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La Venganza de los Entzompantlizados
Este es un cuento que escribí hace unas semanas para cumplir con una tarea escolar. Quiero hacer la prueba de subir este pequeño cuento para ver el alcance que tiene la divulgación en este sitio. Sin nada más que decir aquí está:
Tzompantli- Es una especie de altar en donde los mexicas exponían los cráneos, ya empalados, de los guerreros que capturaban o mataban en las batallas.
La venganza de los Entzompantlizados
Cuentan las leyendas mesoamericanas de un abominable guerrero cuyo origen es desconocido y ciertamente irrelevante, por haberse tratado del militar más sobresaliente de todos los tiempos del Quinto Sol. Capaz de lograr hazañas, que ni siquiera un hombre en su sano juicio soñaría, este guerrero, de nombre impronunciable, marcaba y era a su vez la diferencia entre una batalla sufrida, por parte de su bando azteca, o una cómoda masacre sufrida por los enemigos del Gran Imperio.
En sus primeros años como militar mexica, se caracterizó por ser un guerrero servicial a las órdenes del emperador. Juró su vida para proteger al Imperio, sin importar cualquier costo que tuviera que pagar. Ligado a sus juramentos participó en un sin fin de guerras floridas en las cuales siempre trajo numerosas hordas enemigas para ser ofrecidas a los Dioses y expuestas a sus enemigos, en una señal del gran poderío del que eran dueños.
Incontables víctimas sucumbieron ante el poder del guerrero sin clase, y todas ellas vieron la misma suerte al ser empalados y expuestos en el Tzompantli de la gran Tenochtitlan.
Sin la necesidad de portar gigantescos escudos, ni pesadas armaduras emplumadas para protegerse, pudo derrotar a miles de almas con tan solo un cuchillo en cada una de sus manos. Tenía el don de los dioses para el manejo de estas armas y la soltura con que luchaba era digna de un ser mitológico. No obstante, él y las personas que lo rodeaban le adjudicaban sus habilidades a su mismo ser, ingenuamente.
Una noche, Teoyaomqui, el Dios de los guerreros muertos, se le presentó al innombrable guerrero azteca. En una visita corta le advirtió a éste que había alcanzado la cuota límite de asesinatos y que de reincidir en la matanza, un suceso incomprensible para los mortales tendría lugar en la gran Tenochtitlan. Sin esperar réplica alguna, la figura de Teoyaomqui se convirtió en polvo y con ayuda del viento se marchó lentamente. A la partida de la deidad, el guerrero confundido se puso a meditar del acontecimiento. Francamente no tenía la certeza de que la presencia del Dios hubiera sido real. Bien pudo haber sido obra de su mente, o los efectos de las bebidas alcohólicas que había bebido aquella tarde tras celebrar una victoria rutinaria más.
Ahorcado por las dudas, decidió ir con su dueño, el emperador. Le expuso lo acontecido y el emperador, en un acto de cobardía e imprudencia, le ordenó a su sumiso guerrero que se retractara de lo dicho y que se preparara para la batalla del día siguiente.
El fiel y honrado guerrero acató la palabra de su amo. Tomó sus cuchillos y se alistó en el batallón del próximo día. Casi había borrado de su mente su experiencia previa, cuando por alguna extraña razón vio a lo lejos, al pasar a un lado del Tzompantli, la ominosa y respetable silueta del Dios Teoyaomqui. Fingió demencia y prosiguió con su camino al campo de batalla.
Titubeó un poco, por primera vez, al estar frente a las líneas enemigas. Aún con todo se aproximó a sus enemigos con la misma frialdad que le había dado incontables victorias. Haciendo caso omiso a la advertencia del Dios, mató sin escrúpulos a uno de los cientos de guerreros enemigos del emperador.
Al hacerlo, todo pareció congelarse, excepto él y una voz gutural que reclamaba el poder que los Dioses le habían otorgado al momento de su nacimiento.
Una voz un poco más entendible pronunció
-No digas que no te lo advertimos. Ahora sufrirás las consecuencias de tus estragos.-
Con todos los demás guerreros congelados en el Tiempo, fue transportado de vuelta a su ciudad, Tenochtitlan. Su paradero fue en frente del Tzompantli, el tétrico lugar en donde cada una de sus víctimas fue mutilada y ofrecida a los dioses.
Sumido en la confusión, el guerrero trató de exigir una respuesta, pero lo único que escuchó fue un movimiento dentro del Tzompantli. El sonido de ligeras piesecillas de calcio con una periodicidad dispareja pero unisonota como la de una estruendosa cortina de agua, el héroe del emperador se estremeció.
Pudo observar el como lentamente los cráneos se movían gracias a una invisible fuerza externa y se conjuntaron en cuerpos humanoides. Cientos de cuerpos formados por los cráneos de sus víctimas, adquirieron esa forma y se pusieron de pie. De manera organizada se formaron en dos bloques y arremetieron contra el militar.
Este ya sin sus oriundas habilidades y sin las armaduras que soportaban gran parte de los embates de las armas de ese tiempo, no supo como defenderse. A los pocos segundos estaba rodeado de todos los cráneos que alguna vez mató y estos aprovecharon la ocasión para cobrar factura del sufrimiento innecesario que durante vida ocasionó.
Gracias por leerlo. Escriban sus comentarios!!!

jajaja buen final
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