párrafos; desde este punto de vista, el relato está bien logrado, se desenvuelve en forma fluida, sin que el lector se “enrede”, pero al mismo tiempo despertando continuamente su interés.
Sin embargo, creo requiere una profunda revisión, párrafo por párrafo, con respecto a la puntuación. Aparece, como constante, el uso excesivo de comas, separando expresiones que, en realidad, corresponden a ideas diferentes. Eso, vuelve dificultosa la lectura, la entorpece. Daré un par de ejemplos:
“Los guardias estaban en las cantinas bebiéndose las escasas reservas de whisky, era un día de fiesta, al fin habían logrado entrar y destruir a un pequeño pueblo rebelde y estaban celebrándolo.”
Un ligero cambio en la puntuación modifica sustancialmente la línea:
“Los guardias estaban en las cantinas bebiéndose las escasas reservas de whisky. Era un día de fiesta: al fin habían logrado entrar y destruir a un pequeño pueblo rebelde y estaban celebrándolo.”
No es la única posibilidad, por cierto; también podría ser:
“Los guardias estaban en las cantinas bebiéndose las escasas reservas de whisky: era un día de fiesta; al fin habían logrado entrar y destruir a un pequeño pueblo rebelde, y estaban celebrándolo.”
Y se pueden encontrar otras formas, además.
En todas estas “formas”, se separan distintas expresiones de forma más contundente que con simples comas; o usando dos puntos, o punto y coma, o punto. Ello ayuda muy mucho a que el lector capte sin esfuerzo las ideas, y le da mayor fluidez al texto.
“Su escapatoria estaba en la selva, sería un camino duro, pero era la única forma de asegurarse de que no le seguirían.” Una idea es que la selva le permitiría escapar; pero eso no implica, necesariamente que el camino fuese duro. Por lo tanto, la dureza del camino constituye otra idea diferente a la primera.
Entonces:
“Su escapatoria estaba en la selva; sería un camino duro, pero era la única forma de asegurarse de que no le seguirían.”
“Su escapatoria estaba en la selva. Sería un camino duro, pero era la única forma de asegurarse de que no le seguirían.”
“Sabía donde encontrar lo que buscaba, decidió esconderse en una esquina del comedor, el hombre al que iba a matar estaba en su habitación haciendo el amor con su mujer, la puerta de la habitación quedaba a su izquierda.”
Aquí aparecen cuatro ideas diferentes, sin una conexión obvia entre cada una y la siguiente. El que él supiera dónde encontrar lo que buscaba no lo condiciona a esconderse en un cierto sitio; y el que se esconda, no condiciona al hombre a hacer el amor con su mujer; esto último no condiciona a una puerta a estar a la izquierda o a la derecha.
“Sabía donde encontrar lo que buscaba. Decidió esconderse en una esquina del comedor; el hombre al que iba a matar estaba en su habitación haciendo el amor con su mujer. La puerta de la habitación quedaba a su izquierda.”
En fin, te sugiero que revises todo el texto, analizando cuándo las comas realmente corresponden como puntuación, y cuándo convendría reemplazarlas por otros signos de puntuación.
“Antes de abrir la ligera puerta de madera que le sacaría de la choza donde dormía,” La ligera puerta no le sacaría de la choza. En todo caso, deberá atravezarla, pasarla, podrá ser su puerta a la libertad, o algo así, pero la puerta no lo saca a él.
“y corrió veloz hacia la selva.
Llevaba toda la noche corriendo por la selva,” Repetición: corrió veloz hacia la selva/corriendo por la selva.
“De nuevo su contestación recibió su consiguiente golpe, esta vez en el vientre.” ¿La contestación es la que recibe un golpe? Mmmm....
Con respecto a la historia en sí misma, me gustaría saber en qué te basaste, quiero decir, en qué tipo de guerrilla te basaste. He leído algo de historia y de revisiones periodísticas de organizaciones guerrilleras (claro, sólo de algunas de latinoamérica, no de áfrica, y no he leído en demasiada profundidad, confieso), y ésta que aparece aquí me resulta bastante curiosa; sobre todo, por la inusual táctica de reclutar guerrilleros obligándolos por la fuerza, y en el momento en que atacan la aldea, a matar a su familia, mejor dicho, a ejecutarlos fríamente. No parece ser una táctica adecuada para “lavar el cerebro” de un niño y convencerlo de formar parte de la organización. Pero, ya te digo, he estudiado un poco de historia de estos grupos, pero no africanos, y me interesaría saber cuál es el origen de esta historia.
Un abrazo,
Esther
Gracias Esther. Sin duda necesitaba una buena critica sobre puntuacion, mi ignoracia sobre el punto y coma (;) me había llevado de cabeza a los brazos de las amadas comas XD. Es cierto, y me doy cuenta que todo lo que escribo va muy cargado, así que gracias, apartir de ahora prestare mas atencion al escribir para separar mejor las frases y oraciones.
Respecto al tema, me surgió un día viajando en la renfe (tren de ciudad) escuchando una cancion. La cancion es Niño soldado de Ska-p, por si te interesa descargarla y escucharla. A partir de ahi, y como tenía un duelecillo de tematica realista con otro escritor, pues comencé a crear mi historia. Me fue de ayuda, sobre todo para la ambientación, un capitulo de la serie americana Lost (Perdidos). Y sobre si me base en alguna guerra en particular... pues diría que la de los utus contra los tutsis de Ruanda sería la respuesta. Hize un trabajo cuando era mas pequeño sobre aquella guerra y tengo que decir que me marcó bastante las cosas que vi.
Si te interesa el tema, que veo que si, tambien te recomiendo que veas la pelicula Hotel Ruanda. No trata expresamente sobre ese tema, pero da una visión muy real sobre como haztuan las guerrillas en Africa. Y sí, lo que relato, seguro que no es un caso descabellado; es el pan de cada día para muchos niños africanos, cuya unica vida es matar o morir. Es un tema duro, pero ahí esta.
Espero haberte sido de ayuda, o que al menos hayas aprendido algo de lo que escribo ^^. Muchas gracias por todo.
Un saludo
Arkantos.
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