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Cuento de Navidad.
Cuento de Navidad
(Dedicado a todos los que disfrutan o no disfrutan en NAVIDAD, a todos los que creen o no creen en LA NAVIDAD. PAZ PARA TODOS)
El pobre niño que vivía en la chabola de su abuelo “El macuto”, no sabía que era eso de la Navidad.
Tenía cinco años y su abuelo le sacaba de paseo por el Parque de las Delicias, que estaba justo enfrente del poblado de chabolas y nunca le habían llevado a un Colegio ni a eso que llaman guarderías.
Su abuelo decía.
- “Renegrío” ya tendrás tempo “pa” aprender a “leé” y a “escribi”.
- ¿ “Abue”, cómo se escribe “abue”?-le respondía el pequeño.
- No importa “ná”, que más “dá” “renegrío”.
El abuelo había recibido una visita de una asistenta social del Ayuntamiento explicándole que para el curso siguiente tenía que inscribir al niño en el Colegio.
El bueno de “Macuto” se había quedado con el nietecillo, junto a su abuela, que murió el año pasado, después que su hija y el maromo con el que convivió se metieran un chute que les dejara tiesos.
Las asistencias sociales decidieron que los abuelos educaran, ¡que sarcasmo!, al niño hasta los seis años y entonces le buscarían un Colegio con comedor y actividades extraescolares y que siguiera durmiendo en casa del abuelo y viviendo con él en los días de fiesta y vacaciones.
Siendo casi un bebé, le habían regalado por Navidad fruta, jerséis y unos tacos de madera para que montara algo que él no supo hacer nunca. Ahora a los cinco años había visto jugar a los niños en el parque con motos teledirigidas y a las niñas con muñecas que paseaban en cochecitos, que hablaban y hasta orinaban, que él creía de verdad.
- “Abue”, ¿Cómo andan esas”amotos”?
- Son pijadillas de nenes con “parné”. “Pa” cuando seas “mayó”, ya tendrás lo qué “queiras”- le decía el abuelo rechinándole los cuatro dientes que aún tenía.
El niño se llamaba Iván, pero todos le llamaban “Renegrío” por el color aceituna de su piel y por la roña de semanas que arrastraba.
Estas Navidades iban a ser diferentes. Cumplía cinco años y empezaba a entender que unos tenían tanto y otros tan poco, que por no tener no tenían ni para comer.
Si hacia caso a su amigo “El espingarda”, por todos así conocido por su delgadez extrema y que tenía ya siete años muy trabajados en pequeños “negocios”, de trincar lo que podía en los bolsos de los viejos, que se descuidaban en el parque, estas Navidades iban a comer pollo, turrones y mantecados a porrillo.
¿Cómo iban a conseguirlo? El del colmadillo de la calle Zuloaga, que estaba muy distante de su barrio necesitaba un chico para atender a las señoras y llevarlas las compras a casa. Su hermanastro Eulogio, de buena planta y con la ESO ya cumplida se ofreció para ello. Y el Eulogio se lo contó a “el espingarda” y éste a nuestro amiguito, pero con el anuncio de que cuando él estuviera distraído cogerían un poco de aquí y otro más de allí y seguro que se juntaban con un buen capacho de viandas.
El primer día se llevaron un par de latas de sardinas, el segundo sacaron unos mazapanes de la caja que volvieron a pegar, y el tercero una barra de turrón que entre las treinta que se llevaba Doña Remedios, ni se notó.
Los niños animados por el éxito decidieron dar el gran golpe.
Cuándo el Eulogio estuviera llamando a la puerta de una de las señoras que se surtían en la tienda le sacarían del carrillo una de las bolsas y “a correr a toda vela.”
- “Espingarda” te he visto, ya verás mi padre la que te va a dar- oyeron tras de sí los niños al poner pies en polvorosa.
- “Renegrío” corre y metete por la primera bocacalle, que este nos trinca.
Los chavales se escabulleron y en su loca carrera fueron a dar dentro de la Iglesia de Santiago, al final de la bocacalle. El “espingarda”, al que su padre le había apuntado a Religión, llevó a su amiguito a la primera fila y le dijo:
- Arrodíllate y haz como que rezas.
- Vale- dijo el niño tiritando de miedo y espanto. Era la primera vez que entraba en un templo y estaba impresionado.
El niño Jesús, casi a tamaño natural rodeado de un mulo y una vaca le tenían junto al Altar.
Y la impresión de lo que vió el niño le hizo exclamar:
- Ese bebé es más pobre que yo, está “aterio” en unas pajas y no tiene “pa””come” ni “pa na.”
Yo le doy la bolsa, “espingarda” con los turrones y el pollo.
El chavalillo se acercó sin más al pesebre y allí desparramó lo que acababa de robar.
La gente que estaba rezando se quedó estupefacta. No parecían posibles en pleno siglo XXI esas cosas.
El cura interrumpió el rosario y se dirigió al niño Iván, mientras el otro salía de la Iglesia corriendo.
- ¿Cómo te llamas?, no tengas miedo, el niño Jesús no abandona a los niños pobres.
- Me llamo, me llamo,… bueno el abuelo me puso “Renegrio”.
- Este niño bien merece la colecta de hoy y todo lo que podáis dar.
Enseguida dos mujeres se pusieron a recoger para el niño lo que la gente de la Iglesia daba en cantidad.
El cura junto con una de las mujeres que ayudaba en la iglesia metieron al niño dentro de la Sacristía y entre llantos y risas, por los nervios, le sacaron que vivía en las chabolas de Las Delicias.
Discretamente el cura llamó a la Policía local y les explicó que llevaran al niño a su casa y que por nada del mundo le dijeran algo al abuelo de lo sucedido. Que le contaran que se había perdido y que él le había encontrado.
- Mañana vamos a verte para llevarte las cosas de Navidad. No llores y sé valiente, que estos señores no te van a hacer daño.
La policía llevó al niño junto a su abuelo y las viandas robadas a su dueño, explicando a Eulogio que se callara, que todo estaba arreglado.
Al día siguiente una furgoneta se paró junto a la chabola de “El macuto”, que no conté que así se le conocía porque siempre llevaba una mochila donde metía todo lo que fuera menester. El niño salió de la casa alborozado y un poco temeroso. Del vehículo bajaron Don Fermín, el cura, una señora y dos jóvenes con varias cajas sobre unas carretillas.
- Le ha tocado la lotería abuelo- le dice uno de los jóvenes- aquí traemos de todo.
- Mire señor, su nieto es un cristiano de verdad aunque usted no lo sepa y en la parroquia hay muchos, aunque yo ya lo sabía. Todos han dado algo para ustedes- le cuenta D. Fermín.
- Si no tengo “do” ponerlo. No tengo “na” de sitio, ni nevera, ni “na.”
- No se preocupe aquí le traigo unas llaves de una casita que le van a pagar el alquiler los de Cáritas de por vida. Pero eso si, el niño va a partir de mañana a la Escuela de los Padres Carmelitas con una beca y va a estudiar hasta donde quiera.
- ¿Eso qué es “abu”, es malo eso de “estudiá”?- dice el niño sacando una pelota de una de las cajas tan grande como él- mira abuelete, mira que pelota tan grande.
- No hijo, es lo mejor “pa”que seas un hombre de provecho y no un “desgraciao” como tu padre o tu abuelo.
Esa noche y muchas más ni el abuelo ni el niño pudieron dormir, pero les daba igual. Colocando todo en su nueva casa ni se cansaban y pusieron a un niño Jesús sobre el aparador y nunca lo quitaron. Rezaban y le pedían para todos los niños pobres del mundo. En la calle se oían los villancicos y la canción de “El tamborilero”.

Un cuento muy bonito al estilo de los cuentos de antaño. A mi me gustan porque me hacen recordar viejos tiempos cuando los niños escuchábamos de los mayores y leíamos en cuentos y hasta veíamos películas donde en Navidad se producían milagros.
Además, yo creo posible la historia, porque un niño bueno,que no ha visto nunca una iglesia y que no ha oído más que de nombre lo de la Navidad, se puede ver impresionado por un niño pálido, casi desnudo y metido entre pajas de un pesebre y sus buenos sentimientos,que seguramente le ayudó el abuelo a sentir, le pueden hacer comportarse como le del cuento.
No hay milagro por otra parte, hay correspondencia de gente cristiana.
Saludos. Lanzas.
Todos los hombres buscan la verdad, pero algunos se niegan a reconocerla.
Una historia conmovedora y que me ha llegado. En Navidad tengamos esperanza. Un saludo. Interazul.
Los lobos atacan cuando tienen hambre.
Se me ocurrió el tema al ver como se acerca una nueva Navidad y la gente corre de forma alocada a consumir, a comprar y no tienen en cuenta la cantidad de niños que no tendrán nada a no ser que los padres de los pudientes se rasquen un poco el bolso
Saludos de Quijote el amargado.
Hola, Quijote. Qué bonita historia. Aunque parezca muy ideal, cosas así suceden, no es inverosímil. Y la has contado muy bien, con mucha gracia. Creo que la voy a explicar a "mis niños" estos días... Con permiso del autor, ¿verdad? :)
Un saludo pre-navideño.
Hola Quijote, la mejor virtud -en mi opinión- de este relato tan sencillo es que evoca otra época. Tiempos de muchos problemas, escasez, injusticia... Pero más humanos. Casi veo a José Isbert haciendo el papel de abuelo y a Fernán Gómez con sotana. En aquella época la Navidad tenía un espíritu que hoy se ha perdido. Te agradezco que nos lo hayas recordado. En blanco y negro.
Saludos cordiales
Panchito
http://www.sopadecabra.com
Gracias no por leerme, que esto también, si no por tener esperanza. Debemos tenerla. No todo es materialismo. Saludos de Quijote el amargado.
Este cuento es para leerle, contarle, imprimirle, repartirle a los niños y a los mayores, para que abran su corazón ante la pobreza y la miseria.
Gracias por comentarle. Quijote.
una muy buena historia, casi como la que me gustan leer, sin tanto esfuerzo, sin estar quemandome las pestañas, ni algo asi. y si, como apuntan arriba es un relato muy tierno en blanco y negro. lo que mas me encanto fue los dialogos tan peninsulares, son geniales.
felices fechas..... mario a.
lo mejor es vivir, y lo demas es lo demas
Amigo, no tengo nada que añadir, soy nuevo y al parecer aqui hay bastante nivel, felicidades
Maikel Riggs
Amigo Quijote: tu cuento me ha emocionado y, sobre todo, porque sé que son los más pobres los que más dan.
Encuentro muy positivo el hace ver al niño que en el estudio y en el saber va a encontrar en su futuro la posibilidad de ser un ser humano con todo lo que eso conlleva. Nada más importante para el hombre que una buena formación, pero en todos los sentidos: estudios y enseñanza en valores, algo que en estos tiempos se ha olvidado en los Planes educativos, pero que es algo sumamente importante para formar a un hombre de verdad, lo mismo para la mujer.
Que el ejemplo de tu "renegrio" se extienda por este mundo como una mancha de aceite y no sólo en la Navidad.
Un beso:
María Ángeles
Si ayudo a una sola persona a tener esperanza, mi vida no habrá sido en vano
( Martin Luther King)
Más bien el cura sería Adolfo Marsillach, como en Balarasa. Jajaja. Pero en cuanto a lo que dices es lo que me han contado e incluso de niño recuerdo lo de la misa del gallo y la familia reunida en una camilla o dos( una para los mayores y otra para los niños)y jugando a variados juegos y por supuesto compartiendo todo en común.
Saludos de Quijote el amargado.
Gracias y paso a desearte Felices fiestas, amigo Mario. Leo tus escritos con interés y vi que mejoraste mucho en gramática.
De nuevo Felices Fiestas. Quijote.
No es tan importante el nivel, sino las aportaciones de todos. Escribe y leeremos. Saludos y gracias. Quijote.
Gracias, amiga María Ángeles, espero que esta Navidad sea para todos unas fechas de encuentros familiares y de armonía entre Dios y los hombres.
Para ello hay que saber dar todo lo que se tiene y perdonar a los que nos ofenden abriéndoles nuestro corazón.
Lo mejor que quise poner es lo de la formación humana y científica del niño.
Saludos de Quijote el amargado.
Hola quijote,
No sé si estas cosas aún pasan, pero no estaría nada mal que pasaran al menos en una época como la Navidad. Me gustó tu cuento, el tono tierno con el que lo narraste. Y ese canto a la esperanza. Tal vez no esté todo perdido.
Feliz Navidad.
Puede que aún pasen. De hecho soy de los que cree que muchos realmente pobres son más generosos que los ricos. En los evangelios ya se menciona.
La Navidad debe ser al menos, días de alegría para las familias, que los padres quieren a sus hijos y estos les corresponden. Si además hacemos un poco feliz a alguien que fue infeliz durante décadas mejos que mejor.
Saludos de Quijote el amargado.
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