Mariano
- ¡Mariano! ¿Tú eres Mariano, verdad?
- Si.
-¿Ya no te acuerdas de mí?
- No sé… No caigo… ¡Espera! Tu eres Antoñito, el hijo la seña Josefa.
- ¡ja, ja, ja! Hombre, claro.
- Como me alegra volver a verte, ¡ja, ja ,ja!
- Si, hace más de veinte años que no sabía nada de ti; desde que te fuiste a lo de la Marina.
- Veinticinco años ya, Antonio.
- Veinticinco años. Como ha pasado el tiempo ¿Verdad?
- Ni que lo digas.
- Con las correrías que hicimos de críos…
- Y de no tan críos. Como el día que le quitamos la moto al médico…
- Sí; a Don Ricardo. ¡Ja, ja! Aún me duelen los correazos que me arreó mi padre.
- Anda que yo… Estuve dos meses sin salir de casa.
- ¡Ja, ja ,ja ¡ Pero… ¿Ahora dónde paras?
- En Uruguay.
-¿Uruguay? ¿No está eso muy lejos de éste pueblo?
- Demasiado, Antonio. Pero allá tengo mi familia y mi pequeño negocio.
- ¡Que jodido Mariano…! Cualquiera iba a pensar que… ¿Y que haces ahora por aquí?
- Sólo estoy de paso. Tuve que venir a España a arreglar unos papeles y antes de volver a América… No podía perder la ocasión de visitar mi pueblo…
- Por lo que veo piensas marchar pronto… Por lo menos quédate a comer en mi casa y así te presento a mi familia.
- Me encantaría y te lo agradezco, pero ya tengo reservado el billete para esta tarde y los aviones no esperan a nadie.
- ¡Que lástima!
- Ahora termino de ponerme melancólico por aquí y ya para Madrid.
- Que jodido Mariano… Pensar que igual no nos volvemos a ver.
- Quién sabe, Antonio, quién sabe…
Jose Javier Prado http://usuarios3.arsystel.com/soleado/

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