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El Sexto Sol
Hola amigos, quiero recomendaros una nueva novela. Su título es El Sexto Sol, y su autor, un servidor, Amando Lacueva.
Os dejo la portada y una pequeña sinopsis.
Versa sobre el mito escatológico maya del fin del mundo, (Las profeciías maya)
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En las inmediaciones de Copán, ciudad situada en Honduras, el antropólogo y arqueólogo Alfred Taylor dirige una excavación arqueológica financiada por el filántropo parisino Estefen Wilde en la que descubren siete rocas con glifos mayas que la catedrática de Antropología del Louvre, Diana Preston, logra descifrar.
Mientras tanto, en diciembre de 2012, la NASA y sus satélites y el Centro de Operaciones de Experimentadores de París, bajo la dirección del astrofísico y cosmólogo John Friedman, constatan los descubrimientos astrológicos que ya predecían hace mas de cinco mil años los glifos de las rocas encontradas.
La trama de la novela se complica con la existencia de una sociedad secreta, llamada La Cruz Parlante, formada por antiguos sacerdotes mayas, que tiene, entre otras, la suprema tarea de custodiar las rocas.
Las predicciones son inequívocas, pues el calendario de la milenaria cultura maya finaliza abruptamente el 23 de diciembre de 2012. ¿Se enfrentan los personajes al fin del mundo o simplemente a un salto evolutivo de la humanidad? Para descubrirlo tendrán que atravesar el salón de los espejos y enfrentarse a sus propios miedos y valores.
Si visitais el blog, participar en el sorteo de ejemplares firmados por mi.
Un saludo a todos.

Hola amigos, los próximos miercoles, en Onda Cero Tarragona, dial 95.3, se celebra un sorteo de mi novela. Los ejemplares irán firmados y dedicados por mí. Participa al teléfono que saldrá en antena.
Mi blog lleva en dos dias 400 visitas, no dejes de visitarlo y participar, están en juego otros tres ejemplares.
http://bloguay.com/elsextosol/
Un pequeño fragmento de la novela
Edificio Liberty
Centro de Operaciones de Experimentadores
París
Diciembre de 2012
59 h 55’ para el desenlace
En el edificio Liberty, un coloso de más de 300 metros de altura que forma un conjunto arquitectónico de más de cuatrocientos mil metros cuadrados, de los cuales ciento veinte mil corresponden a oficinas, propiedad de la ESA, tiene su oficinas el Centro de Operaciones de Experimentadores de París (EOF), inaugurado hacia apenas dos años y situado en la rue de Guynemer, esquina Vangirad, frente al jardín Du Luxenbourg, apenas a tres manzanas del Sena. Goza de la más alta tecnología y es obra de distintos arquitectos europeos. Fue construido con los materiales más sofisticados y dotado de un sistema inteligente de última generación.
Dicho sistema inteligente controla absolutamente todos los accesos. Cuenta con un circuito cerrado de televisión y monitoreo de los tanques de almacenamiento, alarmas y elevadores. Acciona y detiene equipos, enciende y apaga alumbrados y, además, modera el trabajo de la maquinaria en lo referente a su temperatura, así como los horarios e iluminación de áreas comunes. Cada uno de los espacios que se alquilan cuenta con las acometidas básicas de todas las instalaciones necesarias e imprescindibles, y pueden adaptarse a sistemas tan sofisticados como se requiera, puesto que el sistema central permite la integración de cualquier otro a los cerebros del edificio. Asimismo, el sistema goza de los más avanzados equipos en ahorro de energía, que se dispusieron en todas y cada una de la luminarias del edificio, tal como lámparas ahorradoras de vapor de sodio, focos tipo PL y lámparas dicroicas de bajo voltaje. En la fachada del edificio los arquitectos seleccionaron materiales que cumplieran con las normas internacionales de seguridad y riesgos y que, además, formaran parte de la modernidad de la arquitectura del mismo. La fachada del Liberty se copió del sistema antiseísmos del WTC, pues cada una de sus piezas se mueve por sí sola para absorber la oscilación provocada por cualquier movimiento telúrico.
El equipo de astrofísicos, que dirige John Friedman, estaba tremendamente preocupado. Había recibido informes contradictorios de diferentes observatorios solares, concretamente desde el Geotail, y otros como el Win y el Polar. El Geotail fue lanzado hacía ya una veintena de años y se encontraba a estas alturas dotado de una tecnología obsoleta, aunque la NASA se negaba a prescindir de sus servicios pese a los enormes problemas que ocasionaba, especialmente a John Friedman.
Hablamos ahora de un astrofísico brillante a quien apasionaba la Cosmología. Tenía cuarenta y pocos años y practicaba deporte con asiduidad, siempre que su trabajo se lo permitiera, últimamente casi nunca, de ahí su frecuente malhumor. John era una persona respetada, más que respetada, temida; sus broncas a sus subordinados eran cotidianas, constantes. Posiblemente la falta de tiempo libre y el suceso de su casi reciente separación, lo habían convertido en ese ser que todos unánimemente odiaban.
Hacía escasos minutos que se había puesto al habla con su amigo y colega el doctor Novikow, que estaba al mando del GSFC de la NASA, en Maryland, para que reajustaran los telescopios de Soho-V y los redirigieran unos grados hacia la corona solar. Naturalmente, Novikow no estaba por la labor; él tenía sus propios problemas, ya que llevaban horas estudiando las manchas solares. Éstas habían desaparecido casi repentinamente, y eso era objeto de preocupación para él y su grupo. Todos los estudios indicaban que la falta de manchas era el inicio de fuertes actividades solares, pero no perdería nada por escuchar, una vez más, a su amigo Friedman.
—John, ¿qué es eso tan importante que has descubierto? Aquí son las cinco de la mañana… ¡Maldita sea! —exclamó fastidiado—. He tenido que pedir un café doble europeo para poder levantarme de la cama. —Se quejaba con voz aún sonámbula Fiódor Novikow y con su marcado acento ruso—. Podías tener en cuenta la diferencia de horario… ¡Joder! Es que siempre me haces lo mismo… ¿Sabías que eres un capullo?
Friedman rió quedamente.
—Hola, Novi —saludó, jovial, desde el sillón anatómico de su enorme y espacioso despacho. Estaba en la quinta planta del complejo del Centro de Operaciones de los Experimentadores, en París. Se atusó su corta y rizada barba morena antes de continuar hablando— se trata otra vez de Geotail. Ha registrado unas lecturas de una enorme actividad solar. Si vieras las eyecciones solares tan terribles que estoy contemplando en la nueva pantalla de plasma de mi ordenador, te sorprenderías de veras.
—No será para tanto —gruñó Fiódor—. Además, tratándose de Geotail supongo que será una nueva falsa alarma ¿No me habrás despertado por unas lecturas de ese condenado observatorio? —preguntó con voz todavía adormilada, pero con manifiesto enfado.
John sacudió la cabeza con energía.
—La verdad es que sí, exclusivamente por eso —sonreía mordaz, sabiendo que eso molestaría a Novikow—. Las eyecciones van acompañadas por erupciones de protuberancias de grandes dimensiones y desearía que Soho lo comprobara. —Solicitó distraídamente—. Ya tengo confirmaciones de Win y estoy esperando la de Polar; pero ya conoces el aburrido protocolo… —musitó. Luego suspiró—. Son observatorios del milenio pasado —dijo con resabio—. Tengo que comunicártelo e insistirte en que modifiques los instrumentos. Es pura rutina, amigo —volvía a sonreír, sin dejar por ello de mirar su pantalla de plasma ni un solo instante.
—Ahora no es posible. Lo tengo atareado con las condenadas manchas… Sólo hacen que desaparecer y desaparecer. Ni ciclos, ni puñetas. Las manchas actúan como les da la gana —se quejó Novikow con aspereza—. Me tienen hasta la coronilla y sabes que esa afirmación es literal, así que no me vengas con tonterías de eyecciones —espetó furioso—. No hay ninguna prevista ni por asomo.
—¿Estás seguro de ello, amigo? —preguntó mordaz—. Porque yo, con tantos años de experiencia, dudo ya absolutamente de todo.
—Bueno… —Meditó un instante su respuesta antes de proseguir con lentitud—: Quizás la ausencia de las manchas pudieran ser el inicio de cualquier actividad. Sin embargo, todavía es pronto para que se produzcan. —Se tocó la frente—. Así que te las tendrás que apañar con el banco de datos y los observatorios que la NASA ha puesto a tu disposición. ¿Entendido…? Soho se queda donde está. —Su voz sonaba todavía más enérgica—. Y no vuelvas a llamarme nunca más a estas horas. Te lo digo en serio, John. No me tomes el pelo —concluyó, ceñudo.
El aludido lanzó una pequeña carcajada a través del hilo telefónico. Novikow podía presumir de tener muchas cosas, salvo precisamente de cabello en la cabeza.
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