You are hereForos / Prosa / Concurso Mensual de Cuentos / Una mañana un tanto extraña (3er Concurso)
Una mañana un tanto extraña (3er Concurso)
Abrí los ojos y me desperté en el apartamento que, normalmente, suelo usar en verano. Miré la hora. Las 9:15. ¿Qué había pasado la anterior noche? No me acordaba. Noté una persona a mi lado y miré. Era una mujer... mi mujer. Hellen. Estaba completamente desnuda. ¿Habíamos hecho el amor ayer? Tengo vagos recuerdos; una fiesta, botellas, copas, pechos... Me froté la cabeza. Si, era la fiesta de despedida de soltero de mi amigo Ernest. Debí de haber pasado con las copas y, al parecer, mi mujer lo había aprovechado. Volví para mirar su rostro, pero un dolor de cabeza inmenso me obligó a tumbarme. Me quedé en la misma posición durante unos cuantos minutos... o horas. Mi mujer se movió a mi lado.
-Cariño, ¿te encuentras bien?
Hellen se había despertado. Parecía estar un poco preocupada, pero nunca se le notaba demasiado, con esa dulce sonrisa que siempre llevaba en la cara.
-Me... duele... la cabeza -conseguí responder.
-No me extraña, ayer viniste más pedo que John en nuestra fiesta de cumpleaños. ¿Te acuerdas?
Comenzó a reírse sola, lo que hizo que mi cabeza retumbase aún más.
-Por favor, Hellen, no te rías. Parece que tengo un terremoto dentro de mi cabeza.
-Vamos, si ayer lo hicimos como locos.
Se acostó sobre mi pecho y comenzó a hacerme cosquillas en el ombligo. Solía hacerlo cuando quería hacer el amor.
-Ahora no funcionará.
-¿Por qué no? -replicó ella.
-Porque yo se cuando funciona y cuando no, y ahora no quiero. Solo quiero... un vaso de café con leche.
-Ahora te lo traigo, espera aquí.
Hellen salió de la cama y se dirigió a la cocina, todavía desnuda. Al rato trajo los cafes... pero se había puesto un tanga rojo de lo más provocativo.
-Hellen, quítate eso. No vas a conseguir ponerme cachondo.
-Al menos déjame intentarlo.
Cogí el café con las manos y pegué un sorbo mientras Hellen se tumbaba a mi lado y esperaba a que terminase el café. Al terminar el café y depositarlo sobre la mesa, Hellen se sento sobre mi y me miró a los ojos.
-¡Hazmelo aquí y ahora! -chilló.
La verdad es que, poco a poco, se me estaba quitando la resaca. Me entraron ganas de hacerlo con mi mujer, que seguía saltando encima de mi como una loca. Al final, sacó un condón del tanga y lo colocó sobre mi mano.
-Póntelo y vente rápido.
Salí disparado al baño, me lo puse correctamente, y al volver, estuvimos haciendo todo tipo de posturas que nos volvían completamente locos. La verdad es que la resaca no me volvería a molestar más.
The rest is still unwriten...

Post new comment