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Futuro sin futuro-el poder de los cristales


By Juan Abinadí - Posted on 24 March 2009

Hola, mi fantasia es muy diferente de la cosas q leido aqui espero les guste.
bueno esta es mi segunda historia espero vean la primera en cuentos de miedo se llama el fantasma...ha, solo subire la primera parte de la historia de futuro sin futuro y cuando quieran la otra se las dare "atencion" la primera parte es un poco aburridona pero mejora conforme transcurre mi historia a y perdonen mi falta de ortografia, bueno aqui enpieza mi historia...
Atencion pongan la musica de fondo... cuando ustedes quieran, pero les sugiero q la pongan asta que aparesca el personaje de Valentin...

Futuro sin futuro

El poder de los cristales.

1
Sombras.

Nuestra historia empieza en una casa solariega de estilo gótico, las gárgolas del tejado algo gastadas se alzaban con majestuosidad, esta casa había sido comprada por la familia Vasconcelos.
La ignorancia y la vida desenfrenada del hijo de la señora y el señor Vasconcelos habían resultado en la quiebra de la serie de empresas que poseía la familia, y hora anciano el joven, con ayuda de su hermana la cual progreso mucho en la vida industrial, y siendo poseedora de mas de veinte mil millones de pesos y ganando aproximadamente mil pesos por hora al día, el y sus dos hijas la primera de veinte cinco años y la segunda con apenas quince años pudieron conservar la casa.
La enorme casa y su enorme jardín delantero eran la fachada que cubría la pobreza extrema que sufrían en esos momentos los residentes de ella.
A las cinco y media de la mañana una luz de un cuarto ubicado en la parte superior derecha provinente de un foco ahorrativo se prendió, el cuarto se ilumino, dentro, una joven de piel clara y de cabellos rubios oscuros, se metía al baño que se encontraba en la habitación.
Se quito la bata de color azul que traía quedando completamente desnuda, se metió a la recadera, el vapor del agua tibia empañaba el cristal que dividía la recadera del resto del baño, el agua caía por su hermoso cuerpo el cual era frotado por sus manos, después de aproximadamente media hora, la joven salio del baño, se coloco la bata de baño azul, salio de su cuarto, bajo las escalera saltando el ultimo escalón que solía crujir, entro a la cocina sintiéndose muy relajada. Abrió el refri y saco un cartón con jugo de naranja, tomo un baso de cristal y se sirvió un poco, empezó a disfrutar el toque agrio del jugo y lo refrescante de este, un grujido le indico que alguien había bajado las escalera, se acerco rápidamente a la puerta de la cocina miro las escalera y el pasillo pero no había nadie por ningún lado. La luz del sol se empezaba a filtrar por las ventanas y el cielo había adquirido un color rosado. La joven estaba dispuesta ha marcharse, al dar la vuelta dio un tremendo grito.
-¡Papá!-la joven se tocaba el pecho y el corazón se le había acelerado.-Papá me espantaste.
Un anciano que traía un bastón y que caminaba ligeramente erguido le sonreía ha su hija.
-A si tendrás la conciencia.-dijo el anciano con una sonrisa.
-¿Cómo no voy a espantar?-Dijo la joven tocándose el pecho-Tu también te espantarías si alguien apareciera detrás de ti de repente.
-Hay hija pareciera que no me viste entrar.
-Claro que no te vi entrar papá
-Bueno, bueno-dijo el anciano arrimando un asiento de la mesa de desayuno para sentarse.-Clara, tengo que decirte algo.-dijo el anciano refiriéndose a la joven.
Clara al notar el rostro de su padre el cual se ensombreció, quedo un poco perpleja ya que las pocas veces que su rostro se ensombrecía era para dar alguna terrible noticia. Clara no estaba dispuesta ha que su día se arruinara.
-Sabes que papá, ya se me esta haciendo tarde, luego me dices lo que me tengas que decir.
-Pero esto es de veras importante.-dijo el padre mirando ha su hija dirigirse hacia la puerta de la cocina.
-Papá de veras ya se me esta haciendo tarde, tengo que despertar a Elizabet y ya sabes que esta tarda en levantarse, además todavía ni siguiera me he cambiado y tengo menos de hora y media para hacerlo, me lo dices cuando regrese, por favor.
-Pero, hija…-alcanzo a decir el anciano antes de que Clara saliera de la cocina.
El anciano toco su pecho y con lagrimas en sus ojos se puso de pie, se dirigió a la puerta que conducía a la sala con pasó lento. En el momento en que el anciano salio de la cocina una luz blanca y segadora ilumino la habitación, la luz disminuyo poco ha poco su intensidad, hasta que se desvaneció completamente y tres sombras de mujeres se reflejaron en las paredes de la cocina.

El sol había iluminado la ciudad con un resplandor naranja, faltaban quince minutos para las siete de la mañana.
-¡Ya levántate!-dijo con voz potente Clara al entrar al cuarto de su hermana Elizabet, la cual se hallaba en las profundidades de las sabanas de su cama.
Clara se dirigió con paso firme hacia las ventanas del cuarto y abrió las cortinas dejando entrar la luz del sol.
-Que te levantes.-dijo Clara nuevamente pero el bulto de sabanas nada mas se agito.
-Un ratito más.-dijo la voz de Elizabet en las profundidades de las sabanas.
-que ratito más ni que nada.-dijo Clara quitando las sabanas y dejando ver ha una mujer mas joven que ella que era casi su reflejo excepto por su pelo el cual era de un color castaño oscuro y era ondulado aun que en ese momento no se podía saber, ya que su pelo parecía un enorme algodón de azúcar lleno de nudos.
-Por favor Clara, cinco minutitos mas.-Lloriqueo Elizabet.
-No.-dijo rotundamente Clara.-Ya van a dar las siete de la mañana y hoy es tu primer día de clases.
-No, eso es asta mañana.-dijo Elizabet tratando de taparse de la luz del sol con las sabanas.
-Elizabet ve la fecha de tu calendario.-dijo Clara un poco harta.
Elizabet se levanto ligeramente y vio un calendario que tenia en la cabecera de su cama al ver la fecha…
-¡Ay Dios mió!-Elizabet se puso rápidamente de pie.- ¿Por qué no me levantaste antes?
-No importa cámbiate para que nos vayamos de una ves.-dijo Clara
-Bueno entonces salte de mi cuarto.-dijo Elizabet empujando ha Clara fuera de su habitación.-Fuera, fuera, fuera.-y azoto la puerta de la habitación en la espalda de Clara.

Tres minutos más tarde Elizabet bajo las escaleras ya vestida con su uniforme, era una camisa de vestir blanca con falda azul marino, traía su mochila colgada de un solo hombro la cual era de color negro. Elizabet entro en la cocina y se dirigió al refrigerador tomo una tostada y bebió el jugo de naranja del empaque lo mas rápido que pudo, se acerco a la mesita de desayuno que se hallaba en la cocina y dejando el paquete de jugo de naranja en esta, se percato de que al parecer había una hoja de papel que había sido arrancada de alguna libreta, Elizabet tomo el papel, y se dio cuenta de que era una nota.

Elizabet no sabes quien soy pero te suplico te quedes con tu padre el no debe estar solo hoy hazlo y trata de salvarlo.
atte.: tú hermana.

Elizabet esposo una pequeña sonrisita,”Clara” murmuro Elizabet se dirigió ha la sala pero lo que Elizabet no se podía explicar era como Clara habia podido imitar su estilo de caligrafía a la perfección.
-Hay si que chistoso me espantaste mucho, Clara.-dijo Elizabet al llegar a la sala y ver a Clara en una mecedora.
-¿De que hablas?-dijo Clara sin comprender de qué hablaba su hermana.
-De esto.-dijo Elizabet dándole la nota ha Clara.
-Yo no lo escribe.-dijo simplemente Clara devolviendo la nota ha Elizabet.
Elizabet puso una cara suspicaz.- ¿Entonces quien?
-No te quieras hacer la tonta Elizabet.-dijo Clara poniéndose de pie-O lo escribió papá, que ya sabes cual es su sentido del humor, o la escribiste tú, como pretexto para no ir a la escuela.
-No, yo no…dijo Elizabet
-Cállate, y vamonos que ya se esta haciendo tarde.-interrumpió Clara dirigiéndose hacia la puerta. Elizabet la siguió y ambas salieron de la casa.
-¿Podemos ir en el carro?-dijo Elizabet dirigiéndose ha un Ford fiesta de color rojo que se hallaba en la entrada de la casa
-No.-dijo Clara.-Ya no le queda gasolina y no tengo dinero para echarle mas, y además tu escuela queda ha dos cuadras de aquí.
-Si, pero es mi primer día.
-¿y eso que tiene que ver?-pregunto Clara que caminaba como un soldado mientras Elizabet parecía revoletear.
-Pues que hay que llegar con estilo.
-Ja, ja, ja-dijo Clara sarcásticamente.-Estilo, aprende a mí chava, yo en mi primer día de prepa entre con un estilazo, me caí justo a la entrada del salón frente a mis nuevos compañeros.
Ambas rieron
-¿Y como es la prepa?-pregunto Elizabet
-Pues no tiene gran cosa solo hay que estudiar.
-Bueno pero probablemente ya tenga mi primer novio.
-Nada de novios.-dijo Clara.-tu solo te dedicaras ha estudiar.
-Pero tú tuviste cinco novios en la prepa y asta dos al mismo tiempo.
-Si, pero cada uno me arranco una parte de mi, el ultimo me mato, por eso es mejor una vida sin nadie, es mas seguro.-dijo Clara muy seria.
Elizabet comprendió que había metido la pata y agacho la cabeza.
-Oye y… ¿Por qué estas vestida así?-dijo Elizabet tratando de cambiar de tema
-Por mi nuevo trabajo.-dijo Clara la cual estaba vestida como toda una licenciada y aparte con un hermoso maletín.
-Por cierto no me has dicho en que vas ha trabajar.
-Es una sorpresa.-dijo Clara
-Hay no seas mala dime.-insistió Elizabet.
-Eres una chismosa.-dijo Clara sonriendo
-No, no soy chismosa.-dijo Elizabet sonriendo.-soy comunicativa.
-A ja.-dijo Clara con sarcasmo.
-Pero que mala eres.-dijo Elizabet dándole un golpecito ha Clara en el hombro.
-Bueno ya llegamos.-dijo Clara, ella y Elizabet se abrazaron fuertemente.
-Nos vemos luego.-dijo Clara marchándose.
Elizabet miro la confusión de la reja la cual estaba llena de alumnos.
-¡Elizabet!- gritaba alguien entre la multitud.
a Elizabet se le hacia familiar la voz.
-¡Elizabet!-dijo la voz nuevamente, Elizabet pudo ver quien la llamaba era una muchacha morena de un cabello negro y ojos verdes que saltaba para hacerse ver entre la multitud.
Elizabet se dirigió rápidamente hacia la muchacha, al llegar adonde esta estaba ambas se dieron un fuerte abrazo.
-Amiga- se dijeron ambas llenas de alegría, ambas se pusieron ha gritar como locas y asaltar abrasadas.
-Puedes creerlo- dijo la muchacha.-Estamos en la prepa.
-No, no lo puedo creer.-dijo Elizabet.-no pensé que fuera a pasar la secundaria.
-¿En que grupo te toco?
-En el primero c-dijo Elizabet.
-No es verdad.-dijo la muchacha sorprendida.-Pero no te vi en los cursos.
-No, lo que pasa es que no pude venir.-dijo Elizabet, pero la verdad era que le había dado flojera levantarse de la cama para llegar a los cursos.
-Pues yo también estoy en primero c.-dijo la muchacha.
-No, no es verdad Liliana.-dijo Elizabet sorprendida.
-Si, si es verdad vamos te enseño el salón.-dijo Liliana tomando de la mano ha Elizabet y llevándola con ella entre la multitud.

-Y que-dijo Liliana con una sonrisa picarona.
-¿Qué de que?-dijo Elizabet sin saber a que se refería su amiga.
-Ya viste la mercancía.-dijo Liliana con su expresión picarona todavía en el rostro.
-¿Qué mercancía?-dijo Elizabet muy confundida, en esos momentos un grupo de muchachos pasaron a lado de ambas.
-De esa mercancía me refiero.-dijo Liliana mirando el trasero de los siete muchachos
-¿Ya le echaste el ojo a alguien?
-Acabo de llegar Liliana.-dijo Elizabet sorprendida.-Tienes alterada la hormona.
-No se que tengo alterado pero soy débil.-dijo Liliana poniendo una cara de tristeza fingida.
-Bueno.-dijo Elizabet riendo-¿Y tú ya le echaste el ojo a alguien?
-Yo ya.-dijo Liliana.-Será mi novio al terminar esta semana.
-¿Cómo estas tan segura?-Dijo Elizabet.
-Por favor Elizabet pareciera que no me conoces.
-Bueno ¿Quién es?-dijo Elizabet tratando de no sonar interesada.
En ese momento en el camino empedrado que iba directo al salón del primero c dos muchachos pasaron al lado de ellas.
-Es el-dijo Liliana.
-¿Quién de los dos?-pregunto Elizabet.
-El del lado izquierdo.-dijo Liliana-¿No esta para comérselo?
-No lose.-dijo Elizabet desinteresada.-Pero tan siquiera sabes su nombre ¿verdad?
-Claro que si.-dijo Liliana.-se llama Luís
-¿Y como se apellida?-dijo Elizabet sabiendo cual era la respuesta.
-No lo se-dijo Liliana-Bueno ya cambiando de tema, ¿que me cuentas? ¿Qué has hecho estas vacaciones?
-Nada estuve descansando-dijo Elizabet bostezando.-a por cierto me paso algo raro hoy, pero creo que fue una broma de Clara.
-¿Qué paso?-Dijo Liliana con una voz que decía cuéntamelo todo.
-Encontré esta nota.-dijo Elizabet dándole un trozo de papel de una libreta.-Estaba en la mesa de desayuno de mi casa.
-¿Qué es extraño?-dijo Liliana observando y leyendo la nota.
-Que es mi letra Liliana.-dijo Elizabet sacando una libreta suya y comparando las letras de su libreta y las de la nota.-Lo extraño es que yo no la escribí.
-Pero otras personas puedes escribir como tu.-dijo Liliana.
-¿Será?-dijo Elizabet.-Yo no creo que existan personas que escriban igual que otras.
-Somos miles en el mundo Elizabet, ¿crees que no va haber otra persona que escriba igual que tu?-dijo Liliana lógicamente.
-Podría ser.-dijo Elizabet.-Pero. ¿Cómo entraría en la casa?
Alguien nos observa.-dijo Liliana de repente, tenia la mirada fija hacia una serie de árboles que se hallaban a la orilla del camino que conducían a los salones de la escuela, ahí una silueta de una persona se veía alado de un frondoso árbol.
-Vamos ha ver.-dijo Liliana
-Yo creo que…-dijo Elizabet pero Liliana la tomo de la mano y se la llevo consigo hacia el lugar donde estaba lo que parecía ser una sombra de una persona.
Al llegar Elizabet y Liliana no encontraron nada, Liliana rodeo el árbol, Elizabet se inclino ligeramente y pudo ver pisadas de tenis en el lodo , en ese momento el timbre de la escuela sonó.
-¡Se nos esta haciendo tarde!-grito Liliana al oído de Elizabet, Elizabet tembló del susto, pero ni tiempo de decir o hacer algo le dio ya que Liliana la tomo de la mano y la llevo corriendo al salón del primero c.
Liliana y Elizabet tomaron los dos asientos frente al escritorio del maestro el cual todavía no había llegado, algunos alumnos estaban revoloteando al exterior del salón.
Un minuto más tarde todos los alumnos entraron al salón, hubo un movimiento prolongado de pupitres, el último alumno en entrar cerro la puerta y se sentó a lado de Elizabet.
La puerta se abrió y Elizabet se sorprendió al ver al maestro, un sonido de zapatillas se oyó en el salón.
-Buenos días.-decía Clara en esos momentos a sus alumnos y entre ellos estaba Elizabet.
-Bueno vamos ha empezar.-dijo Clara sentándose.-Todos ustedes ya se conocen, a mi no me interesa conocerles, yo voy ha conocer a los alumnos que se apuren en mi clase, pero los que no, es mejor que se vayan olvidando de que me aprenda su nombre, mi nombre es Clara Vasconcelos soy su maestra de Ingles y mas adelante seré su maestra de historia universal. Mis reglas son muy claras.-En ese momento un jovencito se rió.
-¿Cual es la gracia?-pregunto Clara.
-No ninguna maestra.-dijo el joven, Elizabet voltio para verlo y reconoció a Luís el muchacho que Liliana había apartado para ella por así decirlo
-¿Cuál es su nombre?-pregunto Clara
-Luís Valenzuela.
Clara saco una libretita y anoto el nombre del joven.
-Pásese al frente, aquí.-dijo Clara señalando dos asientos a la izquierda de Elizabet-Usted pase al lugar del jovencito.-dijo Clara a la muchacha que se hallaba en el lugar
-Esta libreta.-continuo Clara mostrando la libreta en el que había escrito el nombre de Luís.-Es la libreta de conducta, si cometen alguna falta de conducta serán anotados y por cada nota que tengan perderán medio punto en su calificación, así que señor Luís olvídese de un diez en mi clase en este semestre.-Alguien toco la puerta en ese momento.
-¿Puedo pasar?-pregunto una muchacha de pelo rizado y ojos chinos.
-¿Cómo se llama señorita?-Pregunto Clara.
-Brythani Poncur.-dijo la muchacha de la puerta, Clara apunto el nombre en la libreta
-Pase-dijo simplemente-siéntese aquí-dijo Clara señalando un asiento alado de Elizabet en el cual había un muchacho.-Usted vaya por un asiento.-dijo Clara y el joven salio del salón, por alguna razón parecía que nadie en el salón respiraba.
-Bueno continuare con mi clase.-dijo Clara-Muy bien ¿Quién sabe que es el verbo Tu be?
Liliana alzo rápidamente la mano.-Es ser o estar.-dijo
-Bueno…-empezó Clara pero alguien toco a la puerta.
El que se encontraba en la puerta era un joven de aproximadamente veinte seis años.
-¿Qué desea Valentín?-pregunto Clara al joven.
-Tengo que hablar con su hermana y con usted señorita Clara.-dijo Valentín.
-Muy bien, entre.-dijo Clara.
-En privado.-dijo Valentín mirado al grupo que también lo observaba.
Clara y Elizabet salieron a la puerta.
-¿Qué paso?-dijo Clara mirando a Elizabet la cual era más seguro que ya se hubiera metido en problemas.
-Lo que pasa es que…-dijo Valentín con expresión nerviosa y un poco de pena.
-¿Qué pasa Valentín?-pregunto de nueva cuenta Clara.
-Es don José.-dijo Valentín.
-¿Papá? ¿Qué le paso a papá?-pregunto Elizabet un poco preocupada pero sin alterarse.
-Su padre esta en el hospital.-dijo Valentín rápidamente.
-¿En el hospital? ¿En que hospital?-pregunto Elizabet
-En el seguro Social-dijo Valentín.
-Pero, ¿Por qué? ¿Qué le paso?-dijo Elizabet respirando rápido y estando al punto de un ataque de pánico.
-Lo que nos dijeron es que al parecer sufrió un infarto.-dijo Valentín.-Tienen permiso de la dirección de retirarse de la escuela.
-Pero ¿Qué va a pasar con mi clase?-dijo Clara al parecer mas preocupada por su clase que por su padre.
-Ya asignaron ha un suplente.-dijo Valentín.
-Bueno…-dijo Clara que buscaba un pretexto para no ir al hospital a ver a su padre, pero al final se canso de buscar alguno y dijo.-Muy bien, gracias Valentín.
Valentín asintió con la cabeza y se marcho a la dirección.
Elizabet había empezado a llorar y metía en su mochila una libreta que había sacado al iniciar la clase.
-¿Qué paso Elizabet?-dijo Liliana mirando a su amiga.
-Lo que paso es que me tengo que ir.-dijo Elizabet evitando decir lo de su padre.
-¿Pero por que?-dijo Liliana tratando de saber por que lloraba su amiga.
-Luego te explico.-dijo Elizabet marchándose detrás de Clara.
Brythani se puso de pie y se cambio al asiento de Elizabet quedando a lado de Liliana.
-Esas dos son unas malditas.-dijo Brythani a Liliana.-Te sugiero que no te juntes con Elizabet.
-¿Por qué?-pregunto Liliana un poco confundida.
--Por que esa Elizabet es una pequeña zorrita, ¿me entiendes?-Dijo Brythani claramente quería que Liliana le diera la razón.
-¿Por qué lo dices?-pregunto Liliana un poco incomoda.
-Yo era una amiga fiel de Elizabet, pero me termino quitando a la persona que más quería.-dijo Brythani.-Según ella no quería nada con el, el era el que quería algo con ella, pero yo le creo a el, es la persona mas linda que e conocido, por eso le creo y se que Elizabet miente por eso es lo que es, cuídate de ella.
-OK-dijo Liliana se levanto de su asiento pensando que Brythani era una desquiciada, Liliana fue asta la puerta del salón y miro a Clara y Elizabet salir de la escuela, fue extraño lo que paso a continuación, una segadora luz blaca ilumino el rostro de Liliana.
-Pero si e…-Alcanzo a decir Liliana antes de desaparecer, en un momento Liliana ya no estaba en ninguna parte.
Una segunda luz brillo en el lugar donde había desaparecido Liliana y Liliana surgió de esta, cayo al piso tenia sangre en la cara y sus ropas escolares estaban rasgadas, Liliana se toco la cara y se limpio un poco de sangre “¿Cómo era posible que nadie hubiera visto lo que había pasado?” Liliana se puso de pie y miro dentro del salón a los alumnos parecían estatuas y los árboles estaban totalmente inmóviles, Liliana se percato que no había ningún tipo de sonido todo estaba en un silencio sobre natural lo cual era algo desesperante, una tercera luz ilumino el rostro de Liliana, un ser extraño había surgido de esta y perseguía a Liliana, el sonido regreso como si una grabadora empezara a tocar lentamente una música, algunos de los alumnos se pusieron de pie mirando al exterior viendo al ser que perseguía a Liliana, Liliana se arrastraba por el piso evitando que el ser la tocara, Liliana gritaba histéricamente, ella se arrastro asta entrar al salón, el ser también la siguió adentro, los que estaban cerca de la puerta alcanzaron a salir sin poder evitar gritar antes de que la puerta se cerrara con un fuerte azote.
Los gritos de los alumnos había llamado la atención de los salones vecinos, los alumnos empezaron a salir rápidamente junto con sus maestros, una maestra regordeta había salido junto con el salón del primero d.
-¿Qué pasa ahí dentro?-pregunto a una de los alumnos del primero c el cual no le supo responder.-Tú.-le indico a uno de los alumnos del primero d.-Quiero que vayas y llames a los prefectos y al director diles que hay un alboroto en el primero c.
En ese momento el muchacho al que la maestra le había indicado se quedo mirando el salón del primero c. Las ventanas del salón se habían hinchado y parecían bombas de jabón a punto de explotar, las ventanas se contrajeron con un sonido de uñas aruñando el cristal, las ventanas estallaron en esos momentos delante de los alumnos y los maestros, hubo un momento de silencio la maestra miro a sus espaldas y vio al muchacho que había mandado a buscar a los prefectos tirado en el piso con un gran trozo de cristal incrustado en medio del rostro.
-Dios mío.-murmuro.
La maestra miro sus pies ya que había sentido que el piso no estaba, pero la realidad era que ella y los ochenta y cuatro alumnos, más los tres maestros que se hallaban fuera del salón del primero c, se estaban elevando en el aire, llegaron a los diez metros de altura y se quedaron unos segundos flotando en un solo lugar, y de repente fue como si los hilos invisibles que los sostenían se cortaran, todos cayeron al piso y las ochenta y ocho cuerpos se azotaron con fuerza en el piso un hilo de sangre salía por la nariz de la maestra regordeta los ochenta y ocho personas estaban sin aliento en el piso, estaban sin vida.

Clara y Elizabet llegaron frente a las puertas del hospital del Seguro Social en el taxi que habían tomado al salir de la escuela. Ambas entraron en la recepción del hospital, Clara se acerco al mostrador donde estaba una enfermera de complexión baja.
-Buenos días.-dijo, pero la enfermera solo la miro.-Estoy buscando a un paciente, su nombre es José Vasgoncelos.
La enfermera empezó ha revisar en la computadora la lista de pacientes.
-El tercer pasillo a la izquierda.-dijo señalando su lado derecho.-tercera puerta a la derecha, solo tienen una hora.
-Gracias.-dijo Clara y ella y su hermana fueron a la habitación indicada. El pasillo estaba lleno de gente que caminaba silenciosa y se dirigía a ver a familiares y amigos que se hallaban en el hospital, los doctores y enfermeros también formaban parte de ese contingente, al llegar ambas frente a la puerta que les había indicado la enfermera respiraron hondo. Elizabet quedo impactada al ver a su padre en una camilla de hospital ya que el casi nunca se enfermaba y era muy extraña la ves que una enfermedad lo tumbaba, en cambio Clara parecía un poco indiferente a lo que pasaba. Elizabet rompió en un llanto silencioso.
-Mi papá-murmuro.
-Elizabet ¿eres tú?- dijo don José débilmente.
-Si papá-dijo Elizabet caminando hacia la camilla, Elizabet se hinco y inclino su cabeza sobre la cama.
-No llores-dijo don José.-Todo saldrá bien, yo estoy listo para lo que venga y tu también lo debes de estar.-don José acaricio el pelo de Elizabet.
-No puedo evitarlo.-dijo Elizabet.-Papá no quiero que te pase nada.
-Lo que viene yo lo sabia desde hace semanas.-dijo don José.-de alguna forma ya lo sabia.
-¿Qué cosa papito?-dijo Elizabet mirando a su padre con un poco de miedo.
-Ya me voy a morir Elizabet.-le dijo don José con los ojos llenos de lágrimas.
-No, tu no te puedes morir.-dijo Elizabet.-tu me prometiste cuando era niña que estarías en mi boda, y que verías a tus nietos, y no puedes romper esa promesa.
-De alguna forma veré esos acontecimientos.-dijo don José que estaba más triste por sus dos hijas que por el mismo.-Pero no será en este mundo.
-Pero papá-dijo Elizabet pero su padre realizo una señal con la mano para que callara.
-Hay algo que no pensé que llegaría a decirles nunca pero merecen saberlo.-dijo don José-Yo, hijas… yo no soy su padre, yo las halle a ambas en la puerta de mi casa cuando eran muy pequeñas.
-¿Qué?-dijo Clara hablando por primera ves-¿Nos mentiste?-dijo con una voz de desacreditación.- ¿Tú me mentiste?, yo creí en ti toda mi vida, ¿como fuiste capaz de mentirme así? Eres… eres… eres la peor persona que e conocido.
Clara dio media vuelta.
-Clara no te vayas sigue siento nuestro papá-dijo Elizabet, Clara se detuvo la voltio a ver.
-Yo no tengo padre.-dijo Clara.-y además no estoy segura de que tu seas mi hermana, a ver señor.-Clara entro de nuevo a la habitación.-Explíqueme como sabe que yo y esta somos hermanas.
-Por que tú traías la nota que lo confirmaba.-dijo don José que se había dado cuenta que no conocía bien a Clara.
-No le creo.-dijo Clara-Yo tenia en esos momentos diez años, por lógica y Elizabet uno por que soy mayor que ella, dígame ¿Por qué ni siquiera recuerdo a mis padres? Conteste.-exigió Clara alzando levemente la voz –No puede ¿verdad?-dijo Clara casi con rostro desquiciado.-Adiós.
Clara salio de la habitación Elizabet se puso de pie para seguirla pero esta fue detenida por la mano de su padre la cual la agarro de su muñeca.
-No te vayas.-le dijo-Tengo algo que decirte.
Elizabet miro a su papá y este vio que la escuchaba y empezó a hablar
-Cuando yo las encontré, había un cofre en tu cesta, esta en el tercer cajón del buró de la sala, nunca lo abrí, tuve la tentación pero nunca lo hice, la llave de ese cofre es el collar que cargas.
Elizabet saco el collar que desde que tenia memoria siempre lo había cargado consigo, el collar tenia una insignia muy bonita en forma de una rosa la cual tenia el tallo muy delgado el cual era mas seguro la llave.
-Este collar, lo cargabas cuando te encontré, el cofre ábrelo junto con tu hermana, y recuérdame siempre.-continuo don José-gracias por ser mi hija
Don José se quedo inmóvil y dejo de parpadear.
-¿Papá?-dijo Elizabet-¿Papá?
Elizabet movió a su padre pero este ya no reaccionaba.
-¡ENFERMERA! ¡ENFERMARA!-gritaba Elizabet desesperada, tres enfermeras entraron rápidamente.
-Tiene que irse.-dijo una de ellas a Elizabet pero esta se arrojo contra su padre, Elizabet fue agarrada por una enfermera y un enfermero que la sacaban de la habitación.
-¡NO! ¡NO! ¡NO!-gritaba Elizabet-¡PAPÁ! ¡PAPÁ!
Elizabet fue sacada de la habitación y los enfermeros entraron a la habitación de don José para socorrerle, Elizabet se acerco y empezó a golpear la puerta.
-Papá-dijo Elizabet llorando se tiro al piso y dijo-también te agradezco que hayas sido mi padre, y siempre lo serás.
Elizabet se quedo llorando sin darse cuenta que el pasillo en el que se encontraba estaba totalmente desierto, Elizabet abrazo sus piernas y coloco su cabeza sobre ellas llorando incontrolable. En un momento todo el pesar de ella se quito de su pecho, alguien le tocaba el hombro.
-Buenos días Elizabet.-le saludo una enfermera con una cara que inspiraba dulzura y compasión.

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