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Hoy fuí al teatro.
Hola, hoy es sábado y como todas las mañanas me he despertado cinco minutos antes de que suene el despertador. A veces me pregunto para que me molesto en ponerlo, aunque seguro que si no lo hago me quedo dormido. Y es que llevo tantos años levantándome temprano y a la misma hora que mi reloj biológico compite en precisión con el digital de la mesilla de noche.
Podría contar mil cosas de las que hago cada sábado de cada mes. Pero no lo voy hacer, porque son tan rutinarias como aburridas. Para que me entiendan, digamos que este sábado es una copia del anterior y borrador del posterior.
Después de todo el protocolo casero salgo a comprar el pan, que por cierto ha subido descaradamente. Cojo el coche y bajo al pueblo para tomar un cortadito y comprarlo. La mañana invita a respirar hondo y pensar que algún día me iré a un lugar donde levantarse sea cada día una aventura nueva. Quien sabe…
Dejo el coche bastante lejos del establecimiento, pero no me molesta en absoluto, ¿cual es la prisa…? Tras subir unas escaleras que dan a una plaza, la cruzo fijándome como siempre, en los dibujos que hacen las baldosas en forma de rombo. Doblando una esquina de una calle alargada me sorprendo de oír a esas horas tempranas unos gritos de un hombre. Al avanzar por ella me doy cuenta que un borracho se dirige por la misma calle que yo en dirección contraria a la mía. Disimuladamente me cambio de acera para evitar posibles problemas con él. Me quedo observándolo mientras se detiene y luchando por mantenerse en vertical mira hacia arriba y grita a una mujer que se encuentra asomada al balcón --- ¿¡¡Me haces un servicio!!?--- (léase con voz de borracho). La mujer que pone una mueca de asco en su cara le niega con la cabeza.
No me preguntéis por qué fui al teatro hoy, no lo hagáis porque ni yo se la respuesta. Pero allí estaba, de pie, solo y con la función ya empezada. Tres personajes, una prostituta, un borracho y un tartamudo. El borracho tiraba sus chanclas hacia arriba sin más fuerza que la de no superar casi la altura de su cabeza. La prostituta lo miraba impasible. Luego se marchó preguntándose en voz alta si algún taxi lo llevaría. Mientras caminaba hacia la parada descalzo y dando tumbos un tartamudo meneaba la cabeza de lado a lado repitiendo una y otra vez que estaba perjudicado. Está perjudicado, está perjudicado (léase gagueando). Sin darme tiempo a reflexionar sobre el curioso adjetivo que utilizó el tartamudo para describir al borracho aparece un vagabundo con un saco sucio y demasiado usado al hombro. Cual fue mi sorpresa cuando el vagabundo se apresuraba como si en ello le fuera la existencia hacia las chanclas que el borracho había tirado.
Sigo de pie, en la calle, ¿o en el teatro? No lo sé… pero allí estoy. Con una sonrisa ocupa instalada en mi boca y con la sensación de haberme gastado 60 euros en algún teatro importante de Madrid. Cosa algo complicada porque vivo en la comunidad más alejada que hay en este país.
Todavía después de tantas horas, por mi cabeza pasan, como si fueran vagones de un tren a toda maquina, mil hipótesis para entender porque este sábado ha sido único. Pasó todo tan rápido, con tanta compenetración y en tan poco espacio, que ahora mismo no estoy seguro si lo soñé, si fui al teatro o si de verdad la rutina y su fiel amiga la monotonía se descuidaron por un momento de su labor, manejando así la fantasía con su loca imaginación los hilos de aquellos personajes para mi.
Gracias por leerme, saludos.
Desnuda, porque no hay ingenuo que vista una flor, sería como taparle la hermosura.

Hey mu interesante historia biker,ojalá siempre tuvieramos la suerte de pasar de la rutina y entretenernos en otras cosas y que las horas vuelen, por eso siempre he dicho que hay que gozar la vida y salir de la rutina, experimentando nuevas sensaciones porque al final nos volvemos viejos y nos nos queda sino nuestra soledad y nuestros recuerdos y que mejor que sean buenos y divertidos recuerdos, fue un gusto detenerme en tus líneas, me gusto tu historia,
saludos y abrazos desde Panamá
Ciel
Hola Ciel.
No es que se me de escribir, pero intenté plasmar el contraste de la rutina con el poder de la imaginación. Porque no hay mayor libertad que la del pensamiento.
Gracias por tu comentario. Un abrazo desde España (canrias)
Desnuda, porque no hay ingenuo que vista una flor, sería como taparle la hermosura.
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