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El deseo de Robert Truelock
Robert Truelock ensimismado en cansancio abrió sus ojos, observaba el techo de su pútrido hogar carcomido por muchos agujeros dando la impresión de una fragilidad inminente, que hacia pensar que en cualquier momento se podría derrumbar este. Turbado y pensativo, envuelto en un sudor espantoso que pegaba su ropaje al cuerpo, se movía de un lado a otro, sin embargo tratando de no despertar a sus hijos ni a su esposa que dormían apacibles a su lado izquierdo, todos juntos sobre paños sucios y viejos en el frió piso; incomodo se horrorizaba por la espantosa noche que había tenido, solo cabía en su mente cavilar sobre la tortuosa pesadilla que había tomado su corto sueño.
Pensaba y recordaba:
Todo se teñía de tinte rojo y negro y a lo lejos una salida distante se veía en un resplandor tenue casi gris, el espacio era estrecho, gateaba y sus movimientos por salir le asfixiaban el pecho, pasaba un instante de tiempo y a la luz tenue cada vez mas se acercaba, de pronto delante de él se dibujo una silueta en la misma posición que Robert y vio el rostro de su padre, en definitiva solo podía ser su padre, Bob Truelock. Robert trataba de llamar la atención de este, pero él no se percataba de la presencia de su hijo, ¿Qué era lo que ocurría?... la razón era que la voz no salía de la boca de Robert, asustado trataba de gritar pero no se oía ningún sonido, sin embargo su garganta le dolía al hacer el esfuerzo y por esto dejo de intentarlo. Trataba entonces ahora de acercársele pero cuando casi los dos estaban a punto de salir, la luz grísea permitía ver como de todas partes salían pequeñas arañas purpúreas, que rodearon el cuerpo de su padre, empezándolo a envolver en una telaraña negra, aun mas negra que la misma oscuridad; su padre gemía y su cuerpo se comprimía y Robert sollozando no conseguía poder moverse para ayudarlo, pues el lugar se hacia mas angosto cada vez que gateaba un paso, hasta que lo comprimió completamente.
Entonces Bob se asfixio ante sus ojos, que se cubrieron en ese instante de protuberantes lágrimas deslizándose como cuchillas sobre su rostro. De repente el escenario cambio y desapareció el negro, pero persistía el rojo sangre en todo el espacio, entonces pestañeo y se encontró postrado en un cruz dibujada por la luz en el vació escarlata. Él se encontraba crucificado como su Mesías y vio como un fantasma de hierro fundido se estremecía por todos lados con movimientos inconstantes, pero rápidos; esta cosa se le acercaba y lo mitigaba de espanto, y de un momento a otro saco un látigo formado por púas metálicas de su interior, el látigo de púas se alargo infinitamente y se retorció en círculos hasta rodear el lugar donde estaba la cruz en el vació, de modo que al hacer esto el alambre se cerro violentamente en una fracción de segundo, exprimiendo el cuerpo de Robert, penetrando su carne y esta vez si escuchando sus propios gritos agonizantes que estigmatizaban sus oídos, saliendo sangre negra de todo su ser.
Este era el sueño que lo turbaba y que no le permitió dormir más. Recordó entonces que era otro día de su asquerosa existencia, como el mismo denominaba su vida, era otro día de agotamiento, de trabajo, de catorce horas sin ningún descanso, solo hambre y cansancio. El chillido de una rata que pasaba a sus pies lo despertó completamente y con desgano se paro con un dolor de espalda que le recordó que ya estaba viejo, tenia 46 años y el desgaste de su trabajo lo hacia parecer y sentirse aun de mas edad, comenzando su rostro a presenciar algunas arrugas, ser su cabello entre negro y canoso, sus ojos grises, vacíos y pequeños, buena estatura sin embargo viéndose chico por su postura, su cuerpo robusto y fuerte, pero no mostrando el vigor que se espera de este, en fin siendo este Robert Truelock.
Débiles pasos daba recorriendo su estrecho hogar mientras reprochaba del destino que le había tocado como lo hacia todos los días al despertar, pero este día era diferente, algo extraño en la atmósfera se sentía, algo tenso y complicado, mórbido y fatal, era su deseo tal vez, aquel que muchas veces había soñado pero su débil ser lo había rechazado, pero este día era el momento, el momento justo de cumplirlo. De pronto sus pasos se vieron interrumpidos al escuchar la vos de su desaliñada esposa que lo saludaba desde el suelo, llamada Emma Sawford, una mujer no muy atractiva, vieja y delgada, de aspecto desarreglado y sucio, resaltando su protuberante palidez contrastada por un cabello largo y negro enmarañado completamente en sus retazos de grasa.
- Hola, buenos días Robert -dijo ella.
- ¿Que tienen de buenos?- respondió este, con su típica cara de desagrado.
- Tienes razón, en la vida que nos ha tocado ningún día es bueno. Pero cuéntame ¿ya estas listo para irte a trabajar?- Prosiguió ella.
- En cualquier momento. ¿Y tú también ya vas a salir?
- Claro, sino salgo ya llegare tarde a la fabrica y ya sabes como nos tratan en esta sociedad, por la falla mas mínima que tengamos nos reducen nuestro mísero sueldo, que no nos alcanza para nada, solo el pagar impuestos y la poca comida para sobrevivir.
- Si – dijo Robert asintiendo con una expresión existencial en su rostro y continuo- ya no me puedo demorar mas, tengo que alistarme de una buena vez.
- Esta bien- respondió Emma quien también se paro para la misma causa.
Un rato después, Robert ya estaba listo con la misma ropa que usaba todos los días, sucia, desgastada y maloliente, toda falta de higiene que reinaba sobre el barrio en el que vivía de pútridos olores por todos lados aun no mas insatisfactorios que los rostros de la gente que rondaba las desvirtuosas calles del lugar, todos siendo insignificantes obreros y algunos pobres vagabundos sin empleo que morían en las calles por hambre y desesperanza. Que triste pensaba Robert y lo contrastaba con los lugares que veía a la lejanía, la vida burguesa, la clase dominante, que con zozobra sus miembros bien arreglados y sonrientes andaban sin ningún problema sobre las mas hermosas y elegantes calles de Liverpool, colmadas de costosas casas y terrenos de ensueño, que en su mayoría obtenían los dueños de empresas, inventores y comerciantes de esclavos negros. Siendo una utopía para Robert llegar a vivir en un lugar así y esto le enfurecía y agobiaba y su deseo más exquisito se tornaba.
Emma entonces sintió algo extraño en Robert y meditabunda lo observaba como si sospechara de este, mas aun cuando él se le acerco, y en frías palabras transmitió un sentimiento fatigoso al solo tratar de disuadirlo:
- Cuídate Emma, cuida de Billy, Daniel, Rose y Janes, no permitas que les pase lo que le paso a Sophie por esa terrible enfermedad. Apenas despierten diles que su padre los ama y nunca los olvidara.
- ¡Pero de que demonios hablas Robert! -dijo ella exaltada – ¿que es que nos piensas abandonar?
- No, no es eso- respondió él.
- ¿Entonces porque me dices estas cosas?
- Es una razón que no necesito que sepas, solo has lo que te digo y ahora déjame irme.
- No te entiendo- dijo ella al borde de llorar- no te dejare ir si no me dices que es lo que ocurre.
- Simplemente he tomado una decisión- dijo Robert con una voz recia e indestructible.
- ¡¿De que decisión hablas?! ¡¿Qué es lo que te pasa?! Por favor Robert.
- Después lo sabrás y justificare mis actos.
De repente en ese momento Robert salio corriendo huyendo de arrepentirse de su deseo, llorando en el largo trayecto que recorrió hasta fatigarse, mientras que Emma se derrumbaba ante el umbral de la puerta, atónita y destrozada, tanto que al principio no lloraba, pero un poco después la depresión azoto vil y frenéticamente sus pensamientos, rompió entonces en un llanto subliminal tan fogoso que despertó a sus hijos; Daniel el mayor de 16 años, Rose de 13, Billy de 8 y Janes la pequeña de 5, todos asustados por los gritos de su madre, que les transmitieron aquella tristeza infinita e insoportable, que hizo romper en llanto a los mas pequeños.
Robert después de descansar un poco fue invadido otra vez por el arrepentimiento, pero para no recaer totalmente en este, corrió deliberante ante los caminos pedregosos por los que pasaba en dirección a su objetivo. Corría y corría y no se rendía, recordaba su sueño, recordaba su deseo, recordaba su vida, recordaba todo cuanto le hacia temer que sufría de demencia. Pero sus actos serian justificados como le había dicho a su esposa, todo tenia un porque de ser y no menos tenia lo que ocurriría, y la respuesta era su sufrimiento tanto desde su niñez, como su juventud y adultez, eran varios hechos los que lo hacían sentir tan aprisionado psicológicamente en una vida sin sentido y fin. Que mas decir de sus recuerdos cuando era niño que a su padre lo amaba tanto, y este mismo le contaba historias que su propio padre también le narraba de una vida mas tranquila alejada del ruido de las maquinas, aun cuando existiese la misma desigualdad, pero, sin embargo no ateniéndose a unas condiciones tan horripilantes como en las que ahora vivían donde el trabajo no exigía tanta fatiga y el abuso de parte de los ricos que provocaba tanta pobreza; y de ese recuerdo saltaba a otro en donde parado al frente de un cadáver ve a su padre Bob, recostado sobre el suelo, muerto ante sus ojos, con expresión fatal en su rostro y la boca abierta desmenguando densa sangre, todo por culpa de la tuberculosis y el precario cuidado higiénico con el que se contaba en la miseria. Y el dolor se agudizaba cuando a su primera hija Sophie veía morir en sus brazos, sin poder hacer nada por su miseria, rompiendo en llanto desconsoladamente.
Su trauma fue disipado al pasar por un camino y escuchar el ruido de un nuevo invento de la época, denominado el ferrocarril, que hacia temblar el suelo mientras Robert lo veía pasar, entonces su furia se canalizaba ahora en la invención de las maquinas, todo era culpa de las maquinas y aquellos que las producen, pensaba él, y vio sus manos y recordó que él era uno de aquellos que las producía en las fabricas de sedidurgía, le dio tanta repugnancia y se lleno aun mas de coraje, se odio por un instante y luego al ver pasar a un burgués a su lado en un costoso carruaje, vio que este le dirigió una sutil mirada de desprecio y esa tenue mirada aunque pareciese ser nada, para Robert significo mucho, demostró ser lo que Robert era para la sociedad que lo tenia todo, demostró la desigualdad social en la que vivía, demostró el inútil que era ante el valor de la industria, demostró un sin fin de cosas que lo volvieron loco y presionaron a cometer el acto que había rechazado tantas veces dirigiéndose así completamente decidido al fin.
Sin dudarlo se abrió paso ante la fabrica donde trabajaba, no se sentía ningún alma al ser todavía temprano, perfecto para su deseo, sus sentimientos reprimidos lo incitaban sensualmente, era tan obscena y sagrada su pasión, exquisito con su lengua rozaba sus labios en una expresión de satisfacción sintiendo un desliz liquido de sangre que corría por su boca, al haber anteriormente mordido tan duro sus labios para esto en medio de su rabia. Su paso era rápido y firme nada comparado con su desequilibrio mental, entonces una brisa salio de algún lugar y le rozo todas las estribaciones, sintiéndose impulsado y dando cuenta del imaginativo persistente en su cabeza que hacia desear mas el maquiavélico momento, era mas el deseo y empezó a correr por la fabrica rompiendo todo lo que encontrara, como pudiera salvajemente todas las maquinas, su psiquis desquiciada lo incito a agarrar una varilla pesadísima con la que creaba mas destrucción y ruido, entonces fue cuando salio su presa asustada como una rata, aquel despreciable abusador burgués dueño de todo el lugar, entonces fue el momento. “Ahh!!!” grito frenéticamente Robert y acercándose al burgués con su gran varilla empezó a golpearlo culpándolo de todo su dolor, lo insultaba y le escupía, y golpeaba, golpeaba, se reía, golpeaba y ante sus pies toda la sangre del muerto manchaba. Pero entonces Robert se dio cuenta de que su deseo no se saciaba y al ver el demacrado cadáver muy mal se sintió, mareado en estupor se tiro al suelo y vomito, descubrió entonces que se engañaba y por mas que allá hecho destrucción a aquello que odiaba, no se sentía aun mejor, salio corriendo del lugar y nunca mas apareció.

Hola Sabaoth:
Voy a hacerte unos comentarios acerca de tu texto, con los cuales espero ayudarte a mejorar tu escritura, siempre claro está desde mi propia opinión, que no es la de una experta.
“Robert Truelock ensimismado en cansancio abrió sus ojos, observaba el techo de su pútrido hogar carcomido por muchos agujeros dando la impresión de una fragilidad inminente, que hacia pensar que en cualquier momento se podría derrumbar este”.
Por el contexto, se supone que el que “da la impresión de una fragilidad inminente y va a derrumbarse”, es el techo. Pero por la manera de expresarte, parece que el frágil es Robert Truelock.
“en cualquier momento se podría derrumbar este”
La palabra “este” sobra. Al decir “se podría derrumbar” ya sabemos que se refiere al techo (por el uso del reflexivo “se”). No hace falta redundarlo de nuevo poniendo “este”, porque queda como muy cargado.
Yo pondría la frase de la siguiente manera:
- “Robert Truelock ensimismado en cansancio abrió sus ojos. Observaba el techo de su pútrido hogar, que carcomido por muchos agujeros, daba la impresión de una fragilidad inminente que hacia pensar que en cualquier momento podría derrumbarse.
1º párrafo que relata la pesadilla de Robert:
“Todo se teñía de tinte rojo y negro”
Cuando algo se “tiñe”, ya se supone que es de tinte. Me parece una repetición innecesaria.
“se dibujo una silueta en la misma posición que Robert y vio el rostro de su padre, en definitiva solo podía ser su padre”
¿Por qué sólo podía ser su padre? ¿No podría ser cualquiera? No lo explicas.
“Trataba entonces ahora de acercársele pero cuando casi los dos estaban a punto de salir”
El túnel era muy estrecho, lo suficiente para tener que ir gateando. Antes dices que Robert vio el “rostro” de su padre. Si los dos avanzan en la misma dirección, uno delante del otro (Robert va detrás, se supone, ya que ve a su padre ante él), ¿cómo es posible que pueda verle la cara? Lo más cercano a Robert serían los pies de su padre.
Diálogo con su mujer:
“- Cuídate Emma, cuida de Billy, Daniel, Rose y Janes, no permitas que les pase lo que le paso a Sophie por esa terrible enfermedad. Apenas despierten diles que su padre los ama y nunca los olvidara”.
Pues aquí, Robert no parece que esté muy desquiciado. Parece preocuparse por su familia. Aunque, si no quiere que contraigan ninguna enfermedad ¿cómo es posible que quiera sumirles aún más en la miseria, la cuál aumenta la probabilidad de contraerla, matando a su jefe y desapareciendo después? Su sueldo será pequeño, pero en algo ayudará, digo yo. Robert dejará a sus hijos sólo con los escasos medios de que disponga su mujer cuando él desaparezca.
Es una contradicción.
“- ¡¿De que decisión hablas?! ¡¿Qué es lo que te pasa?! Por favor Robert.
- Después lo sabrás y justificare mis actos.”
¿Cómo se justifican sus actos sabiendo que deja a su familia a merced de la miseria?
Al final de la historia, no se justifica nada, sólo dices que Robert está desquiciado y harto de su vida. Eso es egoísmo, pero no una justificación (por muy loco que esté).
Espero mis comentarios te ayuden. Cuida los detalles, que aunque parezca que no se notan, en realidad hacen que un escrito se entienda de verdad o no se entienda.
Un saludo
Hola, antes que nada quiero decirte que lo que has escrito es aceptablemente bueno. Tiene algunos deslíces como el asesinato de su jefe: era obvio que él (Robert) lo odiaba, pero ¿matarlo?. La explicacion del sueño es un tanto confusa, te sucede que quieres contar muy rápido la historia que no te das el chance de contar detalles, con ello no deseo que tomes lo que te critico como si fuera la panacea de las críticas, pero creo que vale la pena ser objetivos en cuestiones de tipo literario, de esta forma tu consideraras las que creas pertinentes sin que cambie tu estilo. La persona anterior te hizo una especie de "examen profesional", lo cual es bueno pero demasiado idealista. Basta la buena utilización de los signos de puntuación.
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