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LA CORREA MALDITA
LA CORREA MALDITA.
Don Serafín era un maestro muy severo, que nos enseñaba a escribir correctamente y a operar hasta con raíces cuadradas a los siete años recién cumplidos. Se paseaba entre los pupitres continuamente, arengando a los niños con frases como: “ni un respiro, mientras no termines esa división”. “ Esa palabra se escribe con h”. “Sin recreo, por poner cuatro faltas seguidas”. Bueno, el hombre tenía, a mi ver, un defecto:
Cuando alguien se levantaba sin permiso o hablaba con el niño de al lado para pedirle unos cromos o cualquier otra cosa, el llegaba y sacaba del segundo cajón de su mesa con toda parsimonia una correa. Era una correa de unos cuarenta centímetros de larga.
Seguramente restos de un cinturón que se le había quedado anticuado o algo así, porque por haber engordado no sería, ya que D. Serafín estaba más delgado que un ciempiés y mas enjuto que el Don Quijote que veíamos todos los días en el estante de la clase.
La tal correa la blandía a manera de una porra, sobre las manos extendidas de los niños que osábamos perturbar el sagrado orden del aula y de su entorno.
Y nos hacía daño. ¡Ya lo creo!. Más de un día y de una docena, llegaba yo mismo a casa con las manos más coloradas que un tomate y las disimulaba delante de mis padres, ya que por aquél entonces, si decías en casa que el maestro te había pegado, tu padre te arreaba aún más , ¡Porque algo malo habrás hecho!, La autoridad del maestro era tal, que si el padre se enteraba de que dabas la lata en clase, te dejaba sin propina durante dos domingos seguidos y no podías ni comprar cinco céntimos de pipas de girasol en el kiosco de “La marga”.
Pero un grupo de niños de los más avispados nos confabulamos un día a las once de la mañana, ya que nos quedó sin recreo y D. Serafín salió a comer una manzana al pasillo . En ese momento de descuido del celoso guardador del orden estricto, este que suscribe, aunque nunca lo reconoció de niño, a pesar de los espléndidos interrogatorios a los que fue sometido durante al menos dos semanas, corrí hacia el segundo cajón de la mesa del maestro y saqué la fatídica correa, ya grasienta y sebosa de tanto sobeteo, el mayor de ellos no deseado, y la tiré por la ventana de la clase. Con tal fortuna y esta, les juro que fue por el azar, que en ese momento, pasaba la camioneta del lechero, ya muy modernizado y la tal correa se fue a alojar entre las garrafas de la leche, por cierto relucientes de limpias y que a mí en aquél entonces me parecían de plata.
Todo transcurrió en unos segundos. Aún no me explico cual fue mi suerte de encajar justo la “asquerosa” correa en la camioneta y los tres niños castigados nos portamos después del recreo como “santos”. Y como éramos los más revoltosos, llegó la hora de salir y D. Serafín no necesitó abrir el cajón, del cual no apartábamos el rabillo del ojo durante el resto del día.
Al día siguiente a eso de las diez de la mañana el ínclito maestro necesitó abrir el lugar donde debería estar al correa, ya que un niño se le ocurrió reírse de pronto en la clase “sin venir a cuento” y fue para verlo. D. Serafín abrió y cerró el cajón, y no exagero, al menos veinte veces seguidas. ¡No podía dar crédito a lo que veía!, Bueno mejor dicho a lo que no veía: ¡No estaba la correa!, Aquella correa “pacificadora”, que tenía desde hacía más de cinco años en su clase.
Los interrogatorios se sucedieron durante dos semanas, como ya conté más arriba. Con la suerte de que como no se había percatado el día antes de su desaparición, no pudo en conciencia echarnos la culpa a los castigados del recreo anterior.
Bueno, pues les cuento. D. Serafín a partir de ese día ya no fue el mismo. ¡Ya no recuerdo que pegara a nadie, al menos aquel curso!. Ni con correa, que parece no acertó a sustituir, ni sin correa. Se limitaba arengarnos con aquello de: “¡A recitar la tabla de multiplicar!””¡A dividir niños a dividir!”.
Les cuento esto no sin seguir manteniendo un gran respeto a ese maestro, pues gracias a él, y a otros dos más, a los once añitos, pude sacar adelante el examen de Ingreso para Bachiller elemental y comenzar mi andadura por los estudios, hasta llegar, como ya les contaré, si les parece, a mis estudios universitarios, después de siete años de bachiller y cinco de carrera.
Los lobos atacan cuando tienen hambre.

Muy buen relato de la época escolar dónde lso maestros se extralimitaban en su celo por formar buenos ciudadanos y buenos patriotas.¡Saludos!. Lanzas.
Todos los hombres buscan la verdad, pero algunos se niegan a reconocerla.
Sigo con mucho interés estos relatos sobre tu infancia en el colegio. Además de ser amenos y divertidos, me recuerdan a lo que contaban mis abuelos y mis padres sobre el colegio. Yo tengo 29 años y aunque en mi época no se permitía el castigo físico, aún quedaba algún profesor que hacía uso de una regla, en vez de una correa. Una vez me retorció la nariz por tener un par de faltas de ortografía y cuando llegué a casa mi madre se puso como una fiera y se fue a hablar con el director del colegio. Supongo que esa es la gran diferencia con tu caso.
Un beso y sigue con tus relatos.
patri-torre25
Muy buen relato, se lee de un tirón. A mí también me calentaron la mano alguna vez; casi siempre por charlatán. Pero, Juanpan, lo tuyo no es un castigo, es una autentica condena penal. Vamos que hay asesinos que tienen sentencias más indulgentes.
¡Joroba! Yo siempre creí que los Colegios de monjas sólo eran para niñas. Por lo menos en mis tiempos de colegial íbamos a la salida del Colegio de monjas a ver a las niñas y nunca ví niños en aquel entonces. Bueno me gustaría que me aclararas como un tal Juan pudo estar en un Colegio de monjas. ¿ y estabas junto con niñas en las clases?. Bueno yo fui alumno de un Colegio de "frailes" y me educaron con cierta severidad, pero casi se lo agradezco hoy en día, porque era muy "pinta" Y si no me corrigen creo que no hubiera estudiado, como les pasa ahora a muchos niños y niñas, que les dan una infancia muy fácil y al final no pasan de la infancia. Aunque siempre condené que a alguien le pegaran por no hacer los deberes y cosas así, pero no por hacer el gamberro. Hoy son estos los que pegan incluso a los profesores. Y "ni tanto ni tan calvo". Saludos. Lanzas.
Todos los hombres buscan la verdad, pero algunos se niegan a reconocerla.
Amigo: he leído tu relato y me ha hecho gracia aunque lamentando el trato que en otros tiempos recibían algunos alumnos. Yo he ido a colegios públicos y estudiado en Instituto y he cobrado muy poco. En el "Insti" nada, absolutamente. Allí no se castigaba de esa manera.
Ahora hemos pasado al extremo opuesto. Los que sufrimos el castigo somos los profesores. No digo más, sólo invito al que lo dude a un aula de un colegio o Instituto cualquiera.
UN beso: María Ángeles
Si ayudo a una sola persona a tener esperanza, mi vida no habrá sido en vano
( Martin Luther King)
Te tengo que decir que no todo era negativo. Que se trabajaba hasta sacar el máximo de cada niño. Los que valían salían adelante hasta lo más alto y no se crea, como cuentan ahora, que sólo los que tenían dinero sus padres lo hacían. Yo estudié con beca gran parte de mis estudios. Lo que ocurre es que ahora se ja perdido toda sensación de disciplina y yo conozco a muschos expertos que dicen que sin disciplina la educación es tarea imposible. Y la dsiciplina no significa pegar ni mucho menos, sino una forma de mantener el principio de autoridad. Bueno, me alegro que me leas. Un beso. Imterazul:):):)
Los lobos atacan cuando tienen hambre.
Amigos Juanpan y Lanzas: Vosotros si sabéis de disciplina, porque me parece que sois algo anterior a mi etapa escolar. En la postguerra mundial se forjaron en España las generaciones más duras de españoles.Un saludo. Interazul.
Los lobos atacan cuando tienen hambre.
Desde luego tanto castigo y tan duro no es justo para un niño. Hay que saber educar sin violencia. Un saludo. Interazul.
Los lobos atacan cuando tienen hambre.
Juanpan, he leído El Salto del Ángel y En el Nombre de Cristo. El Día de mi Muerte no lo he encontrado pero pienso buscarlo mejor. Tu blog es estupendo, lo que he leído hasta ahora me ha encantado.
Las monjas de ese colegio debían estar poseídas por una especie de demonio. Y la sor María me hubiese gustado que se tirara ella por la ventana. El pobre niño tenía que tener un trauma horrible. Mi hermano tuvo de pequeño el mismo problema que Antoñito y lo operaron dos veces.No es una excusa , pero por aquel entonces algunas no eran monjas por vocación, sino por órden de sus progenitores, así que descargaban su frustración en quien podían.
Yo, por mi parte, he estudiado en dos internados de monjas y ahora trabajo en una residencia perteneciente a una congregación. A éstas últimas no sólo les debo mi trabajo, sino la oportunidad de criar a mi hija yo misma, ya que ma dejan llevarla conmigo y cuidarla en horario laboral sin pedirme nada a cambio.Así que supongo habrá monjas buenas y malas, pero las que tienen verdadera vocaión suelen ser personas excelentes.
Las de tu colegio no merecerían ni llamarse "hermanas" a sí mismas.
Sigue con tu blog, por mi parte seguiré buceando entre tus magníficas historias.
INTERAZUL,¿has visto lo que provocan tus relatos? Sigue con ellos.
Ub beso a los dos
patri-torre25
Bueno ya veo que se reconoce que hubo y hay monjas y frailes estupendos ante otros que se "pasaban" en su cometido, pero mi Historia es sobre la correa de un maestro nacional, es decir, seglar y en un Colegio que se llamaba: COLEGIO NACIONAL. La verdad es que en aquellos años la férrea disciplina era lo natural. Pero recuerdo que oí contar a mi padre que el tuvo un maestro que le llamban D. Pedro "el cruel". Me supongo por qué. Un saludo. Interazul.
Los lobos atacan cuando tienen hambre.
Ahora comprendo lo duro que eres. He leído lo de la UCI y espero que te repongas enseguida, si es que eres tú el protagonista, pues ya se que esto es un foro de escritores, no de biografías.¡Saludos!. Lanzas.
Todos los hombres buscan la verdad, pero algunos se niegan a reconocerla.
Me gustó este relato tuyo. Se nota en él, la forma de enseñanza que has tenido. Si es como pienso, más de un profesor así debería existir. Así los jóvenes no andarían con la droga y el alcohol.
Gracias.
Rubula
Montevideo, Uruguay
Bien. Pienso que no hace falta pegar, pero si tener autoridad. Y ahora se la quitaron a los maestrso y profesores con una pretendida democracia mal interpretada. Si ahora un maestro da un cachete a un niño le expulsan. Si un niño mata a un maestro, es cosa de niños.Un saludo. Interazul.
Los lobos atacan cuando tienen hambre.
mmmm en esos tiempos como dicen "la letra con sangre entra" yo creo q no debe ser asi para tener autoridad no es necesario golpear a otra persona en este caso el profe sor a sus alumnos
Vaya, desde luego lo que hicisteis estuvo muy bien echo.
Aun asi, hay un contraste demasiado grande entre la autoridad de un maestro de aquella epoca y uno de hoy dia.
Por supuesto que castigar a los alumnos con metodos fisicos no es lo que yo llamaria "un buen metodo de aprednizaje", sin embargo, un poco mas de autoridad para evitar que los profesores terminen a base de pastillas contradepresivas no vendria del todo mal...
Un gran relato, sencillo y breve, pero atrae la atencion. Me gusto mucho, xaoo!
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