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Dadme vuestra opinión
Este texto lo escribí hace un año, con 17 años. Lo envié a un concurso de cultura clásica y ganó el tercer premio. Dadme vuestra opinión.
[Soliloquio de Eneas]
-“Héctor, príncipe y protector de Troya, hijo de Priamo, rey de la misma, guerrero invencible, hombre de honor e indudable valor, cayó abatido bajo la fría espada del vanidoso Aquiles. ¡Oh, príncipe!. Cuán injusta fue tu muerte y cuán injustos los dioses por permitirla. Tu destino debió ser el trono. Contigo en las murallas, Troya no habría caído y el caballo de los aqueos habría sido quemado con nuestros enemigos dentro.
¡Ay, desdichado! Que fatídico fue el día y que dañino el momento, en el que tu victoriosa lanza atravesó el cuerpo del valiente Patroclo, pues desde ese preciso instante el hilo de tu vida cesó de girar, y la tercera de las tres parcas contaba ya las horas que restaban al cumplimiento de tu aciago destino. La venganza de Aquiles era pues inevitable. Y aunque tu destino, sabias, no podías evitar, sí el modo en que llegaría. Y desoíste los encarecidos lloros de tus padres, que te imploraban te escondieras tras las murallas, y rechazaste las suplicas de tu esposa Andrómaca que te imploraba por vuestro hijo. Porque tú, Héctor, decidiste enfrentarte a tu verdugo con la bravura indómita de un héroe divino, cual Heracles, acometiendo tu deber con la firmeza de aquel que no teme a su destino. Y si los dioses no te hubieran abandonado y no hubieran inclinando la balanza de la victoria hacia Aquiles, hijo de Peleo, de buen seguro que lo habrías vencido en combate justo y la gloria eterna, que inmortalizó a tu contrincante, habría sido tuya.
Dime madre, tú que gozas de la inmortalidad junto a los demás dioses, allá en lo alto del monte Olimpo. ¿Por qué fue vuestra voluntad la de protegerme a mi en la batalla y no a Héctor de la cólera del Pelida?. ¿Acaso fue esa vuestra intención, la destrucción de Troya?. ¿O fue Zeus, dios supremo, quien escribió el fatal destino con la pluma de su voluntad?
No espero respuesta alguna a mis plegarias, ni siquiera de Febo Apolo, protector de Troya. Los dioses juegan con la vida de los mortales manejando los hilos de su destino a su caprichoso antojo. Los utilizan para el amor y para la guerra, según su divina voluntad. Sobre algunos hacen caer terribles males y a otros, en cambio, los colman de bendiciones.
Pero si hay algún culpable en esta trágica historia, ése es el príncipe Paris, él y su amada esposa, Helena. Helena era la mujer mejor dotada en gracia y belleza por los dioses, su belleza era tal que al llegar la hora de desposarla todos los reyes de Grecia acudieron a Esparta, atraídos por la leyenda de su hermosura. Pero tan grande era su belleza como la destrucción que provocaría. Todo hombre que la poseyó sufrió terribles males, y aún así, el amor de Helena se imponía al amor propio, al amor a tu familia, incluso al amor a tu patria. Así le ocurrió a París, joven príncipe de Troya, que sucumbió al encanto de Helena provocando la destrucción de la bella Ilión. Su patria ardió tal y como la mística Casandra, su propia hermana, había profetizado. ¡Que escuchen dioses y mortales mi sentencia acusadora!. ¡Son Helena y el amor los culpables de esta guerra!”
[Afrodita interrumpe a su hijo afrentada por sus necias palabras.]
-“¡Ay, hijo mío! Tus palabras son insultos a los dioses. Son dardos que me hieren y no tengo por menos que contestar. Hablas con el rencor de los ingratos, que culpan y juzgan para calmar su ira y ocultar su cobardía. Te atreves a culpar a los dioses y someterlos a tu juicio, cuando deberías rendirles pleitesía y devoción. Dudas del mismísimo Zeus, rey de los dioses, de su buen hacer y de su buen juicio. Y acusas a Helena de ser la causante de la ruina de tu patria.
Has de saber que ni Helena, ni Paris, ni su amor fueron causa de nada. Porque fue la ambición de los hombres la que provocó la guerra y las innumerables muertes. La ambición de Agamenón, que le llevó a reunir un inmenso ejército para someter a su rival Troya, el afán de gloria de Aquiles, que tantas almas precipitó al Hades, el orgullo de Menelao, que le llevó a iniciar la mayor guerra del mundo antiguo. Éstas son las causas y estos los caudillos, que de entre los aqueos destacaron por su perniciosa lanza. Entiende pues, hijo mío, mi indignación y mi necesaria réplica ante tal infamia.”
[Eneas responde y concluye]
-“¡Oh, madre! Tus sabias palabras me hacen ver cuán equivocado estaba. No debí juzgar con tanta dureza a la princesa Helena, y entiendo tu indignación, ya que, fuiste tú quien la entregó al príncipe Paris. Pero también tu debes entender el tamaño de la desgracia que supuso la caída de Troya, muerte para los hombres y esclavitud para las mujeres de mi pueblo.”
Habla Eneas, hijo de Anquises y de Afrodita, hacedor de grandes hazañas, tales como el descenso a los infiernos. Y ahora, que la vejez me consume arrugando mi cuerpo y apagando mi alma, escribo estas reflexiones que antaño tuve, para que la gloria de Aquiles no encubra la de Héctor, para que el recuerdo de esta tragedia no se pierda y la canten los poetas.

Muy bueno, te felicito, claro que no necesitabas que nadie te lo dijera, si ganaste el tercer puesto en un concurso qué te hace pensar que no lo es? Me gusta como usaste las palabras correctas, parece casi un escrito de Homero mismo, te felicito nuevamente y saludos!
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