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La leyenda del Río de Oro (Desafío)
LEYENDA DEL RÍO DE ORO
Hay sólo un modo de contar esto y es hacerlo tal como me lo refirió a mí la hija de la hija de la niña, la nieta, o mejor sobrina nieta, de Dionisio Díaz, el héroe niño de esta historia.
Cuentan que a principio del año mil novecientos, en un paraje cercano a Tacuarembó, no muy distante de Paso de los Toros, un niño herido cargó a su hermana de meses a través de once kilómetros por un arroyo y sólo cuando sintió que estaban a salvo cayó muerto entre los brazos de unos extraños. El caso quedó asentado en las actas de una vieja comisaría que aún hoy pueden ser consultadas y apreciadas inclusive junto a la pluma con las que fueron escritas.
Aquella noche el sonido del golpe en la puerta de chapa, de aquel rancho amargo quedó vibrando en el aire y despertó a más de un vecino del ínfimo poblado. Nadie se dio por enterado debido a lo frecuente de ese hecho y porque además en esas zonas desprotegidas de cualquier ley, aún hoy, la gente no suele “meterse en lo que no le incumbe”. Sólo Dionisio estaba dormido en el rancho pues su madre se paseaba con la niña en brazos, de un lado a otro de la estrecha casa dividida sólo por una oscura y sucia tela que evitaba la luz del mechero en el cuarto donde debían dormir todos.
Su abuelo había entrado otra vez borracho con la única intención de golpearlos a él y a su madre. Los gritos confusos del viejo y un llanto apagado fueron el comienzo. Luego los golpes, un cuerpo contra una de las paredes de chapa y el silencio.
Dionisio encendió un pequeño mechero, tomó su único libro del piso y lo abrió en donde se encontraba la pluma de un águila que había encontrado muerta cerca del arroyo. Su Biblia era el único bien material que tenía en el mundo y quizás el único que necesitaba.
No alcanzó a leer un salmo cuando el viejo le arrancó la triste manta que le servía de resguardo. Este estaba ensangrentado y sus ojos muertos hacía ya tiempo se encendían ahora con el alcohol que le daba vida al cuerpo. Dionisio sólo se espantó cuando alcanzó a ver la sangre como barro pegada en las manos que intentaban ocultar el brillo del puñal sediento. Saltó de la cama y se arrimó a la pared débil del rancho, el viejo se acercó, lo tomó del brazo, lo miró con ojos de ciego y le clavó algo frío como una flecha pero indoloro en el estómago. Dionisio no hizo nada, por un instante miró los trapos blancos que eran su hermana, sobre la mesa, donde la había dejado su madre, se zafó del brazo y corrió a recogerlos para escapar corriendo por la puerta aún abierta. Los gritos del viejo mordieron sus pasos y la sangre constante marcaba su rastro. Dionisio corrió casi sin saber adónde iba. Sólo una vez miró hacia atrás para ver la terrible figura iluminando en un vaivén el camino. Llegó al arroyo pero, con más valentía que astucia, decidió no cruzarlo sino seguir por él.
Caminó descalzo entre las piedras lisas del fondo durante horas. Su estómago no le dolía, sólo un mareo con un vómito, provocado como por una droga que le hacía sentir la caída de un martillo en la cabeza, le detuvieron un instante en su camino. Empapada en la sangre de su hermano y con frío, la niña no lloró en todo el trayecto.
Dionisio llegó a otro pueblo y cruzó al fin el arroyo herido. Sólo divisó una luz a la cual llegó sin sentir ya dolor y en la que cayó sin abandonar su Biblia ni su hermana envuelta en unos trapos húmedos a los que se habían pegado sus vísceras.
Se dice que la gente del pueblo visitó el arroyo al otro día, este se había ensanchado para no dar paso al perseguidor y se había tornado naranja por la sangre mezclada de aquel niño que la había perdido por su hermana. Es por eso que desde ese día se conoce al arroyo como El Río de Oro de Dionisio Díaz.
Así me lo contó su nieta, que en cierta forma le debe la vida.

Es un héroe anónimo del día-día por desgracia.
Por ahora eres el único que cuentas un héroe actual y no de una historia pasada.
Cristina y Miguel
Es un relato sobrecogedor JuanK, gracias por haber trabajado duro en el desafío; el texto transmite esfuerzo y dedicación.
El miedo de un niño a manos de los abusos de un adulto es un tema que siempre me ha sacado de quicio y que, por desgracia, se repite demasiado a menudo en nuestra sociedad.
Me gusta el héroe que has sabido escoger, felicidades por el cuento.
Pasaré a comentar más al detalle después de saludar al resto.
Hasta pronto.
Shaitán
Gracias a ambos tres, la verdad es que, de todas formas, esperaba recibir una crítica más profusa. De todas maneras seguiré por aquí viendo las demás realizaciones.
Saludos.[bandereouruguay]
hola juak, de verdad que comparto la opinión de Cristy/miguel y Shaitan es muy oríginal y "actualizado", pese a que se remonta a principio del milenio pasado.
me pareció muy bien trabajado y con una redacción impecable, vaya heroe y que leyenda,
saludos.
jota erre
Hola JuanK, de nuevo Shaitán.
En este caso, tu escritura ha sabido adquirir la transparencia del escaparate: la narración fluye rápida, el argumento adquiere más relevancia que el léxico y los adjetivos han sido usados solo para describir relaciones entre los sustantivos y su entorno; te felicito.
La historia podría –solo digo que “podría”- ganar dramatismo describiendo más a fondo el episodio de la huida, aunque también podría quedarse como está y estaría bien. Pero insinúo esta posibilidad por que he encontrado a faltar suspense y algo de fuerza en la narración.
La acción del niño es heroica por si misma, y el texto sabe dejar bien claro que se trata de alguien cargado de bondad y altruismo, que no se asusta ante la pérdida inminente de su propia vida y salva la de su hermana mediante un esfuerzo sobrehumano. Pero, ¡describe ese esfuerzo! Haznos sentir su dolor y su miedo, mantennos con la duda de si podrá escapar, o no, de su perseguidor y, al final, libéranos de ese sufrimiento con su muerte.
Es solo una opinión de lector y como tal, puedes tenerla en cuenta, o no.
Opiniones argumentales a parte, el texto está muy bien estructurado y desarrollado, mi enhorabuena.
Un saludo,
Shaitán.
Bueno, bueno: gracias Sahitán, la verdad es que me alegro que haya gustado mi historia, realmente me esmeré en ella y seguí, es decir me acordé del texto que usted me recomendó. Doy gracias por eso y por lanzar el desafío. Quizás llegué a lograr algún día un buen "vidrio de ventana".
"En el camino estamos..." dice un cuento de un buen autor uruguayo.
Saludos.
Yo.
Estimado Juank:
Es grato saludarle y leer su desafío. Para empezar, muchas gracias por tu participación, que bien tomada está en el foro. Por otra parte os quiero comentar que tu cuento me ha impresonado mucho, pues abarcas una temática real y con ello, un problema real, que por desgracia aún no se ha erradicado.
Si no os incomodo, me gustaría saber qué fue lo que te motivó a escoger este tema.
Un cálido saludo de su posible colega psicóloga
-Brise.
Estimado JuanK:
Su texto es irreprochable.
No me puedo quejar.
Pero de malcriado que soy siento la tentación de solicitarle algo:
Métanos en la vida de los personajes. Antes, durante o después del hecho. Véalo.
Pero creo que el relato ganaría mucho en cuerpo y consistencia.
Siento que el edificio está bien asentado. Las paredes sólidas. Pero todas blancas.
Algo de color, alguna ventana, un par de cuadros, marcos con fotos de la familia; todo eso puede darle un aspecto más cálido.
Saludos,
M. Athos
Ja, ja, ja: gracias a ambos, Brise y Athos. En este momento estoy pasando por una "saturación" laboral, ya estaré respondiendo y aprovechando de buena manera lo pedido por ambos.
Un cordial saludo.
je, je, je. Sigue por acá esto.
Fue uno de los mejores desafíos.
Me dio nostalgia.
me parecio muy bien
Gracias, jdlc, aunque he modificado algunas partes del relato, este quedará así por respeto a la "primera edición".
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