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Las Tres Lunas.
Las Tres Lunas.
Despertaba en la cabina de sílice, bajo un día oscuro como otro cualquiera, pero hoy lo hacía con el extraño influjo de las tres lunas, las siempre presentes tres lunas y su misterio de influjo. Era la hora de partir al encuentro. Tomé mi máscara y salí cual furtivo en pleno toque de queda.
El acontecimiento fue anunciado con tiempo suficiente para que los inestables procedieran al trámite de la medicación. Aún así, algunos preferían seguir siendo ellos mismos y sufrir el placer que el día de Vitruvio les traería.
Ridvan6 no era un planeta cualquiera. En un joven planeta, renacido de otro muerto llamado Tierra, fueron recuperadas las condiciones de vida perdidas. El nuevo hogar, desubicado de su original, agradeció el consciente trato de aquellos que aprendieron con la historia. En pocos años, Ridvan6 floreció, generó deshielos y ríos que alimentaban la fértil tierra. La presencia humana era casi imperceptible, hasta que se generó el traslado.
Las tres lunas fueron estudiadas, el campo magnético entre ellas y la influencia de sus fases, cada una girando en una orbita distinta y con inclinación variable. Nunca se podía predecir qué conjunción de lunas iba a imperar. Esa cualidad, propia de Ridvan6, era la causante de la rápida cogeneración del ecosistema. Las lunas y el planeta mantenían una relación de sinergia, con vida y destrucción propias de la naturaleza, en un equilibrio ajeno a lo humano. La ecoeficiéncia del planeta obligaba a actuar a los pobladores con absoluto respeto al medio, nadie podía ir en contra o forzar las leyes naturales, el proyecto errado se convertía de inmediato en un fiasco.
Conjunción de lunas que dominaba los interiores de recuerdo. Cada humano mantenía una estrecha relación con la combinación lunar. Sus almas latían al son de la tríada de luz platino que constantemente amenazaba en cambiar. La emocionalidad fue admitida como el mayor problema para cumplir la disciplina, necesaria en ese nuevo mundo. Todos los pobladores recibían cada día una dosis de “luminar” suministrada telepáticamente.
La orden establecida regulaba a los individuos según sus nacimientos y la conjunción natalicia de lunas. Genéticamente implantados con una vesícula cerebral, producían ellos mismos el “luminar”, cuya densidad y carga de “lumax” había sido sincronizada por las fuerzas de gravedad presentes durante el nacimiento.
Todo ese proceso había sido asumido, no sin alguna penuria inevitable.
Estaba a punto de suceder. El día más intenso de las tres lunas, el día de “Vitruvio”, resultaba siempre un caos disciplinar. Las dosis de “luminar” se alteraban y era necesaria la reprogramación puntual. Todos los temerosos se acercaban voluntariamente al núcleo medico para yacer de nuevo, como sucedía cada cinco años, en las camillas-robot que iban a robarles un día completo de vida. La sedación a los estímulos y recreación de sueños falsos permitía que el influjo de las lunas pasase desapercibido en los cuerpos medicados, plenamente drogados. Los no voluntarios eran buscados, rastreados por la señal que el “lumax” desprendía a cada respiración, capturados y obligados a dejar de ser durante “Vitruvio”.
Algunos afortunados nos hicimos con el primer modelo de máscara que se ideo para filtrar el “lumax”. La descomposición de la fórmula, devuelta al ambiente en iones sin unión, permitía mantenernos en el anonimato y disfrutar de la conjunción lunar más espectacular. La tríada traía consigo una extraña reacción de nuestros cuerpos, de los receptores sensoriales que parecía se multiplicaban, del recuerdo, del anhelo, de todo lo humano que parecía arcaico y olvidado, de la emocionalidad que sólo cada cinco años nos invadía. El peligro tras ese primer estado de experiencia era saber. Conocer que éramos algo más perturbaba, al mismo tiempo debía ser escondido para evitar conductas tachadas de rebeldía. Los delatados desaparecían.
Dos minutos para el evento lunar. El cielo negro azulado, como casi siempre, a excepción de alguna ocasión donde se podía vislumbrar una lluvia de cometas o el fallecer de alguna estrella. Las lunas acercándose, acoplándose en hilera, una por la derecha, otra por la izquierda, la otra parece quieta. Es curioso que nunca lo hagan igual, se alternan el orden cada cinco años. Aún por descubrir ese aspecto aleatorio, yo estoy seguro de que influye de alguna manera en nosotros, por una u otra causa.
Este es mi segundo lustro, todavía no sé como reaccionaré, pero cuentan algunos de los que han logrado experimentarlo anteriormente a mí, que nunca les causa el mismo efecto. En una de las ocasiones hubo muertes, bastantes. Se creyó que las fuerzas del orden habían enviado alguna señal nociva a la vesícula implantada, luego se supo que nada tuvieron que ver. La incertidumbre al respecto de los efectos es lo que les asusta, asusta a muchos que se prestan a ser dominados, convirtiendo Ridvan6 en un planeta desierto de vida humana cuando acecha el día de Vitruvio.
Ya casi están. Faltan segundos para que cumplan con una alineación perfecta.
Tres lunas plateadas, con sombras en su tierra sin replica en alguna de las otras dos lunas, un terreno explorado en expediciones de científicos que nunca vuelven. Los datos se reciben, pero ellos no vuelven a dar señales pasados unos días. Pocos cursan esa profesión, saben que algún día tendrán que ir y sacrificarse. Otros se ven fascinados por el mundo de confort y placeres que les permite el alistarse a científico lunar, incluso inventan leyendas del porque no vuelve nadie, leyendas que tientan a quienes no deben espantar sus miedos. Otros son obligados en supuesto castigo y amparo de algún experimento secreto.
En un primer momento parece que todo se frena, incluso dejamos de respirar. La conjunción hace huérfana la acostumbrada mirada hacia los tres elementos plateados y cambiantes en sus fases, que durante el ciclo anual ambientan nuestro día y noche. Sólo una luna es visible, no es la misma del año pasado. Las orbitas cruzadas generan más variables de las imaginadas, la de este año no parece la de hace cinco años atrás.
Todo se detiene, o lo parece. Quedamos absortos en la plenitud de una misma luna llena, como antes hicieran aquellos que poblaron la tierra.
Miro el marcador digital de Xannya. Los números de emisión se han detenido, no respira. Miro alrededor, todos parecen detenidos en una apnea lunar. Vuelvo a mirar a Xannya, a sus ojos. Me sonríe y el marcador vuelve a contabilizar las partículas del “lumax” descompuesto que emite. Han aumentado, siento su emoción y ella la mía. Yo también respiro más rápido.
A todo esto siempre he sido un poco escéptico, pero nunca he dicho nada a nadie, ni a ella. Puede que dentro de los rebeldes como yo haya más escépticos de la razón que les lleva a la rebeldía, pero ninguno lo proclama. A todos nos va bien este creer en el influjo de las tres lunas, en su magia, en el no saber si es por el día esperado con tanta ansia o en lo que dejamos liberar de nosotros al sentirnos por una vez libres, con una excusa para serlo. No importa, la verdad es que no importa. Xannya me mira, yo la miro. Algunos otros se miran. Eso es lo que importa, el despertar y sentirnos de tanto en tanto lo que alguna vez fuimos, incluso más allá de lo que fueron los anteriores terrestres.
Parece que este vez no hay estado evidente de una incipiente violencia. Parece ser que esta vez la conjunción nos ha traído algo de calma. En la anterior que viví nos dio por reír y filosofar en hermandad, nada que ver con la ocasión que cuentan, cuando la violencia asoló al grupo. Puede que la anterior vez fuese una redención de la memoria, puede que esta ocasión sea una madurez de la misma, puede que no tenga nada que ver o que nada que ver tengan las tres lunas en una.
Hace cinco años encontré a Xannya, Reí mucho con ella, la sensación de satisfacción que genera la risa era algo casi olvidado. Revitalizados quedamos para soportar otros cinco años más. Hoy, sin haberlo dicho ni obligado al otro, volvemos a estar juntos en esta experiencia, al parecer, siempre incierta.
Xannya me mira, sonríe. Su contador va tan rápido como el mío, como el de los otros, supongo. La luna nos mira y espera. Somos nosotros los detenidos, no ella, no el planeta. Estamos detenidos como aquellos otros capturados o voluntarios que en el mismo instante están siendo obligados a perder la emoción de un día, obligados a no recordar lo que son, hijos de una sola luna a la que le deben sus noches, las que no tuvieron ni tendrán nunca por miedo de unos y otros. La luna espera, insólita.
Algunos ya lo están haciendo, inconscientes quizá, locos inevitables bajo el influjo Vitruviano creen ser. Arriesgados por creer que la verdad de lo sentido debe ser. Xannya parece decidida. Me quito la máscara al tiempo que ella. Seguimos mirándonos, no dejamos de mirarnos. La luna nos mira.
Me parece que todos hacemos igual, sentimos miedo, no respiramos, no queremos ser descubiertos. La luna anula el control de la vesícula cerebral, anula la dominante dosis de “luminar” en nuestros cuerpos. Tememos emitir los iones, tememos a mucho más de lo que creemos. Mis labios se acercan a los de Xannya, no pienso, no respiro, solo deseo besarla. Ella se acerca al mismo tiempo. Todos se acercan entre ellos haciendo lo mismo. El beso se produce, contacto con ella, ella conmigo. Respiramos juntos un mismo aire, bajo una misma luna, entre nuestras pieles bucales. El beso es algo nuevo, me embriaga. Todos se besan y la luna deja de esperar, muestra su luz más brillante en un intento de traer aquel sol que la acompañaba, el recuerdo que nos lleva a tumbarnos en el suelo y volver a hacerlo, como hacían ellos.
Pronto llegaran, es inevitable que nos descubran, demasiada emisión junta. Pero no importa, nada importa ya más que aprovechar el momento, ser cuando los otros no están siendo, vivir aunque sólo sea un día.
Delatados por la señal. Somos atrapados mientras la luna vuelve a mostrar su proceso fragmentado. A Xannya la llevan a una celda, a mí a otra. Nos interrogan, me preguntan razones, motivos, causas y efectos. Yo sólo les digo que se debe a la luna, lo mismo que Xannya les ha dicho.
De nuevo juntos, nos envían a Moon2. Al parecer Moon1 está ocupada y en proceso de investigación científica con aquellos tentados que se alistaron sin más. Moon3 es aún virgen, la que hoy se mostraba a los ojos como única, como si fuese una esperanza en reserva.
La nueva raza debe ser fiel a la condición humana, debe ser luchadora y rebelde si es necesario, debe ser pura y sincera hacia si misma y con lo que siente, no debe negarse, doblegarse ni dejarse atrapar. Nos envían a la luna, a una de ellas, Moon2, y sabemos ahora que es para mejor, siempre lo supimos.
Ahora que soy científico a los ojos de los que se quedan, ahora lo sé, allí nacerá nuestro hijo.
No volveré a ver más las tres lunas, cómo mucho una destinada al vacío humano, otra pura, y a lo lejos un planeta sin oportunidad.
Ahora sé cual era el influjo, la atracción de mirar al cielo. Ahora estoy en mi luna de elección.
Siento alegría por los que de aquí saldrán a la parte más pura. Siento tristeza de los que decidieron la luna en la que nunca serán. Siento culpa de mi valentía, por todos los otros obligados a perder su oportunidad junto a los más miedosos, nunca llegaran a este lugar.
En esta luna ya somos parte de los sueños de todos.
Las Tres Lunas.
© 2007 Pol Ten Bock.

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