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El Secreto
Son las 23:00 hs, dos menores de edad descienden de un automóvil ford falcon derruido. Visten ropa de mujeres de la noche, aunque dudosa edad para ser llamadas mujeres, sus cuerpos de niñas delatan sus precoses años. El automóvil continúa su marcha, ellas trepan y saltan la reja perimetral del instituto, dentro los cadetes aguardan eufóricos la llegada de sus cuerpecitos de hembras en celo. El césped brilla con mil pequeñas gotas de roció, brillo solo interrumpido por el paso felino de las niñas con sus botas rojas de cuero sintético y tacón. El personal del puesto de guardia inmutable permanece frente al arribo de las jóvenes; el dinero ah comprado la voluntad de ellos. Uno de los pseudos coordinadotes de esta fiesta oscura se acerca a las jóvenes conduciéndolas al primer piso, donde se encuentra la cuadra de los cadetes, dos grandes filas de literas copan los lados del inmenso ambiente.
Un espectáculo digno del “Infierno de Dante” se manifiesta dentro de este hormonal dormitorio. Algunos de los jóvenes adiestrados para la muerte yacen en el suelo, algunos con los ojos blancos, otros con vomito en derredor y en sus pechos. La desnudes de los cuerpos viriles de un grupo de 5 cadetes causa sobresalto en las dos niñas quienes están prestas a vender sus cuerpos, pero no así sus vidas como sucederá a posteriori. Convendrá que sepan el relato de los sucesos de días previos al grotesco panorama que se observa.
Todos los años luego de terminar los cursos operacionales, algunos cadetes ansiosos de mejorar sus aptitudes bélicas, realizan cursillos de especialidades en distintos terrenos, como cazador de monte, de montaña o de tácticos anfibios. En estas circunstancias, “N”, uno de los más jocosos de la promoción, durante la noche libre en su cursillo de monte en la provincia de la tierra colorada, logró asirse de 2,300kg de clorohidrato de cocaína en estado de %95 de pureza. En verdad ni el recuerda todos los detalles de la compra, pero si sabe que dos brasileños inexpertos cruzaron la frontera con un equipaje demasiado pesado para sus almas, por lo que decidieron deshacerse del mismo lo antes posible y no al mejor postor sino al primero que se les cruzara en su camino. Alcohol de por medio “N” convirtióse en todo un narcotraficante profesional sin siquiera intentarlo. A la mañana siguiente lo que abrazaba no era una hermosa morocha nativa con aroma a manzana en sus cabellos, sino que era un pan y medio de cocaína; una dama un tanto exaltadora de las pasiones humanas por cierto. Presa de la desesperación escondió el paquete en el fondo de su mochila, cual no abrió hasta llegar a Buenos Aires.
Una vez de nuevo en el instituto ese demonio escondido dentro de la mochila carcomía los nervios de “N” quien no sabia que hacer, por lo que pidió consejo a “O”, uno de sus camaradas. ¿Cómo tomar enserio una confesión de ese tipo? Por supuesto que “O” no lo tomo enserio en un principio hasta que sintió el paquete de droga en sus manos y luego en sus labios. Tal era la calidad de aquel artesanal producto que un grito venal salio de las fauces del “O” quien pareció convertirse en el animal de su apodo. Dos compañeros se acercaron a “O” a quienes invito a probar el blanco polvo. A partir de ese momento empezaron los nefastos hechos. Solo un café con 40% de cocaína alcanzo para someter al oficial de servicio bajo las garras de la inmoralidad, ahora ya nadie detendría este tren descarriado con 14 cadetes dopados y un oficial en estado deplorable. Una voz pidió por mujeres y estas no faltaron en llegar luego de una llamada telefónica.
Sentía el trinar de pequeños pájaros en el exterior, mi rostro contra las heladas baldosas parecía estar adormilado, mi cabeza daba vueltas. Al ponerme de pie un espectáculo extraño termino por espabilarme. He perdido 6 horas de mi vida, no recordaba que había sido de la noche. Despertando a todos los vomitados y demás perniciosos me di cuenta que nadie entendía nada, lo único que sabíamos es que la vergüenza nos llamaba al silencio. Luego de esa obnubilada noche todo quedo en silencio, no volvimos a hablar del tema, hasta que 48 después, cuando el soldado Acevedo me alcanzo una nota.
Acevedo era un soldado voluntario de 35 años, nacido en la provincia de Santa Fe en un hogar muy humilde. Muchos hermanos, poco dinero, obligaron a su madre que indujera a la nena mayor de la familia, de tan solo 14 años, a la prostitución. Un gitano adornado de oro era quien dirigía un local de baja monta en las afueras de la ciudad. Más de 12 chicas trabajaban como esclavas vendiendo su cuerpo a chóferes de camiones y demás hombres en busca de amor Express, que dejaran su dinero en aquel lugar. La joven niña no tolero tal degradación, en menos de tres días en aquel lugar cortó sus venas con un espejo roto, para terminar de una vez por todas con su miseria. Acevedo todas las noches rezaba a Dios por el alma de su hermanita y por la suya propia ya que tenia sangre en las manos. El gitano no quedaría impune; Acevedo lo ajusticio con una apuñalada en el pecho huyendo luego a Buenos Aires, convirtiéndose en soldado. El por su paupérrimo pasado sentía aversión por los cadetes, los veía como niños mimados, indignos de portar el uniforme de la patria. Extraña forma de pensar teniendo él mismo sus manos machadas de sangre.
La nota a cual antes hice referencia rezaba que el deseaba verme en la garita abandonada, cual estaba junto a las alcantarillas del instituto. Si bien no teníamos confianza, supuse que querría pedirme dinero, se que algunos cadetes le prestaban dinero a cambio de favores. Al llegar al lugar lo note pálido y tembloroso, casi con miedo: -¡Ya lo se todo! –atino a decir. Cuando pregunte que es lo que sabia, me condujo dentro de la alcantarilla donde vi dos cadáveres mutilados, eran las prostitutas y estaban blancas como el papel, sus cuerpos sin vida parecían de piedra caliza, parecían jamás haber tenido vida. Sus vientres desgarrados tenían miles de trozos de vidrio muy pequeño engarzados en la piel y en la carne; quien las había asesinado las había hecho arrastrar sobre botellas rotas. Su cráneos azules por hematomas eran irreconocibles, el rostro solo denotado por los ojos vidriosos, tupidos de capilares rojos miraban con misericordiosa mirada. Tan aberrante escena solo pudo inducirme el vomito como nunca vomite en mi vida. A fin de cuentas Acevedo quería dinero para pagar su silencio, sino nos denunciaría a las autoridades militares, todos iríamos a la cárcel.
Duda y desesperación invadieron mi ser ¿Nosotros habíamos asesinado a esas jóvenes? ¿Es capaz de despertar tal bestia dentro de un hombre la cocaína? Envuelto en sudor conté lo sucedido a los 13 compañeros presentes en la fétida noche, al oficial decidimos mantenerlo al margen de los hechos. Inmutables, inexpresivos estaban los rostros de “N” y “O”. ¿Qué debía argüir por su parsimonia? Nuestras vidas en sociedad podían llegar a su fin y ellos no sucumbían a los nervios. Luego de debatir con “P”, otro de los presentes esa noche, me figure que el estaba mas nervioso que yo y que todos tenemos distintas graduaciones de nervios frente a la misma problemática. Ahora el primer asunto a resolver era conseguir el dinero para callar al menos por unos días al solado. Ante mi propuesta de juntar dinero entre los presentes algunos prefirieron esperar y ver como evolucionaba el asunto, supuse que algunos sabian algo que yo no sabia, imposible querer esperar que algo así se resuelva solo sin caer en una crisis de stress emocional.
Mientras caminaba bajo la sombra de los pinos, en soledad, cavilando, en mi mente resonaban las palabras de Acevedo diciendo: “Ustedes nenes con plata no tienen respeto por la vida ni de dos míseras putitas de 16 años, si no pagan van todos a la cárcel, no van a soportar ni una semana en ese lugar, son muy tiernitos para eso”. Aparentemente Acevedo había encontrado los cadáveres en la alcantarilla durante la guardia de esa mañana pero no había visto a nadie depositarlos ahí, inmediatamente su psiquis arguyo un plan de hacer dinero a expensas de sobornos a nosotros y luego a nuestros padres. Mis manos transpiraban, mis pies eran de plomo, no soportaba el cuello de la tricota, me faltaba el aire, la situación me superaba; justo en ese momento se acerca el “O” diciendo: - “S”esta todo arreglado, tomate las cosas con más calma que la semana que viene nos vamos a la costa. ¿Qué entender por esas palabras? Pregunte casi de un grito de que me hablaba, ¿Cómo que se arreglo todo? El solo respondió con una sonrisa.
Horas mas tarde nos enteramos que Acevedo se había suicidado dentro de las alcantarillas disparándose en la boca son su pistola reglamentaria, junto a dos cadáveres “nn” pertenecientes a dos menores de edad, aparentemente las mismas ejerciendo la prostitución.
Aun los días siguen su curso, Acevedo como un asesino en la memoria colectiva y nosotros como simples jóvenes unidos por un lazo más fuerte que la amistad, unidos por el lazo del secreto.

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