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La frigidez de Carmela


By machupichu - Posted on 30 agosto 2008

Carmela

Me llamo Carmela, soy la frígida mujer que se trasmutó en multiorgásmica. El proceso fue lento, me podría comparar con una cebolla insípida que va dejando caer sus capas hasta descubrir un fruto tierno, La comparación la aplico sobre mi sexualidad, tema que quiero analizar desde la perspectiva de mi experiencia, dueña como soy de la montaña de mi éxtasis.

Fui una amarga cebolla gran parte de mi vida, insípida a merced de cualquiera que quisiera gozarla. Contar la historia de mi vida privada es quedarme en cueros a la intemperie, sin cobertura, pero ya no me asusta, es más me alegra poder expresarme como lo hago. Antes del cambio, hubiera sido imposible emprender tal hazaña, sin esa evolución de mentalidad este escrito nunca hubiera sido concebido. Fueron años de aislamiento, no era capaz de trasmitir mi mensaje tan angustioso a nadie, desconocía lo que era un orgasmo propio, me había perdido en una cárcel donde esperaba tras cada cambio de pareja, ser liberada por algún mago del placer. Mis insatisfacciones sexuales fueron secretas, mascadas con cierta resignación y culpa.

Tuve muchos amantes, me conceptuaba una experta en el terreno sexual, claro que lo era, había aprendido con la observación concienzuda la funcionalidad del órgano masculino, pero era para encubrir mi desconocimiento sobre mi propia funcionalidad, a pesar de mis intentos era incapaz de liberarme, mis barreras mentales me lo negaban y no lo asumía. Tenía la esperanza de conseguir un día el amante perfecto, hacía dueños a los hombres del placer femenino, opinaba que eran ellos los portadores infalibles que al fin descubrirían la llave de mi placer.

Soy una buena amante, dulce y bella. Entonces me dejaba manipular sumisamente a voluntad, siempre dispuesta a satisfacer la fantasía varonil más fogosa. Practiqué todas las formas de sexo sin limitaciones. Buscaba conseguir con ellas cambios entre mis piernas, que mi reloj femenino despertara, pero sólo era un recipiente, algo inerte que apenas sentía nada. Lo que mejor se me daba era la práctica del sexo oral, o vulgarmente hablando, chupar. Llegó a gustarme tanto que era un preliminar en cada sesión sexual, nunca dejaba de ejercitarlo. La sensación de poder me imbuía en el placer masculino, llegué a ser adicta a sus emociones orgásmicas, trataba de conseguirlas encumbrándolos a las cimas del placer. Los hombres levitaban, me abandonaban físicamente, sintiendo sensaciones sublimes que yo proyectaba para ellos.

Los envidiaba, era loba hambrienta de esa liberación que solían alcanzaban sin esfuerzo. Yo era la perfecta amante sumisa y obediente que encubría su falta de estímulo. Desarrollaba para ello mi vena sexual insaciable o eso les hacía creer, la ardiente tigresa voraz que nunca tenía bastante. Menuda farsa. Lo único que buscaba era llegar y para ello no me cansaba de indagar en la búsqueda de mis claves secretas que atesoraba mi vagina.

Al principio mis encuentros sexuales se resumían en un manoseo de tetas, cuatro besuqueos y una vez que tenían su pene erecto se metían y listo, tras cuatro empujones el sexo había acabado. Poco dominábamos de sexo entonces hombres y mujeres., eran los años noventa aún el sexo seguía siendo tabú y enfocado para la reproducción.
En aquella época no existían clases o libros donde poder realizar un aprendizaje sobre sexualidad. No se podía dialogar con los padres porque se ruborizaban de sólo oír mencionar la palabra sexo. Y la única referencia sobre el, donde todos los jóvenes inexpertos íbamos a parar era el cine porno. Nada explicativo al menos para mí, me quedaba muy confusa y hasta me parecían de mal gusto esas cochinadas que veía porque no las entendía. No era didáctico. Era un cine y sigue siendo para expertos adultos, donde las fantasías más morbosas se llevan a cabo; tríos, lésbicos, sexo anal, mamadas y corridas donde la mujer queda relegada al papel de sumisión eterna. No era recomendable aprender o querer poner en práctica aquellos movimientos de amantes contorsionistas.

Esa fue mi etapa adolescente y juvenil. Con el transcurso de los años fui aprendiendo mucho sobre sexo pero seguía sin sentir placer orgásmico vaginal.

Lo cierto es que descubrí con expectación que meo por la uretra . Siempre pensé que lo hacía a través de la vagina. Fue al ver la fotografía en un libro sobre anatomía femenina que señalaba su ubicación, bajo el clítoris Me costó asimilar el lugar exacto. Con los años y la experiencia conseguí ver toda mi vulva. Para ello abría con mis manos mi sexo, mis ojos entonces escrutaban con minuciosidad mis órganos internos; clítoris y vagina con sus labios.

Cumplidos los treinta casi había renunciado a descubrir el orgasmo femenino. Era capaz de alcanzar el orgasmo clitoriano al masturbarme en soledad, nunca quise compartir ese secreto con nadie. Fingía mis orgasmos con ellos siempre, son fáciles de convencer, porque la mayoría no sabe como explota una mujer.

Hasta que un día siguiendo mi instinto fui capaz de derribar mis propias barreras existenciales, la oportunidad me vino tras leer este anuncio:

” Se va impartir un curso gratuito sobre sexualidad femenina, si tienes problemas para alcanzar el clímax, esta es tu oportunidad. Totalmente subvencionado por el ayuntamiento, podrán apuntarse mujeres que tengan ganas de aprender, preferiblemente aquéllas que sufran disfunción sexual. Plazas limitadas “

Con la inquietante duda de si me ayudarían a descubrir el interior de mi cuerpo, mi cavidad sexual, mi fuente de placer me apunté. Estaba enfocado para principiantas ¿Qué hacia yo allí a mis treinta años? Aprender, necesitaba saber que fallaba en mí.

La primera palabra sobre sexo la pronuncié en voz alta en esa reunión didáctica, me hizo sudar sí, pero una vez soltada experimenté una liberación emocional intensa. Las frases se fueron agrupando y yo era la que las decía, orgullosa al escucharme hablar con tanta claridad, fui desvelando mis secretos íntimos.

Relaté la soledad de mi cuarto, mi forma de masturbarme tan inexperta, llena de pecado, sin sentir que mi cuerpo era mi propiedad. Me tocaba con miedo, agitando por instinto mis dedos sobre ese bultito que sobresalía en el interior de mi vulva, lo hacía con las bragas puestas, tapada hasta los ojos. Jamás lo hice observándome desnuda, indagando.

Me creía moderna y mentalmente estaba sometida a una educación represiva, que me fue impuesta.. El placer sexual nos fue negado, la preciada virginidad debía ser guardada para el hombre de nuestra vida. Mi carácter rebelde se reveló tardíamente ya que me despojé de esa carga con cierta vergüenza pasados los veinte, con la convicción de que no me casaría, quise

experimentar el sexo de adultos. Fue entonces cuando se puso de relieve mi frigidez.. Era una mujer anulada, una anorgásmica callada, un envase bello listo para usar por un hombre. No buscaba el sexo salvo para conseguir compañía masculina en mi cama, era mi arma para retener al hombre que me había enamorado en ese momento. No era consciente de mi ignorancia.

Tras exponer nuestra experiencia sexual en una terapia de grupo donde cada una de nosotras habló abiertamente de sus problemas para alcanzar el orgasmo, me di perfecta cuenta de que todas teníamos algo en común: desconocíamos nuestro cuerpo.

Recuerdo que hablar fue muy positivo para nosotras, nos sentíamos felizmente comprendidas por primera vez en nuestras vidas. La sexóloga que impartía el curso comenzó a mostrarnos las fotos explicativas de nuestros órganos internos femeninos. A todas nos sonaban sus nombres, claro que lo habíamos escuchado nombrar infinidad de veces Pero abrí los ojos con perplejidad, cuando nos habló de las zonas que inducen al orgasmo femenino, eludió hablar del clítoris, era muy obvio y ese tipo de orgasmo ya lo conocíamos.

“El orgasmo vaginal femenino es logrado tras el estímulo de una serie de puntos dentro de la vagina. Cada mujer los tiene en diferente lugar, pero todas tenemos una capacidad multiorgásmica natural que debemos potenciar, no existen mujeres frígidas, más bien mujeres inexpertas Algunos sexólogos aseguran que el punto G se encuentra ubicado en el interior de la vagina a unos cinco centímetros de la entrada. La forma de encontrarlo es usando los dedos, los introducimos en el interior de la vagina, friccionando la pared superior de la misma , está justo debajo del clítoris. Para ponerlo de relieve y provocar el orgasmo hay que meter y sacar los dedos rítmicamente, haciéndolos rozar la carne interna contra el hueso púbico. Tras unos minutos de ejercicio vaginal, este punto G será perceptible, ya que al excitarse es como una moneda redonda y ondulada. Otros expertos sitúan el orgasmo al final de la vagina que mide entre 8 y 11 cm., al excitarse puede aumentar el tamaño en algunos centímetros más, depende de la mujer. Al principio del cuello uterino, hay un bultito como un garbanzo es localizable si se llega a tocar con los dedos. Es el choque del pene contra el repetitivo y rítmico lo que desencadena nuestro apoteósico orgasmo. Otros sostienen que el orgasmo proviene del roce del pene contra nuestro clítoris al entrar repetitivamente en la vagina”

-Las mujeres tenemos una fase muy fría y necesitamos ser estimuladas. Una forma de hacerlo es a través de nuestra piel trasmisora del deseo tras recibir los besos, y caricias comenzamos una fase de excitación Nuestra vulva se hincha y lubricamos para preparar la vagina, no es el momento de ser penetradas, mientras no estemos “ardiendo” no llegaremos al orgasmo. La forma de estar preparadas son ; recibiendo caricias sobre nuestro clítoris o vagina durante un rato. Las más frías necesitaremos que los dedos nos estimulen previamente el interior vaginal.

Tras escucharla, recapitulé mis vivencias en la cama. Sí, solía calentarme en la fase preliminar con besos, caricias y arrumacos , incluso cuando rozaban mi vulva me gustaba, yo respondía con una buena lubricación a sus estímulos. El inconveniente ocurría cuando buscaban con desesperación que disfrutara, generaban tensión, insistían una y otra vez sobre mi sexo buscando que llegara al orgasmo, terminaba con mis partes escocidas, por eso me decidí a fingir, al menos me liberaba de esa presión .

-De acuerdo, eso es todo os voy a dar unos consejos. Si los seguís conseguiréis el objetivo de disfrutar al máximo de vuestro cuerpo.

Al salir de allí, no podía digerir las recomendaciones de aquella experta en sexo. Nos había dicho a todas que desconocíamos lo que teníamos entre las piernas, que era una fuente intensa de placer y por culpa de nuestros tabús sexuales nos habíamos obcecado y por eso no llegábamos. . En parte tenía razón, cada vez que me masturbaba lo hacía sintiéndome culpable. Al final todo iba a ser un problema de liberación mental. “Déjate llevar” era la frase que siempre me repetían, pero nunca los escuchaba, esa tensión era la culpable, maldita sea, lo tuve siempre presente mi fallo.

“Lo primero que quiero que hagáis es acudir a una tienda de artículos eróticos. Debéis comprar un consolador, de un tamaño no superior a 16 cm., es el tamaño perfecto ya que nos os provocará dolor aunque lo metáis adentro de vuestra vagina, al menos a la mayoría de vosotras. Quiero que sin miedos ni prisas lo elijáis, debe seros apetecible. Si os asaltan las dudas pedir opinión al vendedor/ora sobre las funciones del aparato y formas de usarlo. Junto a el compraréis también un buen lubricante de base acuosa, para usarlo en la penetración. Debéis estar tranquilas y relajadas, tomaros vuestro tiempo y cuando tengáis ganas de satisfaceros, en lugar de tocaros el clítoris para alcanzar el orgasmo usáis este aparato con el lubricante, buscando las sensaciones dentro de vuestra vagina. No paréis hasta alcanzarlo, al principio os parecerá imposible, pero se consigue, raro es la mujer que no lo siente.”

Tenía tantas ganas de descubrir ese famoso orgasmo vaginal, que fui directa a la tienda erótica. Parecía una niña ilusionada. Al entrar una señorita atractiva me saludó amigablemente. Fui directa, estaba por primera vez segura de lo que quería “deseo ver la gama de masturbadores“ Me complació al instante mostrándome una gama muy extensa, no sabía por cual decidirme, le expliqué lo que necesitaba y me recomendó el más eficaz para inexpertas.

Estaba deseando llegar a mi casa para probarlo. Lo saqué de su envoltorio le introduje las pilas y listo para funcionar. Había comprado también una película porno de cine lésbico “ ellas se lo pasan bien solas”La metí en mi dvd y en la soledad de mi habitación comencé a desnudarme lentamente mientras mis ojos seguían los movimientos de la pareja de chicas que a la vez se despojaban de sus prendas eróticas con movimientos morbosos. A los pocos segundos una de ellas lamía con su lengua el clítoris de la otra, introduciendo sus dedos a la vez dentro de su vagina y agitándolos.

Me tumbé sobre la cama, tuve que poner dos cojines para levantar un poco mi cuello y seguir mirando la pantalla. Estaba ya sin ropa. Mis piernas estaban flexionadas y abiertas, en la posición que solemos tener cuando vamos a ser exploradas en una revisión ginecológica Las chicas seguían su juego, ahora realizaban un sensacional sesenta y nueve lamiéndose el clítoris mutuamente y usando un masturbador para la vagina, . Mis manos acariciaban mis pechos y bajaban hacia mi sexo. Comenzaba a estar excitada. Cogí el masturbador y lo impregné con el lubricante.

Lo analicé con atención, era anillado, su forma decrecía a medida que se aproximaba a la punta, hecho en silicona, una material resistente e higiénico, medía unos 15 cm. Disponía de un interruptor en su base y un regulador de intensidad. Lo elegí de color azul, era el tono que más se identificaba con el hombre. Al encenderlo lo regulé en la intensidad más baja, ¡que sensación más placentera sentí! La punta del pene de silicona rozaba mi clítoris. Abierta a las sensaciones dirigí el aparato por toda mi vulva; rozaba mi clítoris, luego rodeaba mi entrada vaginal excitando mis labios mayores.

Estuve así unos cinco minutos. Mis caderas comenzaron a bailar con movimientos extraños, jamás mi cuerpo se había sacudido de aquella manera. Me estaba adaptando a mis instintos . En un imprevisto, mi mano introdujo de un solo meneo todo el aparato dentro de mi vagina, lo noté entrar con mucha complacencia.

Al percibir la vibración, todo mi cuerpo se estremeció de placer. Estaba jadeando. Una de mis manos asía con fuerza la sábana, para contener un grito, mis piernas se tensaban, mi respiración se cortaba para ahogar un grito Pronto subí la intensidad del vibrador, multiplicando las descargas. Mi cuerpo bailaba, cadera arriba y abajo, rítmicamente mi culo estaba levantado, mi espalda arqueada, me dolían las piernas por la tensión que les infligía al contener mis ganas de soltar mis gemidos que seguro alertarían al vecindario

Levanté un poco mi cabeza para ver mi mano meter el pene eléctrico en mi vagina. Lo hacía acompasadamente, lo empujaba hasta chocar contra el cuello uterino, nadie me había enseñado aquello, estaba descubriendo por primera vez la manera de llegar al orgasmo vaginal.

A los veinte minutos alcancé mi primer orgasmo vaginal. Fue especial, emotivo, único. Tantos años silenciada por mi falta de autoexploración, estaba disfrutando de un placer desconocido, nada comparable al orgasmo externo, el clitoriano.

Desde ese día mi cuerpo fue mío. Sintiéndome por primera vez dueña de mi sexualidad, descubrí al fin las claves secretas de mi placer. Con el uso del aparato logré encadenar varios orgasmos. Llegué a cronometrarlos; dos en 14 minutos y tres en veinticinco. Toda la vida tachada de mujer anorgásmica o frígida y ahora al fin descubría que siempre fui multiorgásmica. Un diamante por pulir.

Mis amantes a partir de entonces fueron instruidos sobre que partes excitar. Fue fácil adiestrarlos, por si acaso siempre les pedía que me masturbaran antes de la penetración, así siempre quedaba satisfecha.

A solas he reflexionado mucho sobre este tema, he llegado a la conclusión de que no tienen la culpa los hombres de que no sintamos placer, somos nosotras las que debemos instruirlos con confianza y seguridad para disfrutar de una vida sexual placentera

Fin

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Anónimo's picture

por que en 50 años que tengo nunca en m vida he tenido el deceo que yo se quer ciente na mujer cuando me case dure 17 años casada y nunca centi nada mis hijos los tube por tratamiento y ahora llebo 13 años sola y jamas he sentido ese deceo con el que sueño solo me limito a masturbarme y ya pero yo no me quiero morir sin centir lo que sea siente por fa ayudenme gracias

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por que en 50 años que tengo nunca en m vida he tenido el deceo que yo se quer ciente na mujer cuando me case dure 17 años casada y nunca centi nada mis hijos los tube por tratamiento y ahora llebo 13 años sola y jamas he sentido ese deceo con el que sueño solo me limito a masturbarme y ya pero yo no me quiero morir sin centir lo que sea siente por fa ayudenme gracias

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