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Alerta sobre plagios
Saludos a todos.
Recomiendo a quienes hayan publicado escritos en la red acerca de la eventual apropiación indebida de sus trabajos.
El 3 de diciembre último tuve el gusto de ver publicado en el número 177 de Letralia http://www.letralia.com un artículo mío, "La crítica literaria e Internet", ilustrado con un bien escogido dibujo.
Rastreando por la red, me encuentro con que la editorial (o lo que sea) ACP (Asociación Cultural Poesía en la Red), en su sitio http://www.acpoesia.com/ ha copiado parte de dicho artículo, atribuyendo su autoría a un tal "anuais".
La dirección del artículo plagiado es
http://www.acpoesia.com/acp/index.php?option=com_content&task=view&id=25...
http://sanalpar.googlepages.com/

:x
Resulta penoso que siga pasando esto.
En fin, te queda el orgullo de saber que te han plagiado a ti (con lo cual al menos te reconocen la valía), y la necesidad de denunciarlo.
http://lucreciaseoscurece.blackswan-designs.com
Ayer, piratas en el mar; hoy, piratas en la red
Desde que el hombre comenzó a navegar, tuvo que hacer frente a muchos riesgos: tempestades, vientos contrarios, escorbuto, escollos y piratas. En nuestros días, Internet es como un océano donde también acechan serios peligros: virus, spam, phishing... y piratas. Los filibusteros de antaño llevaban diez cañones por banda; los contemporáneos copian y pegan a toda vela.
Cualquiera que haya publicado algo en Internet está expuesto a que su trabajo sea plagiado. Hace no tanto, cuando publicar era sinónimo de imprimir, el plagio era engorroso; había que tipear el texto ajeno, ponerle la firma de uno, entregarlo a una imprenta o editorial... todo ello, caro y trabajoso. Las tecnologías actuales permiten un plagio económico, cómodo y sencillo, y muchos amigos de lo ajeno aprovechan esa facilidad.
Por suerte, esas mismas tecnologías nos proporcionan los medios para defendernos del plagio. Los navegantes de antaño debían otear el horizonte para avistar naves sospechosas; nosotros debemos escudriñar la red en busca de los plagiarios. No es difícil: seleccionamos una frase del texto publicado -elegimos una que no sea probable encontrar en muchos escritos-, y la copiamos entre comillas en la ventana de búsqueda de Yahoo, Google o cualquier otro buen buscador. Si no nos han pirateado, en los resultados de la búsqueda aparecerá únicamente nuestro escrito, publicado en el sitio correspondiente.
Si nuestro trabajo aparece en más de un sitio, tenemos un problema; nos han plagiado. Tal vez se trate de uno de esos plagios “inocentes”, si cabe tal calificativo; hay quienes piensan que todo lo que encuentran en Internet lo pueden tomar libremente, como bienes mostrencos, y copian lo que les place. Afectan al sitio de donde lo copiaron, aunque respetan el nombre del autor. Suele ser un pecado por ignorancia (me ha ocurrido con un cuento, al que hace años calificaron de “extraordinario relato” -realmente, un juicio exagerado-los editores de una revista electrónica a los que les gustó una narración mía y la copiaron sin permiso. Tiempo después, la revista desapareció). También es posible que hayan suplantado nuestro nombre y se hayan atribuido la autoría del trabajo. Ahí sí que nos encontramos con el plagio puro y duro.
Medidas diplomáticas. Como primer paso, conviene que comuniquemos la situación al responsable del sitio donde nuestro trabajo está alojado legítimamente. Probablemente, se puedan convenir con él las medidas por tomar. Al mismo tiempo, podemos escribir un cortés mensaje al responsable del sitio donde apareció el plagio; tal vez ignore que algún colaborador ha infiltrado una obra plagiada. Si se trata de gente honorable, en poco tiempo eliminarán la página cuestionada y nos ofrecerán una explicación.
Si la diplomacia no da resultado... Tal vez no nos respondan; tendremos que arremangarnos y disponernos para la contienda. Estamos frente a auténticos plagiarios, y podemos considerarnos en guerra con ese sitio. En principio, sería tema de la justicia, pero dado lo costoso de un proceso (probablemente internacional), nos manejaremos con otros medios para morderles la cola a los plagiarios; pues, en la guerra, existe el derecho de represalia.
Otros autores. Conviene que revisemos otros escritos publicados en ese sitio. Seleccionamos una frase de algún texto del sitio, lo pegamos entre comillas en la ventana de nuestro buscador y vemos los resultados. Si se trata de un sitio pirata, casi seguro que, además de plagiar nuestro trabajo, han hecho lo mismo en perjuicio de otros autores y otros sitios. De ser así, tratemos de comunicarnos con ellos para informarles sobre lo sucedido.
Foros. Tras elegir los que resulten apropiados (por ejemplo, foros de escritores), mandamos a cada uno de ellos un “post” para denunciar lo ocurrido. Consignamos el título de nuestro trabajo, la fecha de publicación, el sitio donde lo hemos publicado y los enlaces correspondientes. Seguidamente, agregamos el nombre del sitio pirata, con su enlace, el nombre o apodo de la persona que nos plagia, la fecha de publicación y el enlace al trabajo plagiado.
Buscadores. Los buscadores de Internet penan a los plagiarios conocidos, sea postergándolos en el orden en que aparecen en las búsquedas, sea eliminándolos completamente de ellas. En el caso de Google, en el momento en que escribimos estas líneas recibirá nuestra denuncia en https://www.google.com/support/contact/?contact_type=Google_legal&hl=es
Los pasos que hemos indicado no dejarán de tener efecto; el responsable de nuestro sitio, con seguridad, hará lo suyo; los autores plagiados a quienes hayamos prevenido tampoco se quedarán quietos; quienes visiten los foros donde hayamos denunciado el delito podrán visitar, gracias a los enlaces que hemos incluido, nuestro trabajo y el plagiado, y sacar sus conclusiones; y los buscadores de Internet, tras comprobar la veracidad de nuestra denuncia, tomarán las medidas pertinentes.
Si el desenmascarado plagiario no se ha allanado a suprimir sus publicaciones robadas, peor para él; lo pagará con mala fama. Pues, cuando leemos un buen escrito, no nos acordamos de algún trabajo flojo del mismo autor; pero cuando leemos algo bueno firmado por un convicto de plagio, nos preguntamos a quién se lo habrá robado. Del plagio no se vuelve.
http://ar.geocities.com/sanalpar/galeradas.htm
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