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HEROICA FIDELIDAD Cuento infantil
HEROICA FIDELIDAD
(Cuento infantil)
La Inmaculada terminaba de preparar la sopa de su hermano, que no tardaría a regresar de la pesca, cuando le pareció oír un grito que no podía provenir de otro lugar más que de la cabaña de la vieja Karina.
Como la sabía sola y enferma, la Inmaculada corrió en su auxilio y encontró a la vieja tirada en su cama, respirando fatigosamente.
Ella, cuando vio entrar a Inmaculada, el rostro de la vieja Karina tomó una expresión de joya.
Dijo: Temía que no me hubieras oído, me habría dolido morir sin poderte besar.
¡Quién habla de morir! Si Dios quiere volveréis a sanaros.
La enferma giró su cabeza tristemente.
Esta vez no... Me siento morir y antes de irme de este mundo te quería dar un encargo. ¿Ves? Allí en aquel rincón hay una jarra colgada en el cual yo guardo todos mis ahorros de toda mi vida. Yo quisiera que tú los guardaras para cuando regrese mi hijo, Fernando, que, como tu bien sabes, va de marinero en un vapor de los grandes.
Cuando Fernando regrese, dile que he muerto vendeciéndole y que con esos dineros de su madre haga bien, ya que son los sudores míos de toda una vida.
La Beatriz le prometió hacerlo así, y la enferma fue presa de un fuerte ahogo, y entrega su alma al Señor.
Cuando llega de la pesca el hijo de la Inmaculada, hicieron lo necesario para que descansara en paz la vecina muerta, y después enterraron la jarra en su propia cabaña con sus dineros dentro.
Los dos hijo y madre vivían pobremente, nobstante eran felices, ya que tenían el temor de Dios. Lo que ganaba el hermano llegaba solo justo para vivir, y que tal vuelta no hubieran llegado a fin de mes, sin el espíritu del entendimiento de la economía de la Inmaculada.
Esta había sentido mucho la muerte de su querida y vieja vecina. Ahora mientras su hijo estaba en la mar, no tendría a nadie con quien conversar ni rezar el rosario. Es más era de toda la vida que la Inmaculada había visto a la buena Karina allí y no había olvidado aún, y no la olvidaría nunca, aquellos años preciosos de su vida, cuando ella aún era muy pequeña y jugaba en la playa con su hermano y Fernando, el hijo de la Karina.
Recordó el día triste en que el se marcho para embarcar en un gran barco, y la soledad en que queda tanto la Karina como ella después de la marcha de el. Desde entonces lo había visto muy pocas veces. cada ves que Fernando llegaba de un viaje, y ahora se estremecía pensando con el dolor que experimentaría aquel hijo ausente cuando, al regresar, se encontraría sin madre.
Así pensando en la desgracia de los otros, poco o nada pensaba la Inmaculada las penas que la vida le tenia reservada para ella.
Una noche, cuando no faltaba mucho para la hora del regreso de los pescadores, de pronto se levantó un terrible temporal. Pocas fueron las barcas que llegaban a puerto, pero aquella en la que iba su hijo de la Inmaculada no llegó.
No hace falta expresar el dolor y el desconsuelo que se apoderó de aquella pobre solitaria al encontrarse más sola que nunca en el mundo, sin el hijo querido, sin padres, sin la vieja Karina, sin nadie.
En un solo instante su vida había dado un giro tremendo estaba sola.
Y para mayor pena y mala suerte, empezó pronto a sentir hambre, ya que el sueldo de su hijo ya no entraba en la casa y no podía comprar lo necesario para vivir.
Y eso que la Inmaculada intentó trabajar, pero su naturaleza poco o nada respondía era enfermiza. Cada tarde, al llegar las barcas y con el pescado, ella acudía al lugar para ganar unos cuantos Euros, llevando canastas en la cabeza desde la playa a la plaza.
Este trabajo áspero y fatigoso terminó por llevársele la poca salud, y al cabo de un mes tuvo que quedarse en la cabaña por la falta de fuerzas y la falta de casa que tubo que dejar por no poderla pagar.
Y pensar que en aquel recinto triste, la miseria había entrado, y en ella había una jarra enterrada que en ella guardaba un ¡tesoro! Mas... Como si no estuviera; ya que los dineros de la pobre Karina y que le había confiado eran para su querido hijo, además eran sagrados para ella, antes moriría de hambre que tocar ni un céntimo de los Euros que allí guardada.
Su mal iba empeorando, y llegó un día que la Beatriz no se pudo levantar. Nadie sabía nada de que en aquella barraca solitaria había una enferma sin que nadie pudiera socorrerla; ya que las gentes del lugar la creyeron fuera del pueblo; y ella sabía que nadie acudiría, pues, a socorrerla.
Llegó un momento que el hambre y la intensa fiebre pudieron más que ella, y la pobre infeliz sintió que perdía el mundo de vista.
Muy fervorosa se encomendó a la Virgen de la Cisa, pidiéndole los socorros que los hombres no le llevaban, y perdió el conocimiento, postrada en aquella cama miserable.
La Virgen debió oír aquella ferviente plegaria, porque a los pocos instantes llagaba a la playa un joven, vestido de marinero.
Sus pasos se dirigían a la barraca donde había muerto la vieja Karina, y sus ojos se llenaron de lagrimas al verla medio en ruinas y al encontrarla vacía.
Al saber las tristes nuevas que su corazón de hijo presentía, ya que aquel joven no era otro que Fernando, se dirigió a la casa de la Inmaculada. Aquella chica que siempre había estado tan buena para él y para su madre, aquella en la que en su ausencia debía de haber asistido de seguro a la muerte de su querida madre la vieja Karina, le contaría, punto por punto, la enfermedad de su madre querida y añorada. Le diría, sin dejarse nada, todas sus palabras que, al marchar de este mundo de sufrimientos, debía haberle dicho ella como si a el mismo se las dijera. Ella, en fin, le indicaría el lugar donde reposaba su viejo y ajado cuerpo, para que pudiese ir devotamente a ofrecerle un recuerdo y una oración.
Preocupado en vez de dirigirse a la casa de Inmaculada, se dirigió a la cabaña, con estos tiernos pensamientos, y movido su corazón con delirio de hijo que lo empujaba, abrió, sin llamar, la puerta de la cabaña y se metió dentro; mas... Cual fue su impresión al encontrar a la Inmaculada estirada en aquella pobre cama como si estuviera muerta.
Recuperado del susto que le causo aquella impensada y dolorosa escena, gritó a la pobre chica intentando de que se recuperara del desmayo que había sufrido, y, no lo lograba, corrió al pueblo más próximo en busca de auxilio y también encontrar un medico.
Llegaron los dos a la triste cabaña, él medicó hizo algo y Inmaculada empezó a abrir sus ojos y retornar al mundo de los vivos, diciendo que ella no tenía otro mal que el del hambre y el de la miseria.
Pero cuando abrió más los ojos, vio al Fernando no pudo reprimir un grito de alegría, y con voz temblorosa, dijo:
Dios te manda, Fernando. Cómo me dolía morirme, sin poder cumplir el encargo de tu ¡madre!..
Escucha, acércate. Tu madre, al morir, té bendijo y me hizo responsable y guardadora de todos sus ahorros para que yo te los entregara a tus manos. Son los sudores de toda una vida...
No los malgastes, Fernando, esta fue su última voluntad.
Después le señalo el lugar donde estaba enterrada la jarra.
Allí lo encontraras todo, tal como ella me lo confió.
Fernando fue a desenterrar la jarra, y sintió que su corazón se perturbaba de tanta admiración, al ver que Inmaculada moría de hambre teniendo aquella jarra llena de plata.
¡Eres una santa! Exclamó mirándosela con toda su alma.
Ella sonrió.
Gracias, Fernando. Yo me moriré para poder reunirme con tu querida madre Karina y con mi querido hijo.
¡Oh! ¡No! No quiero que te mueras. No te morirás ahora Inmaculada.
También, ¿qué haré yo ahora en este mundo tan sola?
¿Sola? ¿Que no estoy yo aquí?
Sí, pero...
Inmaculada, quiero que vivas quiero que quieras vivir; roguémosle a Dios que te haga vivir para que yo pueda hacerte mi mujer y pagarte con una vida feliz tu heroica fidelidad.
Los ojos de la enferma se clavaron con los de Fernando con una gran expresión de joya y de agradecimiento, y exclamo:
Sí; pidámosle a Dios... Que mal me sabría morir ahora.
Dios escucho, y aquellas dos almas se unieron para vivir felices el resto de sus vidas hasta la muerte: Inmaculada y Fernando se casaron y fueron muy pero que muy felices.
Y colorín colorado este cuento se ha terminado.
FIN
Autor: Ferran de Montagut, escrito en mi estudio del “MAS EL SOL SOLET” el del “PATI VERD” en el día de hoy 25 de Septiembre del 2002, Comarca de la “ALTA-GARROTXA” Pirineos de (Girona) Cataluña, España.
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Notas: Cualquier parecido con otro cuento o escrito o en los nombres de sus personajes es una casualidad este solo salió de mi mente, no le den más vueltas no tiene otra explicación. El autor deMontagut
E-mails: el_primer_creador_de_somnis@msn.com etc.

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