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HIJOS DEL CELIBATO - I I-III
En estos momentos se haya reunido las altas jerarquías de vaticano para estudiar el problema de Celibato y por casualidad tengo un libro que trata este problema a partir de una historia real.
HIJOS DEL CELIBATO
PRÓLOGO
Se conoce por "Hombre Célibe". Al hombre soltero que se abstiene de toda actividad sexual. Esta forma de sobriedad, se sigue practicando a un en muchas creencias religiosas y se le conoce también por Celibato
El celibato, sin tener relación doctrinal con la iglesia católica, es considerado cómo una simple ley disciplinaria y los principios sobre los que se fundamenta la ley del celibato son: –(a) que el clero puede servir a Dios con más libertad y con un corazón integro
–(b) que siendo llamados para servir a Jesucristo, pueden abrazar la vida santa a partir del autodominio.
Esta doctrina no implica que el matrimonio no sea un estado de santidad, sino tan sólo que el celibato es un estado de mayor perfección.
Conforme la Iglesia medieval se hizo más poderosa, se desarrolló un modelo de ética que aportaba el castigo para el pecado y la recompensa de la inmortalidad para premiar la virtud. Las virtudes más importantes eran la humildad, la continencia, la benevolencia y la obediencia. Todas las acciones, tanto las buenas como las malas, fueron clasificadas por la Iglesia y se instauró un sistema de penitencia temporal como expiación de los pecados.
Las creencias éticas de la Iglesia medieval fueron recogidas en literatura en la Divina Comedia de Dance, que estaba influenciado por las filosofías de Plantón, Aristóteles y Santo Tomás de Aquino. En la sección de la Divina Comedia titulada “Infierno”, Dante clasifica el pecado bajo grandes epígrafes, cada uno de los cuales tenia varias subdivisiones. En un orden creciente de pecado coloco los pecados de incontinencia (sensuales o emocionales), de violencia o brutalidad, y de fraude o malicia (del intelecto). Las tres facultades del alma de Platón son repetidas así en su orden jerárquico original y los pecados son considerados como perversión de una u otra de las tres facultades.
En la historia de la ética hay tres modelos de conducta principales y cada uno de los cuales ha sido propuesto por la mayoría de las religiones monoteístas como el bien más elevado. La felicidad o placer, el deber, la virtud o la obligación y la perfección deben de ser, el más completo desarrollo de las potencialidades humanas. El advenimiento del cristianismo marcó una revolución en la ética, al introducir una concepción religiosa de lo bueno en el pensamiento occidental.
Según la idea cristiana, una persona es dependiente por entero de Dios y no puede alcanzar la bondad por medio de la voluntad o de la inteligencia, sino tan sólo con la ayuda de la gracia de Dios. El cristianismo desde un principio realzó como virtudes el ascetismo, el martirio, la fe, la misericordia, el perdón, el amor no erótico, que al contrario, los filósofos clásicos de la Grecia y Roma apenas habían considerado importantes.
En contesto de la ética cristiana y en sus reglas de oro; se pueden destacar lo siguiente:
–“Lo que quieras que los hombres te hagan a ti; házselo a ellos” (*1)
–“Amaras a tu prójimo como a ti mismo”.(*2) Y de manera más constante: “Más yo os digo: Amad à a vuestros enemigos, bendecid a los que os aborrecen y orad por los os maltratan y os persiguen”. (*3)
–“Dad al César lo que es del César y a dios lo que es de Dios”. (*4)
Se puede decir que en realidad la Iglesia buscó el poder terrenal y no el divino, obligando incluso por la fuerza más inhumana las reglas de una ética marcada por unas costumbres inquisitoriales. Para esto, no dudó en convencer a los demás de su justa moral.
Desde que el hombre vive en comunidad, el sentido de todas las religiones están fundadas, en una regulación moral de la conducta necesaria para el bienestar colectivo. La doctrina de la Iglesia es aprovechada por muchos, para seguir permitiéndose subyugar al pobre con buenas palabras y promesas de una mejor vida después de muerte. No dudando los distintos sistemas religiosos en establecer a veces de forma irracional, a los que violaban los tabú-es religiosos o sus conductas. Imponiendo por la fuerza, los hábitos y costumbres, de leyes decretadas por sus lideres civiles o eclesiásticos.
No obstante el verdadero pilar de la Iglesia sigue siendo el Celibato. La Iglesia sabe que los desequilibrios y caídas de las civilizaciones antiguas fueron por la falta de una rígida disciplina en sus sacerdotes y el miedo de la perdida de poder, la lleva a seguir instalando una disciplina moral sobre la conducta de sus prelados.
La historia del celibato sacerdotal ha sido tempestuosa desde que se convirtió en ley para el clero de rito latino en el siglo VI. Juan Pablo II en su encíclica del 24 de junio de 1967, reafirmó la posición tradicional de la Iglesia, volviendo a recalcar con fuerza, de la necesidad de la doctrina del celibato eclesiástico. La cual provocó y se convirtió en una cuestión eclesiástica muy discutida.
La Iglesia católica se enfrentara próximamente, a una profunda revisión de sus principios temporales. Los escándalos sexuales del clero a lo largo de la historia, han sido innumerables. Es verdad que hasta ahora consiguió encubrir los abusos de sus instituciones. Pero este ultimo siglo con el avance democrático y el progreso tecnológico de los medios de comunicación. Lograron poner en evidencia los valores morales de sus prelados.
El celibato del clero fue ya rechazado por los reformistas protestantes. Martín Lutero sirvió de ejemplo a sus seguidores casándose con una antigua monja y el matrimonio de este le siguió la de otros convirtiéndose en línea común para el resto de ellos, al separarse de la Iglesia católica.
(*1) = Santo Evangelio según San Mateo. Capítulo 7. Versículo 12.
(*2) =Antiguo Testamento. Libro Tercero de Moisés, llamado “Levítico”. Capítulo 19 versículo 18.
(*3) =San Mateo. Capítulo 5. versículo 44.
(*4) =San Mateo Capítulo 22. Versículo 21.
No obstante la Iglesia Católica, seguirá justificándose. Pues para ella según San Agustín la maldad intrínseca de la naturaleza humana, nos expone continuamente a las tentaciones del “diablo” en sus excesos carnales y justifica su doctrina moral cristiana sobre la castidad y el celibato.
En este libro se intenta convencer con su sencilla historia, de los errores en la imposición de costumbres clericales, que tantas desgracias humanas vienen causando desde sus orígenes. Dado que su sola razón esta son los intereses económicos y el poder terrenal. Lo que no ha evolucionado prácticamente desde el “ Maniqueísmo” una religión de origen persa que mantenía que el bien (la luz) y el mal (la sombra) eran fuerzas opuestas que luchaban por el demonio absoluto.
CAPÌTULO I
Hoy para José Santos, finalizaba el curso universitario y como el año anterior por estas fechas volvería a pasar sus merecidas vacaciones de verano con su "familia". Más de seis meses habían transcurrido, desde que José abandonara Montederramo, pueblo enclavado en el gran macizo montañoso de la demarcación de Orense. Provincia que hace parte de una de las cuatro que componen la actual Comunidad Autonómica Gallega
Contento estaba del año universitario, ya que había sido provechoso y el próximo curso debía de elegir entre la universidad de Santiago o la de Madrid; para finalizar sus estudios de Derecho. Por esto se detendría unos días en Zamora y discutiría los pormenores de su futuro con su tío y protector- el padre Francisco. Pues sin su ayuda económica de él, no hubiera sido posible seguir cursando sus estudios.
José Santos, a pie y sin dar ninguna importancia a su voluminosa maleta se dirigió a la estación con el fin de salir en el primer tren de la mañana. No cabe la menor duda que era un día muy especial; volver a ver la familia y amigos le producía en su interior un goce casi infantil.
Al amanecer ceso la lluvia y los faroles eléctricos de la ciudad de Salamanca, reflejaban sus luces en el adoquinado que cubría la casi totalidad de su plaza mayor y sus edificios en su mayoría centenarios se envejecían con la humedad. En sus calles desiertas, solo se oían los pasos de los primeros transeúntes y algún automóvil que en el silencio de la mañana. El ruido de sus motores, penetraba en las viviendas menospreciando los últimos deleites de un sueño tranquilo de sus habitantes. Poco después y según se acercaba a la estación, desgarraban aun más el silencio los silbidos de los primeros trenes que salían de Salamanca.
En las calles comenzaba el movimiento y los cierres de los establecimientos chirriaban su duro metal al abrir con fuerza su pasaje. Al fin se detuvo, ante las amplias escalinatas de la estación para expulsar el aire de sus pulmones después de una larga marcha. Santos no se detuvo largo tiempo y con esa energía juvenil que le caracterizaba subió de dos en dos la larga escalera para encontrarse de pronto en el sitio más céntrico de la estación.
El tren deja atrás la culta e histórica ciudad de Salamanca para avanzar por los campos secos de Castilla, deteniéndose en las estaciones de casi todos los pueblos importantes que encontraba a su paso. Y fue apenas una hora después que con un sol abrasador el tren se detuvo en Medina del Campo; uno de los nudos ferroviarios más importantes del norte de España. En la comarca abrigada de “Los Arribes del Duero” el clima es mediterránea y el Duero recibe la mayor parte de las aguas de la provincia. Junto a éste, el río más destacado es sin duda el Tormes y su vegetación natural se acomoda a las condiciones generales de aridez y acidez de los suelos. Entre las especies arbóreas dominan las encinas, los robles y los castaños.
Al abandonar Medina del Campo, se percibe a lo lejos de nuevo, el río Tormes representado esta vez en el embalse de Almendra, que discurre tranquilamente formando parte de la frontera con la provincia de Salamanca.
Zamora es una provincia eminentemente agrícola, por eso muchos de sus campos están deforestados y no-solo de arboles sino de personas. Y esta provincia cuenta con una densidad de población de 20 hab/km² y aún pervive la casa rural zamorana (adaptada al relieve y al clima). Su relieve escarpado y un clima frío y húmedo marcan unas tierras vaciadas por la emigración.
El tren al acercarse a la ciudad de Tordesillas encuentra más dificultad, en su ascendente marcha y esto permite observar este peculiar municipio perteneciente a la provincia de Valladolid. Esta ciudad a orillas del río Duero, es un importante centro comercial basado en la agricultura. Después el tren sin perder de vista el Duero vuelve a encontrarlo de nuevo y sin apenas detenerse las fértiles vegas cargadas de tradiciones e historia. Al entrar en la comarca de Toro, se divisa desde el tren la enorme fortaleza y bella colegiata de Santa María.
Con cierto retraso de la hora prevista y después de frenar ruidosamente el tren quedo parado en él anden central de la estación. Zamora es la capital de la provincia y su núcleo urbano no cuenta con más de 66.000 habitantes que viven sobre un circulo en forma de mesa cortada al sur por él rió Duero. Donde se destaca entre todos los edificios, la catedral románica del 1178, con una cúpula bizantina. A la vez las iglesias de Santiago del Burgo, Santa María de la Orta, Santo Tomé, Santiago y la Magdalena, entre otras y todas ellas de estilo románico testimonian de la influencia de la Iglesia en España.
Mientras los rayos del sol ya iban perdiendo su inclinación vertical al esconderse en el horizonte. José, una vez en la capital siguió caminando hacia la catedral con su voluminosa maleta y fue después de atravesar el casco antiguo de la ciudad que se halló de frente a la imponente basílica de Zamora. Al presenciar esta imponente mole de piedra y alzar la vista, se destaca especialmente la estructura del cimborrio, una cúpula gallonada sobre pechinas de origen bizantino, decoración exterior de escamas en piedra y un anillo de ventanas que refleja al exterior la organización interior.
Comenzaba a anochecer, cuando decidió penetrar en el maravilloso templo con sus tres naves caracterizadas por su evolución hacia el gótico; que embellecen sus laterales cubiertos con bóvedas de aristas y el principal con una de medió cañón apuntalado. La puerta del rosario, en la fachada del crucero, es un interesante ejemplo de composición románica aunque con algún leve influjo oriental y de frente el altar mayor con su suelo de mármoles y sus capillas sombrías. Al hablar con verdad, nunca había imaginado tanta riqueza para una catedral de tan poca población.
«La riqueza de la iglesia – pensaba él – fue un mal para el arte. En un templo pobre se hubiera conservado la uniformidad de la fachada antigua. Pero cuando los arzobispos tenían once millones de la época y otros tantos de cabildo, al no saber qué hacer del dinero; se iniciaban obras, se hacían reconstrucciones y el arte decadente parecían mamarrachos».
Cuando él penetro en el templo ya la luz del día comenzaba a esconderse por las naves, ala vez que el eco de sus pasos con el silencio resonaba con gran fuerza repartiéndose alterados por los recintos de las naves. Cuando de pronto un hombre tropezó con él cerca del altar mayor y al que José le pidió perdón pese que en al instante comprendió que por sus hábitos que la persona indicada era el sacristán de la catedral.
EL sacristán que se consideraba el guardián del templo después de observarle detenidamente y extrañado por su maleta con cara de pocos amigos y voz recia le dijo que el templo lo cerraría dentro de unos instantes.
–Buenas tardes, señor.
– Busco al padre Francisco?.
Con ojos claros, y acostumbrados a permanecer largas horas en la oscura catedral, el sacristán que parecía ahora más tranquilo volvió a observarlo. Pero esta vez con ciertas dudas y como si no pudiese creer en la semejanza de su rostro con el de su buen amigo el padre Francisco. No obstante y con ese disimulo que había adquirido en sus largos años de profesión se convenció de su identidad con cierto incomodidad. Después como huyendo de la curiosidad que despertaba entre las beatas y clérigos su presencia en el templo, el sacristán le invitó a seguirle y su rostro rígido se fue animando con una sonrisa cariñosa.
No tardaron en atravesar la nave central, cuando a la derecha del altar mayor se abrió una puerta dando paso a un canónigo que extrañado saludó con cierta frialdad al sacristán y a continuación después de cruzar lo que para el era la sacristía se dirigieron a un jardín que sé extendía a lo largo de los cuatro pórticos del claustro.
El frondoso jardín refrescaba la tarde calurosa de verano y los eclesiásticos concentrados en sus plegarias refrescaban a la vez sus cuerpos y almas. A su paso por los pórticos, con gran disimulo los sacerdotes levantaban la vista de sus misales para observarles disimulada mente y al avanzar hacia el fondo del claustro. Fue cuando unas palabras mal entendidas les hizo retroceder.
– ¡Buenos días Manuel!.
Un hombre en cuestión bajaba en ese momento los peldaños que conducía a la puerta de la vicaria, era de estatura alta, bien afeitado y vestía de negro. – ¡Valla, buenos días nos dé Dios - padre Francisco! dijo el sacristán colocándose entre el y su acompañante. Asombrado el padre Francisco, miró con sus ojos claros que parecían brillar en él crepúsculo del claustro al visitante y su rostro rígido que parecía tomar la inmovilidad de una estatua se animó con una sonrisa cariñosa.
El sacristán se sintió extrañado y se lleno desconcierto al observar la sonrisa cariñosa que le había dirigido de nuevo al joven visitante. Por eso pensativo, no pudo por menos mirar sonriente la cara del joven y es cuando observo con más detalle que su rostro bronceado y sencillo, sé aparejaba con sus bondadosos ojos azules, que a la vez debían de ser inteligentes y firmes. Después en su detenida observación quiso por simple curiosidad abrir el alma de aquel hombre, casi desconocido; pero lo que más le intrigaba era que en su rostro y físico había una semejanza extraordinaria al padre Francisco.
Ante la observación continua por parte del sacristán, el padre Francisco no tardo en comprender que su extrañeza se debía a la semejanza con el joven y su semblante se volvió de piedra, a la vez que se detuvo su corazón unos instantes; para después ante la evidencia palpitar de nuevo trémulo de alegría. – ¡Gracias José, por no olvidar mi visita!.
– ¿Cómo se le ocurre pensar en eso tío Francisco? .
Molesto por las atrevida miradas del sacristán y la curiosidad de los clérigos, abrazó de nuevo a su sobrino con fuerza; para después con paso firme y cogido de su brazo se alejó del claustro.
Seguidamente atravesaron unas largas galerías que su final conducía a otro claustro mas alto, donde tres pórticos de igual en longitud decoraban el claustro y a lo largo de las paredes recién jalbegadas abriese sin uniformidad las puertas de las claverías. A la vez y por encima del tejado del claustro se veían la segunda fila de viviendas que a su paso por ir la tarde oscureciendo los servidores del templo iban cerrando sus puertas y ventanas. Los lados del claustro que daban sobre el jardín se hallaban unas balaustras que servían de barandilla y varias pilastras sostenían la techumbre con viejas vigas de madera. Al acercarse a estos balaustradas se podía divisar con facilidad las copas puntiagudas de los centenarios cipreses del jardín y era en este piso superior donde vivían los clérigos.
Al entrar en la casa del padre Francisco, que era una de las mejores de las claverías. José Santos, descubrió que las paredes blancas del recibimiento con los años habían tomado un color moreno, aunque ellas al estar adornada con cuadros de santos y en el centro de la sala uno de tamaño mayor representaba la sagrada cena apenas se notaban su deterioro. No obstante y pese a su continuo frotamiento los muebles de caoba por lo contrario ofrecían al salón la sensación de sombrío decaimiento. Una vez en el comedor y por una puerta que se hallaba escondida por una cortina de un color comido por el tiempo penetro su tío Francisco para dar órdenes a una mujer de edad avanzada y de aspecto tímido.
Poco después volvió su tío a reunirse con él y le dijo: – José, tú dirás lo que quieres cenar. - En la cocina todo esta listo, pero si quisieras algo especial María bajaría a la ciudad en busca de otros alimentos. – ¡Bueno José siéntate aquí!. Para después añadir dirigiéndose a la sirvienta: – ¿Sabes quién es éste?... ¿No? – Pues el nieto de Ricardo y Asunción vecinos de Montederramo donde pase más de diez años de mi vida. – ¡Muchacho saluda a la señora María que es como mi madre!.
– ¿Conque el joven, es el hijo de Margarita de quien tanto me hablado usted?. María se levanto y con lágrimas en los ojos, le abrazó con tan fuerte intensidad que él sonrió tristemente al no comprender el sentimiento intenso de María.
Con gran apetito José devoraba ante la extrañeza de ellos, las suculentas lentejas con carne que María le había servido, pero esta como arrepentida de su olvido, se apresuró a preguntarle: – ¿ Cómo está Margarita?. –¿Aunque supongo que tu madre estará bien?... José antes de dar su respuesta miró con disimulo, al padre francisco y quedó extrañado al observar como contraía la frente y sus ojos se pusieron vidriosos como si fuera a llorar.
Ante el silencio, y como aludida por la falta de respuesta por parte del joven, María continuo para seguir diciendo: – Bueno supongo que Margarita, estará hecha una hermosura. - La ultima vez que la vi me pareció una reina y que todos la confundían con la virgen de Guadalupe por su pelo largo y negro... – ¿Di-me se caso por fin con el portugués o vive todavía con sus padres?. Ante la insistencia de María, y la mirada de enfado del padre Francisco, José Santos puso el gesto aun más sombrío que termino mirando a la sirvienta con cara de pocos amigos. Y ante la mirada dolorida del joven y el gesto sombrío del padre Francisco, María decidió callar y con la cabeza baja recogió los platos de la mesa para después mirándolos entristecida retirarse a la cocina.
Al alejarse María, José miró de frente a su tío decidido esa misma noche a hacerle una pregunta que llevaba preparando mucho tiempo sin osar formularla. Quería saber qué era de su madre y qué había ocurrido para dejarle sólo en casa de sus abuelos. – ¿Perdone tío, usted que es tan bueno me puede decir porque todos parecen temer hablar de mi madre? . - Hasta mi tía Inés, que es tan lenguaza y despelleja a todo el pueblo, calla cuando le pregunto algo de mi madre. - Por favor tío, dígame - ¿Qué ocurrió con mi madre?.
Al terminar su pregunta, de nuevo se ensombreció el rostro de su tío, que al oír a su sobrino sumido en la tristeza, intento eludir la respuesta con frases poco elocuentes. – Cuando tengas más años, verás que tomar la vida demasiado seria es nocivo y estúpido... - José, eres joven y tendrás que vivir acomodándote a las circunstancias.
José, exhalo un suspiro y se calló ante las palabras de su tío Francisco. ¿Qué podía hacer más que resignarse ante la alusiva respuesta de su tío?. A veces, se preguntaba si debía adaptarse y seguir condenado a ignorar su pasado hasta el fin de sus días.
CAPÌTULO II
POLgarci

GRACIAS Y SE SIGUE.
CAPÌTULO II
Al amanecer, María golpeó ligeramente con los nudillos la puerta despertando a José. – José, hijo mío, levántate que vamos a desayunar. Sin apenas poder conciliar el sueño, y como aturdido después de una noche, larga y agitada, se levanto y dirigiéndose a la ventana apartó sus visillos quedando pensativo al observar el brusco movimiento de los centenarios cipreses que el fuerte viento mimbreaba a su merced. ¡Qué pena siento!...¡Qué pena!... Los cipreses son como yo, se mueven en la vida como juguetes del viento y, por mas que intentan desafiar con su altura al cielo, no podrán nunca escapar de su capricho.
Después, permaneció entre las sabanas de colores que cubrían su lecho y suspirando recordó toda su vida, llegando a la conclusión, que para él siempre fue un callejón sin salida. En sus últimos catorce años, no tuvo nunca noticias de su madre y de siempre nunca supo quien fue su padre. La verdad es que nadie hasta ahora le dio solución a su existencia y su vida seguía siendo un misterio.
El misterio de su vida le parecía ahora cada vez más insoportable y no le quedaban más que dos soluciones: - olvidar todo, o enfadarse con todos y desgarrar el misterio que envolvía su pasado, sus pensamientos, sentimientos y su conciencia. “¿Qué podía hacer?. ¡Posiblemente, ni lo uno ni lo otro!”.
Ante su retardo prolongado, María volvió a insistir que su desayuno estaba servido y sobreponiéndose a sus tristes recuerdos salió de su habitación encontrando a la sirvienta desayunando. – Siéntate. ¡María le acerco un sillón de mimbre y le dijo: – ¡Hoy también hace viento!.
– En efecto señora es el segundo día que sopla un fuerte y caluroso viento. – Bueno muchacho antes que se me olvide, tengo que decirte; que el padre Francisco salió temprano, y dijo que te esperaba en la sacristía lo más tarde a las doce de la mañana, pues al ser hoy domingo, celebran misa cantada. Después al no recibir respuesta, y observar su expresión preocupante y su fruncido entrecejo, María inquieta le preguntó: – ¿Qué te sucede hijo?. ¡Cuéntame tus problemas!.
– No, no puedo, no me entendería.
–¿Por qué no?.
– No creo que usted pueda darme mayor explicación, pero agradezco su preocupación.
– No creas tú que yo no lo siento, insistió María. – ¡No obstante le pido, por favor que me cuentes tus penas!.
– Si, no me queda otro remedio. ¡Ay, señora no sabe la pena que llevo dentro!.
–Hubiera querido, no decirla nada. –¿Pero por que guardarlo?. Existía una fuerza que le decía que ella sabia algo de su pasado y la curiosidad le oprimía el pecho y la garganta. – Usted que es tan buena – ¿puede decirme que ocurrió con mi madre?. ¡Por favor, dígame por qué todos callan cuando les pregunto!. ¿Qué pasó señora?... El rostro de la vieja, no tardó en entristecerse, pero no obstante creyó que le debía una respuesta
– Hijo una gran desgracia y lo que nunca se había visto en Montederramo, pues el diablo fue a hacer nido en la casa más honrada. Pero a quien le doy toda la culpa es a tu abuelo, que fue un buenazo y no vio el peligro que corría su hija... ¡Hay, si tu abuelo hubiera sido otro¡...
Pero ¿cómo fue, señora? ¿Qué pasó entre mi madre y el portugués?. – Al principio, tus abuelos la sermonearon más de cien veces a tu madre: «No ves que es un señorito y que no es hombre para ti». «Además, hija no se sabe de su familia y probablemente sea un hombre dedicado al contrabando en la frontera». – ¡Hay de la pobre Margarita, que llena de amor, paseaba por el pueblo con aquel portugués sin importarle los comentarios de la gente!. En aquellos años, tu madre era muy bonita y su hermosura hacia hablar a todo el pueblo.
– ¿Pero bueno, señora ¿qué paso con mi madre?...
– Bueno yo solo sé, qué el novio portugués, un día desapareció sin despedirse, y tu madre pasaba las horas llorando desesperadamente por los rincones y poco después se desvanecieron los colores de su cara. Hasta yo mismo recuerdo que aquel portugués tan apuesto, que con el tiempo terminó por cegar a tus mismos abuelos con su noviazgo. Fue después, cuando el escándalo ya estaba dado, que fueron a pedirle ayuda al santo de tu tío Francisco. Él la acogió con todo cariño y sin protestar contra el concepto que la gente tenia de tu madre. Fue como un milagro, poco después dejo de llorar, percatándonos todos que poco a poco ella de nuevo volvía a vivir en santa tranquilidad. La verdad es que duro poco, pues meses mas tarde los colores de su rostro volvieron a perderse. Después, tu madre salió embarazada y, quien sabe lo que ocurrió aquí. – ¡hay quien dice que siguió manteniendo relaciones con el portugués!. Luego... nada hijo, sé de cierto; quien puede saber la verdad es Jesucristo y ella.
María, con una voz conmovida, después siguió comentando, que le partió el corazón al ver la situación de esa infeliz que durante cinco años, tuvo que soportar la vergüenza de ser madre soltera en el pueblo.
–¡Hay hijo mío! ¡También a mí me toco, limpiarte muchas veces los pañales!. Después, un día que el escándalo ya estaba casi olvidado y según dicen, se fue y hasta ahora no se sabe nada de ella. El santo de tu tío, se puso de un humor insoportable. ¡Pobre Francisco!. Muchas noches, lo sorprendí hablando solo por el patio de la Iglesia, con lagrimas en los ojos y tuvo que pasar más de un año para calmar momentáneamente sus penas.
– Y después de su huida, ¿Qué ha sabido usted de mi madre?.
– Bueno, se hablo al principio que se fue al extranjero, pues en esa época estaba en moda emigrar a Europa, dado que la situación económica en el país no era del todo buena. ¡Después ni una palabra!. Aunque tu tía Inés debe saber mucho de esto, dado que tu madre no dejó durante cierto tiempo de enviar dinero desde el extranjero. ¡Y gracias a Dios, que sin ninguna necesidad, tu tío Francisco se intereso siempre por ti!.
Al no encontrar ninguna respuesta, a sus inquietudes se dedico a contemplar con los ojos vacíos los techos descoloridos del salón, a la vez que se mantenía rígido y tieso, repiqueteando con los dedos el mantel. Después, sonriendo amargamente, alzo el vaso y bebió sin apenas abrir los dientes. A continuación se levantó, y mirando con ojos humedecidos a María, la beso en las mejillas para terminar diciendo: –No pienso preguntarla nada más.
– Haces bien hijo, la verdad es que no podría decirte mucho más. Márchate enseguida... No vuelvas a pensar más, olvida todo esto y veras que desaparecerán tus penas. José sonrió con tristeza y precipitadamente dejó el salón.
Fatigado por la mala noche, salió del claustro y, apoyándose en la barandilla contemplo el jardín, para de nuevo decirse que el misterio de su vida parecía cada vez más impenetrable y su perseverante mal humor estaba ensombrecíendo su juventud. Después un continuo repicar de campanas que anunciaba a los feligreses que la misa mayor estaba apuntó de comenzar, desvío de sus recuerdos la pena que sentía.
A las diez de la mañana empezó la misa y la Catedral se hallaba llena de candilejas y cirios y desde la puerta creyó divisar como una nube celeste moteada por minúsculas e infinitas estrellas iluminando bóveda del templo. No solo le asombro el templo con sus naves con su estilo románico tardío español con una evolución hacia el estilo gótico, si no, también su coro frente al altar mayor y su suelo de un deslumbrante brillo producido por el reflejo de las miles de candilejas que alumbraban el templo. ¡Nunca imaginó espectáculo de mayor grandeza, para una catedral de provincia!. Después, respiró hondo y, haciendo un esfuerzo logro cambiar de expresión y adelantándose por uno de los pasillos laterales de la nave central se fue a colocar en los primeros bancos del altar mayor.
No tardo la misa en comezar y lo más admirable fue el ir y venir de los canónigos arrastrando las negras colas y el solemne y ostentoso ceremonial del presbiterio. A la vez eran impresionantes los preludios del órgano, las nubes y el olor de los incensarios agitados por los monaguillos, que con su vestuario rojo y blanco parecían recrearse en el juego de sus movimientos y todo esto reconoce que hacía de la ceremonia un espectáculo inolvidable. A medida que avanzaba la misa, la ceremonia iba cada vez más cautivando por su majestuosidad, a la vez que los niños del coro, con sus diferentes entonos en sus cánticos. Excitaban los sentimientos religiosos, que se engrandecían más con el sonido especial del órgano, al formar un torrente de armonías que desbordaba las naves del templo; para terminar repercutiendo su eco, desde los mármoles del pavimento hasta los vértices de sus bóvedas.
Al sonar las campanillas de los monaguillos, los feligreses y canónigos se colocaban al unísono de rodillas y con la cabeza baja en signo de humillación emitían sus piadosas oraciones. Y él, al verse en presencia de tan gran majestuosidad también se inclinó de rodillas a la vez que se avergonzaba de la poca fe que le quedaba. Después, sin atreverse a levantar su cabeza, pensó en la grandeza de la iglesia que en ese momento pareció más gloriosa que nunca. ¡Qué admirable institución!... De un Dios hombre que llego de la nada a lo mas alto y con los años se convirtió en un Dios omnipotente y temible... –¿El Sumo Supremo siempre tenia razón?. Y su dogma ensalzaba la humildad de todos ante su poder Divino, pero lo que más le dolía es de oírles siempre hablarle de rebaños y pastores que debían dirigir. Ellos eran los pastores, porque así lo quería su Omnipotencia. ¡Y hay del que intentara descarriarse!...
Aquel sentimiento tan intenso de fe, que enardecía a los demás, era incomprensible para él. La verdad es que él no quiso ser nunca diferente, pero siempre penso que el hombre debía de buscar la felicidad únicamente en este mundo. Persuadido estaba que detrás de la muerte sólo existía la vida infinita de la materia, con sus innumerables combinaciones y al fin al caer en la tumba.- ¿La nada?.
La vida era fea, con una fealdad triste en un mundo de desgraciados y de víctimas. Era como él imaginaba a su madre, una mujer pobre y de pueblo, criada a merced de los ricos como todas las mujeres nacidas bajo la pobreza y su hermosura dura un tiempo al mantenerse únicamente en pleno estallido de su juventud. La única verdad es que la hembra del pobre, dejara de ser hermosa si no huye de su clase y mismo si le era difícil recordar a su madre en plena maternidad; la imaginaba con cuerpo escuálido, sollozante y triste por los continuos reproches de la gente y no con esos labios y carrillos coloreados que las grandes señoras se pintan; sin embargo el imaginaba a su madre des colorida. Los poetas, mienten sobre el amor, cuando falsean de un modo exagerado su pureza envidiable. “¡No, no puedo olvidarla!. – ¡No seria un buen hijo, ni un hombre si la olvidara!. ¿Cómo voy a olvidarla ahora cuando toda mi vida he suplicado una limosna de su cariño?”.
Un arreglado sonido de campanillas, volvió a la realidad sus pensamientos. Y después de observar que su tío Francisco se hallaba en ese momento de espaldas a los feligreses, pensó que aquello era imposible de soportar las dos horas que duraba la misa y decidió salir de la catedral en busca de aire puro.
Con la cabeza inclinada como si se sintiera avergonzado por sus actos, decidió abandonar los alrededores del templo. Dirigiéndose después a la plaza mayor donde un impresionante gentío invadía la plaza, atraído por su famoso concierto matinal. La plaza llena por una juventud alegre y bulliciosa se hallaba a la vez adornada con guirnaldas de vivos colores, pero fue al observar a la gente cuando quedo impresionado, traumatizado y desconcertado. Al sentir la alegría de una libertad merecida, después del tiempo pasado en el silencio de los claustros y claverías.
El contraste que acababa de recibir aquella mañana calurosa de julio y su ambiente excepcional. Experimentaron en él, una sensación de embriaguez y laxitud difícil de explicar. Es verdad que el aire se hallaba saturado de una irresponsable frivolidad moral y esta insensatez, que para la moral cristiana era innoble a él le dejaba indiferente sin ninguna necesidad de reflexionar mismo si apenas acababa de recibir en la Iglesia el impacto de su dogmática doctrina.
Sin ningún pudor, grupos de muchachas lucían sus hermosas piernas, al presumir con sus faldas ceñidas y por encima de la rodilla sus exuberantes traseros. A la vez que con sus blusas transparentes y ajustadas, daban vida a una juventud dispuesta a enardecer sus modulados senos. Las jóvenes no dudaban en cultivar su continua provocación del morbo, y mismo luego cuando son esposas, algunas no hacen ningún esfuerzo para ocultar su infidelidad. Eran tiempos en que el amor y los sentimientos nobles y sanos se estimaban una chabacanería; nadie amaba, pero todos ansiaban el sexo y como intoxicados recurrían a las modas más provocativas. Al establecerse el morbo como única regla.
A la vista de aquel espectáculo, José sin saber que responder a sus ultimas alusiones. Se preguntaba que pensaría de todo esto su tío Francisco, él tan humilde, sencillo y puritano. Estaba seguro que le avergonzaría y repugnaría la frivolidad de las nuevas generaciones y se plantearía con agudeza, que la Iglesia debía ejercer todo su poder por imponer su orden moral. Era a ella a la que correspondía con su influencia, acabar de una vez para siempre con ese maldito problema del sexo. Para eso Dios debía descuartizar con su poder y de la misma forma que lo hizo en Sodoma y Gomorra a esos inconscientes pecadores, que están llevando a la sociedad a su total destrucción.
Excitado por sus obscenos pensamientos, se pregunto si su tío no hubiese sido nunca sensible, a las tentaciones de la carne: – ¿Seria tan bueno como dicen, su tío Francisco?... – ¿Será verdad que no es un hombre como los demás?. – ¡El Señor me perdonara, pero mismo en su aparente firmeza, sin la menor duda, él es un hombre - ni más ni menos como los otros!.
También él, recuerda que en el transcurso de su vida y aunque acababa de cumplir los veinte años ya se había “enamorado” más de siete veces. Su primera vez fue Vicenta, la hija del veterinario de Montederramo, que frecuentaba como él, el liceo de Orense y cada día los dos hacían el trayecto en el mismo autobús. Él recordaba bien esa época, cuando al anochecer, se paseaban por la Calle Mayor, para más tarde ir a pecar a orillas del río para buscar disimuladamente después los rincones más oscuros de su alameda. Tampoco había olvidado su último amor con una moza madura que trabajaba en la centralita de correos y cuando cerraba la trastienda se embelesaban en él más delicioso de los pecados.
Distraído en sus pensamientos no se dio cuenta que había cesado la música, pero el concierto debió de ser de categoría, pues cuando cesó de tocar la orquesta, vio como la gente abandonaba sus asientos con cierta pereza. Se estaba bien allí, pero al observar de nuevo con curiosidad a estas gentes indiferentes a ese Dios, que un día imaginaron unos cuantos Judíos aprovechando la ignorancia de los haraposos mendigos en un rincón de Asia. Se dijo que si el espectáculo era diferente, él prefería a estas gentes con su alegría, sus contagiosas risas y sus ansias de devorar la vida. Que las nebulosas ilusiones de moral, que la Iglesia predica acerca del reino de Dios en la Tierra.
El fuerte sonido de dos campanadas, anunciando que la misa mayor estaba finalizando y esto hizo reflexionar a José al recordar que María le dijo que su tío le esperaba en la sacristía. Con paso firme se dirigió a la catedral y al penetrar en el templo se percató que la misa acababa de terminar. No obstante al avanzar por la nave central encontró dificultad al avanzar contra corriente con los fieles que sumisos aun en sus creencias abandonaban el templo y en el cruce del altar mayor se vio obligado a desviarse porque varias monjas con sus almidonadas tocas de rodillas rezaban sus oraciones. Estas, a la vez vigilaban con disimulo un grupo de niñas vestidas todas de la misma manera y lo único que se diferenciaba en ellas eran sus lazos de color rojo o azul. En la sacristía los monaguillos comentaban la majestuosidad de la misa, a la vez que con la ayuda de Manuel, el sacristán que le recibió el día anterior en el templo iba recogiendo y guardando los enseres de la misa. Para después, sobre una amplia y rectangular mesa, el sacristán y su tío con la ayuda de los monaguillos y varios canónigos ordenaban las vestiduras sagradas de la ùltima ceremonia. La sacristía causó a José una impresión de extraña admiración al observar que las vestiduras eran portentosas y ante aquel extraño mundo de exuberante riqueza. Quedo asombrado al reconocer que él era un ser privilegiado entre muchos, dado que fácilmente la mayoría no llegaban a adivinar la existencia de tanta joya impresa en dichas vestiduras.
Las vestimenta de la Iglesia Católica Romana, se rigen por un reglamento que comienza en las últimas rúbricas generales, que son preceptos para la orientación de los sacerdotes y la realización de los ritos sagrados que se encuentran sobre todo en el misal. En general los ropajes eclesiásticos católicos pueden dividirse en tres clases, que son:
–vestiduras de misa, las que llevan los diversos celebrantes de la misa.
–vestiduras episcopales, las que llevan los obispos y otros miembros de la jerarquía superior.
–vestiduras generales para los otros.
La vestidura de un sacerdote cuando esta celebrando la misa, se compone de una casulla sagrada, bajo la cual lleva una estrecha banda llamada estola. Tanto la casulla como la estola son de color blanco, rojo, verde, morado o rosa, dependiendo de la estación del calendario de la Iglesia, de la festividad o del acontecimiento que se conmemore.
La vestidura de un obispo cuando esta en el altar, se compone de una larga sotana de color negro o púrpura. En la cabeza llevan puesta la mitra (sombrero alto en forma de lengua) y en la mano se apoya sobre el largo báculo pastoral, símbolo de la autoridad que va ejercer sobre su rebaño, al igual que el cayado de pastor, aunque este sea más rústico y pequeño. Hasta hace poco tiempo, también llevaban por de bajo de todas las demás vestiduras, la sotana larga hasta los pies. El color de la sotana varia según quien la lleve: - negra para un sacerdote, púrpura para un obispo y roja para un cardenal; solo el papa lleva sotana blanca. El birrete gorra cuadrada con tres estrías, hoy esta fuera de uso y el solideo es un pequeño casquete redondo en color correspondiente al rango del usuario, que cuando se lleva en el templo solo se descubre en los momentos más solemnes de los cultos.
–Buenos días – dijo José.
El padre Francisco, hizo una breve pausa, para después de incorporarse con una disimulada sonrisa y dar a entender que acogía feliz su llegada.
– ¿Quería preguntarte, que al principio de la misa te vi sentado en las primeras filas del templo y poco después, no volví a verte?. ¿Dónde te metiste?.
–Bueno, tío el ruido ensordecedor del órgano, me hizo buscar sitio más atrás.
A José le pareció amable la pregunta por el tono de voz, pues poco después sin dar más importancia al asunto con una sonrisa obligada dijo: – es verdad José, – yo sé que no es fácil. La misa cantada son muchas horas. ¡No, no yo sé que no es tan fácil!. Para él, su ausencia parecía salvada; al observar que su tío ante el silencio y atención que les prestaban los monaguillos y especialmente el sacristán se las arreglo para cambiar la conversación.
–Sobrino; ¡me gustaría saber si estas dispuesto ayudarnos a recoger el vestuario!. Y más tarde se le acerco para decirle con cierta naturalidad que siempre iba a respetar la integridad de su vida privada y fue verdad porqué siempre tuvo un gesto de atención hacia él y jamas le reprocho sus dudas religiosas mientras que los de su profesión y otros lo hicieron siempre.
–¡José, me dará mucha pena cuando te vallas!. Bien sabes que estoy aquí para cuidarte y ayudarte en lo que haga falta. No importa que me hagas renegar algunas veces, yo te ayudare siempre. Era verdad todo eso, pero para él todo era confuso y reconocía que en ocasiones se disgustaba al no comprender nada. Le había cuidado desde que nació, le había tenido en sus brazos, le había enseñado a andar y pese a todo siempre él había rehuido.
Poco tardó su tío, en abandonar la sacristía, alegando una reunión con el obispo. Al despedirse su tío, los jóvenes canónigos así como el sacristán y los monaguillos, hicieron un gesto con la cabeza como muestras de simpatía. Con esa admiración que siempre estas gentes sencillas han demostrado a sus jerarquías por la labor apostolar y el prestigio que ejercen sobre ellos. Pues al parecer, el trabajo sencillo y eficaz de su tío, se había difundido con rapidez entre las personas más humildes y hasta los sirvientes del templo y canónigos se hacían lengua de su sabiduría.
No eran más de las dos de la tarde y aunque ya sentía hambre trató de satisfacer a su tío. -(¿Porqué no le iba agrada la idea de mostrarse servicial? -¡ Si el ayudar a recoge este precioso vestuario era para él una novedad!). Después se dedico a estudiar a uno por uno a la vez que trataba de comprender sus vidas y llego a la conclusión que todos le parecieron tener modales diferentes al proceder de diferentes capas de la sociedad. No obstante percibía que existía una agradable relación entre ellos y esto alegro al parecerle que estaban pasándoselo bien.
José, llego tarde a la comida y con la respiración alterada por haber caminado deprisa y al subir las escaleras vio que su tío impaciente le esperaba en la puerta de la vivienda que al oírle llegar con voz más bien disgustada ordenó que María comenzara a servir la paella. Su tío no estaba muy contento ni seguro que él hubiera hecho exactamente lo que se le había ordenado. Pero se mantuvo correcto al comprender que por su juventud mantenía criterios diferentes a su dogma y todo porque a él también le disgustaba la idea de aquel idealismo ortodoxo y exigente que en cierto modo seguía dictando Roma. María al contrario no dejo en ningún momento esa mirada cariñosa que la caracterizaba hacia él, aunque reconoce que ese día le pareció que pese a su aspecto lozano, se hallaba cansada.
Al quedarse solos los dos después de la comida, su tío le pidió salir a la terraza con el fin de discutir los pormenores de su futuro y una vez frente a él pudo percibir una breve sombra de tristeza en su labios. Pero fue tan breve que pudo con facilidad fingir como que no lo había percibido. No obstante José creyó que la tristeza de su tío Francisco se debía solo a que él siempre tomaba muy en serio sus estudios y su educación.
José no tardo en adivinar que lo que le proponía su tío representaba un cambio de rumbo en sus vidas y no guardaba relación con nada de lo precedente. Al parecer, todo su futuro se hallaba escrito y bien planificado en la libreta que su tío había abierto sobre sus piernas y no había al respecto vuelta de hoja. José, conocía bien estas forma de imposición en el buen sentido de la palabra, con el sólo fin de disimular alzó los ojos al cielo y contemplo desde allí que entre nubes dispersas volaban media docena de cigüeñas que él envidió al observarlas su majestuoso vuelo y su ilimitada libertad. Después José, terminó mirando fijo a su tío y emitió un entrecortado suspiro como toda respuesta y sonriendo disolutamente agacho la cabeza para luego sonreír de nuevo a su tío. Si, así era a partir de entonces, José sabia que ya no volvería a cavilar en unos años. – No puedo menos que agradecerle de todo corazón ese sentimiento que usted tiene por mí y nunca olvidare lo que hace por mí…
–Nadie te pide que me agradezcas nada – dijo su tío Francisco entre dientes.
–Sí, sí. - Usted lo sabe y permítame que le sea franco; - hace años que busco el momento de agradecerle todo lo que hace usted por mí, fue usted muy bueno con migo y fue también el sólo que tuvo la bondad de no dejarme mientras que mi madre me abandonó. ¡Ay, tío, si supiera lo que sufro!. Al oír estas palabras, su tío se levanto de pronto y abrazándole rápidamente, le dijo: –¡qué pena siento!… ¡Qué pena!…Después, su tío le miró con ojos humedecidos y con voz temblona volvió a decirle que todos en este mundo sufrimos y no importa que duela mismo si tú tienes razón.. – ¡Perdónala, es tú madre!. Tú madre fue buena. No lo olvides nunca José. – Y un día comprenderás que la tentación de la carne, conlleva con facilidad al pecado y tu madre fue víctima de su primera locura de amor.
Después, su tío Francisco guardó silencio de nuevo y en su mirada perdida entre los tejados del templo podía adivinarse que su imaginación se hallaba desgarrando el denso velo de su pasado. Así era pues el recuerdo volvió a él como si aún estuviera en aquellas tardes y en aquellos brazos morenos sedoso y ardientes con los que recibía la primera fragancia en esa locura que conlleva al pecado de la carnal. Ella fue cayendo poco a poco enamorada de su personalidad, de sus años de experiencia y de su facilidad de palabra. Recuerda como si fuera hoy el sentir en su cuello el roce de sus finos brazos y sus labios ardorosos, aquel primer beso que le había despertado su primer libido. Después, fue colocando en su imaginación los tibios y suavizados contornos, de aquella carne tan deseada que deleitaba todo su ser, sin poder evitar el estallido de su joven virilidad. Nunca olvidaría, cuando ella y él, en tibio lecho y rodeados en la discreta oscuridad gozaban los delirios de sus más gratas emociones que tendría que guardarlo para siempre como él mas profundo de los secretos. La verdad es que él no llegaba a comprender él por que se hallaba en pecando cuando en este mundo solo vive por el amor. Pero a él ese frío eterno de aquella cama le recordaba siempre su eterna promesa del celibato.
Tras estos agradables pero pecaminosos recuerdos, volvía a su voluntad de campesino tozudo que anulaba las exigencias de su sexo y que pese causarle horror. Reconocía que él, la había amado y que no llegaba a olvidarla. Pero aunque era consciente que su acto fue un sacrilegio y una mundana pasión él seguía siendo incapaz de olvidarla. Por otra parte le entusiasmaba pensar que formaba parte de una institución extendida por toda la Tierra que tiene en su poder las llaves del cielo y de las conciencias por eso siempre le habían enardecido las glorias de la Iglesia. Además, él era ambicioso y pensaba ir más lejos que un modesto curato de una simple parroquia.
Era el pasado que reaparecía con la presencia de su sobrino, para echarle en cara su infidelidad. La idea de ser un mal sacerdote y el sexo, habían creado en él una inacabable tormenta de amor, que desvanecía toda esperanza de tranquilidad.
Ante este conflicto, él se hallaba asustado por su porvenir y al no poder resistir más tiempo sus emociones se alejó por un instante a la terraza y cubriéndose los ojos con las manos. Lloro por los pecados cometidos y por aquel amor prohibido que iba acompañarle hasta su tumba.
Que lejos estaba de adivinar José, la profunda tristeza de su tío al ir más lejos la realidad que su bondadosa imaginación. No obstante aunque le intrigo las constantes reflexiones en que se hallaba su tío, quiso preguntarle, pero quedó con la boca cerrada y sin atreverse a dar salida a sus palabras… Su destino era obedecer a esa voz cariñosa y dominadora que cultivaba su tío. Después lo abrazó y beso de nuevo en la mejilla, con esos besos tiernos que a él le parecieron propios de un padre siendo estos besos cariñosos, los que oscurecían su pensamiento, anulaban su voluntad y hacían temblar su cuerpo desde la cabeza hasta los talones. ¡Todo quedo olvidado, al caer vencido bajo la caricia paternal de su tío!.
De nuevo el silencio, que parecía ahora más profundo al no llegar los ruidos de la calle, al haber cesado los sonidos de cornetas y el redoblar de tambores. Entonces volvió acordarse de la fiesta de Zamora que en ese momento parecían estar terminando los actos oficiales, para después pasar al festejo popular que caracteriza a estas fiestas. A José la verdad no le molestaban estos sonidos, ya que su cese lo alejaba del mundo exterior y desde allí solo le quedaba observar los tristes tejados ennegrecidos del templo.
Su tío mientras tanto seguía hablando como un niño inquieto y sin querer sentarse iba de un lado a otro de la terraza, para terminar acentuando: – En Madrid terminaras tus estudios y después no te preocupes con una simple oposición trabajaras para la administración del Estado. A José no le llamo la atención el tono autoritario que su tío estaba usaba al proyectar su futuro, pero quedo un poco acomplejado al observar como mientras hablaba; le amenazaba con una mano entre severo y risueño, algo como si en el fondo de su pensamiento le hiciera cierta gracia, la falta de atención que él le dispensaba.
– No es necesario que se esfuerce, tío soy consciente de mis obligaciones y usted vera que sabré cumplir con mi deber.
–Lo sé José, siempre te creí un muchacho excelente. ¡Tú, fuiste tan bueno, tan dulce, que de pequeño nos asombrabas a todos con tu buen corazón!. – También te diré que durante unos años no nos veremos, dado que Roma necesita mis servicios; pero no por esto dejaremos de mantener una comunicación periódica con el fin de seguir de cerca tus estudios y problemas que pudieran surgir.
José sonrió con dulzura, como admirando la simplicidad de su tío y le dijo de nuevo: – Gracias tío por sus inquietudes y le escribiré a menudo. Después cuando creyó terminada la conversación y él ya se retiraba al fondo de la vivienda algunas palabras no comprendidas le hicieron retroceder. – ¿Qué dijo tío, - que no le entendí?. – ¡Digo hijo, que tengas mucha suerte y que rezare por ti!.
El silencio de la noche era profundo en este rincón de la catedral, que solo era roto de vez en cuando por el desagradable castañetear de las cigüeñas con sus picos. Luego se hecho sobre la cama y en poco tiempo quedo dormido, después de aquel día tan agitado en emociones. A la mañana siguiente se levanto pronto con el fin de no perder el tren. – Como sabrá Tío Francisco, me queda una hora para la salida del tren y por eso, vengo a despedirme de usted. Su tío sonríe con dulzura al admirar la simplicidad de su sobrino. Era un gesto que él bien conocía y que le hacia sentirse orgulloso de su persona. – José, te deseó mucha suerte y no te preocupes de nada, ya que todo esta bien planificado; pero si tuvieras algún problema no dejes de comunicármelo. Luego también con un fuerte abrazo se despidió de María que tenia los ojos enrojecidos, las facciones arrugadas, y la piel húmeda como si hubiese llorado mucho.
José andaba calle abajo, cuando María le llamo desde la puerta de la torre que conducía a las habitaciones del claustro alto, para que volviera a subir. – ¡Adiós, hijo mío y Vuelve pronto a vernos. Lloraba de nuevo y abrazándose a José le dijo: - Toma y guarda bien estos ahorros de mi parte y entrégaselos a tus abuelos. José noto la entonación de cariño que había en la vieja, por él y su familia y no pudo por menos de abrazarla de nuevo. –¡Adiós y gracias señora!.
–De nada hijo, pero sobre todo no nos olvides y recuerda que tu tío Francisco solo vive por ti y no dejes como bien te dije de darles un fuerte abrazo y muchos recuerdos a tus abuelos. -– ¡Adiós de nuevo y gracias señora!.
–¡Adiós - adiós hijo mío!.
CAPÌTULO III
POLgarci
Pablo es muy largo.
Nadie te lo va a leer. Hazlo corto de media carilla a una a lo sumo. Separa cada capítulo como tema independiente. En última haz un link al capítulo anterior, como referencia. Tendrás repuestas así.
[bandereouruguay] Rubula
[url="http://phstudio.blogspot.com"]Los Relatos de Ruben[/url]
[url="http://www.bibliotecasvirtuales.com/comun/foros/topic.asp?TOPIC_ID=47536"] Por dudas e inquietudes del Foro Prosa [/url]
Montevideo, Uruguay
GRACIAS Y SE SIGUE
CAPÌTULO III
De nuevo con su pesada maleta caminaba calle abajo y después de atravesar el antiguo casco amurallado que solo se accedía por siete puertas llegó con un cuarto de hora de avance a la salida prevista de su tren. Lejos iba quedando Zamora y su catedral del Siglo XII y al alejarse el tren sólo se destacaba su torre y su cimborrio.
El tren dejo atrás la capital para de nuevo abarcar con la vista la plana meseta de Castilla y al avanzar la mañana el habitual calor de la meseta sé hacia insoportable. Para pocas horas después el paisaje fue cambiando al penetrar en esa Galicia húmeda y perpetuamente verde. Pero era en sus continuos desniveles que desde del tren, se divisaban esos pequeños y encantadores valles; para después de atravesar varios túneles el tren chirriar sus frenos y detenerse en la estación de Ourense/Orense.
Esta ciudad en el noroeste de España, es a la vez capital de la provincia que lleva su mismo nombre y se halla situada en el centro de una región fundamentalmente agrícola aunque la actividad principal de la ciudad es de carácter administrativo. Sus manantiales de aguas ricas en azufre (donde toma su nombre) han sido utilizados desde los tiempos de romanos. Orense, como todas las capitales cuenta con una catedral románica con posteriores ampliaciones góticas, ambas del siglo XIII y un bonito puente sobre el río Miño.
Al salir de la estación, José dio un vistazo a la acera que dominaba el bulevar, y su primera impresión fue que como siempre se hallaba repleta de curiosos y todos ellos sentados en las terrazas de la media docena cafeterías que con disimulo observaban a los recién llegados. Mientras los vendedores ambulantes pregonaban con voz achicada sus productos de dudosa pertenencia. José siguió su marcha a lo largo del bulevar, mirando los diferentes escaparates de las tiendas sin prisa, dado que su autobús tenia su salida dos horas después de la llegada del tren.
Él conocía bien la estación de autobuses, porque en sus años pasados en el liceo de la capital, recorrió este trayecto habitualmente. Al subir al autobús, José reconoció a su amigo Juan Sánchez, un mocetón grave, de carácter áspero que estudiaba en Madrid. A Juan lo conocía muy bien dado que vivía muy cerca de sus abuelos y, además, lo había tratado desde muy niño. José se sentó a su lado y sin dejar de observar su rostro demacrado, intento preguntarle por su salud, a lo que Juan, evito responder a lo largo del trayecto.
Es verdad que los años trajeron a Juan modificaciones en su familia, pues su madre murió de repente. La encontraron tendida sobre un surco de sus tierras, con una herida en la cabeza, que achacaron a su padre y por lo que tuvo que estar largos años en la cárcel. El señor Juan que era como se le conocía, al parecer escribía a menudo a su hijo, desde la cárcel; pero su hijo no llegó nunca a perdonarle y se hablaba que Juan en Madrid gastaba los dineros de la familia en malas compañías.
Al recordar los problemas de otras familias en este periodo del pasado, José sonrió amargamente y se burlo de su pesimismo familiar. Todo el trayecto su amigo Juan tuvo una actitud poco comunicativa por lo que termino por hablar de cosas sin importancia y más tarde por otros amigos supo que Juan era un enfermo de Sífilis o de otra cosa peor.
Ante la falta de dialogo por parte de su amigo, José fijó su atención en el paisaje homogéneo, que con sus altiplanos de horizontes suaves, que forman lo fundamental de las unidades morfológicas de este terreno. El sur de la provincia está dominado por materiales como la cuarcita y la pizarra conformando una superficie muy rugosa y de apariencia serrana, culminando en la Serra de San Mamede que son los picos del mismo nombre a 1.618 metros alcanzando la mayor cota y Serra do Burgo a unos 1.200 metros hacia el este. Ambas se incluyen en ámbito de espacios protegidos y junto a estas dos unidades se desarrolla el sistema de afluentes que, en su descenso hacia los embalses de Norte, Edrada y Leboreiro drenan el altiplano. Por lo contrario, las tres cuartas partes del terreno forestal se concentra en la mitad meridional, más agreste y en cuyas cimas aparecen grandes extensiones de matorral. Siendo aquí, donde la conjunción y juegos de profundos valles encajados y fuertes elevaciones confieren al paisaje un mayor dinamismo, un aspecto más enérgico y contrastado. La cambio estacional en esta región es frecuente y entre las cumbres blancas invernales, la mayor variedad tonal son los verdes de la primavera y de verano. Después cerró los ojos, imaginándose entre los prados de alfalfa revolcándose a su capricho como cuando de niño jugaban volteándose en sus laderas y adormecido en sus infantiles sueños abrió sus ojos cuando el conductor anunciaba ya la llegada a Montederramo.
Este terminó municipal, está situado entre los diez de mayor extensión de la provincia de Orense y entre la orografía de las Sierras Centais y el río Sil. Montederramo, a lo largo y ancho de su municipio cuenta con 13 parroquias. Este municipio esta rodeado de alta montaña y en su núcleo configurado se halla en torno a una gran plaza. Que es donde se halla el ayuntamiento, no obstante sus habitantes se trasladan habitualmente a la capital provincial, distante 45 kilómetros para la mayoría de los asuntos burocráticos y comerciales.
Al salir del viejo casco del pueblo, de pronto se halló frente a un extenso rosario de oscuras casuchas y a su derecha un viejo pescador como una momia acartonada parecía bailar, a causa del fuerte viento que zarandeaba su amplío impermeable amarillo. No obstante el viejo que parecía perder su vista en las rojizas aguas del río, sin importarle el viento terminó colocándose de cuclillas y sin dejar de chupar la pipa con fuerza se hecho la gorra sobre la frente.
Había llovido fuerte en Montederramo esa noche, y de las Serras de Mamede y do Burgo, el río Mao venia crecido aunque a lo lejos se debilitaban sus aguas al entrar en los embalses de Endrada y Leboreiro. Cerca de la entrada de la casa de sus abuelos, ya vio a su abuela Asunción recogiendo con voz recia los animales domésticos que se movían con libertad por el prado que rodeaba la vivienda. – ¿Eres tú, granujilla?. – ¡No te esperábamos, pues pensamos que pasarías más tiempo con tu tío Francisco!. – ¿ Creo mocoso que lo que pasa es que no puedes pasarte de tus abuelos y sobre todo de tus amistades femeninas de Montederramo?. La abuela que miraba y admirada al mocetón de su nieto, después de su habitual fuerte abrazo, sonrío guiñando los ojos maliciosamente.
Era una satisfacción encontrarse de nuevo en su casa. ¡Cómo amaba él aquella buena familia que tantas veces le habían fortalecido en los momentos de desaliento!. La abuela le pidió después que se sentara en el banco de piedra con ella para que le contara todos los pormenores de su instancia en la Universidad de Salamanca. El abuelo llegó poco después medio encorvado y sin dejar el veneno del tabaco entre sus labios y que estaba acabando con su precaria salud.
De su abuelo, después también hubo besos y abrazos. – ¡Vaya, vaya! ¡Qué sorpresa!… ¡Cuánto me alegro de verte de nuevo!. Dijo secándose con el pañuelo sus lagrimas. Y poco después, no tardo en llegar la cariñosa vecina de al lado, de la que recibió con expresión infantil los dos besos sonoros que ella estaba habituado a darle. – ¡Cómo la quiere a usted este chico! – dijo su abuela.
–No puedo quejarme de su nieto, José es muy bueno… Cada vez deben de estar ustedes más orgullosos de él… ¡Qué guapo es!. – Es el vivo retrato de su madre… pero por lo contrario de mi hijo vicente; cada vez estoy más preocupada por él. Estas palabras debieron de halagar mucho a sus abuelos pues correspondieron a ellas con una prolongada sonrisa.
–Oiga usted, señora Ramona; tengo entendido por mi abuela, que Vicente le da muchos disgustos.
– Así es hijo, no solo él, sino muchos jóvenes del pueblo. Ya iras hijo viéndolo con tus propios ojos; pero… ? ¿qué quieren ustedes?. Debe ser cosa de su edad, pues a la juventud de hoy dicen que hay que dejarla divertirse y todo pese a que están perdiendo ellos solos la salud. Después se limito a callar y su forzada sonrisa de extremada bondad, dibujaba en su rostro la ignorancia estúpida de una madre, que sigue admirando como parte de su ser, a un hijo que se halla a los limites de su perdición.
– Estoy muy triste, José, muy deprimida, estoy deseando que hables con él, a ver si me lo convences que quite esas compañías. José sonrió con un punto de amargura.
–No se preocupe, lo are y la doy un beso señora Ramona. A estas palabras consoladoras, la señora sonrió también, no habló pero se acerco a él y se dejo besar.
–Señora estoy tan apenado como usted, en el autobús he visto a Juan Sánchez el de María, la que murió asesinada y me asustó mucho.
¡Ay, santo Dios! ¿Qué habré hecho yo para tener que cargar con semejante cruz?.
¿Sabes Hijo, que mi hija Elena, la que es más joven que tú, también se me droga?.
?Estos perros contrabandistas, nos los están matando a todos. Antes, los hijos de su madre, pasaban café y tabaco; pero ahora, los maricones, (perdona José) pasan la droga, ese veneno que nos los esta matando. Y después llevándose las manos a los ojos, Ramona rompió a llorar con desconsuelo.
Al otro día por la tarde con el fin de abrazar su tía Irene, se acerco al pueblo; pero llevaba lloviendo todo el día y aquí el mejor refugió de la gente son los sopórtales de la plaza mayor. Su tía vive en un segundo piso y, desde los ventanales de su balcón domina a la perfección toda la plaza y pese a que no sabe latín, para todos tiene su propia letanía, pues desde su atalaya no se escapa bicho viviente de su acústico control y por eso José para sí mismo penso: ?«Si, señor, yo creo que tampoco sabría hacer ni ir a ningún otro sitio. Además, todo los entierros pasan por la plaza y alguien tiene que llevar la cuenta de los muertos y si no quien va a contabilizar las vidas que el tiempo va segando y, además, si alguien quiere saber otros cosas ella siempre tiene una historia nueva que contar. Si ella no sabe leer ni escribir, pero lo adivina todo: los amores secretos, así como los desamores y sus consecuencias; nadie en Montederramo escapaba de la vista de su atalaya ni de su insaciable sed de curiosear la vida de los demás».
De su tía reconoce que fue muy buena con él, y a la vez hacia un licor de café como nadie, como también unas rosquillas que te chupas los dedos: – ¿Tía usted piensa que va seguir lloviendo mucho tiempo?.
Sobrino no lo sé, pero a mí lo mismo me da ya que siempre estoy aquí encerrada, dado que tu tío siempre esta en la taberna borracho y con ese dichoso fútbol. Aunque a mí también me gustaría que saliera el sol, no crees. ¿Bueno José, no vendrás también a preguntarme por esa “señorita” que no sé como se llama y pese a que cada vez lo tengo en la punta de la lengua no llego a recordar su nombre?… ?¡Si ahora me acuerdo, se llama Filomena. ? ( La que trabaja en la centralita de correo). ¡Si José, yo lo sé todo!. ¡Esa mujer es una furgia!. Y después de ti, siempre hay otro y andan diciendo que va pegando ladillas a todos los mozos y estoy segura que algún portugués se ha ido bien servido, aunque eso yo sé que es un mal menor, ya que muchos de tus amigos han muerto o están enfermos del Sífilis? o de algo peor.
Vuelve con Vicenta la hija del veterinario, es buena chica y aunque no es muy guapa, tiene unas mamas capaces de dar leche a todo un colegio. ! ?También hay otra que me pregunta mucho por ti, que se llama Rosario, que aunque parece mujer precavida; se dice que ya de muy joven debió de ser igualmente dadivosa, hospitalaria, cachonda y amiga de parrandas y amores fáciles.
Llueve con cierta intensidad, sobre la plaza mayor de Montederramo, pero su tía Irene sigue en su puesto de vigilancia. – José, desde aquí veo como a tus amigos van llegando uno a uno a la cafetería del tío Gamuxo y pienso que ellos no deben saber todavía que estas en el pueblo.
– Tía déjese usted de coñas, que a veces pienso que usted siempre esta tirando puntadas y, además, lo hace muy bien.
–José, debes saber y ahora va en serio que el demonio anda suelto por este pueblo.
– ¿Tía cuantas veces tengo que decirla que el demonio no existe?
– Pues yo creo que si, pues desde hace unos años los jóvenes están demacrados y por sus malos pasos la fatalidad está segando muchas vidas. ?Además, te voy a decir una cosa que todo el mundo sabe y que tú no porque no paras por aquí. Recuerdas, al hijo de la tía Margarita, el que jugaba de portero en el equipo de fútbol que se llamaba Benanció, pues murió de una sobre dosis de ese veneno que lo llaman coca y también su hermana la pobre de Lorena no durara mucho.? Esa es la verdad, pero en fin yo creo que su familia hizo lo que pudo, al dejarla en un buen hospital y todo pagado. Al parecer es ella quien ha contaminado a casi todo el equipo, de una enfermedad que dicen que viene del extranjero y no se como la llama;? pero te aseguro que es mortal. ? Antes las familias estaban muy unidas, pero mira esta familia donde misma otra de sus hermana que no se parecía mucho a ella, terminó fumando porros y aceptando proposiciones al catre.
?Buen sobrino, serán pocas las precauciones que tendrás que tomar y yo lo único que puedo hacer es rezar todas las tardes un rosario para que el Señor te ayude. –No, no, descuida tía que yo ya estoy bien informado y, por tanto, atento a todas estas cosas.
–¿Dónde aprendiste?
–¡En la universidad, que es donde te preparan y te enseñan ha hacer frente a la vida!.
–No obstante sobrino, serán siempre pocas las precauciones que tomes.
–Bueno tía dejemos esto, ya que a mí me preocupa otras cosa y por eso le diré que estuve hablando en Zamora con tío Francisco y con María la buena de su sirvienta. ? ¡Y sabe y yo no estoy de acuerdo con lo que él tío dice que todas las madres van al cielo derechas/! Pero yo tía sigo interrogándome y le diré que no todas las madres son buenas y sobre todo las que abandonan a sus hijos. Tía, a mí me parece que no hablo latín, para que no se me entienda, no cree y, además, la buena de María me dijo que usted es la persona mas adecuada para aclarar el misterio de mi madre.
–¡Ay hijo, qué cruz me mandó Dios Nuestro Señor con los amores prohibidos de tú madre!. ¡Pero a la vez yo pienso que si Dios lo quiso así, será por que no pudo escapar del embrujo del amor!.
–¿No la entiendo- tía?.
–¡Anda!? ¿Y por qué lo ibas a entender?. ?Hay muchas cosas que no se entienden sobrino, y ante eso no-queda más que aguantarse.? Un día los justos recibirán su recompensa, mientras los “pecadores” caerán en la horrible caldera de Pedro Botero y, mismo yo, no creo que los servidores de la Iglesia que hayan pecado tengan las puertas abiertas del cielo.
–¿Pero tía que quiere contarme con esto, sea usted más explícita?.
–¡Calma, calma! ?No, no puedo hijo, cuando termines tus estudios te contare todo; ahora perdona no puedo y un día lo entenderás. ?Bueno José, vete con tus amigos y no olvides mis advertencias déjalos con sus problemas, tu tienes que hacer lo que tu madre y tu tío siempre quisieron de ti un hombre de provecho y estoy seguro que un día terminaras perdonándolos. ?Y no olvides sobrino que ellos te siguieran siempre queriendo.
En la plaza no dejaba de llover y José no tuvo que salir de los sopórtales para ganar la cafetería del tío Gamuxo. Al entrar en la cafetería detrás del mostrador se hallaba la esposa de Antonio Gamuxo, una mujer voluminosa con la obesidad blanduzca y el cutis enfermizo que se produce al habituar el organismo a una continua oscuridad y la asfixia del tabaco y a su lado su hija Teresa sirviendo a los clientes sin dejar de observarle con gran simpatía.
– Bienvenido José y un abrazo pues mi esposa y yo así como mi hija Teresa no dejamos de mentarlo. ?¡Pero cómo siempre esta usted tan ocupado con sus estudios!…
–¡Vaya, vaya! ¡Qué sorpresa!. ¡Cuánto me alegro de verlo dijo con una sonrisa y un beso sonoro la señora Matilde y fue en ese instante cuando notó en las dos mujeres cierta diferencia en el trato!. Después se agotó el repertorio de frases halagadoras y al sentirse perturbadas las dos mujeres sin saber que decir volvieron a sus quehaceres.
Todas los días y al anochecer se reunían allí los amigos de él y, en sus tertulias terminaron por crear un equipo de fútbol a si como un peña de seguidores del equipo provincial y mismo si el Gamuxo quiso impedir siempre los porros en su establecimiento le fue imposible llegar a controlarlo.
–¿Cuándo dejaran de fumar esa hierba, estos granujas?. Gritaba cada vez que salía del fondo del café el señor Gamuxo. – ¿Qué les habré hecho yo para que vengan a desacreditarme el establecimiento?. ¡Nada, un dia tengo que sacarlos en medio de la plaza, ya que han están traicionado mi confianza!.
¡José, no pudo más que reírse de la forma que él arbitró como le llamaban al tío Gamuxo reñía a sus amigos!. Gamuxo, al ver como José reía, protesto de nuevo recordándole que él, guardaba buenas relaciones con ellos y que si no se cuidaba se perdería como ellos. –¡Vaya asco! ? ¡Como si este estudiante de poca monta hubiese asistido a cursos sobre la materia o conociera los problemas que estaba causando la dichosa droga!.– ¡José, vete al carallo, no me digas que tu aun vives en otro mundo!. Al fin, José, en vista de las continuas protestas de Gamuxo, decidió bajo la mirada, cariñosa de Teresa pasar a la sala donde se reunían sus amigos. Él sabia que Antonio Gamuxo le apreciaba como muchacho serio y estudioso pero, además, sabia que a José le tenían cierto respeto todos los jóvenes del equipo y eso le animaba a considerarle capaz de imponer cierta seriedad entre ellos.
Al entrar en la sala, saludo a todos, a la vez le alegro ver como la mayoría de sus amigos se levantaron para abrazarlo con gran simpatía y poco después la animación fue surgiendo de nuevo en la sala. Pero al fijarse en los rostros de sus amigos fue cuando reconoció que Gamuxo y su tía Inés, estaban lejos de saber en la situación calamitosa que se encontraban sus amigos. Estos en su mayoría se hallaban sentados en los cómodos sillones de la sala con los ojos perdidos en el techo como si se sintieran en el séptimo y eterno cielo o algo más allá de la gloria y mientras un olor pestoso a marihuana se extendía por la sala. Alguien le ofreció un canuto o un poco de “chocolate”, que era el argos que usaban ellos para denominar a estas drogas y a la vez se justificaba a legando que no hacia más mal que un simple cigarro. No obstante José, se negó en todo momento en aceptar dicho veneno.
Después se acerco su mejor amigo, que adormecía al fondo del salón y que no era otro que el hijo de Ramona la vecina de su abuela que le pregunto: –¿Eres tú, José?.
–Soy José, tu amigo. Su amigo como si buscara su voz, entreabrió los ojos y miró como si una sombra se cruzara sobre el techo, a la vez que como un autómata era incapaz de controlar los movimientos de su cabeza por encima de su hombro. Era como si la figura de su amigo José, aun difusa tardara en llegarle.
–¿Amigo Vicente,? sabes que sé té esta muriendo de pena el corazón?. ?Debes de pensar más en ti. Té estas matando. ?Mi buen amigo, piensa más en tu situación.
–José, ya sé que vienes a contarme que Macarío murió de una sobre dosis, y que Juan Sánchez esta gravemente enfermo. ?Pero eso ya lo sé.
?No te fijes tanto en los demás y no te apures por mí. ?PuesYo tengo guardado mi dolor en un sitio seguro y lo que deseo es que se apague mi corazón cuanto antes.
–¡Vicente he venido a ayudarte!.
–Entonces adiós José, dijo con desprecio Vicente. – No insistas, no te necesito. –¿Por qué Vicente no dejas que te ayude en tu desconsuelo?. Dijo José intentando protegerle con sus brazos, a lo que Vicente con un brusco gesto le rechazo. –«Vicente buen amigo no dejes que se te apague el corazón; sé fuerte y no permitas que la pereza te destruya. Después vio como su amigo se alejaba con paso torpe, en busca de un sitio más tranquilo de la semi-oscuridad de la sala, mientras una música repetitiva y sin ninguna armonía sin más le traspasaba los témpanos. A la vez un grupo reducido de jóvenes, con vulgar torpeza bailaba sin ritmo ni concierto, a la vez que sujetaban en la mano un vaso repleto de alcohol y en sus bruscos movimientos una bola de luz de todos los colos que giraba en el centro de la sala hacia de ellos continuos y absurdos gestos. Luego quiso acercarse a Lorena, la hermana de Vicente; pero tuvo que esperar al estar ésta bailando abrazada a un hombre mayor que ella, a la vez que observaba que apenas los dos eran incapaces de tenerse de pie.
Sé hacia imposible soportar aquel zumbido, pero por desgracia la música seguía tocando sin ritmo ni concierto y ante esta situación sentía que la cabeza le explotaba. Poco después vio que Lorena caminaba con los pies descalzos por el pasillo a la vez que se tambaleaba y hablaba sola. José aprovechó la ocasión y se acerco lo más posible para poder hablarlar en el oído, pero ella sacudió la cabeza y con una triste sonrisa le miró con cierto desprecio y le dijo: – Déjame tranquila que estoy cansada y tengo mucho sueño. Por todo esto con gran tristeza, José no pudo evitar que ella sin volver a levantar la cabeza se alejara cubriéndose la cara y sollozando.
José, quedo a la vez un instante meditando, con la cabeza caída y atento a su llamada; pero al ver que esto no sucedía, se acerco de nuevo y le dijo: – « ¡Hay, Lorena, lo preocupada que esta tu madre por ti y tú lo arreglas todo llorando!». No hubo contestación a sus consejos, y ante las circunstancias, cruzó la puerta de la sala y sin despedirse de nadie salió a respirar aire fresco a la calle.
José sintió el olor agradable de la humedad de la lluvia y se asomó por ver como por los canalones de los tejados apretaba su lluvia para después más tranquila buscar los sumideros de la calle. Luego siguió caminando bajo su paraguas y como la lluvia no arreciaba recordó cuando su abuelo le explicaba que dependía del lado que llegaban las nubes, que así se calculaba el tiempo que iba a seguir lloviendo.
Serian más de las tres de la madrugada, cuando llego a su casa. –¿Quién es? –Pregunto con voz soñolienta el abuelo.
–¡ Ricardo, es José tu nieto!. Su abuela Asunción se fue hacia la puerta de la cocina, para aparecer poco después con un par de huevos fritos con tomate y acercarse a él dijo: –Nos tenias preocupados por tu tardanza. ¿Dónde estuviste?. ?Pues vinieron a buscarte tres jóvenes y entre ellos, Vicenta la hija del veterinario.
–Abuela estuvo con tía Inés y después fui a ver a mis amigos a la cafetería y vengo desmoralizado. ?¿Usted no sabe abuela lo que visto en esa cafetería?. ? ¿La verdad es que yo no me imaginaba en que estado se hallaban mis amigos?. ? Le aseguro que yo estaba dispuesto a ayudarles, pero tendré que dejarlos por que ya es demasiado tarde.
–¿Hijo que puedes hacer tu?. ?Ellos se lo han buscado y te aseguro que se les a podrido el alma.. ?¿No es cierto?. ? ¿Y no me digas hijo que no es cierto?
José se despertó tarde, murmurando algo que formaba parte de la pesadilla que soñado había tenido. Su nueva situación le había creado, un exacerbada angustia que después de todo lo que le había ocurrido en las últimas cuarenta y ocho horas y seguía preguntándose que era exactamente lo que podía hacer: ?«¿Habría llegado a juzgar muy severamente a sus amigos?». Pero poco a poco se fue tranquilizando y comprendió que había tantas preguntas a sus respuestas que decidió dejarlas en el aire.
Al día siguiente se levanto tarde y como tenia por costumbre los domingos se dirigió sin prisa a la plaza que era donde se centraba todas las actividades del pueblo y una vez allí como siempre se acerco a la cafetería de Gamuxo que se hallaba hasta los topes. El aperitivo era algo que los españoles sobre todo los días de fiesta no perdonaban y por eso con tanta clientela los camareros realizaban su trabajo entre chillonas voces. Con cierto disimulo y después de una rápida mirada se dirigió hacia la barra donde se hallaba Teresa atendiendo la caja.
Tengo que reconocer que ese día Teresa con una blusa de manga corta y un escote tan pronunciado que hacia visible el principio de sus voluminosos senos estaba radiante. La verdad es que nunca había visto nada tan deslumbrante como la belleza de sus pechos. – ¡Hola Teresa, como veras ha parado la lluvia!. Teresa que había oído mal sus últimas palabras, se levantó e inclinó con cierta malicia su busto hacia él. ¡Qué buena actriz era Teresa, sabia de su poder de seducción!.
–¿No me podrías servir una copa?.
–¡Para ti José, yo tengo todo lo que me pidas! Y le sonrío de nuevo con esa sonrisa que recogía todo lo que había de bueno en su interior para a él. José apoyo sus codos en él mostrador y perdiendo de nuevo su vista entre el exuberante escote le dijo: –¡Pero en serio, no puedo creerte!. ? ¡Perdona Teresa, pero no he debido de entender!
–Eres un mirón, – exclamo divertida Teresa.
–Sólo estaba mirando tu blusa.
–¿Es que no te gusta?
–Claro que me gusta. ?¡Eres una muchacha muy bonita!. ?¿Pero porqué llevas tanto escote?.
–Mis amigas dicen que ahora en España somos más libres y hay que estar a la moda. Explicó humildemente ella.
–Es una materia que no voy a dominar nunca bien, sobre todo si se trata de la mujer que me gusta.
–¿No me digas José que estas celoso de que los hombres me miren?.
José sonrió torpe e incapaz de hacer frente a su pregunta, guardo silencio a su pregunta; pero al no poder prolongarlo más tiempo, sin pensarlo más le soltó todo lo que llevaba dentro.
–¡Teresa, estoy locamente enamorado de ti, por eso me he planteado ser tu novio!. ¿Qué piensas?.
A Teresa a la vez que se le ilumino el rostro, exclamo mientras se retocaba su peinado: –¡Caray! –¿No sabes cuanto tiempo llevaba esperando esta declaración de tu parte?.
–¿Que quieres decir con eso?.
–Pues lo que he dicho, que aceptó aunque a tus ojos parezca una joven muy moderna y excéntrica.
–La verdad Teresa, es que eres encantadora, al darme esta oportunidad.
Todo el mes de agosto, Teresa y José se vieron todas las noches, pero recuerda que una noche, se le apagó la voz hasta hundirse en su interior. Todo sucedió cuando sintió que se clavaba en su pecho el prieto sujetador que llevaba ella y ante tal situación ocurrió lo que tubo que ocurrir. Pues la tenia tan cerca que dudo en besarla con tanta intensidad que casi no podía respirar; pero ante la dulzura sus labios siguió besándola. El beso fue tan prolongado que ella se fue doblando más y más hacia él que se asusto. Es verdad que no era esto nuevo para él, ya había sentido la pasión del amor en más ocasiones; pero ahora se sentía ahogado y sumido entre amor e incertidumbre. ¿Qué maravilla es besar cuando sé esta enamorado, penso con respiración entrecortada?. Luego al sentir la respiración jadeante de Teresa en su hombro, no pudo por menos de y estrecharla más fuertemente a la vez que la beso de nuevo, para des pues preguntarse:? «¿Era esta una invitación o una indicación de que estaba dispuesta a todo?».
Ante esta apurado situación que se había creado, él poseído por una irracionalidad masculina se dijo que tal vez era él que tendría que dar el siguiente paso ya mientras su corazón le continuaba latiendo fuertemente, ella seguía respirando sofocada. Es verdad que era difícil poder controlar tal situación que le arrastraba a cometer una locura de la que un día podría arrepentirse: ?« ¿Santo cielo ? debía de pensarlo antes de cometer una locura?. Él no podía hechor en saco roto los consejos de su tía y, además, después de lo que había visto en su cafetería sobre las contagiosas y graves enfermedades derivadas de las drogas o como mal menor un embarazo prematuro. Después también se acordó de su madre y intentar frenar sus impulsos y no pasar a los actos. –¿No, no podemos cometer una locura de la que tengamos más tarde que arrepentirnos?.
–¿Estas bromeando? Dijo Teresa, separándose bruscamente de él, al tiempo que intentaba relajarse: –Háblame de ti ahora. ?¿Cuales son tus intenciones?.
–Teresa, Sólo tengo una y es convertirme en un buen abogado.
Fue al escuchar las palabras de José que Teresa se dio cuenta que José no bromeaba que forzó una sonrisa.
–Me parece muy bien. ?¿Pero y yo que cuento para ti ? Nada o un simple pasa tiempo?.
–No, no es eso. Pero si te pido que seamos prudentes. ?Al parecer son los hombres siempre más impulsivos que las mujeres, pero te pido Teresa que esperemos el momento en que mi situación sea mejor.
–¡José, me parece que tu no eres sólo prudente sino que tienes miedo de mi vida privada, también té falta confianza y eso me da mucha pena!. ?No, no hay necesidad de comprometer tu salud ni tu carrera y como creo que hablas en serio y tienes miedo dejemos las cosas como están. Después Teresa rompió a llorar y se fue alejando por el camino hasta perderse entre follaje de la alameda.
«Pobre de ella. Se ha de haber sentido incomprendida y abandonada», se dijo luego José, al ver en el estado en que Teresa le había abandonado. «Nos hicimos la promesa de querernos mucho y a la primera dificultad, se acabo todo». Teresa era tan bonita, tan, digamos hermosa, que el no hacerla suya; no era más que la justificada causa que llevo a su madre a la irreparable situación en la que él se encontraba.
Él imaginaba ver aquello a través de los recuerdos de su madre y de la nostalgia de sus abrazos y suspiros. Siempre la recordaba por sus continuos suspiros, por un hombre que nunca quiso dar su nombre. ?«¿Quién será?» Volvió a preguntarse, mientras un rencor vivo iba ganado de nuevo sus sentimientos. ? ¡Qué pena sentía, al recordar a su madre!. Siempre guardaba en el bolso de su camisa junto a su corazón la única fotografía de ella, que un día les robo a sus abuelos escondida en un armario y desde entonces la guarda como su mayor tesoro.
Después, se dio la vuelta y acelero el paso al percibir que una lluvia fina le calaba la piel, además, sólo quedaba él en la oscuridad de la noche el fino ruido de la lluvia que había terminado silenciando el murmullo de los grillos. Sin prisa, y calado hasta los huesos no quiso volver al pueblo y dirigió a su casa. –¿Qué esta haciendo abuela?. –¿Parece que esta usted rezando?.
–No, hijo, solamente estaba viendo llover. Su abuela le miró con aquellos ojos grises y apagados y como queriendo adivinar lo que había dentro de él. –¿Qué té pasa José? ?Tu cuerpo esta mojado como si hubieras abrazado la lluvia.
–Abuela, vengo triste y no sé quien puede ayudarme?.
–¡Bueno José, te diré que yo sólo puedo consolarte momentáneamente, pero en tus amoríos eres tú el único que puedes solucionarlo!. –¿Hijo, que puedo hacer yo más que rezarte un rosario?.
Por la noche siguió lloviendo y sin poder dormir entretuvo su tristeza mirando caer la lluvia y los continuos relámpagos que iluminaban su cuarto y suspirando su tristeza terminó por oír una tras otra las horas del reloj de la iglesia. Hasta que por fin, la madrugada fue apagando sus recuerdos y sé quedó dormido.
Días después, por fin le llegaron los documentos para su admisión en la Universidad de Madrid y su fecha de presentación seria el 22 de septiembre. Una semana apenas le quedaba para preparar su viaje y por eso decidió ante todo despedirse de la familia y amigos. Las ocho de la noche serían cuando salió, para hacer la visita prometida a su tía Inés; pero como tenía que ir a la Plaza Mayor, aprovecharía también para despedirse de sus amigos en la cafetería de Gamuxo.
Al llegar a los sopórtales de la plaza le sorprendió un importante grupo de chiquillos creando un ensordecedor e insoportable griterío. Eran los hijos de su tía, los cuatro hijos de Ádega la buñolera y los de Marujita Buciños la mujer de Ricardo el aguacil. ?¿De dónde habían salidos aquellos niños?. Pero reconoció que eran la alegría y el estorbo del barrio a través de sus gamberradas cada vez más sonadas. Algunos llevaban entre sus labios, un cilindro de plástico imitando un cigarro encendido y en aquel murmullo ensordecedor dos chiquillos se le abrazaron al cuello para decirle: ?¡Hola tío, somos tus sobrinos aunque no nos hallas reconocido!. Con cierta alegría José quedo recopilando los años que separaban a sus sobrinos y admitió que no les había reconocido aunque si con cierta que le causo alegría él volver a verlos así como sus actitudes abiertas y los tanteos de su fiereza.
El comedor de su tía Inés se hallaba situado al poniente, por eso estaba caldeado como un horno y en el se hallaba su tía Inés y una señora mayor que hilvanaban junto a la mesa a la vez que charlaban en voz alta a causa de la sordera avanzada de la señora en cuestión. Su tía al verle se levanto y la señora sorprendida por su presencia dejo también la costura. ?¡Hombre! Dijo sonriendo su tía Inés sin dejar de abrazarle… – ¡ Mire doña Vilariño es mi sobrino José, el hijo de mi hermana Margarita!.
¡Cuanta ternura brilló en los ojos de su tía al mirarlo, a la vez que él, la acariciaba con los suyos ya que siempre fue para él como una madre!.
Turbado por la presencia y las continuas frases de ternura de doña Vilariño y a quien poco conocía José termino por no separar sus labios. A la vez que la miraba con la mima atención que se asemeja a la estupidez. Por último con esperanza de que cesaran sus besuqueos la dijo: ?¡señora…no me bese más, que no soy tan santo!. Después más tranquilo, disimuló observando el reloj de pared que era más viejo que el tiempo, pues su mecanismo parecía no tener más misión que ahuyentar las gordas y atrevidas moscas que se hacían cada vez más pesadas. Por lo contrario de las paredes colgaban cuadros modernos adquiridos sin la menor duda abajo precio en algún mercado, así como retratos de sus tíos, hijos y de sus abuelos. Aunque no llegaba a comprender por qué no había ninguno de su madre, ni aquí ni en su casa de sus abuelos. Luego, volvió la vista para observar de nuevo a la señora Vilariño, que no tardó en preguntar a su tía por su hermana Margarita.
–¿Inés sabes que sigo inquieta por lo que sucedió con tu hermana Margarita?
¿Señora, me puede decir por que pregunta ahora por mi hermana?
–¡No por nada, por simple curiosidad!
–Señora cuidado con lo que habla y le aconsejo que no haga ningún mal comentario sobre lo que ocurrió con mi hermana.
–Yo te juro Inés que no quería ser imprudente contigo. Dijo ella con los ojos húmedos por las lágrimas, a lo que después su tía ya más tranquila la miró con pena para decirla: –“Tonta”, no ha sido para tanto. ?Las mujeres lloramos por cualquier cosa, pero le pido que no vuelva a tocar el tema y tu José por favor siéntate aquí hasta que venga tu tío.
Su tío llegó a su casa como todos los días pasadas las nueve de la noche, fatigado, triste y pensativo. Al entrar le abrazó sin fuerza y soltando el bolso que llevaba la comida al trabajo, apoyó los codos en la mesa del comedor y se limitó a pedir que le sirvieran la cena. Para su tío, la sola ilusión existente, era el Deportivo de la Coruña su equipo de fútbol preferido y su único gozó era cuando ganaba su equipo y la bebida. Era el prototipo de hombre perfecto de la miseria disimulada. Después, José siguió por intervalos paseando su mirada por la mesa, en espera de una pregunta por parte de su tío que no llegaba; hasta que media hora después de llevar sentado, observó que se había producido un cambio perceptible entre sus tíos, ya que de pronto dejaron de hablar y esto a él le pareció como si se sintieran a disgusto con su presencia.
Luego José respiró hondo hizo un esfuerzo y dirigiéndose a su tía con el fin de lograr abrir de nuevo la conversación les dijo: –Resulta…–Bueno tíos, esta parte del verano llega a su fin y la semana que viene saldré para Madrid ya que ha sido aceptado mi ingreso en la Universidad y es por eso que vengo a despedirme de Uds.
–Me alegro de que todo vaya saliendo bien y, además, haces muy bien en tocar el asunto, porque Adolfito Mazo, el hijo de Merexildo el constructor, también ingresa en la universidad de Madrid. ? ¿Te debes acordar de él, dado que fue al liceo contigo y más tarde siguió sus estudios en la universidad de Santiago? ?¿Por qué no vas a verle? ? ¡Tal vez pudierais llegar a un acuerdo en lo del viaje!.
Al entrar en el café restaurante de Gamuxo, uno de pronto se halla en la mayor penumbra al estar cargado el local del humo del tabaco y de los refritos de las sabrosas comidas que llegaban de la cocina. La primera mirada de José fue directa al mostrador en busca de Teresa y no fue difícil encontrarla ya que acaparaba la mirada de todos por su belleza. Teresa no tardo en darle las gracias por su visita con esa sonrisa radiante de reconocimiento que la caracterizaba.
Durante un buen rato estuvo encantadora y muy atenta con él, pero cuando le dijo que venia a despedirse de ella porqué marchaba a Madrid; paso a dejar de ser graciosa y a ser mordaz, para finalmente reprocharle que había desbaratado con su triste noticia todos sus planes. –¿De verdad me quieres tanto?. Pregunto José.
–¡No sabes cuánto! ¡Te deseo terriblemente! ? Mira vámonos ahora mismo a mi cuarto y te lo demostrare. José dejó escapar un pequeño suspiro entrecortado, y mismo si no pudo bien entender lo que le había dicho los gesto y el tono eran suficientes para llegarle la vibración de aquel enamorado gestó. Nunca le había pasado esto y su declaración le causaba tanta emoción y tan honda que reconocía que nunca hasta ahora lo había sentido.
No cabe la menor duda que era la mujer más bonita y atractiva que había conocido nunca. –¡Teresa, yo también te deseo, pero no puede dar ese paso ya que los recuerdos de mi madre me lo impidieron y todo porque tú para mí no eres una mujer como las otras!.
–¡Eres muy romántico José!. –¿Pero que puedo yo esperar de todo esto?.
–Teresa, tú lo sabes bien. –respondió él con expresión grave.
Teresa, sin esperar la respuesta, miró fija a los ojos de José y recogiendo sus manos entre las suyas le dijo: – ¿No sé si podré esperar tu vuelta, sin hacer una locura y buscarte por todo Madrid?. ?¿Crees tú que es eso lo que debería de hacer?. ? ¿Pero por favor te lo suplicó?? Mientras tanto, no se te olvide escríbeme todos lodos días.
Si importarla la mirada atenta de los clientes, ella se puso a llorar en silencio, y ante tal situación José separó sus manos de ella y sin decirse nada se fue alejando hacia el fondo del establecimiento con el fin de despedir a sus amigos. No sin antes observar de reojo como a Teresa la era difícil contener su amargó llanto y por eso abandono el mostrador entre sollozos como podría ocurrir a toda mujer realmente enamorada.
CAPÌTULO IV
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amar i ser amado
GRACIS Y SIGUE
CAPÌTULO IV
Adolfito que era como todos le llamaban, no puso ninguna objeción de hacer juntos el viaje a Madrid en su automóvil. Se conocían desde niños, y desde entonces Adolfo no había cambiado, seguía siendo un joven extravertido y de una simpatía contagiosa. Reconocía era buena persona, como también su entusiasmo y las ansias de vivir, que se manifestaban en él con extraordinaria fuerza; pues vivía una juventud apasionada debida a su buena fortuna. “O la de su padre como él bien decía”.
A las ocho de la tarde entraron por el autovía de la Coruña, para después dirigirse por Puerta de Hierro a la Ciudad Universitaria. Pero al irse acercando acercando a la capital y por ser domingo la circulación iba creciendo hasta terminar provocando largos atascos. No obstante reconocía que el tiempo era hermoso, una tarde primorosa de finales de verano y don al ir acabándose la tarde el sol poco a poco iba oscureciendo su cielo azul.
Al llegar reconoce que fue Adolfito el que le ayudó a gestionar todos los pormenores de su admisión en la portería de la residencia universitaria, luego se despidió con la promesa de seguir siendo buenos amigos y le dio las señas de sus tíos en la calle Fuencarral que era donde él se hospedaría. –¡Adiós compañero y nos veremos en las aulas!.
Días después todo entró en orden y la verdad es que se sentía satisfecho de su nueva situación. No podía quejarse de la residencia: la comida era buena, la habitación amplia y limpia y una gran cordialidad reinaba entre los alumnos.
Pasaron varios meses sin que sufriese grandes alteraciones en su monótona vida que no fuera el roce de los codos de su chaqueta contra la mesa que le serbia para estudiar en su holgada habitación en la universidad. Era natural que fuese así, ya que se había hecho la idea que sus estudios eran lo más importante por el momento en su vida y lo único que le tranquilizaba. Era como si el tiempo que le quedaba para terminar su carrera, estaba marcado en rojo en su calendario, y si todo iba bien, apenas le quedarían dos años más y ese día sería el hombre más feliz de este mundo.
Bien se acordaba de Teresa, y de los días pasados con ella así como de sus besos y sus continuos alegres paseos y si es verdad que sus caricias habían sido tristes, desesperadas y algo semejante al desconsuelo. Ella le faltaba, y apesadumbrado se dirigió al amplio ventanal de su habitación, para observar los primeros copos de nieve del invierno que caían con insistencia sobre la vaguada del Manzanares. Pero después al observar atentamente el cielo gris cubierto de nubes, se irritó a un más ante su cada vez más exasperado amor por Teresa y su tristeza se hizo cada vez más insoportable al divisar que el horizonte se oscurecía impidiéndole ver con claridad la nevada y hermosa sierra de Nava-Cerrada.
Era raro el día que Adolfito Mazo, no le hablará de su don juanescas aventuras de las noches que pasaba con sus amigotes en este bullicioso Madrid que él llamaba “la Movida Madrileña” y de la que el siempre había huido. Bastaba con recordar su pasado y detenerse en los años de su infancia sin madre y sin más consuelo que el amor de sus abuelos. Estaba condenado a sufrir dado que su memoria siempre le hablaba de su existencia anterior; recuerdos que eran siempre confusos y disgregados en turbias lagunas.
Ante la insistencia de su amigo de pasar la Noche Buena con sus tíos, José terminó por aceptar y como él no conocía bien Madrid le pidió que lo llevara. Jacinto Mazo y Margarita Ridruejo, los tíos de Adolfito se sentían madrileños de pura cepa dado que él, a sus dieciocho años emigró a Madrid y las cosas le fueron bien.
Ese día también conoció a Rita, que era como la llamaba Adolfito a su ultima conquista. Rita era una muchacha alta y bien hecha, con las carnes muy blancas, el cabello negro, los ojos más bien verdes, aunque más bien pequeños y feos; Pero a la vez tenia un carácter resentido, mordaz, despechado, practico y egoísta. Al parecer su padre tenia un negocio de alquiler de vestuarios, lo que le permitía en muchas ocasiones vestir con cierta extravagancia y esto la llevaba a veces hasta la pura bobería. “La Rita” trataba de casarse con él, pero sin demasiadas esperanzas de conseguirlo, dado el carácter alegre y despreocupado de su amigo.
Anastasio el padre de Rita y el tío de Adolfito, eran amigos de siempre y a su juicio era más estúpido que su hija aunque según todos era todo un experto en política. Pero la verdad es que era un pesado que sólo tenia en la cabeza conseguir doctrinar a todo aquel que tenia la paciencia de escucharle. Pero admite que hubo momentos en que estuvo por decirle claramente que él tenia las mismas ideas de sociedad que cualquier oportunista faccioso y sin haber sido renovadas por los últimos acontecimientos que se desarrollaban en la España “pro-franquista”. No obstante al no haber nadie que tratara de sugerirle, terminó por aguarlos a todos la sobre mesa. Además, el padre Rita era un hombre barrigudo, de estatura más bien baja, calvo y sin faltarle el clásico bigote fascista. A la vez su nariz aguileña y su torcida boca que parecía sonreír en continua falsedad le hacia más desagradable todavía su feo rostro. A la vez Rita y su madre que estaban sentadas frente a él, terminaron por crearle una situación embarazosa por sus continuas miradas y preguntas sobre su persona
Durante toda la cena, Elvira la mujer de Anastasio y madre de Rita, no abrió la boca y casi no toco la comida no le quito el ojo de encima. Su mirada penetrante y grave, le hizo enrojecer en varias ocasiones y por ese motivo no tuvo coraje de protestar cuando el pesado de su marido no decía más que estupideces. Pero la verdad es que no hubiera servido de nada, porque en realidad no era más que un engreído pequeño burgués, sin más cultura que la asimilada por el adoctrinamiento del régimen franquista. No obstante fue después que comprendió que estaba medio borracho como la mayoría de los barones el día de noche buena. En aquel momento reconoce que tuvo compasión de él, aunque con los años comprendió él porque todos ellos se cebaban políticamente en su persona como también aquellas miradas penetrantes y burlonas hacia él.
El silencio estuvo un buen rato en la sala y fue cuando comprendió que todos esperaban de él una respuesta a las continuas insinuaciones políticas que el energúmeno del padre de Rita repetía. La verdad es que no se sentía cansado de sus insinuaciones, lo que sí quería saber era el porqué de sus ataques políticos hacia su familia. Pero fue más tarde que comenzó a comprender que tanta insinuación estaba relacionado a que su madre tuvo que ver con los últimos acontecimientos políticos de la España Franquista.
–¿ Hijo en qué piensas? ¿Por qué pones esa cara?…
–Estoy cansado qué todo el mundo me mienta y, además, me siento incapaz de guardar rencor a nadie. Pero reconocía que no era verdad ya que aquel misterio sobre su madre le iba poco a poco calando hasta el alma.
–¡Vamos, vamos! – Dijo Margarita la tía de Alfonsito, que parecía ante sus ojos más simpática y humana.
–¿Qué necesidad un día como hoy de llegar a esta situación?.
–Perdòneme, pero a veces me parece imposible, seguir sin saber nada sobre mi madre. «De ella sólo supe que tenia unas ideas precisas sobre los curas y la religión; pues según mis abuelos decía que eran cosas muy bonitas, pero que los ricos seguían siendo ricos y los pobres seguían siendo pobres». José dijo esto con un tono particular, como dando a entender que la conversación había sido en todo momento molesta para él, y mismo si alguno pensaba que él había perdido la cabeza, decidió no sonreír, mirarles fijo los ojos y decirles: – «Se ve que los nuevos ricos de ahora saben mejor rezar que los pobres de siempre».
Él pensaba que su madre llevaba razón sobre la religión, pese a que él sabia que había sido antes muy practicante. No obstante como todo le había ido en los últimos años tan mal que la adversidad la había cambiado sus ideas y, además, estaba convencido que su madre era una rebelde con causa
Para él, estos nuevos ricos hablaban así de la situación política, sobre todo después de una noche copiosa de vino. Pero no cabe la menor duda que ignoraban todo lo concerniente de la horrible represión que el régimen había ocasionado a lo largo de los cuarenta años de lucha antifascista. Es verdad que cuarenta y siete años después de iniciarse la más feroz guerra civil española, y a los nueve meses justos de la muerte del dictador victorioso que durante casi medio siglo mantuvo al país sometido a su absoluto dictado personal. Por fin las dos Españas se pusieron de acuerdo y fueron capaces de hablar entre ellas sin puñales ni venganzas.
Por primera vez se diría que el lentisimo deshielo de las brutales pasiones surgidas por la contienda civil había llegado su termino. Por fin empezaba a dar los frutos la posible concordia nacional y vencedores y vencidos, gobierno y oposición hizo posible la concordia. Los unos salieron de las cárceles y los otros arriaron la insoportable soberbia del vencedor. Pero para estos energúmenos cargados de alcohol, les era difícil hablar después de cuarenta y siete años de dictadura de la “reconciliacion-nacional”. Y además por eso los muy cerdos, continuaban entonando canciones bélicas y silenciando los fusilamientos y el exilio y cárceles de los otros.
Nostálgicos y desorientados del franquismo, eran estos fachorras, que todos los años desde que murió Franco asistían a todas las manifestaciones organizadas por los leales y nostálgicos en la plaza de Oriente y estaba seguro que se preguntaban: « ¿Por qué y cómo el cambio se ha producido sin contar con ellos?». José los imaginaba, vestidos de azul oscuro, gritando en la Plaza de Oriente «¡Traidores! ¡Traidores!». «¡Las cosas no ocurren porqué sí!».
Después el padre de Rita, intento sin conseguirlo apoyarse en los hombros del tío de su amigo que a la vez también apenas se mantenía de pie: – «¡Traidores! ¡Ingratos!». Siguieron chillando los embriagados energúmenos hasta que el padre de Rita, mando callar a Jacinto a la vez que le dijo: –«Ya te dije hace tiempo que el Caudillo era irremplazable y que fue un regalo de Dios, porque con su ayuda España se libero de la Internacional Marxista».
Con gran dificultad la madre de Rita, consiguió sujetar a su marido que con voz gangosa, seguía repitiendo a su amigo Jacinto: – «La muerte del almirante Carrero Blanco fue, sin querer, la obra maestra de sus asesinos, pues sin él la situación política en España giró 180° grados; ya que Carrero Blanco estaba llamado a ser el puente en la sucesión».
–¡Compadre!. Dijo Jacinto cortándole la palabra a su amigo, a la vez que se recostaba en los hombros de su mujer que sentada en la mesa, seguía con indiferencia los cantes y frases entrecortadas de su marido.
–Por ultimo, querido amigo diré que no fuimos capaces de propiciar un frente común franquista, en las fechas que Blas Piñar, Giron y Reimundo Fernàndez-Cuesta arengaban en Fuerza Nueva y como también Mariano Sánchez Civisa jefe de los Cristos Rey que declaraba la necesidad de la unión mismo si había que usar la fuerza de nuevo. –« ¡Margarita, saca del armario la Cruz de Hierro, medalla que me entregó el Gobierno Alemán por mi heroica conducta en la División Azul!»
José, no pudo por menos que sonreír al ver como el tío de Alfonsito intentaba con gestos provocativos enseñarnos su medalla, para después, con el brazo en alto cantar él “Cara al Sol” – ( el himno de la falange). A la que vez sus mujeres asustadas les pedían que se callaran por miedo a las posibles denuncias de los vecinos.
– «Sí Margarita, me callare - las cosas han cambiado ha peor»…
Dada la circunstancia y tras un momento de reflexión, José esta vez le pareció que debía de intervenir y responder mismo si su amigo le hacia señas con la cabeza para que no lo hiciera. No, no podía más y en aquel momento; quiso hacerles comprender que él no era indiferente a las continuas provocaciones contra él y su familia.
–«¡Vivan los rojos!». –«¡Viva la Reconciliación Nacional!». Que puso en practica todas las corrientes políticas democráticas en el comunicado de siete condiciones que elaboro la reforma. –«¡Vivan los rojos!»: maoístas, comunistas, anarquistas, socialistas, sindicalistas de izquierda, demócratas cristianos, liberales, socialdemócratas y grupos nacionalistas, que fueron capaces de ponerse de acuerdo en un documento tan sereno, tan realista y tan realizable; que permitió a España respirar optimismo por una vez. Y sepan ustedes, que en esa problemática transformación política de nuestro país hacia la democracia, pienso que fue decisiva la contribución aportada por los “llamados rojos” en su pensamiento profundo humanista y liberal, un pensamiento critico hacia las radicales posturas de la anterior sociedad totalitaria y fascista. –Señores, ustedes no saben lo hermoso que es la libertad, dado sus sentimientos conservadores y yo les pregunto: – Porque no son ustedes más inteligentes y hacen como el camaleón de Fraga Iribarne, nuestro paisano que a creado el Partido Popular(P.P.), un partido de ultra derecha capaz de organizar un fascismo camuflado.
–¡Claro! Dijo con una rabia sorprenden, el padre de Rita. Ustedes lo que quieren es libertinaje como esos que pregonan la “Movida Madrileña” y que solo son una banda de mari… como Almodobar y compañía. –¡Pero se equivocan todos ellos nosotros, los patriotas, no permitiremos sus demadreos!.
José, no tardó en levantarse al comprender que la situación era insostenible y observar como todos guardaban un silencio sepulcral a la vez que le miraban con ojos fríos y desorbitados termino diciendo: –Quería decirles todavía algo. –¡Ya no puedo más!. –Quiero que sepan que si mi madre por lo que dicen fue una roja… –sus motivos tendría…
Después la madre de Rita, rompió el silencio alegando con una ironía que le pareció llegar hasta el fondo de su corazón. –Se ve que tienes mucha necesidad de tu madre.
–Sí, señora.
–Pues quiero decirte todavía algo más. ¿Té as preguntado alguna vez, porque tu madre te abandonó y siempre te ocultaron el nombre de tu padre?. –Bueno, de todos modos, es tu madre y madre sola hay una… –Obra según tu conciencia?.
La señora dijo estas palabras en un tono tan particular, que José comprendió que la velada había acabado y con voz apagada la dijo: –«Gracias señora por sus amable palabras» y, sin sonreír la miro con desprecia a la cara y con voz entre cortada le pidió a su amigo que lo acompañara a la residencia.
Durante el regreso no hablaron ninguno de los dos, pese a que Alfonsito a la vez que conducía el automóvil continuaba afligido y mirándole de reojo. La verdad es que el silencio no le molestaba porque sentía que su amigo no compartía para nada las ideas de sus familiares y amigos. Por eso quiso demostrarle su agradecimiento por su invitación y decidió hablarle no sin antes respirar con placer el viento frió que soplaba en la cara - a través de la ventanilla abierta del automóvil.
Después su amigo al despedirse, le cogió por el brazo y le dijo en tono de conversación confidencial y apacible: –Se ve que no conoces bien a la gente mayor y por eso te disgustas con ellos. –Pero la verdad es que no ven más allá de sus propios intereses. –Tú debes comprender… y si estas preocupado por lo de tu madre, debes de obligar a tu familia a que te diga la verdad y quedaras para siempre más tranquilo…. –Pues ni los amigos de mis tíos, ni ellos saben más que los rumores que corren por el pueblo.
–Estoy cansado de verdad. – Pero estimado amigo, si supieras el sentimiento que experimento en todo momento por ella: – un sentimiento de complicidad y de ternura, un sentimiento que va más allá del normal cariño de un hijo por una madre. – ¿No sé si seré capaz de esperar a terminar mi carrera, ya estoy cansado de tanta mala lengua e insinuaciones continuas?. – ¡Yo la buscare, porqué la quiero y soy un hombre cumple su palabra!.
CAPÌTULO V
Aquella mañana del mes de marzo fue la más alegre para José, pues acababa de recibir carta de Teresa donde le comunicaba que su tío la empleaba como dependienta en su cafetería situada muy cerca de la Plaza de Tirso de Molina. Esta noticia le puso contento porque a él, le quedaban casi dos años para terminar sus estudios y Teresa llevaba tiempo insistiendo que no podía vivir sin él.
La verdad es que a él, también le faltaba Teresa; pues a excepción de algunas tardes que marchaba con sus libros a una casa de huéspedes cercana a la universidad, donde vivían algunos de sus compañeros de aula. El resto de su tiempo era una rutina no-acto para jóvenes enamorados como él. Algunas tardes iba a pasear por el Paseo de la Rosaleda, hermoso y apacible vergel, donde repasaba sus libros de texto. Pero su estado depresivo se desvanecía al atardecer cuando se acercaba aun café cercano donde se celebraban en alegres tertulias de estudiantes y entretenidos con conciertos de música de todos los gustos se le olvidaba todo.
Llevaba ya días contando las horas, pero bien recuerda que pese a no conocer bien la capital se decidió por coger el metro en la Moncloa, para después de hacer transbordo en Puerta del Sol dirigirse a la estación de Tirso de Molina. Pero fue al salir cuando quedó desconcertado y confuso ante el bullicio el multitudinario espectáculo que ofrecía la plaza al paso del carnaval. Al frente del cortejo marchaba un cabezudo de cartón de grandes dimensiones a los lados y detrás un enjambré de chiquillos gritando. –“¡No me conoces!… ¡No me conoces!”… Detrás entre grandes risotadas, el grupo de muchachos cubiertos con caretas, que se le acercaron y entre gritos ensordecedores terminaron por inyectarle con una especie de cartucho una espuma pegajosa de colores en la cara y el abrigo.
No le fue difícil encontrar el bar cafetería, situada en él numero 65 de la calle Atocha, pues a continuación se hallaba el Cine Monumental. Después y una vez en el interior, no tardó un camarero con cara de buenos amigos para pedirle que bebía.
–Una cerveza y a la vez vengo preguntando por Teresa Gamuxo.
–Siéntese usted joven. –Esta usted en su casa, y además, sepa que me ha hablado tanto mi sobrina de usted que no me es difícil adivinar quien eres y pido que ya me considere como de la familia. Después se presento como Ernesto Gamuxo y como tío de Teresa, al pasó que le pasaba la mano por los hombros, para después con unas palmaditas preceptoras terminar por satisfacer a José.
Fue aquel un periodo muy feliz de su vida, ya que casi todos los días se encontraba con Teresa y poco a poco fue olvidando sus perjuicios derivados de la situación moral que le causaban los recuerdos de su madre. Todo cambio para él y reconoce que terminaron por amarse allá de donde podían, en el cine o en él los jardines del retiro esperando la caída de la noche y mismo de pie en el rincón oscuro del portal. Hasta que una noche que la acompañó a su casa, acabaron por acostarse en el rellano de la escalera y fueron sorprendido por el conserje del inmueble que salió despavorido sin llegar a reconocerlos. También se amaron, agazapados en las últimas filas del cine y lo que más le gustaba a Teresa era que la apretara fuerte en el metro y cuando la gente les empujaba. Por todo eso por el día, cuando no pensaba en los estudios en su imaginación, la sentía siempre a su lado con la mima ilusión de siempre y cada día que pasaba su pasión era más intensa.
Porque el dinero de su tío y la beca apenas le llegaba, su nueva situación le llevo a pedir al tío de Teresa trabajo en el bar. Enesto Gamuxo accedió con gran satisfacción y, sobre todo porque los sábados y domingos eran cuando el bar tenia más clientes y especialmente las mañanas del domingo. La verdad es que esto le permitió estar mas cerca de ella y justo en ese momento en que su amor crecía día a día y, además, reconocía que aquel amor era el único lujo que tenia, haciéndole olvidar por instantes la tristeza que le causaba la ausencia de su familia y especialmente la de sus padres. No obstante aquel dolor que por momentos parecía hacerle olvidar, no tardaba poco después en volver a clavarse con más fuerza en su alma.
Terminó, por hacer bien su trabajo de camarero y poco tiempo después con su esfuerzo y la ayuda de su compañero Jerónimo. Acabó por levantar la simpatía de los clientes habituales. Jerónimo Sánchez era de un pueblo de la provincia de Murcia y el hombre mejor del mundo pese a que todos le consideraban un hombre que no servía para nada. Tenia más de sesenta años y según él, procedía de una familia de Hidalgos. Pero la verdad es que nunca tuvo suerte ya que en sus mocedades había sido militar, pero por servir mal al ejercito, pronto se vio forzado a dejar las armas. También había sido empleado de banca, pero cumplió mal y terminaron por echarlo. Hizo de acomodador del famoso cine Carretas, y al parecer careció de carácter para expulsar los homosexuales y prostitutas que trabajaban sus clientes en el patio de butacas y le hizo de nuevo perder su puesto. Se casó tarde y dice que su mujer termino por abandonarle cansada de aquella vida de continuos fracasos. Pero lo que más le llamaba la atención a José, era que con ser viejo y cascado se miraba mucho en los grandes espejos del bar. Hasta que descubrió que con disimulo intentaba siempre tapar los grandes claros de la coronilla colocándose los cabellos que le venían ya flojos y pegajosos
A Teresa desde la caja no se les capaba nada y no dejaba de reír con disimulo al observar como José con disimulo le hacia muecas a los andares de Jerónimo y no tardo en sugerirle: – ¿De que té ríes? – ¡Es tan bueno! … Jerónimo consciente de sus burlas cuando llegó a la barra, sin enfadarse y medio riendo la dijo:–“No todos tenemos la suerte de conservarnos como Tú, que tienes veinte años y estas tan hermosa. Al parecer Jerónimo había sido un galanteador de primera y su acento madrileño y chulapón caía simpático a la gente. Pero la verdad es que sus aventuras no pasaron nunca de pura charla, porque en el fondo su timidez con las mujeres le impedían pasar a actos mayores.
Las relaciones con los tíos de Teresa, fueron en todo momento cordial, pues Teresa era para ellos como una hija y todo porque el matrimonio no-tenia hijos. Lorena que era como se llamaba su tía, guardaba su hermosura todavía intacta pese a sus más de cincuenta años ya que era de muy bien ver y con ese tipo fino que tanto abundaba en Madrid. La verdad es que ambos aran agradables, pero sufrían con los años la falta de progenitura; pero esto no les impedía ser corteses y respetuosos.
Él llevaba bien su carrera de Derecho y por eso la tía de Teresa repetía a todos sus clientes. Que su "sobrino" era un chico, extraordinario porque Dios le había dotado de talento y de buena figura. A José estos halagos no le gustaban y, además, le creaban una actitud más bien nerviosa, porque el se sentía sólo un hombre que al haber vivido huérfano de padres había sabido obtener una lección de su experiencia. El siempre comprendió que la vida no era un sueño y había que trabajar, ser prácticos y terminar por encima de todo sus estudios.
Empezó el verano y con él las vacaciones en la universidad, y por eso tuvo que dejar la residencia y alquilar un pequeño estudio cerca de la Glorieta de Atocha. No era lujoso, pero era limpio y comparado con las habitaciones de la residencia daba la sensación de una vida más grata y desahogada. Además, ahora en estas inolvidables tardes de verano podía pasear con ella, por ese hermoso Paseo del Prado tan cerca de la Glorieta de Atocha.
Todo ocurrió ese mismo verano y en una de esas tardes que paseaba por esta hermosa avenida, cuando sin ninguna malicia y respondiendo en todo momento a la idea que él tenia de las parejas normales y respetuosas. Pero reconoce que al acercándose a la Plaza de Atocha, que era donde se hallaba su estudio y pese a la situación como la de ellos donde la idea de casarse no entraba por el momento en sus proposiciones. Penso que pese aquel sentimiento de poseerla prohibido aun para ellos, hubiera tenido solución sin la sombra de su madre que le hacia estar excluido de un mundo de completa y alegre felicidad. No obstante José tras un momento de duda no pudo por menos que insinuarla: – ¿Sabes Teresa que debíamos podemos subir a mi estudio? –¡Y no me contradigas porque sé que tú tienes muchas ganas de conocerlo!. La verdad es que ella estaba tan enamorada ese día que le beso en la calle sin reparar que obstaculizaban la acera y fue tal la sensación que creyó como si en su entorno la gente diera vuelta a su alrededor y a la vez tuvieran la tierra encima y el cielo abajo.
Teresa quedó sorprendida de la limpieza de la pequeña habitación, así como del acogedor comedor acoplado con una cocina americana, donde una sola y original lámpara iluminaba las dos piezas. Pero lo que más la sorprendió fue la limpieza y el orden de las cosas: –José, nos casaremos cuando termines tus estudios y tengamos bastante para comprar un mejor apartamento. –Digo esto porque no me cabe la menor duda de que los dos pensamos lo mismo. –¿Sabes lo que debíamos hacer dentro de unos días? –¿hablar con mis tíos y plantearles que estamos dispuestos a vivir juntos y sabes tendrán que aceptar y reconocerlo a la fuerza? – ¡Pero por supuesto, les hablaremos a la vez de nuestro futuro matrimonio. José escucha atentó sus palabras y sin osar contradecirla porque la verdad él en esos momentos pensaba como ella.
Esa noche fue con Teresa a la cama por primera vez y recuerda muy bien cada instante de ella. Fue muy feliz y nunca olvidaría los delirios de esa noche y su creciente frenesí. El acto del amor le pareció del todo natural; ya que el placer físico no le causo la sensación de un acto prohibido. Y mismo si no era la primera vez que se entregaban al amor, esa noche amó a Teresa incluso con más fuerza y pasión que nunca. Así fue pues esa noche la beso mil veces la acaricio todo sus cuerpo, estrecho entre sus brazos hasta casi asfixiarla y pese a su pudor femenil ella también termino con la misma pasión.
Después cuando los deseos parecían acabarse y se encontraban medio extenuados. Los dos quedaron abrazados y pensativos pero, además, ella quedo callada por el temor a que José; que ahora que había apagado su sed amorosa, dejara de pensar como antes. Pero poco a poco fue calmando sus dudas al oír en su oreja, dulces frases persuasivas y con la clara intención de continuar amándose siempre. Estas acariciadoras frases, la dejaron más tranquila y sus dudas fueron desapareciendo al estar convencida de una vez para siempre. ¡Qué José la amaba en todo momento y cuanto un hombre puede amar a una mujer!.
Aquel mismo mes Teresa después de convencer a sus tíos y con la promesa de ocultar a sus padres la decisión tomada por ellos se fue a vivir al apartamento de José. Sus tíos que la querían mucho, terminaron por aceptarlo al estar habituados a la manera de vivir en la capital; donde el concubinato después de la democracia se iba imponiendo como un hecho normal. Pero sus tíos no eran sus padres y Teresa comprendía muy bien que el triunfo de estas ideas, no eran compartidas todavía por sus padres. Al principio penso que hubiera debido contar con sus padres de todo lo ocurrido, pero no tuvo valor. Pues sus padres hubieran sentido más dolor que alegría y todo a que no obstante le tenían a una gran estima a José.
Así la vida se puso de nuevo en marcha, pero esta vez junto a Teresa que parecía muy feliz. También para él, comenzó una nueva vida y pese al recuerdo continuo de su madre intentaba esconder sus sentimientos al no querer mortificarla. Y, por otro lado se daba cuenta que las dudas que tenia de sus padres, antes de hacerla sufrir debía de averiguarlas él y todo a que ella de vez en cuando notaba que a él se le escapaba algún gesto en su continua sufrimiento.
CAPÌTULO VI
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