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El guardián del río
En este río había un guardián, hace mucho tiempo, cuando yo era joven.
Se tomaba muy en serio su trabajo. Daba igual que pasaras por allí de día o de noche, él siempre estaba en su puesto, de pie justo en mitad del puente, mirando las aguas o al cielo. Si le saludabas te dedicaba una ligerísima inclinación de cabeza, una señal de reconocimiento desganado, tan somera que te quedaba muy claro que le estabas distrayendo, y eso era imperdonable, más para él que para ti. Él protegía al río, de qué nunca llegué a saberlo, y nada le apartaría de su empresa.
Si te acercabas a hurtadillas alguna noche, y te escondías detrás de las zarzas que flanqueaban el río y el puente, podías ver la estilizada figura del caballero que observaba con ojos cansados a las melusinas que a veces iban a bañarse allí. Sentías una cierta compasión cuando alguna de estas hermosas criaturas de cabellos verdes y piel translucida salpicaba al caballerete, intentando seducirle para que se metiera en el río con ellas. Pero él nunca cedió, convertía su mirada en dura piedra y la fijaba en otro punto del río, inmune a las dulces voces y a las plateadas gotas de agua que quedaban prendidas de sus barbas, como si las melusinas quisieran, ya que él rehusaba unirse a sus juegos, al menos recompensarle por su fidelidad a su misión adornándole con perlas de agua.
No es poca cosa resistirse a los encantos de una ninfa de agua, y ellas lo saben mejor que nadie...
También te encogía el corazón el pasar a su lado aquellos días en que el sol parecía querer castigar a la tierra abrasándola sin piedad alguna. Supongo que a veces los señores del cielo se pelean con su hermana. El sol y la luna, ese matrimonio disfuncional que prefiere no verse más que de pasada, ¿ qué pensarán de esa hermana tan orgullosa que no requiere de pareja alguna para crear una y otra vez, muriendo y renaciendo eón tras eón?
El sol abrasaba la tierra, y al pobre guardián, que de nada tenía la culpa y continuaba observando el río, el sudor cayéndole en pequeños regueros salados de su yelmo medio oxidado.
Yo pensaba que podría meterse de vez en cuando en el agua, por refrescarse, el infeliz se me asemejaba a una olla metálica de la que de un momento al otro empezaría a salir vapor. Pero él nunca, jamás rozó el río con su piel, esa piel curtida y coloreada por años de incesante vigilia bajo los azares de la caprichosa Naturaleza.
Vi llover, nevar, granizar. Vi al viento enfurecido zarandear todo lo que a su paso hallaba. Sentí calor, frío, cansancio. Y en cada una de estas situaciones vi también al guardián que nunca abandonaba su puesto.
En ocasiones pensé que quizás él no sentía semejante cantidad de incomodidades. Pero si atisbabas su cara durante unos momentos, veías que sí las notaba, las llevaba tatuadas en su piel, teñidas en sus cabellos, reflejadas en su mirada triste y decidida que nunca se apartaba de las aguas que gorjeaban, seguras bajo su protección..
Y un día, de repente, pasé por el puente con mi bastón (lejos quedaban los días en que yo era joven, las noches en que me dormía con la imagen de las melusinas danzando en mi mente), y no vi al guardián. Le busqué con la vista, con esa vista que ya no es que sirviera para mucho. Incluso di un corto paseo siguiendo la orilla del río por si acaso había decidido irse a otro lugar.
No le hallé.
Nunca he vuelto a ver al guardián del río, ese río que antes era torrente y ahora apenas merece el título de arroyo, ese río del que antes se podía beber y en el que ahora flotan extraños barcos de papeles, envases y otras cosas. Ese río que tenía un fiel sirviente que nunca abandonó su puesto.
A veces les cuento esta historia a mis nietos, esos días en que vienen a mí corriendo y me preguntan por qué estoy siempre de pie, en mitad del puente, apoyado en mi bastón y observando el río.

Hola. Angel
Una hermosa, hermosa historia. El guardián (Él protegía al río, de qué nunca llegué a saberlo) soportando estoicamente todos los embates de la naturaleza. El narrador, que lo observa, entre ninfas y nieves, y se pregunta y ....los años dulces quedaron atrás, ya el bastón. Ahora no está más el guardián ¿o sí? ¿u otro viene a cumplir su tarea, ahora que el río ya no es río?
Disfruté leyéndola, disfruté con una prosa cuidada y fluída, y algunas imágenes me quedan, me quedan:
“En este río había un guardián, hace mucho tiempo, cuando yo era joven.”
“El sol y la luna, ese matrimonio disfuncional que prefiere no verse más que de pasada,”
“Pero él nunca, jamás rozó el río con su piel, esa piel curtida y coloreada por años de incesante vigilia bajo los azares de la caprichosa Naturaleza.”
Un gusto, Angel, un gusto:)
Esthercita
angel_of_musik:
disfrute de tu historia
singular el personaje
que por momentos
llegue a pensar era
una estatua fija en el
puente.
hasta pronto pig
si muero con el día, resucito con el alba
www.escribesconmigo.blogspot.com
Hola, Esthercita
Me alegra que te haya gustado el relato. La verdad es que yo tampoco sé de qué protegía el guardián al río (cosa rara, en pocas historias me ha pasado esto). Eso sí, lo que comentas del final, de si ya no hay guardián o vino otro a reemplazarle.... en realidad ya no hay guardián de ningún tipo, simplemente queda una persona que vivió muchos años preguntándose qué hacía allí un guardián, y que cuando éste desapareció volvía a ese lugar en una especie de homenaje. Ya sabes, nostalgia, de lo conocido, del que se fue, y de aquel río que ya no era río.
Muchas gracias por el comentario, un gusto verte por mis cuentos.
Abrazos.
Hola, pig.
Qué idea curiosa, el pensar que el guardián pudo ser una estatua! Es buena idea, muy buena. No se me había ocurrido verlo así :)
Muchas gracias por tu comentario, me alegro de que hayas disfrutado leyéndome.
Saludos.
Hola, ñam.
La verdad es que no me sorprende tu comentario. Yo tampoco creo que este relato sea de lo mejor que he escrito. Y además, como acabo de decirle a Esther, ni siquiera yo sé muy bien de qué va. Simplemente pasé un día por un río que hay cerca de mi casa, y toda la historia apareció de golpe. Supongo que es un poco inconexa, pero merecía la pena probar a escribirla.
Si al menos la forma de narrarla te gustó, me doy por satisfecha. Me ha hecho gracia lo de las "frases al estilo Angel"... jajaja, no sé si serán fantásticas o no, pero creo que queda claro que mi estilo es bastante reconocible :p
Muchas gracias por tus amables palabras, últimamente me dedico más a leer que a escribir, pero lo mismo hoy cuelgo otro relato. Será un placer verte por allí.
Abrazos.
Hola, Angel
De nuevo por aquí. Volví a leer un par de veces más el relato, y sí, la pregunta que me había hecho, referida a un nuevo guardián, no se corresponde con el escrito. Es cierto: ya no hay más guardián, sólo recuerdos de días pasados (y felices...)
Un abrazo,
Esther
ÁNGEL
Es mágica la narración. Al leerlo sentí que el guardían del río se continuaba en el narrador, el viejo toma su lugar...
Hermosa historia.
ROCÍO
Hola Angel of Musik: es una historia exquisita, un cuento de hadas distinto, sin brujas ni princesas, pero un cuento de hadas donde nada es lo que parece... La modernidad atropelló a los espíritus guardianes del río -interpretación libre, mía- ya que el guardián se nutría en cierto modo de las coquetas ninfas acuáticas y entre ese tira y afloja el río estaba cuidado, vigorizado y caudaloso... El tiempo, la "urbanidad" citadina no admiten seres mágicos, ni perdonan la magia que la naturaleza nos regala... y allá vamos, a saturar de "realidad" el eco sistema, con envases, papeles...¿qué ninfa puede sobrevivir a talesl vulgaridades -nocivas- además?
Un cuento hermoso, pero con "mantra": Cuidemos al guardián.
Te felicito!
Ah!!! por cierto: ¡¡¡¡¡ME ENCANTÓ LEERTE, ME GUSTA TU ESTILO, ESE CON EL QUE HACER APARECER COTIDIANO LO SOBRENATURAL Y QUIMÉRICO!!!!!
Abrazos ecológicos.
Saludos Azules. Turkesa.
Hola, Rocío.
Bueno, aunque ya le comenté a Esther que en realidad el guardián no es sustituido, si no más bien homenajeado por el narrador, mi intención era que cada uno sacara la conclusión que más le gustara. Conste que, quizás, el viejo sí es en cierto modo un guardián, pero más que del río es un guardián de los recuerdos... por eso lo dejo un poco en suspenso, creo que es mejor así, que cada uno acabe este cuento según lo que le transmita.
Muchas gracias por pasarte a comentar, un abrazo.
Hola, Turkesa.
Tu interpretación es correcta, en cierto modo... la vida actual no deja demasiado lugar a las ninfas, los guardianes y demás seres de la naturaleza, aunque lo mismo ellos también se han "reciclado", quién sabe...
Si vieras el río que me inspiró esta historia... yo lo primero que pensé es "como vea a alguien tirar algo en este río lo meto de cabeza en él"... pero por suerte no vi ningún desperdicio. Para guardiana, yo, jajaja!
A mí también me ha gustado leer tu comentario. Yo creo que en realidad no hay nada sobrenatural ni quimérico en este mundo, sólo cosas que no entendemos, otras que nos consuelan de lo que creemos nuestra soledad, y claro, están los sueños, que para mí tienen vida, mucha vida.
Muchas gracias por tus palabras, me alegro de que te haya gustado el relato, y de que entiendas mis quimeras ;)
Abrazos.
HOLA angel. Me dicen el guardian del rio aqui en cañete-peru. gane un premio nacional en el 2003 por trabajos de conservacion del recurso camaron en este RIO CAÑETE considerado como unos de los rios de la costa peruana de mayor riqueza en biodiversidad fluvial.tU HISTORIA me encanto y lo voy a difundir este lugar.
Hola, crisanto
A mí también me ha gustado esta historia personal que me cuentas, y creo que que a uno le llamen guardián del río es algo de lo que estar orgulloso. Me alegra mucho que te gustara el cuento, muchas gracias por leerlo y pasar un momentito a dejar tu comentario.
Mis saludos, agradecimientos por tu trabajo con el medio ambiente, y enhorabuena por tan bonito título :)
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