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LA PATA DE CONEJO
LA PATA DE CONEJO.
La noche antes de Navidad en aquél pueblo de la montaña era siempre fría y frecuentemente en esa fecha un manto de nieve cubría caminos y accesos a las casas.
El año pasado no fue una excepción. En una de las urbanizaciones de la Sierra de los Abedules vivía un matrimonio en su gran chalet, con varios perros y gatos y con muchos años a sus espaldas. Sus hijos no les hacían mucho caso, cada uno vivía su vida y hasta se olvidaban de ellos en Navidad.
Eran tremendamente hospitalarios con los vecinos y con los extraños, a pesar de las advertencias de la radio y televisión, no se asustaban fácilmente y preferían dar un plato de comida a un perdido alpinista que preguntarle qué venía a hacer por allí.
Esa noche entre el susurro del viento y de los copos de nieve al posarse en los cristales, Roberto, creyó oír a alguien llamar tenuemente a la puerta.
- Mira a ver Elena- dijo a su mujer-creo que alguien está en la puerta, pero no abras sin cerciorarte de quien es, que ahora voy yo, después de echar otro leño a la chimenea.
Los perros empezaron a ladrar, aunque no tenían acceso directamente a la puerta. No había duda de que alguien se acercaba.
- ¿Quién llama?-preguntó una Elena, que a pesar de su pelo blanco bien cuidado y su algo encorvada espalda, mantenía un porte digno, envidia de mujeres incluso mucho más jóvenes que ella.
- Soy un anciano que se ha perdido y la noche me causa desasosiego- se oyó decir al otro lado de la puerta.
Elena miró por la ventana lateral y pudo ver a un anciano como ella con una gran barba blanca y un abrigo muy largo de color pardo tirando a rojo, que no acertaba a ver bien por estar cubierto de nieve.
- Roberto, ven enseguida, mira es un anciano inofensivo.
- Voy a ver- y al ver al anciano, aún mayor que ellos, no dudó en abrir la puerta de inmediato- Entre, ¿qué se le ofrece?
- Sólo un poco de ayuda para encontrar el camino.
- Ya es muy tarde, quédese a cenar con nosotros y mañana usted verá si se encuentra con fuerzas.
- No quiero molestar, pero se lo agradezco ya que estoy muy cansado.
Ya sin más preguntas, entre Elena y Roberto ayudaron al anciano a quitarse el abrigo, y lo colgaron en la percha de la entrada. Le dieron de comer una sopa caliente, pescado y de beber un ponche, después le colocaron una butaca al lado del fuego.
Ni le preguntaron el nombre, ni lo consideraron necesario. Después de una breve charla sobre la noche y la Navidad, le acompañaron a la habitación de invitados bien caldeada por una estufa de leña.
Al día siguiente, que era Navidad, le invitaron a comer, pero él se disculpó diciendo que tenía que llegar al pueblo cercano cuanto antes y como habían sido tan amables con él les dejaba lo único que podía donarles: UNA PATA DE CONEJO.
- Miren les doy esta pata de conejo que es mágica y a la cual pueden pedirle tres deseos, que sin duda se cumplirán, pero no pueden ser de dinero. Si piden deseos de dinero se transforman en macabros.
- Bueno, no creo que pidamos nada, pero lo aceptamos como si fuera el mejor regalo del mundo-le dijo Elena algo extrañada.
El reverendo hombre salió por la puerta sin más y Roberto colocó sobre la repisa de la chimenea la pata de conejo.
Esa tarde, Elena, triste porque sus hijos ni venían ni llamaban, se le ocurrió algo:
- Pedimos a la pata el deseo que ya sabes:
-¡Que vengan nuestros hijos! a visitarnos con los nietecitos, que ya son cuatro y apenas les conocemos.
- Bien-dijo Roberto-lo pedimos.
No habrían pasado dos horas, cuando el teléfono casi olvidado por la pareja, sonó.
- Hola papá, soy Enrique, he quedado con mis hermanas y vamos los tres a pasar esta tarde con vosotros. Por supuesto vamos con nuestras parejas y los niños. ¿Qué os parece?
- ¡Maravilloso, hijo, magnífico! y sublime-no sabía el padre incrédulo que adjetivos utilizar.
Colgó el teléfono y le dijo a su esposa:
- Elena, la pata de conejo ha hecho efecto, vienen Sheila, Lidia y Enrique a comer y pasar la tarde con nosotros.
- ¿Qué me dices?- preguntó asombrada.
Esa tarde fue inolvidable para los esposos. Y contaron a sus hijos lo de la pata.
Antes de despedirse, Enrique se acercó a la chimenea y como que no quería la cosa, dijo:
- Deseo que me encuentre en casa un millón de euros para poder vivir dignamente y que la empresa que regento salga a flote.
-Se me olvidaba deciros, que lo que no podemos pedir es dinero-oyó a su padre al despedirse.
“Demasiado tarde”- piensa Enrique-“pero es igual ya está hecho”.
Al llegar a su casa, un espacioso piso en el centro de la gran ciudad, Enrique saltó de alegría; un maletín de color gris plata estaba como olvidado al lado del perchero. Al abrirlo, en su interior había un millón de euros.
No habrían pasado diez minutos, cuando el teléfono sonó:
- Soy el Inspector Gautier de la policía rural, ¿habló con Enrique Landas?
- Si, si, ¡dígame!- el rostro de Enrique se trasmutó.
- Sus padres están muy graves. Se ha derrumbado una pared del chalet donde viven, parece que por una explosión no determinada y les ha pillado a los dos. Están en la UCI del Hospital Central.
- Voy enseguida al Hospital Central-responde incauto hijo.
Antes de ir al Hospital tiene una idea:”Si pido a la pata de conejo que se curen, es el tercero, esperando que mis padres no hayan pedido otro. Lo haré aunque sea a costa de que el dinero desaparezca.”
La pata de conejo estaba sobre el suelo, al lado de la chimenea que había resultado dañada por la explosión.
-Pata de conejo, te pido que mis padres se salven aunque pierda todo el dinero- exclamó
Una voz como de ultratumba se pudo oír como un trueno sobre el descuidado Enrique.
- Tus padres se sintieron esta tarde tan felices que me pidieron morirse a costa de que a sus hijos ya nunca les faltara lo que necesitaran. Y ya están junto al anciano que era mi dueño, Papá Noél. Sólo una cosa más: Tienes que compartir el dinero con tus hermanas y juntaros siempre el día de Navidad recordando a vuestros padres. Los tres deseos han sido solicitados y cumplidos.
Un Enrique sonrojado y cabizbajo fue corriendo al Hospital, dónde ya estaban sus hermanas.
-¡Enrique, Enrique!¡Están bien, ya se han recuperado!¡Es un milagro!
No podía dar crédito a lo que le decían y entró en la habitación donde sus padres con buen aspecto permanecían sentados y sonrientes en unas butacas.
¡Ni siquiera estaban en la cama! Claro, pensó, el dinero habrá volado.
Al llegar a casa sin embargo pudo comprobar que ¡El dinero estaba intacto! ¿Qué significaba aquello?
Continuará...

Quijote, me quedé con unas ganas inmensas de seguir leyendo. Me encantó, una lectura fácil de seguir, interesante, entretenida, me pareció estar escuchando a mi abuelo contando la historia.
Espero ansiosa la continuación.
Viva la libertad.
¡Gracias, amiga!Estoy preparando la II parte y no creas, no soy un abuelo. Un saludo de Quijote el amargado.
Hola amigo: bueno, en principio el cuento interesa, pero si ya se han pedido los tres deseos, ¿qué más va a ocurrir?¡Ah, ya! en el próximo capítulo. Esperaré.
Un beso:
María Ángeles
Si ayudo a una sola persona a tener esperanza, mi vida no habrá sido en vano
( Martin Luther King)
Saludos quijote:
Mejorada tu escritura. Un cuento muy bueno que pudiste haberlo cerrado ahí. Te arriesgas a seguir, sabiendo que la continuación no debe perder la 'magia' que ya le has impartido.
Un detallito: Si el matrimonio era hospitalario, no tienes que decir: con los vecinos, etc., pues 'hospitalarios' describe a todos: conocidos o extraños.
Raffie
www.loscuentosderaffie.blogspot.com
Que buena noticia!, viene la segunda parte!, voy a esperar para ver si logras interesarme más.
Te digo que me pareció estar escuchando a mi abuelo, no que tu eras un abuelo. Felicitaciones, sentí la magia.
Viva la libertad.
Bueno de Quijote no os fieís que ya dejó dos relatos sin concluir. El del e-mail inquietante y otro que no recuerdo.
Amigo Quijote el amargado. ¿Lo haces como forma de inquietarnos o que te aburres de terminar las historias? Por cierto hay un relato de Conan Doyle que se parece: "La pata de mono". ¿Te inspirastes? Saludos. Lanzas.
Todos los hombres buscan la verdad, pero algunos se niegan a reconocerla.
Hola, coincido con Lanzas en el recuerdo de 'La garra del mono', también alli había una extremidad disecada, tres deseos y una terrible maldición. La Garra del mono es fantástica, extraordinaria, la del conejo no tanto, pero está escrita con un tono amable y nos prepara el ambiente navideño (¡qué horror!) por lo que, bromas aparte, merece respeto. El viejo tema de los tres deseos, desde un punto de vista muy acomodaticio, muy del siglo XXI, he ahí la originalidad del cuento.
Saludos
Panchito
A la atención de Aureliano: leo que criticas los relatos, lo haces de forma negativa que también está dentro de lo correcto, pero no aportas nada.
Si observas otrs foristas(Panchito, por ejemplo) al hacer la crítica suele aportar lo que él considera mejor.
A mí no me vale esto: "se aleja de la literatura" tendrías que tratar de explicar qué entiendes tú por literatura; o cómo lo expresarías tú en forma absolutamente literaria.
He leído tu "breve" relato sobre Myrel, y no he comentado nada porque no he sabido por dónde cogerlo.
¿Eso es lo que entiendes tú por literatura?
Y, ¿Qué obras de escritores renombrados has leído para poder hacer comparaciones?
¡Ah! y cuida la ortografía. El verbo haber es con H.
Saludos :
María Ángeles
Si ayudo a una sola persona a tener esperanza, mi vida no habrá sido en vano
( Martin Luther King)
Hola, Pesado, a mí me ha parecido una buena historia. También creo que el tono es el adecuado para un cuento de este tipo, con independencia de en dónde te hayas inspirado. Coincido con el comentario de que continuar puede ser un error, pero vamos a ver qué nos tienes en cartera. Espero la segunda parte.
Saludos
La segunda parte está en mente y quizás una tercera, porque los misterios me encanta desentrañarlos. Un beso. Quijote el amargado.
Me gustan los riesgos y el misterio.
En cuanto a lo de "hospitalariios" creí oportuno indicar "con los vecinos", porque algunos, con razón, son hospitalarios con todos menos con algunos vecinos, que están siempre molestando o intentándolo. Un saludo de Quijote el amargado.
Los cuentos de misterio me encantan y los desenlaces inesperados mucho más. Y no alecciones a los usuarios, que sí tengo lo de Lancelot en prensa. Paciencia, que mis tareas diarias me limitan mucho el escribor en los foros. Un saludo de Quijote el amargado.
A usted no sé que contestarle. Me parece un impertinente que no viene a cuento. La prosa encuéntrela como quiera. Es muy libre, pero no diga tonterias, como que encuentra el tema un error. Es impropio de personas educadas.
Ni saludos ni nada. Quijote el amargado.
¡Muchas gracias! No merece tanto el relato, pero la segunda parte, si me dejan tiempo y llega antes de Navidad va a sorprender hasta a Aureliano, que aqnda algo perdido por aqui. Un saludo de Quijote el amargado.
¡Gracias por llamarme Pesado! Se ve que aunque guste algún defecto encontráis en mí: A no ser que me equivoques con el Pesado llamado Marío, que él mismo se lo pone. Un saludo de Quijote el amargado.
P.D. Ya estoy con la II Parte.
Perdona el lapsus, Quijote. No estaba pensando en que tu relato fuera pesado, sino en ese otro escritor llamado Pesado. Creo que estuve leyendo algo suyo un poco antes.
Saludos
A mi me parece un relato de misterio muy interesante. Si además es por entregas, mejor. Añade más intriga al desenlace y hasta se hacen cábalas de como terminará. Aunque coincido con algunos que si Quijote se aburre; ya que aparece y desaparece, con las críticas, igual nos quedamos a dos velas. ¡Veremos! Un saludo. Interazul.
Los lobos atacan cuando tienen hambre.
Ya he publicado la II parte y voy a contestar en ella, incluso a mi nuevo amigo Aureliano, para que no siga confuso. Un saludo de Quijot el amargado.
He vuelto a leer esta Parte I y las otras dos. Veo que diste un giro inesperado al final del relato. Un saludo. Interazul.
Los lobos atacan cuando tienen hambre.
He vuelto a leer esta Parte I y las otras dos. Veo que diste un giro inesperado al final del relato. Un saludo. Interazul.
Los lobos atacan cuando tienen hambre.
Has repetido dos veces el mismo mensaje. La verdad es que ultimamente esto sucede y otras mandas el mensaje y no sale o te eternizas esperando. Un saludo de Quijote el amargado.
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