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*Las Crónicas de Dhloergh* 1. Lenalo porfavor
Hola!!! Mi nombre es Krathsthengh, jejeje y pues subo esta historia que llevo escribiendo hace ya vario tiempo, la subo aquí porque me gustaría mucho saber sus opiniones. Cualquier critica será bien recibida, lo que me importa a mi es saber si mi historia, de la que aún no tengo un titulo definido, pero espero encontrarlo muy pronto, está interesante o entretenida. Me interesa mucgho su opinión, y por favor. Ahí va pues. Aaah, por cierto, pongo la pronunciación de los nombres porque luego hay dificultades con ellos y los que no aparecen, es porque se pronuncian tal y como estan escritos.
Pronunciación:
Byrone-Bairon
Anrhiell-Anrriel
Ákemins-Éikmins
Sestrian-Séstrian
Prologo
La fe muere a cada instante. La guerra de los Diez Soles ha terminado. Lo que antes fuera el libre y feliz país de Veltthingard, se convirtió en el oscuro reino perteneciente al rey Byrone, que era un ignominioso gobernante de una región del país llamada Ghrailsthok, pero como a todo ser vivo, la codicia de tener más poder lo corrompió, haciendo que juntara un fuerte y numeroso ejercito de criaturas asesinas. Así, una a una, las aldeas, pueblos y ciudades de Veltthingard, fueron cayendo bajo su poder. En poco tiempo, todo sitio existente estuvo controlado por él, y aunque numerosos hombres se le enfrentaron, era imposible vencerlo, ya que él era un ser que había logrado alcanzar la inmortalidad, debido a un oscuro pacto que hizo con Anrhiell, el rey del inframundo, que acambio le pedía un sacrificio humano cada ciclo lunar; cuando la luna llena se posaba sobre el cielo nocturno, haciendo que esta se tornara de un color rojo intenso.
Muerte, destrucción y desgracia, eso fue lo que provocó la acción de aquel sujeto, persona que se enfrentaba o cuestionaba su mandato, persona que amanecía muerta, decía que por ser unos traidores al rey, tenían que morir con toda su descendencia.
Los Veltthingardianos esperaban un milagro que los salvara de ese terrible sufrimiento, que quizás nunca llegue, o…tal vez…si…
En Ákemins, una de las aldeas más alejadas de la monarquía del rey Byrone, vivía Sestrian, un joven alto y delgado, de dieciséis años de edad; su cabello era castaño, ondulado y largo, tenía los ojos de color café claro y su condición era tan pobre, que siempre vestía de harapos. Su pasión eran las serpientes, con ellas pasaba la mayor parte del tiempo, de hecho, convivía tanto con ellas que las llegó a considerar como su familia.
Sestrian no tenía mamá, pues había muerto durante la guerra de los Diez Soles; es por eso que su padre se casó con otra mujer, para llenar el vacío que había dejado su pasada esposa. Aunque para el muchacho no había persona alguna que igualara a su antigua madre, pues su madrastra era cruel, siempre regañaba a Sestrian por cualquier cosa, lo castigaba sin razón alguna y lo peor, lo hacía quedar mal frente a su padre. Es por esto, que se refugiaba en el bosque Dúrbantin, que era el más cercano a la aldea Ákemins y el más extenso de toda Veltthingard. En ese sitio habitada toda clase de serpientes: desde pequeñas culebras, hasta enormes pitones.
Sestrian conocía todo acerca de estos reptiles: sus gustos, si eran venenosas, cada cuanto cambiaban de piel, el tamaño máximo que alcanzaban a medir en toda su vida, en fin, no había nada que él no conociera acerca del tema. Siempre, desde que salía el sol, hasta que reinaba la luna, estaba en el bosque Dúrbantin.
La vida es un precioso don, que cuando no se aprecia, se convierte en una prisión de inigualable dolor y sufrimiento

El chico y las serpientes.
Una mañana como cualquier otra, Sestrian, evadiendo el castigo que su madrastra le había puesto, se despertó desde muy temprano y poniéndose un calzado muy desgastado y ropa andrajosa, arregló su dura y fría cama y empezó a caminar de forma muy queda para no despertar a sus padres, aunque eso era muy difícil de hacer, ya que Sestrian dormía en un rincón de la cocina y ellos tenían un cuarto aislado, el cual poseía una puerta de gruesa madera que no dejaba salir o entrar ningún sonido. Así que mirando la única ventana de toda la morada, se dirigió hacia la puerta y con sumo cuidado la abrió, dio unos cuantos pasos al frente y ya estando afuera de la choza, cerró la puerta. Un aire frío recorrió su cuerpo. Todo estaba oscuro, una luz tenue y plateada, proveniente de la luna, alumbraba un poco el lugar. Sestrian cruzó sus brazos y comenzó a avanzar.
Las cabañas de la aldea se encontraban en un silencio total. Apresurando el paso, el chico comenzó a correr. Dejó atrás la aldea y se encontró en el inicio del bosque. Todo se había vuelto más claro. Miró hacia el horizonte y pudo observar que el sol reclamaba su mandato sobre las alturas. Sestrian se introdujo en el gélido bosque. Había muchos árboles de gruesos troncos, que rechinaban con la fuerza del viento y en estos, se encontraban esplendidas aves multicolores, que deleitaban con su cantar a todo aquél que los escuchara.
El chico caminó y caminó, pasando entre enormes arbustos, mirando conejos, pequeños grillos, mariposas, arañas y un sin fin de animalillos. Sestrian continuó su andar, hasta que llegó a un lugar maravilloso:
Pocos pasos adelante, había unos arcos de piedra amarilla y vieja, con musgo y helechos por toda su superficie, que detenían a la arboleda que ahí se encontraba; estos trazaban una trayectoria circular, pues rodeaban a lo que parecía un enorme pilar semidestruido de varios metros de altura, el cual se veía muy afectado por la humedad. Eran las ruinas de un magnifico acueducto antiguo.
Sestrian entró por un arco y el suelo de suave tierra, se transformó en piedra sólida.
Caminó hasta el pilar rodeado de numerosas piedras que le habían pertenecido en un pasado muy lejano y que ahora estaban dispersas por todo el lugar.
El chico se detuvo y se recargó en la estructura. Llevándose las manos a su boca para amplificar su voz, comenzó a gritar:
-¡Ya estoy aquí! ¡Soy yo! ¡Sestrian!-El muchacho dio un suspiro y a continuación empezó a decir los nombres de sus amigas las serpientes-¡Siwert, Sirhab, Sórgin, Sertyu, Krantur…!-Y así continuó recitando numerosos nombres.
Pero no había señal de ninguna de ellas. Pasaron varios minutos, el cielo dejó de ser naranja y amarillo para convertirse en un azul celeste hermoso, adornado por blancas nubes vagantes. Sestrian se desesperó y pensando que ya nadie iba a acudir, decidió regresar a su casa e inició la caminata de vuelta.
Pero entonces, un sonido atrajo la atención del muchacho, un ligero silbido penetrante; miró hacia todos lados esperando encontrar su lugar de procedencia, pero este seguía en el incógnito. Así que continuó caminando. Cuando iba quitar una enorme raíz colgante de un árbol que obstruía su paso, el extraño ruido se oyó nuevamente, pero ahora sí se sabía de donde provenía: en la rama de un gran árbol, se encontraba enrollada una magnifica y extraordinaria serpiente. Su piel cubierta de escamas, era de un color rojo vivo, con espirales negros y blancos, lucía unos preciosos ojos amarillos con una pupila vertical.
Sestrian la miró y fue directo al lugar donde se encontraba ese reptil, pues ya hacía una semana que no había ido a ver a sus amigas.
-¡Hola Sórgin! ¿Cómo estas? ¡Luces divina!-Dijo el muchacho.
El reptil rojo se desenrolló de la rama y bajó hasta el suelo. Ya estando ahí, se irguió completamente, abrió su boca y mostró sus filosos colmillos blancos como el marfil y su lengua tan negra como la noche. Sestrian con la intención de acariciarla, se acercó a ella; extendió su brazo y lo acercó a la cabeza de Sórgin, pero este se movía de lado a lado desesperadamente y cuando la mano del joven apunto estaba de tocarla, la serpiente se hizo para atrás.
-¿Qué te pasa Sórgin?-Preguntó Sestrian
Se sintió un ligero temblor y entonces, serpientes de diversos tamaños y diferentes matices, salieron de los arbustos. Todas se posaron alrededor de Sestrian y al igual que Sórgin, levantaron sus cuerpos, quedando en una posición recta y al mismo tiempo, todas abrieron sus bocas, enseñando sus grandes colmillos llenos de saliva, como si se prepararan para atacar. Sestrian se quedó mirándolas por un momento y como vio que ninguna se tranquilizaba, habló:
-¡Ho-ho-hola!-Dijo el tartamudeando-¿Co-como han estado?
Las serpientes emitieron un chillido espeluznante
-Se que están furiosas porque no había venido a visitarlas, ha pasado ya una semana, pero es que ustedes conocen a mi madrastra, siempre castigándome.
Pero no había señal que ninguna de ellas entendiera, pues permanecían inmóviles.
-Vamos, por favor, saben que yo no las cambiaría por nada del mundo.
Las serpientes bajaron sus cuerpos y comenzaron a avanzar hacia sestrian. Mostrando sus lenguas en todo momento, llegaron hasta los pies del chico. Este se mostró perturbado, pues cuatro serpientes subieron por su cuerpo: Una de ellas, verde con manchas amarillas, se le enrolló alrededor de la cintura, otra, que mostraba su piel blanca con negruras en forma de zigzag, se disponía a enredarse en el brazo izquierdo, al mismo tiempo que un ejemplar amarillo con manchas cafés, se plegó en el brazo derecho del muchacho y la última, de color grisáceo, se enrosco directo en su cuello. Los cuatro reptiles aplicaron su fuerza hacía el cuerpo del joven, inmovilizándolo.
Sestrian sentía dolor, especialmente en el cuello, pues el animal se comprimía bastante, lo que provocó que al muchacho se le pusieran los ojos rojos. Sus brazos comenzaron a entumecerse y adquirieron un color morado.
La vida es un precioso don, que cuando no se aprecia, se convierte en una prisión de inigualable dolor y sufrimiento
Amrhoen-Amrroen
Mowrmm-Mourm
Un extraño viaje
Era el fin para Sestrian, su respiración cesaba, no había oportunidad de escapar, su mente y cuerpo se sumergían en una terrible oscuridad, todo se nubló, sus oídos no percibían sonido alguno, sus ojos, llenos de lágrimas, se fueron cerrando poco a poco, su cuerpo comenzó a temblar y a ponerse frío. En su último suspiro, solo pudo apreciar una sombra que salía de los arbustos y atacaba a las serpientes, provocando que los reptiles lo soltaran y así Sestrian quedó libre para después caer inconsciente al suelo; entonces, dejando atrás animales y montañas, se trasportó de repente a un lugar extenso, donde las ruinas de un gran castillo se encontraban cubiertas de llamas; múltiples hombres se enfrentaban cuerpo a cuerpo por todo el terreno, era un escenario de matanza, crueldad y extrema ira. Criaturas voladoras, con cuatro colosales alas y espinoso cuerpo negro, montadas por jinetes oscuros, volaban por el cielo arrojando llamaradas a todo ser que encontraban. Enormes catapultas lanzaban grandes rocas, que golpeaban al castillo, provocando que se derrumbara aún más.
Una lluvia de flechas cubría el cielo nocturno por completo. La espesa niebla impedía una vista clara. Un resplandor rojo, proveniente de la luna, alumbraba todo de un color sangriento. Eso era una guerra. Una lucha cruenta de las más mortífera que jamás había visto Sestrian; cuerpos atestados de moscas flotando en charcos de sangre, se encontraban tirados por todos lados. Monstruos grotescos atacaban a los seres humanos, arrancándoles extremidades. Caballos derribados, con múltiples flechas clavadas en sus cuerpos, estaban por doquier…un escenario terrible.
Sestrian asustado, intentaba correr, pero no podía, pues aunque sus pies se movían, no lograba avanzar. Su cara mostraba una expresión de terror y fatiga, miraba todo con angustia, preguntándose que era lo ocurría.
El cuerpo de un hombre atravesado por una espada cayó a unos cuantos pasos de él. Portaba un caco de metal desgastado, que dejaba admirar unos ojos azules, una barba de color marrón y una cicatriz en la parte superior derecha del labio; en la mano sostenía un gran escudo hexagonal, que tenía grabada la imagen de un ave que emprendía el vuelo cubierto de llamas: un fénix. Su vestimenta, era una armadura blanca ambarina, con adornos rojizos, que se combinaban con la sangre que tan vorazmente emanaba de su pecho.
El hombre pedía ayuda, todavía quedaba esperanza para él, así que Sestrian intentó correr para socorrerlo, pero no avanzaba. El sujeto gritaba de dolor, pidiendo auxilio desesperadamente, y oyendo esos alaridos, Sestrian puso todas sus fuerzas y entonces comenzó a moverse. Fue directo hacia aquél lugar y agachándose para auxiliar al hombre, este le dijo entre susurros:
-He…he fallado, busca a Am…Amrhoen y di…dile que Mow…Mowrmm ha ca…caído.
Sestrian desconcertado, preguntó:
-¿Quién es Amrhoen? y ¿Qué es Mowrmm?
Pero el hombre guardó silenció, sus ojos se habían cerrado, su respiración terminó, todo implicaba que ese sujeto había muerto.
Sestrian asustado, corría por todos lados buscando ayuda, pero lo único que obtuvo fue que una criatura ensangrentada y deforme fuera hacía él, y empuñando una gran y filosa espada, le atravesó el pecho a Sestrian…
-¡QUÉ PASA! ¿¡DONDE ESTOY!?
Su vista había retornado, todo estaba claro. Enormes árboles se encontraban a su alrededor, un delicioso aroma a flores se filtró por su nariz. Sestrian se levantó del suelo, cubierto de césped y tierra. Miró a todo el lugar y observó que había vuelto al bosque Dúrbantin. ¡Todo había sido un sueño! ¡No existía la guerra, ni Amrhoen, ni Mowrmm!
El chico se paró, estiró sus brazos, volvió a observar el paisaje y se dio cuenta que el sol seguía brillando. ¿Cuánto tiempo se encontró inconsciente?
Comenzó a caminar hacía su casa. La cabeza le daba vueltas, estaba mareado, un dolor terrible se apoderó de él, sus ojos los tenía entreabiertos, sus brazos al igual que sus piernas, le pesaban mucho y estaban rojos.
Caminaba a pasos lentos, cuando de repente, una serpiente salió detrás de un árbol. El reptil atrajo a Sestrian, sus brillantes escamas de color verde oscuro, que se fusionaban con su vientre amarillo y un par de ojos dorados, provocaron algo en el chico. Jamás había visto una serpiente tan magnifica ni tan larga, pues media aproximadamente tres metros de largo. Con palabras entre cortadas, le dijo:
-Ho…hola. ¿Co…como e…estas?
La serpiente se irguió, abrió su boca, mostró sus colmillos y su perfecta y rosada lengua. Agito su cabeza y volvió al suelo.
-Tú te me haces familiar. ¿Acaso ya nos conocemos? Aunque no recuerdo haberte visto por aquí.
Entonces, Sestrian recordó la imagen de la sombra que lo liberó del dolor de las serpientes, pero ahora todo se había clarificado y la sombra era ese reptil.
-¡Claro! ¡Tú me salvaste! ¡Muchas gracias! No se que hubiera hecho sin ti. Si no hubiera sido así, yo no estaría platicando contigo.
La serpiente comenzó a avanzar en sentido opuesto al muchacho.
-¡Hey! ¿Adonde vas? ¡Espera!
Y así Sestrian emprendió una marcha siguiendo a la serpiente. Por alguna extraña razón, el dolor que sentía, había desaparecido. Continuó corriendo, hasta que cruzando dos gruesos troncos de árboles milenarios, salió a un lugar, en donde los rayos del sol no llegaban a colarse, pues múltiples florestas cubrían todo el cielo. Sestrian sintió escalofríos al ver que más adelante, una enorme cueva, con enredaderas llenas de hojas verdes y raíces colgando hacia su entrada, emergía imponente desde el suelo, y por encima de ella, crecían un sin fin de árboles; en los extremos se encontraban dos grandes esculturas:
Ambas tenían un enorme pico de ave en sus caras redondas, con grandes pendientes colgando de sus largas orejas, dos pequeños ojos ovalados estaban rodeados por lo que parecía una nariz respingada, sus cabellos estaban en forma de punta con una tiara rodeándolos; tenían sus brazos cruzados a la altura de sus pechos de humano pegados a sus cuerpos de piedra que dejaban apreciar unas enormes colas de escorpión, que salían por la parte trasera de sus piernas de león, ambos tenían el ceño fruncido y de sus espaldas, emergían un par de colosales alas cerradas.
Sestrian asustado, caminó hacía la entrada de la cueva y vio que algunos metros adentro, se encontraba la serpiente. Esta le hacía señas para que entrara y obedeciéndola, el muchacho se adentró en la húmeda y oscura cueva. Ahí predominaba un frío terrible; comenzó a avanzar lentamente, pero de repente, algo rozó su pie y sorprendido, el chico miró que era la misma serpiente saliendo a toda velocidad del lugar.
-¿Qué te pasa? ¿Adonde te diriges?-Preguntó el chico
Nuevamente sintió escalofríos y se quedó parado inmóvil por un instante, de pronto escuchó fuertes gritos de un hombre que hacían retumbar la cueva; poco a poco la voz se fue clarificando y se pudo entender lo que decía:
-¡Sestrian! ¿Dónde te encuentras? ¡Sal de dondequiera que estés!
El muchacho se espantó y caminó a la salida y al hacerlo, observó al sujeto que lo llamaba.
Él no lo podía creer.
La vida es un precioso don, que cuando no se aprecia, se convierte en una prisión de inigualable dolor y sufrimiento
Las peleas traen problemas
Pues la voz que tan vivamente gritaba, pertenecía a su padre, así que muy nerviosamente Sestrian le preguntó:
-¿Pero que haces aquí?
-Lo mismo te puedo preguntar yo, ¿No crees? -Le contestó su progenitor, con una voz tan ronca, que apenas se entendía lo que decía.
El padre de Sestrian era extremadamente gordo, sus grandes cachetes se le desparramaban de su esférica cara, una inmensa barba y bigote negro con algunas canas que emergían de su escaso cabello rizado, cubrían media parte de su faceta; no era más alto que Sestrian, portaba una túnica gris manchada de lodo, tierra y estiércol; sus mangas deshilachadas y rotas dejaban ver sus peludos brazos.
Este se le acercó a Sestrian expidiendo un olor mefítico por todo su cuerpo. El chico al olerlo, tuvo una sensación de desagrado que hasta tuvo ganas de volver el estomago.
.Pero que mal hueles papá-Dijo el muchacho tapándose la nariz-Aséate de vez en cuanto.
-Así es como tú deberías oler
-Pero ¿Qué es lo que dices?-Preguntó Sestrian confundido
-Este es el olor de un autentico hombre orgullosos de su profesión-Le dijo su padre-Este aroma es el más bello que existe en el mundo.
-Estás loco papá-Le dijo Sestrian al escuchar esto.
-¿Loco? El estiércol proporciona los nutrientes necesarios a los vegetales para que crezcan grandes y jugosos, para que tú y yo podamos alimentarnos. Además, eso es lo único que sostiene a nuestra familia. Yo salgo todas las mañanas al mercado de la aldea para vender mis productos, porque yo sí salgo en la mañana para hacer cosas útiles.
-¿Qué estas insinuando?-Preguntó el chico.
-¡Que tú deberías trabajar conmigo ayudándome!
La voz de su padre, comenzó a aumentar de tono; tratando de calmar la situación, Sestrian dijo:
-Pero ya te dije, a mi no me gusta trabajar en eso, yo prefiero salir por toda Veltthingard en busca de aventuras, que harán que se enaltezca mi nombre.
-¿Sabes qué? Esa actitud tuya ya me desesperó-Decía su padre muy enojado-¡Por Khrathstengh! Yo, que hago un esfuerzo por mantener a esta familia y tú no lo aprecias. Yo, que trato de que tú y tu madre tengan lo mejor para que vivan felices y que no les falte nada y tú…
-¿Esta ropa te parece adecuada papá?-Le decía Sestrian mostrándole con la mano su vestimenta rota y agujereada.
-Tú la tienes así porque quieres, yo podría comprarte nueva, pues para eso no falta el dinero…
Sestrian soltó una carcajada y dijo:
-No me digas. Yo tenía sabido que todo lo que ganas se lo das a Dortyce…
-¡CÁLLATE SESTRIAN! ¡TÚ NO TIENES DERECHO A HABLARME ASÍ! ¡YO SOY TÚ PADRE!
-Pues no lo parece. Todo el día estás trabajando para mantener a Dortyce. ¡SI ESTUVIERA MI MADRE TODO SERÍA DIFERENTE!
El padre de Sestrian dejó atrás su expresión de enojo para cambiar a una de abrumado.
-Se…será mejor que t…te vallas a la casa-Le dijo su progenitor y a continuación desapareció entre los grandes árboles.
-Pap…-Sestrian le iba a gritar para que volviera y le pidiera perdón por lo acabado de ocurrir, pero pensó que no era el momento adecuado.
-Creo que lo mejor será irme-Se dijo Sestrian a sí mismo-Ya debe ser tiempo de comer. Además seguramente me espera un regaño por parte de Dortyce por desobedecerla.
Después de todo lo sucedido, comenzó a caminar a su casa. El sol irradiaba luz y calor, ya era medio día. Sestrian sudoroso, llegó a su hogar y lo miró:
Era una cabaña rectangular, con techo de paja amarilla y seca, las paredes estaban formadas por enormes piedras encimadas unas con otras, había partes que estaban totalmente cubiertas con musgo verde; por encima del techo se lograba ver una pequeña chimenea que expulsaba humo negro, eso significaba que lista estaba la comida.
La vida es un precioso don, que cuando no se aprecia, se convierte en una prisión de inigualable dolor y sufrimiento
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