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Aventura en la Selva.
Un Relato que da cuenta de mi mediocridad, falta de ideas, e incapacidad de sintaxis.
Aventura en la Selva.
Los siete naturalistas se adentraron en aquella selva. Iban armados hasta los dientes pues era territorio de panteras. Los tábanos furiosos en bandadas rabiosas los perseguían iracundos, molestos, pegajosos. Fallaba el repelente contra insectos, una crema blanca que los ponía albinos, enharinados, y espectrales, muy distintos de lo que estamos a ver en las películas, parecían payasos enmascarados. Llegaron al río. Era imposible vadearlo, y tendrían que mojarse con lo cual la crema antitábanos desaparecería y eso enlentecería su marcha. Cruzaron. El río estaba lleno de sanguijuelas feroces. Pronto uno de los nematodos se agarró al cuello de uno de los muchachos. Era imposible arrancarlo sin causar una profunda hemorragia y no podían hacer fuego para, con el cuchillo al rojo, repeler a la inmensa sanguijuela. Ésta fue creciendo y creciendo. Cuando salieron del río tuvieron que volver a aplicarse la crema antitábanos. Media hora aplicándose crema por todas las partes descubiertas del cuerpo. La sanguijuela en el cuello estaba adquiriendo proporciones demoledoras, colgaba del mismo como un chorizo, no, como un auténtico morcón de industria y chacinería. Estaba llena de sangre y no parecía tener fín su proyecto de vampiro. Seguían avanzando por la selva, buscaban el Eupharates Major, el hongo por excelencia. Habían escuchado las tradiciones de los indios Auringas, justo en las estribaciones del volcán debía de crecer. Buscaban también la orquídea Necesa Roguria. Se acercaron peligrosamente a una cría de pantera. Allí estaba la cría de pantera, lamiendo precisamente el sombrerillo de un Eupharates y cayendo envenenada inmediatamente. Observaron todo el proceso. Inmediatamente la cría de pantera cayó muerta empezaron a invadir su cadáver los sombrerillos del hongo. El proyecto del Pentágono era ese, hacerse con el poder bacteriológico de aquella seta. Luego ya hallarían el remedio, la Necesa Roguria. La madre de la panterita se acercó por detrás rabiando como un cactos. Le dolían las mamas de la cría muerta como si le hubiesen arrancado los ojos. De un solo zarpazo laceró el brazo de Johnny. A Frank le colgaba del cuello una verruga gigantesca, disparó su fusil y destripó al salvaje animal afrentado.....................
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Francisco Antonio Ruiz Caballero.
:)[amor02]:?:

Hola, Franky.
Me parece que a este cuento, más que faltar... ¡le sobran cosas! Para mi gusto le sobran adjetivos y has metido un montón de ideas apelotonadas ahí, en poco espacio. Desde las moscas, las sanguijuelas, la seta venenosa, las panteras, los indios Auringa... ¡sólo faltaba lo del Pentágono!
¿Sabes? Son ingredientes para una buena historia. Pero para mí que los has amontonado demasiao. No me meto más, que es tu estilo, tal vez. Pero sí podrías dosificar un poco más (no digo quitar, sino repartir) esa profusión de adjetivos:
"Los tábanos furiosos en bandadas rabiosas los perseguían iracundos, molestos, pegajosos."
Uf, no sé, se lee recargado.
Pero... ¿falta de ideas? ¡No! Creo que eso no :)
Saludos,
Elisabet
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