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Monólogo de una fea


By B. Miosi - Posted on 01 agosto 2007

Monólogo de una fea (Estrictamente autobiográfico)

Cuando nací era tan fea, que mi padre apenas me vio abandonó a mi madre. La pobre tuvo que cargar conmigo porque tenía un amor maternal demasiado arraigado. Ella tenía la firme convicción de que algún día yo resultaría convertida en un hermoso cisne, como el del cuento. El asunto era que yo ni siquiera era como el patito feo. Al paso del tiempo, mi madre no perdía las esperanzas, y ahora que lo pienso, creo que ella realmente me veía hermosa. Luchaba contra cualquiera que me mirara torcido, o que hiciera una mueca de desagrado al mirarme. En el colegio yo siempre me sentaba en el fondo del salón porque la maestra decía que la perturbaba y perdía la concentración, aquello llegó a oídos de mi madre y allá fue ella, blandiendo a diestra y siniestra; la diestra. Abofeteó a la maestra Débora y me echaron del colegio. Cuando estuve en la secundaria, la cosa se puso peor; pero esta vez, competía con otras niñas por el asunto del acné, y cuando había que disfrazarse, generalmente me llamaban porque no necesitaba disfraz, cumplía a cabalidad mi papel de jorobado de Notre Dame, enano de Blanca Nieves, espantapájaros del mago de Oz, y hubiese sido feliz de ser la madrastra de cenicienta pero no era tan bonita, así que tuve que conformarme con ser la esposa de Frankenstein. Dentro de todo, no me puedo quejar, las chicas no encontraban en mí una rival que les quitara el novio, y generalmente era acompañante violinista de mis amigas.
En todo grupo debe haber una gorda, una flaca, una bonita y una fea. Yo cumplía con este requisito, así que me hallaba en la gloria, al fin conseguí mi lugar en la sociedad estudiantil. Pero el verdadero problema empezó cuando terminé la secundaria. Ya no habían más amigas que apoyaran mi fealdad, ni violines que tocar, ni personajes que representar, entonces, mi madre creo que se dio por vencida y cayó en cuenta que debía hacer algo en honor a su belleza, porque ella era muy bonita. Ese era el motivo por el que siempre había pensado que yo algún día también lo sería. ¿Qué sería de mí en un mundo tan competitivo? –decía. Fuimos entonces camino al cirujano plástico. Cuando me vio, el médico preguntó: ¿Qué fue lo que le sucedió? Pensando que yo era producto de un accidente. Para ese momento, yo estaba acostumbrada a ese tipo de reacciones, así que pasé por alto el comentario. Pero mi madre, se enfureció. No sé si fue por eso, o porque el cirujano tenía razón, pero el caso es que él dijo que yo no tenía remedio, que debía esperar los avances de la ciencia para solucionar un problema como el mío, así que regresamos a casa, y en el camino tuve que aguantar las arengas de mi madre que nunca se daba por vencida. Ella aseveraba que debía tener algo dentro de mí que me haría destacar en la vida, y yo trataba de ayudar a encontrarlo, pero falleció sin lograr nuestro objetivo. Poco tiempo después, me di cuenta que podía sacar provecho de mi voz. No precisamente por el canto. La gente que no me conoce, se porta muy amablemente conmigo por teléfono, y en especial, si son hombres.
Cierto día, llamé a un número publicado en el diario, se necesitaban mujeres para la línea caliente. Mi voz les encantó, y yo, por primera vez, siento que soy bien recompensada. ¡No pueden imaginarse la cantidad de cosas que me dicen por teléfono! ¡Y las que digo yo! Aprendí a hacer feliz a los desventurados solitarios, a levantarles el ánimo y otras cosas más, a hacer ejercicios de imaginación que en mi vida podría lograr si no fuera por el invento grandioso de Alexander Graham Bell, a quien estaré eternamente agradecida.
En Internet estoy empezando a dar mis primeros pasos en el arte de escribir. Puedo hablar con mucha gente sin que me vea la cara, es una suerte, porque empieza a caerse mi cabello y ya no puedo tapar con mi pollina los dos extraños bultos que siempre he tenido en la frente, últimamente he notado que mi nariz es cada vez más larga y tiende a ir hacia abajo, lo cual me da un aire severo. ¡Y yo soy tan alegre! Cuando no estoy trabajando, entro a los foros literarios y he hecho magníficas amistades. Estoy segura de que mi madre donde sea que se encuentre finalmente estará satisfecha, pues sé que en el fondo, lo único que ella quería era verme feliz. Sí, mamá, ¡soy muy feliz!

B. Miosi

http://www.yoescribo.com/publica/comunidad/autor.aspx?cod=22122

Imagen de atticus2

¡Ay, Blanca, Blanca, te sigo el juego y me creo que es autobiográfico!

Con qué sencillez y sentido del humor desgranas una vida ¿desgraciada?
Parece que querían hacerte desgraciada los demás. Es a ellos a quienes molestaba la fealdad, no a tí. Tú te presentas como una niña o una jovencita sensata que acepta lo que hay. Si por tí fuera no pasaría nada por ser distinta ¿Qué les da tanto miedo a los demás de las personas distintas?

Al final le dices a tu madre que eres feliz, pero yo creo que has sido feliz siempre. Una persona inteligente (me da la impresión de que lo eres) siempre encuentra motivos para serlo.

Y ya, por curiosidad malsana, publica tu foto :)

http://atticus-descuentos.blogspot.com

Imagen de rocio-torresr

HOLA BLANCA.
¡Vaya con tu proganista! Es una sobreviviente que, no obstante su fealdad, de acomoda bien a su posición y al final obtiene la felicidad.
me gustó como desgrana su vida, sin amarguras y con optimismo. El toqué de ironía es el preciso.

Un gusto leerte, como siempre.
ROCÍO

Imagen de Matilda

Hola B. Mioss:
¿estrictamente autobiográfico? juarjuar!!
Entre broma y broma dices cosas bastante ciertas en la vida de las personas menos agraciadas físicamente o nosotros los feos y feas.

"En todo grupo debe haber una gorda, una flaca, una bonita y una fea. Yo cumplía con este requisito, así que me hallaba en la gloria, al fin conseguí mi lugar en la sociedad estudiantil."

No es que debiera haber, pero por lo general así suele ser. Aunque después de todo hubo un final felíz para tu personaje, tenía bonita voz y se empló en una línea caliente, ¡que genial! nadie puede imaginar que la poseedora de la sexy voz del otro lado del teléfono es más fea que una crisis económica con devaluación y todo; al final eso no es importante, lo que importa es lo que esa voz es capaz de producir en ambos.
Un relato corto, algo cruel, divertido y bastante real.
Saludos, te seguiré leyendo y comentando

"No existen los feómenos morales, solo la interpretación moral de los fenómenos". F. Nietzche.

Imagen de Turkesa

Blanca: este cuento ratifica sin dudas la escritora consumda que eres; desde luego lo sabía, pero este cuento rezuma "el arte de escribir". En mi sencilla impresión. El "fresco cinismo" si me disculpas la contradicción, conque arrancas manifestando que es autobiográfico, es el toque de gracia. (Con indiferencia de su veracidad -o no-) Sólo te digo que lo disfruté, lo leí, me compadeci más de la madre que de la niña, que en todo momento exhibe resignación y autoestima por igual. Y se abre camino. JAJAJA. Y también es un cuento fantástico, en gran medida. La fantasía está representada por esa fealdad tan brutal que -quitando deformidades, que no las había, porque te encargaste de dejarlo claro- no es posible que exista.- Eso, sin tener en cuenta que el concpeto de "fealdad" es bastante subjetivo; jamás podría arrojar tan unánimes rechazos como magistralmente desgranas en tu historia. Un honor leerte.

Saludos Azules. Turkesa.

Imagen de Elisabet

Blanca, sencillamente genial. Sabroso, gracioso, picantillo... y tierno, también. Esa mamá tan abnegada, tan defensora de su hija...Con ese final: "mamá, soy muy feliz", la hija la recompensa, aunque sea en la otra vida.

Me encantaron algunas frases, como éstas: "Aprendí a hacer feliz a los desventurados solitarios, a levantarles el ánimo y otras cosas más, a hacer ejercicios de imaginación que en mi vida podría lograr si no fuera por el invento grandioso de Alexander Graham Bell, a quien estaré eternamente agradecida." Ja, ja, me he reído a gusto.

Nadie es lo bastante feo o desgraciado como para no tener algún encanto, algún atractivo... Y la voz, ¡es increíble el poder que tiene la voz!

Es un buen alegato a favor de las "feas" o "no guapas", aunque eso de los cánones de belleza es tan discutible... Cuando pienso en los platos que se ponen en los labios algunas mujeres de tribus africanas, o en los dientes afilados como colmillos que se hacen en otra tribu de no-sé-dónde, o en que a los orientales, cuando vieron a los primeros occidentales, les chiflaban las narices largas y los cuerpos peludos... En fin. ¡Hay que ver Schreck! :)

Besos,

Elisabet

Imagen de Laocoonte

¡Ah! Cómo es cruel la humanidad en muchas ocasiones. Si es autobiográfico, qué admirable actitud tan positiva, si no es autobiográfico, que admirable actitud tan comprensiva.

Lo de la voz me recuerda a Agustín Lara. El pobre hombre era muy feo, pero tenía una voz tan excepcional que llegó a cautivar a una de las mujeres más bellas de su tiempo. Y a casarse con ella. Como quien dice -y cómo bien lo planteas- el físico no lo es todo.

Suena tan bien, todo aquí, que de veras lo pones a uno feliz. Jaja. Transmites la felicidad de la protagonista. ¿Y qué cosas dirá por teléfono? Mejor ni preguntarlo.

La redacción. Excelente. La historia (y el agradecimiento de la madre) me han conmovido. Ojalá los seres humanos nos fijáramos menos en el físico y más en lo que vale la pena. Un gusto leerte.

Saludos.

Imagen de Esthercita

Hola, Blanca

Este relato es, directamente, una joyita. El humor es la “primera capa”, pero un humor que oscila entre ingenuo e irónico, y su mordacidad rápidamente lleva a pensar en qué hay detrás, y luego aparece otra capa detrás del detrás. El choque entre “estrictamente autobiográfico” y la primera línea (muy buena) es de ésos que a uno, lector, dejan algo atontados...Por mi parte, el título me llevó a pensar que sí era autobiográfico...!pero en la primera línea ya tuve que cambiar de opinión!
Coincido con Atticus: la fealdad les molestaba a otros, no a la protagonista. Creo que ella es una persona feliz; o, por lo menos, tan feliz como cualquier “bella”. El resto, sobre todo su madre (y su padre ¡Señor! qué padre éste), son los que insisten en que ella debe convertirse, de patito feo en cisne. Me hace pensar en tantos padres que “descargan” sobre sus hijos el continuar con sus éxitos (aquí la belleza de la madre) o en tener éxito donde ellos no lo consiguieron...
El caso es que la niña parece haberse arreglado muy bien con su fealdadl. Sospecho que en la escuela no sólo fue aceptada por lo que aquí se relata; sospecho que debe haber sido una jovencita alegre, de ésas que se “buscan” porque alegran las reuniones. Ella, en el fondo, se siente bien consigo misma, aunque el mundo diga lo contrario. Y encuentra “su lugar”, y ¡vaya qué lugar!
Interesante: es la tecnología la que crea un mundo donde ella pueda tener su lugar, un mundo donde su apariencia física deje de ser importante. Lo que no es cosa de la tecnología es el optimismo de la protagonista, sin él, nunca hubiera logrado hacerse de una ocupación (o más de una) en la que ser feliz.

Mmm...me gusta esta protagonista. Me gusta mucho.

Un abrazo,
Esther

Imagen de animalson

No se si esté bien decirlo, pero envidio esa habilidad que tenes de contar de manera simple algo que me hace sumergir en tu mundo. Gracias por el buen rato.

Un abrazo, nos vemos luego.

: :a n i m a l S o n ::

Imagen de B. Miosi

Atticus: ¡claro que es autobiográfico, jaja!, si publico la foto perdería el encanto del misterio. Tengo una publicada pero sabes bien que puede ser una fotografía falsa.

La vida de las feas no es tan dura para quien asume la fealdad con filosofía. Hoy en día es un poco difícil, porque el prototipo que se tiene como base para catalogar la belleza ha llegado a extremos.

¡qué curiosidad malsana!, si publico mi foto seguro que seguirían pensando que no soy yo.

Gracias por dejar tu comentario,
Blanca

http://www.yoescribo.com/publica/comunidad/autor.aspx?cod=22122

Imagen de B. Miosi

Gracias por leerme, Rocío, me encanta que te haya gustado el cuento,
Besos,
Blanca

http://www.yoescribo.com/publica/comunidad/autor.aspx?cod=22122

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