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Seducida por tus ojos
Adoncia marcada así “la dulce” por su madre que ilusionada quiso forjar el destino de su esperanza en aquella pequeña criatura que había emergido de las profundidades de sus entrañas. Juana que así se llamaba, quiso bautizar a su hija con un nombre que englobada la melaza, fuente inacabable de calor amoroso donde esperaba recoger un dulce néctar venidero como así sucedió en el curso de los años.
Cuando conoció a Chale apreció que el alma doblaba su dulzor. Se expansionaba en su cuerpo como si fuera una estrella en la inmensidad de un cielo donde sólo brillaba ella. Era una mujer atractiva que había dialogado con muchos hombres, difícil de conocer y conquistar, pero asequible, fácil para la amistad. En el momento en que Chale irrumpió en su vida supo que su destino iba a cambiar.
Una ola de sudor la recorrió por entero mientras hablaba con la camarera fijándose en el cuello, barbilla, orejas y mirando de reojo hacia sus ojos color miel. Se enamoró en dos segundos. Muchos intentaron seducirla con mil palabras, con mil promesas de amor, pero era dura, no se entregaba a cualquier fantasía porque no le rozaban los sentidos, no le llegaba más que un latir vacío que no la obligaba a entregar nada. Chale lo hizo mostrándose a sus ojos tal como era.
Sucedió en una noche de sábado en un pub de mucho ambiente Ella se acercó a la barra a por una consumición y justo se situó a su lado. La camarera eficiente corría de un lado para otro intentando servir el máximo de peticiones pero era la hora punta, la una, esa hora en la que todos buscan desesperadamente su última oportunidad para no dormir solos. Y la tensión se notaba en la sed de sus gargantas, que intentaban saciar con alcohol. Quemaban la tensión acumulada durante la semana, sus problemas y sus ilusiones se colaban en el fondo de un vaso que por más que se llenara de un líquido amortiguador no les aplacaba la sed.
Chale la miró con esa mirada intranquila que requiere una aprobación. Ella tranquila no se dejó impresionar, pero dentro de su cuerpo un extraño sudor se esparcía. Lo miraba de reojo con un cierto desdén de superioridad. Estuvo en la barra varios minutos observando su nuez, su cuello y barba dura, acostumbrándose a su fisonomía que no marcaba mucha diferencia con el resto, pero aquel hombre estaba envuelto de una capa especial de sensualidad que la hechizaba. Lo supo después, se enamoró de sus ojos que escondían ese alma que vio asomarse tímidamente al balcón.
Un pequeño roce de sus cuerpos en la opresión de la barra repleta de clientes insatisfechos fue suficiente para que se dirigieran más que una mirada. Se fueron juntos a consumir su copa. Ambos se olvidaron de sus respectivas pandillas de amigos. Sólo existían ellos dos. Hablaron poco, las palabras son vacías cuando el alma canta y la de ellos lo hacía desbordada de pasión.
Salieron juntos del local. Chale dirigió su vehículo hacia su casa. Subieron sin prisas al apartamento, siguieron conversando jocosamente con complicidad y palabras repletas de dobles sentidos,. Entre risas y juegos de seducción que ambos vertían por instinto sin ser conscientes de lo que hacían fueron quemando las horas de la madrugada que los acogía con el hechizo de una dulce cómplice.
-Adoncia, a estas alturas las mujeres están rendidas a mis pies ¿por qué tú no?-le preguntó algo cansado de intentar llevársela al huerto temeroso de no lograrlo-
-Lo estoy cariño ¿qué quieres?-le contestó ella algo cómica, estaba tan a gusto que el sexo no era fundamental.
-Quiero verte esas tetas que creo que deben ser maravillosas y algo más-sacó sus cartas directo un poco harto y sin ganas de querer jugar a más juegos-
-Vale, allá voy.
Adoncia se quitó la camiseta, llevaba puesto un sujetador que le sentaba divino. Encaje negro y rosa a juego con un tanga bordado de lacitos. Dejó libres sus bellos senos de la talla 95, redondos, turgentes, elevados como montañas potentes y de cimas blancas.
-Quiero esos pechos para mí, son preciosos- declaró Chale lujurioso-
-Lo serán ¿sigo?-le propuso ella juguetona-
-Sigue.
El pantalón cayó antecedido del tanga. Adoncia fue despojando se ropa sin temor, era tímida pero estaba enamorada ya de él. Eso le daba seguridad y ganas de dejarse descubrir hasta el pudor más secreto.
-Estoy a mil, Adoncia, me has puesto...
-Tranquilo voy a aliviar tus ganas.
Segura y con codicia de disfrutar, se arrodilló a sus pies. Estaban en el salón, Chale sentado en el sofá la recibió perdido sin saberlo. Ella astuta, sagaz y perceptiva fue directa hacia el botón de su pantalón, bajó su cremallera y su boxer arrojó de sopetón un miembro viril potente que semejaba a un muñeco sacado de una caja de sorpresas por la potencia de un muelle.
-No me esperaba una polla con forma de corazón, es preciosa-le confesó Adoncia más enamorada aún de la hermosura de su miembro viril emergente-
-¿Te gusta?
-Me encanta ¿de qué tamaño es?
-Cariño, tamaño 18 cm.
-Nunca había estado con un hombre con un calibre semejante, máximo 16, la noche promete.
-¿No? Bueno pues esto no es nada, te haré disfrutar como nunca lo has hecho.
Adoncia notó que un a corriente la sacudió por completo. Como le gustaba Chale. Su boca buscó la polla dura que tanto le había gustado. Era dulce, apetecible y se dejó llevar por sus instintos más profundos. De vez en cuando levantaba su cabeza para ver los ojos vidriosos de Chale que estaba preso de un estado de placer sublime.
Tomó el fuego de su polla, dejó que se derramara poco a poco todo su líquido preseminal en la boca. Gota a gota absorbió todo su orgasmo. El líquido blanquecino viscoso le supo a flan, miel y rosas. Era la primera vez que un hombre le sabía así de bien.
Cuando le tocó a Chale demostrar su sabiduría, no se quedó atrás. La llevó tras su explosión vigorosa con el miembro aún erecto a la habitación y la tumbó en la cama bocabajo.
-Adoncia tienes un culo estupendo que quiero tomar.
-Tuyo es, haz conmigo lo que quieras, no me gusta el sexo anal, apenas lo he probado pero contigo probaré todo de nuevo como si nunca lo hubiera hecho.
-Eres más que una mujer encantadora, eres un bombón que quiero devorar hasta las entrañas.
-¡Hazlo ya!
Chale abrió las piernas de Adoncia para que le dejaran ver la hermosura de su sexo. Mordió los glúteos, masajeó su clítoris con maestría experta y cuando su lengua penetró varias veces por su obturación oscura, taladrando con prudencia y humedeciendo ese laberinto sin flujo, se decidió a embestirla.
Su polla la fue poseyendo lentamente, deteniéndose cuando notaba resistencia. Hasta que al fin estuvo toda adentro. Sus manos la sujetaban por la cintura atrayéndola hacia sí delicadamente.
-¿Dime que sientes ahora Adoncia?
-Siento que te amo y que quiero que estés donde estás.
-¿Te gusta ,dime?
-No, pero aguantaré hasta que me guste, creo que contigo voy a descubrir un placer distinto.
-Lo harás, no lo dudes.
Chale comenzó a moverse en círculos, rotando su polla por toda la cavidad de su estrechez anal. Seguro de tenerla relajada y sin resistencia, inició su cabalgadura, lenta, segura que fue elevando la revolución de su cuerpo. Con sus dedos estimulaba el clítoris, controlando sus impulsos para que ella disfrutara del momento al máximo.
-Ahhhh! ¡Me gusta Chale! No pares, no te detengas, dame más.
-Tranquila, poco a poco, no tengas prisas.
-¡Qué placer estoy sintiendo, nunca sentí tanto éxtasis y sin ninguna molestia!
-Perfecto, sigue así de embriagada y disfruta.
-Ahhh, estoy a punto del orgasmo, no sé porqué pero lo voy a hacer...¡ahhhh! Estoy co...
Chale sentía subir su erección y su ritmo cardíaco con esas palabras escuchadas entre jadeos y locura placentera. Era tan dulce escucharla disfrutar así. Su corazón se llenó de esa melodía y aumentó su ritmo, apretó sus nalgas contra sus caderas y la poseyó con la energía de un potente caballo de carreras.
Adoncia gritaba, se retorcía, se tiraba del pelo, sus palabras eran perfectas para un hombre como él. Se estaba llenado de esa mujer preciosa que le estaba inundando de sensaciones gozosas. Pudo aguantar mucho tiempo así, no quería correrse ni dejar de oírla.
Pero todo placer también tiene su culminación y finalmente derramó todo su esperma de delfín potente en el interior de su hembra.
-Cuántos orgasmos has tenido Adoncia?-preguntó cayendo a su lado extenuado por el ejercicio físico-
-No sabría decirte, ha sido una cadencia de varios que se ha sucedido.
-Te he oído ¿Fingías o qué?-necesitaba saber que no-
-Jamás finjo, he sentido tantas emociones que no he podido contenerme, te habré parecido una desesperada insatisfecha ¿verdad?
-Al revés, oírte ha sido especial, una recompensa a mi contención y ganas de derramarme en ti.
-¿Crees en el flechazo Chale?- le soltó ella con los ojos vidriosos inyectados de voluptuosidad y placer.
-No sabría decirte.
-¿Crees en el aura que envuelve a una persona?
¿Por qué me preguntas eso Adoncia?- quiso indagar él perspicazmente.
-Porque me he enamorado de tus ojos.
-Vaya, toda mi vida usando tácticas de galán seductor con muchas y han funcionado a la perfección y ahora me dices que todos mis recursos me los podía haber ahorrado...
-¡Cierto, conmigo las artes de seducción no sirven! Fueron esos ojos los culpables de que esté aquí y ahora.
-Es lo más bonito que me han dicho.
-Soy sincera a veces ¿ y ahora qué?- le preguntó con temor a que sus ilusiones se perdieran en el vacío de la habitación.
-Dame tiempo, no estoy preparado para el amor, salgo de una situación difícil. Conozcámonos poco a poco.
-De acuerdo, me dejas ese esperanza que necesitaba, yo te haré feliz de nuevo, te llenaré un nuevo mundo de ilusiones.
-Adoncia vayamos lentamente ¿eh? Me gustas, pero estoy algo derrotado.
-Tú ves dando pasos pequeñitos que yo te espero al final en la meta. Eres lo que toda mi vida he buscado.
-¡Qué mujer más alocada! -rió el por esa entrega que no esperaba de una desconocida-
-Lo soy sólo cuando encuentro lo que me hace feliz y cariño mío, eso pasa tan pocas veces en mi vida , necesito manifestar todo lo que siento.
-Pasional, directa, erótica, hermosa. Eres una combinación explosiva que espero que explote en cada golpe de mi polla.
-Confieso que también me he enamorado de ella, la amo.
-Ja,ja,ja... Adoncia, que peligrosa eres, un dulce bombón
Comenzaron de nuevo a beber de los labios de la pasión. ¿Principio de una gran historia de amor? El entusiasmo todo lo puede...
Fin

enhorabuena me ha gustado mucho es dificil este genero pero tu lo dominas y sabes describir una situacion cotidiana, y el erotismo que destila y el sexo .yo he escrito algo pero no lo se hacer así de natural y de bien. sigue escribiendo te leere. un saludo. bye
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