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HIPOTEQUEN EL CIELO PLEASE
:evil:
- Tengo ganas de llorar, papi – me susurró el diablito, suspirando.
Yo me limité a guardar silencio y cruzar las piernas. La larga espera ya me resultaba insoportable. Estaba cansado de estar sentado tanto tiempo, frente a las puertas del Cielo, sin que nadie nos abriese, rodeado por el soso paraje blanco de las interminables nubes; paraje que por lo demás me parecía deprimente. No me causaba sorpresa de que ya nadie viniera por ahí, con esa decoración tan poco llamativa. El camino solitario hacia el Cielo lucía polvoriento y abandonado. Se notaba que ya ningún alma transitaba por esos lares. Con razón me pareció que yo y mi diablillo éramos los únicos seres animados que caminaban por ahí en mucho tiempo. ¡En verdad todo lucía espantoso! ¿Cuándo debió haber sido la ultima vez que decoraron aquel lugar?... En fin, no me correspondía a mí hablar de eso, aunque me causaba cierta lástima ver cuánto había decaído el Cielo. En serio que hasta daban ganas de ayudar, de echarle una colaboración a Dios para ver si así mejoraba sus instalaciones. Pero en fin, eso era asunto de Él y no me incumbía en lo más mínimo a mí. Pero yo continuaba pensando; “Ojala me dieran una sola semanita este lugar, no, un par de días serían suficientes, y verían cómo yo, después, lo dejo todo de lo más bonito y arreglado. ¡Caray! ¡Deberían ocuparse un poco más en arreglar estas cosas!... Y luego se quejan de que ya a nadie le interesa el Cielo, de que todos prefieren perderse en el Infierno… ¡Por supuesto que lo prefieren! Es que allá abajo sí estamos mejorando, sí nos preocupamos por dar un gran servicio siempre, por hacer todo con cariño para que la clientela nos prefiera (a pesar de ser tan diablos) y no como aquí que ni siquiera mandan a repintar las puertas, que se nota que hace siglos nadie toca. Será por eso que allá siempre estamos repletitos de gente, los caminos y las instalaciones se llenan tanto que da gusto verlas (si hasta en caravanas interminables llegan) y acá en cambio no hay ni un solo gato triste siquiera. ¡Caray, con este tipo de competencia ya no dan ganas ni de seguir haciendo progresar el negocio!”
- ¡Papi, ahí viene alguien que parece que puede abrirnos la puerta!
Me puse de pié e hice parar también a mi diablillo y esperé. Las grandes puertas enrejadas, oxidadas y llenas de hilachas, estaban frente a mí. Detrás de ellas, aburridamente y despacio, se aceraba un barrendero uniformado de azul, que cuando llegó, sin tomarse el trabajo de abrir, simplemente se asomó y me miró la cara.
- ¿Qué desea?
Al lado de las rejas había un destartalado puesto de vigilancia. Abandonado; con las ventanas rotas y la puerta arrancada. De adentro brotaba un olor asqueroso; estaba lleno de moscas, excremento y condones. En las paredes habían graffitis de pandilleros y un cartelito pegado y olvidado ahí, promocionando descoloridamente la candidatura de un político en las elecciones de 1917.
- ¿Qué desea?
- Buenas tardes – saludé – Soy don Satán, Administrador del Infierno… ¿Quién es usted? ¿Dónde esta San Pedro?
- Ah, San Pedro… El viejo debe estar en su cuarto, allá adentro.
Señaló hacia el horizonte blanco del Paraíso. Había un caminito triste que se dibujaba entre árboles secos y cilindros de basura.
- ¿Vino a visitarlo? – Me preguntó mientras abría la reja, que solo estaba asegurada mediante un delgado y oxidadísimo alambre de construcción.
Yo entré llevando de la mano a mi diablillo.
- Siga el camino… - me dijo – de frente…
- ¿De frente?
- Si… vaya nomás…
- ¿Por ahí encontraré el cuarto de San Pedro, no?
- Si, al fondo, al fondo…
Caminé algo aturdido. Era la primera vez que entraba al cielo en mucho, mucho tiempo. Mucho tiempo. Yo no lo recordaba así. Un montón de cosas habían cambiado… y mas aturdido aún estaba mi diablillo.
- Papi, qué feo lugar… vámonos mejor a la casa…
- No – le conteste – ya lo vi… allá debe estar el cuarto de San Pedro… ¡Oiga, señora! ¡Disculpe, una pregunta!
Esta era una especia de quinta. Un gran edificio amarillento y viejo, con cuatro pisos y muchos cuartos tirados por aquí y por allá, perdidos entre cordeles de ropa mojada, llantas viejas y plantas trepadoras que carcomían ferozmente las paredes. En el segundo piso había una mujer de delantal y rulos, tendiendo calzones en una rama desde su ventana. Me miró con sus arrugados ojos y me preguntó qué quería. Le dije que buscaba el cuarto de San Pedro.
- ¿San Pedro?... ¡Ah ya! ¡San Pedro! ¡El viejo!... ¡Ahí abajo esta su cuarto, caballero! ¡Ahí nomás, si! ¡Ése que esta frente a usted!
- ¿Este?
- Sí, ese. Tóquele la puerta nomás, ahí debe estar… casi nunca sale… ¡Oy, viejo! ¡Pedro! ¡Te buscan!... tóquele la puerta, caballero…
Hice lo que ella me dijo. Toqué y luego de un rato me abrió una muchacha despeinada, vestida únicamente con una camisa de hombre. Tenía una cara y unas piernas muy bonitas. Y sus alitas percudidas también eran muy bonitas, aunque a simple vista parecía media malandrina y revoltosa. Un fuerte olor a pollo frito que venía de allí adentro, me salto a la cara cuando ella abrió la puerta.
- ¿Si? ¿A quien busca? – Me preguntó la muchacha.
- Buenas tar… - empecé a hablar.
- ¡Gabriel! – se oyó una voz gruesa y ronca, como las de los mecánicos, desde el interior del cuarto - ¡Carajo, cuantas veces te he dicho que no abras la puerta cuando tocan! ¡Ven acá!
- ¡Ya! – Se enfureció ella cerrándome la puerta en las narices. Pero aún así, desde afuera se oían las voces y los gritos.
- ¡Cuando vas a aprender, muchacha e’ miércoles! ¡Ah! ¡Cuando vas a aprender a obedecerme!
- ¡Ya Pedro, deja de gritar, ya me tienes harta con tus ordenes! ¡No eres mi papa para yo obedecerte o para que me trates así!
- ¡A mi no me contestes, animal! ¡Cállate la boca!
- ¡No!
- ¡Cállate la boca!
- ¡No!
- ¡Cállate!
¡PLAJ! La cachetada nos hizo estremecernos a mí y a mi diablillo.
- ¡Que te habrás creído no, perra? ¡Pendeja e’ mierda! ¡Quien era! ¡Quien tocaba!
- Un hombre… - se oyó la vocecita resentida y sumisa de la muchacha -… con su hijo, creo…
- ¡Quien!
- ¡Un hombre y su hijo!
- ¡Con respeto, a mi no me levantes la voz!
Después de un momento, San Pedro me abrió la puerta. Ya no tenía su larga barba venerable, ni su larga melena blanca, ni mucho menos su gran traje gris de santo. Ahora estaba gordo, sudado, en pantalones sucios y bibirí roto. Tenía el cabello corto, crespo y oscuro (evidentemente se lo había teñido para sentirse mas joven y para adquirir otra identidad, quien sabe con qué fin) y un bigote grueso bajo las narices (cubierto de pedacitos de moco y pollo). Me miró tratando de reconocerme (estaba algo borracho y su aliento olía fuertemente a aceite de fritura caliente)
- ¿Satán? – por fin me identificó abriendo los enormes brazos con alegría - ¡Caray, Satancito! ¡Cholo! ¡Que tal hermano! ¡Que haces por acá!
Me apretó la mano vigorosamente, me abrazó y revolvió la cabeza de mi diablillo.
- Allí pues, Pedro – contesté tratando de sonreír – Visitando…
- Ah que bien, hermano, gracias ah – se cruzó de brazos el gordo - ¿Y él quien es? ¿Tu hijo?
- Si pues, es mi diablillo… lo que pasa es que en la escuela hay un niño que siempre le pega mucho y allá en la casa ya estamos cansados de verlo llegar todos los días todo magullado y con la ropa rasgada, especialmente su madre. Es que él no puede defenderse, es muy tímido, su mama lo sobreprotege mucho… ¿tu ya sabes, no?
- Ah ya… Pero, carajo, Satán, enséñale al niño pues a defenderse, a pelear para que no le peguen cuando quieran... tu hijo es un hombrecito, debe saber defenderse solo… ¿Si o no?... ¿Si o no? ¿Tú eres un hombrecito o no, muchacho? Tienes que aprendes a pelear, no quieres que te empiecen a decir mujercita ¿O si?
Mi diablillo se incomodó mucho. “Vámonos ya papi”; me susurraba a cada momento.
- Si pues – dije – He averiguado donde vive el niño que lo golpea para poner una solución a esto. Mi diablillo me dice que vive por aquí y he venido para hablar con el papa del niño y decirle pues que lo controle más, para que deje de pegarle tanto a mi hijo… por eso he venido a molestarte, San Pedro… Tú debes saber donde viven todos los ángeles… según mi diablillo, el niño que siempre le pega es un ángel…
- Ah… Con que es un ángel eh… No lo se Satán, yo… ¡Ya sé, talvez sepa Gabriel!… ¡Gabriel! – llamó desde la puerta - ¡Gabriel! ¡Gabriel, preciosa! ¡Ven, estoy llamándote!
Resultó que Gabriel era la hermana mayor del muchacho que buscábamos. San Pedro le ordenó que nos llevara a su casa y ella lo hizo así. Era una muchacha rebonita cuando se ponía su túnica blanca, finita como un vestido, y con una bufandita de lana en el cuello. Decía que le hacía frío, pero en verdad lo que quería era ocultar los “chupetones” que San Pedro le había hecho. Y hablaba muy bien, y olía deliciosamente. Era muy sabia e instruida. Durante todo el camino charlamos de muchas cosas. No contaré lo que hablamos, porque de seguro no entenderían nada. Solo diré que, tratada con cariño y respeto, pues resultaba una chica muy amable y delicada y era enormemente agradable estar a su lado.
Al llegar a su casa, una de tantas casuchas de cartón y esteras instaladas al borde del barranco celestial, ella llamó a su hermanito. Después de unos minutos salió, refunfuñando, un angelito de pantalones abombados y sueltos, un polo con el símbolo de la anarquía en el pecho y una gorra en su cabeza, vuelta hacia atrás. Su hermana lo regañó, mientras él aguantaba la rabia a duras penas. Estaba furioso.
- Pídele disculpas al hijito del Señor Satán, Serafín – le ordenó severamente – pídele disculpas y prométele que no vas a volver a pegarle. Rápido, estamos esperando… Serafín, no quiero repetírtelo, pídele disculpas…. Rápido, Serafín o le diré a papá…
Serafín estaba molesto, tenía las manos metidas en los bolsillos y miraba a mi diablillo con la expresión aburrida y amenazante. Mi diablillo temblaba.
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Eso espero sila_sierra... me refiero a lo de la gente interesante que veremos en el infierno... espero encontrarme muchos literatos, porque sinceramente aunque este muerto, no puedo y no podemos ninguno de los de este foro, vivir sin la literatura... bueno ps si querido sila sierra... esperemos que en el infierno nos toque conocer mucha gente genial (es lo unico que podemos desear pues dado el caso, en mi caso especialmente, pues no creo que llegue al cielo, asi que sera bueno ir acostumbrandose y hacer cuentitos como estos)........
bueno la decadencia del cielo me parece algo real, y no unicamente por joder al Creador, sino tambien porque pues, una empresa tan grande y tan antigua como el cielo, es obvio que debe tener unos que otros años criticos e incluso un bajadon tremendo que lleve todo a la tan temida quiebra....
talvez el cielo este a punto de quebrar pues con estos tiempos en lo que vivimos (donde pueden contarse con los dedos de una sola mano las personas que suponemos estan alla con Él) no me parece que sean de bonanza para los de arriba........ de todas maneras no lo se... solo disfruten lo de esta vida y no hagan daño a nadie........ por lo demas, sila_sierra...porque inconcluso? ayudame a mejorarlo, que le faltaria?
...y seguir escribiendo...y seguir escribiendo...
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