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Crónica de una espera


By animalson - Posted on 04 August 2007

Crónica de una espera

Con la mano temblorosa apoyé el caño en mi cabeza. Estaba frío. Tiré del gatillo. El martillo golpeó el percutor y la cápsula reventó. El plomo sale despedido por el caño estriado…

Mi nacimiento no fue tan malo. Quince de setiembre a las dos de la mañana creo que me contó mi vieja. Parto natural. Nací en este pueblucho, en una clínica privada que era bastante mejor que el hospital público. Parece que los primeros años fueron felices; aunque sea para mis viejos porque yo no me acuerdo nada. Si achico los ojos un poquito y hago fuerza me vienen algunas imágenes de mi primer papá.

Tendría unos seis años y vivíamos con mi vieja y Alfonso, el carnicero de la vuelta de casa. Me acuerdo que pensaba que Alfonso era el tipo más viejo que existía. Por ahí porque era muy flaco, y tenía la cara toda chupada y unos bigotes gigantes. No sé si tenga relación pero supongo que por eso debe ser que nunca me dejé el bigote. Yo le decía papá. Cuando volvía de la carnicería me traía costillas peladas para que coleccione. Y le ponía tanta emoción cuando me las daba envueltas en un papel de diario, que me contagiaba y yo las guardaba contento. Peor es nada dicen, o lo que cuenta es la intención. La cosa es que al menos en ese tiempo no pasamos hambre. No me acuerdo mucho más de Alfonso, porque cuando cumplí ocho no lo volví a ver y creo que mi vieja tampoco.

En los años que siguieron tengo los primeros recuerdos de mamá llorando por los rincones. O a la noche cuando estaba acostado, me hacía el dormido y ella se sentaba en la cama y me acariciaba el pelo con las manos mojadas en lágrimas. Y aunque no entendía mucho qué le pasaba, me ponía mal verla así. Pobre viejita. Roberta se llamaba, y yo a veces pensaba que estaba triste porque tenía un nombre feo. Así que le decía “Mami no estés triste. Cuando crezca te prometo que le voy a decir al presidente que te cambie el nombre”, y ella lloraba más. Dios santo que pelotudo que era.

Cuando cumplí nueve me regaló un camioncito a fricción que se le cambiaban los acoplados. Fue uno de los días más felices que pasamos. Al poco tiempo nos fuimos a vivir a una casa chiquita en otro barrio. Horrible. Ella me lo contaba como que era mejor todo eso, pero a mí no me gustaba para nada. Hacía mucho frío así que dormíamos juntos. Empecé a ir a otra escuela más cerca y eso me ponía muy mal, porque los chicos me maltrataban y a los maestros parecía no interesarles; decían “Chicos, chicos, dejen al compañerito tranquilo”, pero eso no lograba impedir que me sigan molestando y robando los útiles. Mi mamá me decía que era cuestión de tiempo hasta que me adapte, pero ese tiempo parece que nunca llegó. Así que empecé a faltar más seguido y nadie lo impedía. Desde que nos habíamos mudado ella se iba a las seis de la tarde todos los días y volvía a las cuatro de la mañana. Entraba despacito para no despertarme, pero yo siempre la escuchaba y me hacía el dormido. Se acostaba y dormíamos hasta el mediodía. Después me preparaba el almuerzo para mí porque ella no comía –me decía que no tenía hambre-, y si sobraba me lo comía a la noche. Con el tiempo lo empecé a hacer sobrar. A la tarde íbamos a la plaza, o jugábamos a la pelota o con los camioncitos hasta las seis que volvía a irse. Nunca supe qué hacía y nunca le pregunté, porque al menos el ratito que estábamos juntos no la veía llorar. A la noche me quedaba escuchando la radio hasta que volvía. Pasaban un programa de una mujer que atendía por teléfono a gente que le contaba sus problemas. Pensaba pobre gente cuantos problemas que tienen; y me sentía afortunado a pesar de todo, estaba feliz de ver a mi mamá bien.

Así llegaron mis trece años en un setiembre caluroso. Sorprendentemente, y a pesar de haber asistido un tercio en los últimos años, recibí mi título de educación primaria. La vieja estaba muy orgullosa. Una tarde en esas vacaciones de verano, antes de empezar la escuela secundaria, mamá abrió la puerta y entró corriendo un perrito todo esponjoso que me chupó la cara. Yo no era fanático de los animales pero me gustó mucho la verdad y le puse Euclides. Atrás de ella entró un gordo alto todo empilchado. Era mi nuevo papá. “Él es Marcos” me dijo mamá sonriente, y Marcos se acercó y me dijo “¿Qué hacés pibe? ¿Te gusta el regalito que te traje?”. No me lo olvido más, me parecía el hombre más desagradable del mundo. En fin, la cosa es que cargamos todo y nos fuimos a vivir a la casa de Marcos.

Vivía en un departamento cerca del centro, que comparado a mi última casa era una mansión. En unos meses inicié la secundaria y también empecé a sentirle el gustito a la plata. En la escuela me iba bastante bien pero no me hice de muchos amigos. Y ese invierno tuve mi primer laburo trabajando con Marcos. Repartíamos gaseosas por los supermercados en un camión viejo que él tenía. Y con mi primera plata me compré una bicicleta todo terreno. Estaba bárbara. Debo reconocer que ya no me caía tan mal Marcos, era un poco malhablado pero nos trataba bien a mamá y a mí. Y a mi vieja nunca la había visto tan bien. Hacía de ama de casa, cantaba y se arreglaba y pintaba para salir. Todo parecía marchar sobre ruedas.

Para mis catorce fuimos a comer los tres a un restaurante en el centro. Llegó el verano de nuevo y terminé el primer año de secundario con excelentes notas. Me empecé a juntar con un pibe que vivía en el departamentito de al lado. Gabriel se llamaba y tenía una moto impresionante que nunca me prestó. Era mi ídolo. Tenía veinte años y escuchaba metal, así que yo empecé a escuchar también. Y más tarde me compre una campera de cuero. El único amigo que tenía Gabriel era yo; y ahora que lo pienso, él era mi único amigo también. Andábamos en la moto para todos lados. Me acuerdo la primera vez que me llevó a un boliche y me agarré un pedo terrible con ron.

Así siguió todo por unos años más. Mi vieja había empezado a estudiar, yo trabajando con Marcos y yendo a la escuela, y el resto del tiempo lo pasaba con Gabriel vagando por ahí. Hasta acá venía bastante normal, y a pesar de todo lo que había vivido, nada me iba a preparar para lo que venía.

Tenía dieciséis años y recién arrancaba mi último año en la secundaria. Era un sábado lluvioso de marzo. Me acerqué corriendo a la casa de Gabriel y le toqué timbre. Cuando se abrió la puerta la vi. Hay imágenes que son un verdadero alivio para los ojos y un descanso para el alma. “¿Si?” me dijo, y yo no entendía nada. Cuando volví a la tierra le dije “¿Está Gaby?”, aunque lo que sentía no tenía nada que ver con él. “Ah, vos sos el amigo. Pasá” dijo sin más. Después me enteré que Gabriel se había puesto de novio con esa chica que no sé de dónde sacó.

Carla se llamaba. Carla. Tenía unos rulos largos hasta la espalda, pero un corte de pelo desprolijo. Morocha sin poder serlo más y con un perfil que no sabía que podía existir. Pero para perder la cordura bastaba con mirarla a los ojos. Era una tarea imposible mantener la vista fija en esas profundidades negras. Y ella jamás le bajaba la mirada a nadie. Los labios rosados no podían encajarle mejor en ese espectáculo para los sentidos. Sus demás propiedades no tenían desperdicio alguno. Sus orejas, sus manos grandes, su estatura justa, su silueta. En verdad no sabía dónde estaba parado. La cosa es que pasamos esa tarde tomando mates y escuchando Metallica. Lo que saltaba a la vista en seguida y llamaba la atención a todos, era lo malparida que resultaba Carla. A pesar de su imagen angelical y descuidada, era maleducada y mal contestada, y de malos modales e ideas extrañas. Definitivamente me había enamorado.

Si hasta entonces estaba mucho tiempo en lo de Gabriel, desde que apareció Carla me la pasaba ahí. Gaby ya me miraba feo. Andábamos los tres para todos lados, pero ahora yo en la bici y ellos en la moto. La verdad que no parecían novios, pero desgraciadamente lo eran. Esos meses que siguieron hasta las vacaciones de invierno la pasamos genial. Con Carla ya no íbamos a los mismos lugares de antes; ella nos llevaba por lados extraños y oscuros. Me acuerdo que le encantaba subirse a los techos y recorrer toda la manzana por arriba. O meterse en los edificios y hacer quilombo en los departamentos para escaparse corriendo por las escaleras. Cosas así, siempre de noche. Con ella nos llevábamos muy bien pero nunca le había dicho nada más de lo que sentía. Me daba bronca porque parecía que Gabriel no le daba pelota, mientras yo me moría por besarla. De todas formas veía que había un abismo entre nosotros. Yo no era nadie y ella parecía un dios. En ese momento hubiera hecho lo que me pidiera. Y así cayó julio y me sorprendió con mi amor secreto.

Una noche que supongo haría cero grados llegué a casa y vi a mama llorando en el piso. La llevé al hospital y le metieron tres puntos en el labio y calmantes para la cara que no se sabía lo que era. A papá Marcos se le había ocurrido practicar boxeo con su cabeza. En cuestión de horas hicimos los bolsos y terminamos en un hotel de mala muerte. Ella nunca quiso denunciarlo. Se acercaban los años que me trajeron hasta acá.

Esa noche de julio me quedé sin papá –de nuevo-, sin casa, sin laburo y sin perro. Y mi vieja peor que nunca no paraba de llorar. Por suerte a los pocos días pudimos conseguir de nuevo la casita del barrio bajo en la que habíamos vivido hacía unos años. Yo tenía una plata que había estado ahorrando para comprarme una moto. Pero en un par de meses se acabó y no podía conseguir laburo. Para colmo mi mamá se la gastaba en alcohol y andaba revolcada todo el día por la casa. Los últimos días pasamos mucha hambre, fue realmente penoso. Al fin después de tanto buscar conseguí trabajo en un depósito que estaba en la ruta. Me la pasaba acomodando bultos, limpiando y descargando camiones. Salía de casa a las cinco de la mañana en la bici y volvía a las seis de la tarde. Tuve que cambiarme a la escuela nocturna, así que entraba a las siete y media de la noche. A las once cuando por fin llegaba a casa encontraba a mama tomando vino y viendo la tele. La casa era una mugre, y yo no tenía tiempo ni ganas de decirle nada.

Mi quince de setiembre número diecisiete soplé las velitas con un par de compañeros en el depósito. Mamá ni se acordó. Lo único que me ayudaba a seguir pedaleando todos los días por esa ruta larga y oscura era Carla. Pensaba en ella y el sufrimiento se aliviaba de inmediato. Todos los días me imaginaba un futuro distinto juntos. Planeaba como iba a ser todo; quería empezar a ahorrar, así después de terminar la secundaria me compraba la moto y la pasaba a buscar para irnos lejos de este pueblito de mierda. Y cuando llegaba al camino empedrado en la entrada del depósito, bajaba la vista del cielo y se me borraba la sonrisa. Esa era mi realidad. Desde que me fui del barrio no los había vuelto a ver ni a ella ni a Gaby. Sé que habían ido un par de veces a visitarme pero yo nunca estaba.

En octubre abandoné la escuela y nunca me recibí. Navidad y año nuevo las pasé haciendo horas extras para poder comprarle un arbolito y algún pan dulce a mamá. Una noche de enero la llevé a cenar al centro. Fue espantoso. Ya casi no hablaba y tenía un carácter terrible. No sabía en qué mundo estaba. Me acuerdo y se me retuerce el alma.

El invierno que llegó fue cruel. Llovía todos los días y el viento en la ruta era terrible. Entonces me retrasaba en el trabajo. Un día me echaron. Desesperado empecé a buscar parientes. Mis abuelos maternos muertos y por parte de mi papá no había nada. Mi vieja tenía un solo hermano que vivía en España. Dejé de llamarlo cuando me cortó tres veces. Estábamos en la ruina total. Me anoté para hacer trabajos municipales. A veces barría las calles o ayudaba a arreglar las plazas. El sueldo apenas alcanzaba para comer una vez por día. Debíamos cada vez más alquiler y mamá era prácticamente un vegetal. Nunca dejó que la lleve al hospital y las ambulancias decían que estaba bien de salud. Fue el peor invierno de mi vida. No volví a sonreír.

Cumplí dieciocho años y cuando entré en casa mi vieja estaba desmayada. La internaron en el hospital con un cuadro grave. Pasé todos los días haciéndole compañía pero no respondía. Al velorio fueron algunos vecinos y algún profesor. No lloré una lagrima. Pensé que nada podía ponerse peor. Y me equivoqué.

Cuando volví a casa después del entierro, me encontré con todas mis cosas en la puerta y la cerradura cambiada. Esto fue en noviembre. Agarré alguna ropa y me fui en la bici a la casa de Gabriel. No vivía más ahí. Mientras andaba por la calle pensando qué hacer, veía a las familias felices en sus coches, en la pileta, en la plaza. Por un segundo me pregunté qué había hecho mal; me contesté nacer. Después de pedir asilo en la municipalidad sin resultados, terminé en una iglesia. Dormía en la sacristía con el padre Jorge. Jorge me hablaba de religión y yo lo respetaba porque me daba de comer y donde dormir. Lo ayudaba a mantener la iglesia.

Así pase dos años más con una misa cada domingo. A mis veinte ya hablaba muy poco y había perdido cualquier indicio de simpatía. En las noches interminables me recostaba con los ojos abiertos mirando el techo y pensaba en Carla. La veía riéndose, saltando por los techos, puteando, corriendo debajo de la lluvia. Me daba un respiro.

Fue una noche tarde que escuché ruidos en la iglesia y fui a ver. Prendí la linterna y ahí estaba ella sentada en el primer banco. Llorando. Fue lo más lindo que había visto en los últimos cuatro años. Tapaba con la mano la luz de la linterna que le daba en la cara, así que la apague y me senté al lado. No me reconoció porque yo tenía los pelos largos, mucha barba y estaba reflaco. No me contó qué le pasaba, y yo no le pregunté tampoco. Nunca la había visto llorar, siempre parecía una tipa dura y despreocupada. La pasamos hablando hasta el alba. Después de esa noche la empecé a ver más seguido. No sé si tendría algo que ver que estuviera viviendo cerca de él, pero parece que Dios al fin se había acordado de mí.

En mi cumpleaños veintiuno me invitó a su casa y por primera vez conocí a su familia. Vivía con los padres y tres hermanos menores. Pero lo mejor fue esa noche. Me llevó a un lugar muy especial que solo ella conocía para darme mi regalo de cumpleaños. Me besó. Allí sonreí por primera vez en mucho tiempo cuando el estómago se me llenó de mariposas. Desde ahí entablamos una relación de amigovios. Llegué a pensar que la vida no era tan mala como había pensado. Era cuestión de esperar tu momento. Y la cosa se ponía mejor.

El padre de Carla trabajaba los campos y me ofreció un laburito de peón. Por supuesto que acepté gustoso. Yo vivía prácticamente en el campo y viajaba el pueblo todas las semanas a ver a Carla. Tenía un buen sueldo así que para mis veintidós años me compré la moto que tanto quería. Me creí que era feliz. Ya no me importaba irme del pueblo ni nada por el estilo. La pasaba bien viendo los atardeceres en el campo, respirando aire puro y criando animales. Me encantaba viajar en la moto al centro y pasear con Carla. Era lo que había soñado. Me reía pensando en las vueltas del destino; pensando en que fácil puede llegar todo… Y que fácil se lo pierde.

El primero de mayo iba a la ciudad en la moto cuando se cruzó de repente un caballo en el camino. Terminé estampado en una zanja. De no ser por un tractorista que me vio tirado me hubiera salvado. Pero el hecho es que llamó una ambulancia y me llevaron al hospital. Perdí el brazo derecho.

No volví a ver a Carla ni a su familia. No quise. Rechacé sus visitas en todo momento. Me sentía un inválido, un impotente. Conseguí un trabajito en otro campo pero ya nada era igual. Sentí odio. Odio contra mí, contra los demás, contra Dios. Nada tenía sentido, y entonces fue allí cuando lo pensé por primera vez. Estaba sentado junto a un corral mirando la luna y me pregunté por qué seguir. Qué necesidad absurda de continuar sufriendo. Qué me aferraba a esta desgracia. Pasaron unos días más y no obtuve respuesta.

Esta tarde entré en la habitación del encargado y busqué bajo la mesada el revólver que escondía. Salí a respirar aire fresco y a caminar bajo el sol. Le di de comer a los chanchos y a las gallinas. Estaba sonriente. Me dije que ya todo había terminado al fin. Me subí al techo del granero y miré el sol escondiéndose tras los sembrados. Sentí la paz absoluta. Me despedí de la luna con una reverencia y me metí acá en mi habitación. Con la mano temblorosa apoyé el caño en mi cabeza. Estaba frío. Tiré del gatillo. El martillo golpeó el percutor y la cápsula reventó. El plomo sale despedido por el caño estriado…

¡Ya los sé! Ya sé porque quiero seguir viviendo. Por el mismo motivo que me ayudo a seguir estos años. Por mi ángel de la guarda que apreció para salvarme esa noche y no lo supe aprovechar. Ella, de los rulos perfectos, de la boca venenosa, de los ojos oscuros. La que me acompaño noche tras noche en la ruta. La que por mi orgullo estúpido eché. Voy a volver a buscarla y a decirle no que nunca le dije. A decirle que la amo y a decirle graci…

: :a n i m a l S o n ::

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Turkesa's picture

Hola, Animalson: acabo de leer un texto equilibrado, que obedece a un perfecto hilo narrativo, en el que las imágenes y los pensamientos del protagonista se anudan de tal modo, que no me dio tiempo a detenerme siquiera a especular con el posible final anunciado al inicio. No. Porque el imán de este cuento es su agilidad que no te permite respirar, te lleva en un carruaje que se desliza tan naturalmente, que cuando adviertes que no has optado por subirte a él, ya llegaste al final, sin haberlo decidido conscientemente. Y no es porque el tema me atraiga. No es lo que elegiría leer -menos un sábado a la mañana-; pero no pude imponer mi voluntad, de la que irremediablemente se adueñó tu texto y no me la devolvió hasta que hube leído la última letra.
¡EXCELENTE!
EXCELENTE!
EXCELENTE!
Todo: la acción, las consecuencias, las ideas. los estados de ánimo del protagonista, la luminosidad -variable de acuerdo al momento del cuento; la temperatura, los sonidos, el clima, .... Realmente un gusto enorme leerte.

Saludos Azules. Turkesa.

B. Miosi's picture

Animalson, me encantó tu relato. Crudo como la vida misma, contado de manera coherente y llena de detalles que hacen ver las cosas que sucedían como si estuvieses allí.
Te felicito, de veras, te felicito.
Blanca

http://www.yoescribo.com/publica/comunidad/autor.aspx?cod=22122

lapoesiaataca's picture

Un excelente relato, atrapante del principio al fin.
Un Lazarillo del siglo XXI, donde los temas del hambre, la pobreza, soledad, desamparo, violencia, etc, están de manifiesto
en este relato de carácter visiblemente social.
Personajes muy bien logrados. Historia que se desarrolla en los breves segundos del disparo ,toda la vida del personaje pasa frente a sus ojos y los del lector con flashes precisos, y el arrepentimiento final que no puede ser concretado. Principio y final espectacularmente logrados.
Excelente, cualquier otra consideración creo que ya fue hecha.
Enhorabuena, un abrazo desde la otra orilla.

Que las hadas te acompañen.

ivanovic's picture

He comenzado a leer diciéndome lo de siempre: "si el primer párrafo no me interesa, lo dejo". Pero no he podido detenerme hasta el final. Muy bien narrado. Un relato ágil y redondo. El arranque cautivador, con el infalible recurso de la anticipación y el raconto: el protagonista se suicida y su vida pasa ante sus ojos, iniciándose así la narración retrospectiva. Que sí, que es otro comienzo del tipo "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento...", pero lo cierto es que funciona muy bien.

Me ha gustado mucho este relato.

animalson's picture

¡Uy! Pero que sorpresa gente.

Bien, a pesar de no ser mi relato favorito es bueno saber que lo recibieron con entusiasmo.
Sinceramente pensé que no iban a leerlo casi por la extensión. Porque he visto -y me han hecho saber- que la costumbre por estos foros es de textos más cortos -y lo entiendo por el tiempo que demanda y la gran cantidad que hay para leer-.

En fin, Turkesa, Poesíaataca, Blanca, Ivanovic, gracias por la visita y nos estamos viendo. Besos.

: :a n i m a l S o n ::

Elisabet's picture

Hola, Animalson,

pues he venido a leer este otro cuento tuyo y, realmente, es diferente de la Heroína del Sol. Qué bien, te gusta probar cosas distintas.

Lo he leído de un tirón. Escribes muy bien. Interesas. Con mucha agilidad, con cuatro trazos, relatas toda una vida. Con el sentimiento justo y los detalles precisos. La verdad es que hay que felicitarte.

El final... Ah, el final me ha parecido que flojeaba un poco. Es bonito, sí, tiene un significado muy hondo. El amor redentor... Pero, no sé por qué, hay algo que no me acaba de gustar en la forma. Quizás es sólo un matiz. La frase que la describe a ella es preciosa, pero el resto... Como que no me pega con tu estilo del resto del relato. ¿Será ese súbito cambio de la noche a la luz?

Ah, otra cosa. He leído esa expresión en varios sitios. La primera vez que la vi, pensé: qué original. La segunda vez, me dije: uy, eso suena a copiado. La tercera ya me pareció que era un cliché o una feliz ocurrencia que pasa de mano en mano... A lo mejor es una frase hecha que desconocía hasta hace poco, del tipo "helarse la sangre en las venas". ¿De dónde sale, o quién escribió eso de "mariposas en el estómago"???

Saludos, AnimalSon, (tu nick me hace mucha gracia)

Elisabet

Esthercita's picture

Hola, Animalson

De los textos que te he leído, éste es el que más me ha gustado. La historia se desenvuelve en forma clara, escrita de forma adecuada para ella; el protagonista recuerda, y lo hace recordando su vida al borde de la muerte, casi en forma desapasionada, como si estuviera narrando una historia ajena; salvo en algunas ocasiones, en algunos momentos, en los cuales la emoción lo sobrepasa. Y esos momentos parecen coincidir con el recuerdo de su madre y el de Clara. Lo cual, de alguna forma, reafirma la idea (originada en la ausencia de mención de cualquier otra mujer en su vida, pese a sus más de 21 años) de que ambas lo marcaron en forma indeleble. El protagonista tiene una personalidad curiosa; no sólo no parece haber reparado en otra chica en estos años, sino que persiste durante mucho tiempo soñando con Clara, a la que ya no ve ni por asomo; no recuerda casi nada de su niñez, en edades en las cuales sí se recuerda y mucho; da la sensación que ha “borrado” recuerdos selectivamente; además, no es fácil comprender cómo, con lo que ha vivido, insista en “salir adelante” trabajando y haciéndose cargo de todo, sin que al parecer casi nunca flaquee su voluntad. Es, me parece, uno de los elementos más interesantes del relato, este protagonista que se “sale de lo habitual” en sus pensamientos y actos. O bien, que en los momentos previos a su suicidio, “seleccione” los recuerdos que quiere recordar....y sea sólo esos los que nos cuente, como narrador...

Requiere, sí, una revisión profunda; además de tildes ausentes, o errores de puntuación, aparecen algunas líneas confusas, como:
“Nunca dejó que la lleve al hospital y las ambulancias decían que estaba bien de salud. “

Y, en varias oportunidades, choca una cierta discrepancia temporal. Me explico: el narrador es el protagonista, que revisa su vida de golpe en un único monólogo; por lo tanto, narra en todo momento hechos que ya pasaron para él. Doy algunos ejemplos:

“Si achico los ojos un poquito y hago fuerza me vienen algunas imágenes de mi primer papá.” Esta línea me parece creíble para el niño que fue en el momento de “su primer papá”., pero ¿lo es en el pensamiento del joven que recuerda?

“Mi mamá me decía que era cuestión de tiempo hasta que me adapte, pero ese tiempo parece que nunca llegó” Ese tiempo, o llegó o no llegó, pero él ya sabe si llegó o no, en el momento que narra, porque pertenece a su pasado. El “parece” descoloca bastante en la lectura. Aparece como una suerte de ironía, le da a la línea el carácter de frase mordaz; obviamente que puede suceder que “piense en forma irónica”, pero el caso es que esa mordacidad no está para nada de acuerdo con todo el resto del relato, con la forma con la que él piensa en el resto de su narración. Choca.

La descripción de su encuentro con Carla contiene algunas imágenes realmente muy buenas; también aparecen dos expresiones confusas:
“Y ella jamás le bajaba la mirada a nadie.”
”Lo que saltaba a la vista en seguida y llamaba la atención a todos,”
En el contexto de este párrafo, él está recordando ese primer encuentro. No podía, entonces, saber qué ella hacía con su mirada frente al resto de las personas, ni tampoco qué les podía llamar la atención a ese resto de las personas. Eso, lo supo más tarde, con el correr de los días o los meses o el tiempo que fuese.

Con respecto a la estructura general del cuento, a mi gusto, se encuentra demasiado “lleno” de peripecias. No discuto que toda esta historia podría ser real, podría suceder en la vida real. Pero confieso que, ya cuando llegué a que perdió el brazo, me dije: ¡No! ¿Qué más le puede pasar a este flaco? ¡Es un yeta completo!
Me impacienté un poco: demasiada desgracia junta, este flaco rema, y rema y se esfuerza, y todo le sale mal. Obviamente que es una impresión personal, y sólo tiene ese significado, pero, por mi parte, hubiera preferido menos desgracias y menos extensión...

El final me pareció bueno, sobre todo por la interrupción de la última palabra escrita, que deja en claro que no hubo magia alguna: el plomo sí salió despedido y sí llegó a destino.

Un abrazo,
Esther

animalson's picture

Quote:

Hola, Animalson,

pues he venido a leer este otro cuento tuyo y, realmente, es diferente de la Heroína del Sol. Qué bien, te gusta probar cosas distintas.

Lo he leído de un tirón. Escribes muy bien. Interesas. Con mucha agilidad, con cuatro trazos, relatas toda una vida. Con el sentimiento justo y los detalles precisos. La verdad es que hay que felicitarte.

El final... Ah, el final me ha parecido que flojeaba un poco. Es bonito, sí, tiene un significado muy hondo. El amor redentor... Pero, no sé por qué, hay algo que no me acaba de gustar en la forma. Quizás es sólo un matiz. La frase que la describe a ella es preciosa, pero el resto... Como que no me pega con tu estilo del resto del relato. ¿Será ese súbito cambio de la noche a la luz?

Ah, otra cosa. He leído esa expresión en varios sitios. La primera vez que la vi, pensé: qué original. La segunda vez, me dije: uy, eso suena a copiado. La tercera ya me pareció que era un cliché o una feliz ocurrencia que pasa de mano en mano... A lo mejor es una frase hecha que desconocía hasta hace poco, del tipo "helarse la sangre en las venas". ¿De dónde sale, o quién escribió eso de "mariposas en el estómago"???

Saludos, AnimalSon, (tu nick me hace mucha gracia)

Elisabet

Originalmente enviado por Elisabet - 05 ago 2007 :  1:52:53 PM

Hola Elisabet. Me alegra que te haya gustado. Que bueno ese que se lea de un tirón como dicen. Así fue escrito también, de un tirón.
Como dije antes para mi flojean vario puntos y no solo el final. No me terminó de convencer por eso la sorpresa ante tan buen recibimiento. Considero que puede quedar mejor con más repaso. Pero dejaré pasar un tiempito antes de corregirlo porque ya lo leí tantas veces que no puedo concentrarme en ningún punto.
Y lo de mariposas en el estomago sí es un cliché, algo muy usado aquí y lo puse para marcar el lenguaje coloquial del personaje.

Gracias por pasarte y hasta pronto.

: :a n i m a l S o n ::

animalson's picture

Quote:

!hola animalson!, la primera vez que lo abrí, bueno, lo cerré, por la extensión. Luego volví a abrirlo, me leí los comentarios, al ver que eran tan buenos, pues, me animaron a leerte, estoy de acuerdo con los arriba firmantes, vamos, me gustó, muy triste eso sí, a mi me van más los textos graciosos, pero, sentí pena por el personaje, me metí en el cuento. Te leo. Un saludo.

FULGENCIO

Sé bueno, pero no imbécil.

Originalmente enviado por Fulgencio - 05 ago 2007 :  4:57:07 PM

Fulgencio, sí es bastante triste. Pero más que una historia creíble esta pensado más por el lado de la crítica social. Por eso tan exagerado. Quería que el personaje afronte muchas de las desgracias que son comunes hoy por hoy. Y a pesar de su muestra de fortaleza que lo lleva una y otra vez a salir adelante llega al punto en que no lo resiste más y decide tomar una desición. Explota. Y luego el arrepentimiento.
En fin esa era la idea original, forzar los hechos a un pobre y desgraciado personaje.
Tengo un par de textos humorísticos montados al foro quizá te gusten.

Un abrazo.

: :a n i m a l S o n ::

animalson's picture

Gracias por andar por acá Esthercita. Se aprecia.

"Nunca dejó que la lleve al hospital y las ambulancias decían que estaba bien de salud. “
jajaja sí. Las ambulancias no hablan aún. Me causó gracia.

“Si achico los ojos un poquito y hago fuerza me vienen algunas imágenes de mi primer papá.”
Uhmmm puede ser. Tal vez "algunas imágenes de mis primeros años."

“Mi mamá me decía que era cuestión de tiempo hasta que me adapte, pero ese tiempo parece que nunca llegó”
Tenés razón en cuanto a que se trata de una ironía. Aunque no me había percatado de que no va con la personalidad demostrada del personaje. Aceptado.

“Y ella jamás le bajaba la mirada a nadie.”
”Lo que saltaba a la vista en seguida y llamaba la atención a todos,”
Aquí me tomé la libertad de que el personaje recuerde por un segundo cosas posteriores a lo que comentaba en ese momento. Comprendo lo que decís, ¿cómo iba a saber eso de ella si era su primer encuentro? Tal vez debería aclarar que se va más adelante en el tiempo para ayudar a describirla. Es que me parecía fundamental esa descripción, y como más adelante no la describe más necesitaba colocarla ahí. Y si me pongo en el lugar del personaje e intento relatar tal como está, sí queda confuso. Nada que no pueda solucionarse, gracias.

Por lo de la desgracia del tipo te digo lo mismo que a Fulgencio.
Al llegar a un punto me pregunté qué pretendía yo del relato. Y decidí sacrificar la credibilidad del mismo y hacerlo más extenso y lleno peripecias, para poder abarcar varios temas del tipo.

Nos vemos luego, un beso.

: :a n i m a l S o n ::

Esthercita's picture

Leí con asombro tu respuesta al comentario de Fulgencio y al mío.

Un cuento puede ser fantástico, y tratar sobre hechos inverosímiles, si quieres, pero nunca no-creíble por el lector. Lo cual implica que debe ser creíble para el autor. Si ex-profeso, deliberadamente, acumulas hechos que vos mismo considerás que son exagerados en la historia, entonces aparece un problema ya desde la construcción del propio relato. Los hechos no se fuerzan sobre un personaje: deben fluir de él. El personaje debe vivir su propia historia, no el autor hacerle vivir muchas historias distintas para que sea ¿más trágico, más desdichado?

Por otro lado, disiento: si es necesario acumular desgracias para hacer una crítica social, automáticamente no estás haciendo una crítica social. Salvo que el tono del texto sea humorístico, claro está. No es éste el caso.

Un abrazo,
Esther

animalson's picture

No veo nada de malo en que un relato resulte no-creible como decís. Llega un punto en el que el personaje resulta tan desgraciado que se hace casi imposible. Bien digo casi. Todo puede ser. Pero creo que es el punto en que el lector ya deja de dudar si se trata de una historia basada en la realidad y comienza a mirar el relato por otro lado.

Esta vez no coincido del todo con tu comentario pero gracias por pasarte. Nos vemos pronto.

: :a n i m a l S o n ::

centemilesimo's picture

No me parece en nada un relato ágil ni llevadero. Particularmente me costó mucho leerlo. Es pesado, tosco, salvaje, como la vida, y ese es, precisamente, su mérito. [cocinero]
Me ha calado.
Un abrazo.

rocio-torresr's picture

ANIMALSON:
Es un relato crudo, sí, como la vida. Por eso me pareció un tanto díficil de leer, no porque la lectura se dificultara, porque se lee con fluidez, sino porque me resulta difícil asimilar, sin pesar, tanta miseria en la vida de una persona.(cuantos difíciles juntos).
Lo leí cuando aun no tenía comentarios y regresé despues de pensarlo un poco.
El final no me cuadra mucho, no se bien porque, tal vez porque me parece no creíble que en ese momento el protagonista se de cuenta que puede buscar a su amor y ser feliz ¿porqué no se da cuenta antes? simple percepción personal.
En realidad me gustó
ROCÍO

animalson's picture

Buen día Centemilesimo, Rocío, gracias por pasarse. Lamento que no te haya parecido un relato llevadero centemilesimo, tal vez el próximo. Y rocío me alegra que te haya gustado.

Saludos

: :a n i m a l S o n ::

centemilesimo's picture

Creo que no has interpretado bien mi comentario. Un relato no tiene porqué ser llevadero ni ágil, sobre todo cuando intenta contar cosas que no son llevaderas ni ágiles, si no por el contrario, cuestiones pesadas y crudas. Lo que es difícil, es que a pesar de eso gusten; y a mi me ha gustado. Allí está el mérito que te señalo. ¡Vaya elógio que te pasas por alto! Venga, un abrazo debute compañero. [cocinero]

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Quote:

Creo que no has interpretado bien mi comentario. Un relato no tiene porqué ser llevadero ni ágil, sobre todo cuando intenta contar cosas que no son llevaderas ni ágiles, si no por el contrario, cuestiones pesadas y crudas. Lo que es difícil, es que a pesar de eso gusten; y a mi me ha gustado. Allí está el mérito que te señalo. ¡Vaya elógio que te pasas por alto! Venga, un abrazo debute compañero. [cocinero]

Originalmente enviado por centemilesimo - 11 ago 2007 :  03:14:46 AM

Buenas! Efectivamente lo había interpretado mal. Bueno entonces me da gusto que aprecies el relato.

Lo que me hizo dudar fue eso de "me ha calado". No lo entendí, y me pareció raro tambien leerlo de vos siendo argentino.

Un abrazo y hasta pronto.

: :a n i m a l S o n ::

Venator's picture

Me gustó tu cuento, está narrado de manera tal que el lector sigue embalado su camino. Éste es el primer cuento tuyo que leo y veo que tu prosa s muy buena. Enhorabuena, venator

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Gracias por tu visita Venator.

Un placer que te haya gustado. Nos seguimos leyendo pronto. Un abrazo

: :a n i m a l S o n ::

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