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MAÑANA LLOVERÁ


By LuisBermer - Posted on 02 July 2007

La última clase es siempre la peor. El cansancio acumulado durante la mañana finalmente vence nuestras fuerzas y nos oprime contra los pupitres. Hoy ha sido otro día vacío de significados, tal vez porque el gran hueco que deja el autoengaño al desvanecerse no puede ser ocupado por las pasajeras afectividades cotidianas.

El profesor expone en voz alta su interesante monólogo sobre la lógica kantiana. Al igual que los escritores, los filósofos son seres curiosamente extraños. Todos parecen escandalizarse ante la simplicidad del monótono ciclo de la vida y, para evitar la desesperación, dedican su tiempo a la creación de posibilidades razonables, mundos paralelos, complejas interconexiones conceptuales de difícil comprensión, realidades no acontecidas y toda una extensa gama de metafísicas ridículamente humanas; como si lo que es pudiera adentrarse un poquito en lo que jamás podrá llegar a ser. Aquel que no reconoce sus límites está irremisiblemente condenado a chocar contra ellos, y los ahogados bufidos de la clase parecen confirmar lo que pienso.

Al mirar por la ventana puedo captar la fluctuación de memorias olvidadas, sin sentido ni rumbo en el subconsciente. El aire dobla las malas hierbas que crecen junto al edificio y el cielo parece cubierto de ceniza; es muy probable que llueva.

Estoy empezando a sentirme mal. La cabeza me da vueltas, las formas parecen desdibujarse en manchas difusas ante mis ojos. Un agudo malestar constriñe ni vientre; creo que estoy enfermando por momentos.

Con gran esfuerzo consigo ponerme en pie -todos giran sus inexpresivos rostros hacia el novedoso estímulo- señalando la puerta con una mano mientras apoyo la otra sobre la mesa para no caer de bruces en el suelo. El profesor hace un indescriptible movimiento con su brazo sin interrumpir su discurso, que yo interpreto como la concesión del permiso para abandonar el aula, aunque de igual modo podría ser un recurso más de su repertorio gestual, tan histriónicamente explotado en la explicación de sus abstracciones.

Cierro la puerta a mi espalda y me dirijo hacia los servicios a paso ligero. Algo está bullendo, cambiando en mi interior, pero no siento ningún dolor. Comienza a escocerme el brazo derecho. Desabrocho la manga de mi camisa y, para mi sorpresa, compruebo que tengo el antebrazo despellejado, en carne viva; puedo ver el fino entramado de vasos sanguíneos que recorren mi extremidad descubierta, aunque sigo sin sentir el más mínimo dolor.

Un intenso olor a orín me golpea al entrar en la estancia de azulejos blancos. Antes de llegar a los lavabos una repentina arcada convulsiona mi cuerpo y vomito un espeso líquido negro. Caigo de rodillas al suelo con los brazos extendidos para evitar el terrible golpe y mi brazo derecho se rompe con un sonoro crujido. Al incorporarme veo mi brazo astillado flotando en el charco oscuro.

Tambaleándome intento volver hacia la clase. Una nueva arcada recorre mi tembloroso cuerpo. La masa de mis intestinos rasga la carne, rompiendo la camisa, irrumpiendo al exterior; en un acto reflejo, intento inútilmente mantenerla en su lugar con mi brazo izquierdo. No sé lo que está ocurriéndome, no siento nada.

Toda mi epidermis comienza a replegarse sobre sí misma como pergamino viejo y mi carne se cae a pedazos a cada paso. El maxilar inferior se desprende de mi cráneo y mi ojo derecho queda colgando del nervio óptico; lo arranco con un rápido tirón para no perder la estabilidad visual. El dolor físico es ahora sólo el recuerdo de una sensación inexistente.

Entre no pocos esfuerzos consigo abrir la puerta del aula. Durante una décima de segundo, mi único ojo percibe fugazmente todos los rostros de los alumnos, justo un instante anterior a su transformación en máscaras de puro terror. Intento hablar, pero me resulta imposible. Gritos inconcebibles inundan la clase cuando la percepción colectiva se hace real y efectiva. Muchos caen desvanecidos sobre sus mesas, otros quedan paralizados por el horror. Mi aspecto ha de ser espantoso, aunque lo cierto es que, mentalmente, sigo siendo yo.

Me arrastro lentamente hacia la tarima del profesor, que yace sobre ella con los ojos en blanco. Tras de mí escucho los aullidos dementes de los que consiguen escapar, cada vez más lejanos, reverberando por los amplios pasillos vacíos.

Mi cuerpo carece ya de los elementos y energía que lo sustentaban normalmente y caigo hacia delante, decapitándome con el borde de la mesa del profesor; mi cabeza queda encima, cerca de la ventana.

Soy sólo consciencia.
Soy materia insensible.

Puedo ver sobre las montañas del horizonte una bandada de pájaros alejándose. El cielo que todo lo cubre está hilvanado con nubes grises.

Mañana lloverá.

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rocio-torresr's picture

MAÑANA LLOVERÁ.
Es la segunda vez que entro a ésta página, para volver a leer tu cuento.
No se que decir, mejor dicho, no se como expresarlo. Tal vez lo más facil sería decir, "me gustó", pero eso no lo explicaría todo.
Por un lado me llamó la atención esta parte "Al igual que los escritores, los filósofos son seres curiosamente extraños. Todos parecen escandalizarse ante la simplicidad del monótono ciclo de la vida y, para evitar la desesperación, dedican su tiempo a la creación de posibilidades razonables, mundos paralelos, complejas interconexiones conceptuales de difícil comprensión, realidades no acontecidas y toda una extensa gama de metafísicas ridículamente humanas; como si lo que es pudiera adentrarse un poquito en lo que jamás podrá llegar a ser." tal vez porque, muchas veces, siento que las explicaciones de los filosofos sobrepasan la simplicidad de la vida, pero eso lo pensaba sin una conciencia real, tu expresaste en palabras lo que yo sentía.
Es interesante la forma en que describes como el cuerpo del protagonista se va desintegrando, hasta quedar en "solo conciencia" "solo materia insensible", percatándose esa conciencia de todo, inclusive de que "mañana lloverá". Bueno al fin y al cabo no me queda de otra que decirlo de esta forma: "me gustó"
ROCÍO

Esthercita's picture

Hola, Luis

Quisiera poder afirmar que puedo extraer una conclusión/idea/argumento/historia de este relato. Pero no. No se trata solamente de que no logre ver qué has escrito vos; además, no logro ver qué pienso yo al leer.

El análisis que el narrador hace de qué hacen los filósofos/escritores es una posición filosófica en sí misma; con la cual puede acordarse o no. Por mi parte, no acuerdo; pero esto es irrelevante porque lo que importaría, en todo caso, es lo que el protagonista cree, ya que ello es lo que,se supone, le dará un hilo conductor al relato.
Aquí, hay algo que me desconcierta:
“y los ahogados bufidos de la clase parecen confirmar lo que pienso.”
La inclusión de los bufidos de la clase como apoyo a sus ideas rompe con el análisis: la clase puede bufar por infinitos motivos, que no constituyen apoyo alguno a lo que él piensa.

Luego...luego viene la transformación. Mmm.....no sé qué significa. ¿Pierde su entidad física, material y queda sólo consciencia? Supongo que algo más, porque la consciencia de poco sirve si no hay sentidos (que son físicos) con los cuales comunicarse con el mundo externo. Si le desaparece la piel, los ojos, los oídos, incluso el sentido del dolor, sería una consciencia atrapada en una caja negra, sin posibilidad de escapar de esa caja (la materia insensible). Salvo que la transformación implique también una transformación de eso que aquí se llama consciencia a otra cosa distinta.

Aún en este caso, no llego a encontrar una relación entre ambas “partes” del relato. Evidentemente, se me escapa algo importante. No es raro que así suceda, estas cuestiones no se me dan bien, realmente.

Lo único más que puedo decirte es que, como siempre, tu prosa es muy buena.

Un abrazo,
Esther

LuisBermer's picture

Gracias, Rocio y Esthercita.

Al relato pueden dársele varias lecturas, y principalmente juega con el sentido de confusión, de ensoñación del protagonista: no se acierta bien a saber si lo que se describe ocurre tal cual, o es la proyección del hastío del chico protagonista, su pensamiento divagante.

Me gusta lo incierto, no lo puedo evitar :D

¡Un abrazo!

LaLagrimaDeUnaSonrisa's picture

Me ha hecho vibrar, parecía que yo fuera una más de aquellas máscaras de terror de los alumnos. O parecía que fuera mi cabeza la que quedaba muerta sobre la mesa del profesor. Me gusta especialmente esa imagen, es como decir a la filosofía: toma, ahí tienes todos tus intrincados teoremas, tus vanos intentos de explicar todo esto. Está todo vacío, como la materia. Me has hecho pensar, y me ha transmitido muchas cosas.
También me he quedado pensando... ¿por qué vomitará algo negro? será porque con los años perdemos la inocencia que nos da la razón y nos hace verdaderamente humanos y, aunque por fuera seamos como sea, por dentro hemos cambiado, estamos llenos de vacía oscuridad.
Ahora que lo pienso, me comporto como uno más de esos filósofos estúpidos. Voy a dejar de llenar de sinsentidos este espacio. Gracias por este rato! saludos!

LaLagrimaDeUnaSonrisa

SiLasSonrisasEstanSobrevaloradas,YoTengoCientasQueNoSirvenParaNada

Anónimo's picture

Muy bien escrito pero no consigo saber que quieres decir.

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