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El engorroso condón
Francisco siempre usaba la misma táctica. Cuando llegaba el momento más excitante de la relación amatoria; convencer a la chica para prescindir de tomar precauciones con los típicos argumentos varoniles, que le ponía a cien, estaba muy sano, no había nada que temer etc.
Si la situación estaba muy caliente y había ganas, algunas solían acceder a practicar el sexo sin condón, pero luego ya no volvían a verle. Otras, trataban desesperadas de tener una relación sexual placentera que no terminaba de desarrollarse ya que cuando intentaban enfundar el miembro, éste pasaba a la flacidez inesperadamente, perdiendo su firmeza, como un merengue que se convierte de espuma a líquido sin que se comprenda el motivo. Algunas veces tras malgastar muchas gomas conseguía follar, pero siempre tenía que quitársela fuera de la vagina para llegar al clímax.
Para Francisco era muy violenta y desconcertante la situación. Le hacía sentir como si fuera un capullo anticuado que se sentía impotente, incapaz de adaptarse a los tiempos modernos y follar con sentido común. Visitó a varios especialistas sexólogos que descartaron definitivamente que sufriera algún tipo de disfunción. Todo era un problema de cabeza, sólo él podía conseguirlo.
Tanto lo avergonzaba lo que le sucedía, que tras la ruptura con su novia optó por la vía más cómoda: dedicarse a ver como otros practicaban sexo hallando placer con la imagen visual del acto. Al principio, la pornografía lo satisfizo. No era como practicar y sentir las emociones de la realidad, pero le ayudaba a encubrir su acomplejante problema con los preservativos. Ya no quería correr más riesgos desde que cogió una infección leve de ETS, su confianza en que las chicas no tienen nada se desvaneció desde ese escarmiento y todo porque algunas de ellas tenían las mismas ganas de correr riesgos innecesarios en relaciones esporádicas.
Pasó más de un año y medio sin tener relaciones sexuales . El cibersexo era su válvula de escape. Allí podría explayarse y dar rienda suelta a sus fantasías sin perder la erección. Además las mujeres con las que lo solía practicar admiraban la envergadura de su miembro erecto, 18 cm. y curvatura hacia arriba en forma de flecha. Alas mujeres les parecía estimulante la forma, muy eficaz para provocar placer y excitar el cuello del útero.
Francisco parecía ser feliz ,aunque estaba un poco cansado con la práctica solitaria de la masturbación visual a través de una pantalla de ordenador. Todo cambió el día que conectó en un chat con Marta. Era una mujer muy diferente. Todo desde el principio, su forma de escribir, sus palabras lo enloquecían. La erección comenzaba sólo con ver su lucecita verde de disponible en el mesenguer. La vio por foto y no estaba mal, pero era muy ambigua en sus contestaciones. Parecía estar buscando sexo pero a otro nivel. Era muy sugerente y erótica en sus expresiones. A él todavía le atraía constantemente la idea de quedar con una mujer, pero debido a su problema, prescindía del contacto directo.
Sin saber muy bien cómo y porqué, quedó hipnotizado de deseo en el mesenguer por ella. Todas las demás le ofrecían sus cuerpos desnudos pletóricos, abiertos y visibles a través de la webcam, , además de fotos eróticas muy subidas de tono. A Marta también se lo pidió pero fue imposible, ella negaba esa posibilidad de acercamiento, el cibersexo no la avivaba. Así que si quería verla tendría que quedar con ella. Tardó varios meses en decidirse, tras intentar seducirla inútilmente con sus expertas tácticas de tunante. Ella no cedió, así que no tuvo más remedio que jugársela en la proximidad de un encuentro real.
-Marta, estoy casado-le escribía Francisco a la defensiva.
-Yo también, pero necesito sexo, no me pone el ciber...
-No puedo quedar contigo.
-Ok, entonces seguiremos relatando lo mucho que nos daríamos eh?, me excita mucho más.-le contestó con la conocida templanza y seguridad de siempre.
¡Te deseo y quiero follarte!- declaró lleno de ira en un arrebato de sinceridad que hasta a él mismo sorprendió.
-Pues ya sabes...
-Este fin de semana lo tengo libre ¿quedamos? No puedo aguantar más esta situación, quiero desnudar tu cuerpo y poseer tu alma con mi cuerpo.
-¡Hecho! Dime dónde e iré.
-Hay algo de lo que quiero hablarte Marta. Hace tiempo que no follo, no estoy casado. Desde que cogí una enfermedad contagiosa de ETS he dejado de quedar con mujeres. Tengo un problema y es que con preservativos no puedo follar.
-Entendido Fran, verás, yo te ayudaré a superar esa barrera.
-No lo creo, otras lo han intentado y nada. Lo único que me resultó fue tener novia fija, pero todo en la vida se acaba y...
-Confía en mí. Nos veremos el sábado.
-De acuerdo Marta, no sabes el deseo que has provocado en mí. Te necesito como al aire.
-Me tendrás, bye!
-Bye!
Aquella noche los dos flotaron en sus respectivas camas imaginando el furtivo encuentro del próximo sábado. Ella leyó en la red mucha información , no era desconocido este tipo de problemas que muchos hombres tienen con las gomas. El problema raíz se halla en la cabeza. La mayoría que sufre este problema, es porque asocian la protección con una moderación indeseada de su vigor sexual. Es como poner freno a su firme idea de ser varón viril y reproductivo. Por ello se da más en hombres jóvenes que aún no han satisfecho el deseo de tener descendencia. Leyó que el problema es superable si se tiene la habilidad necesaria para que él hombre no sienta esa barrera protectora como una opresión a sus instintos más básicos. Tenía que poner sus neuronas a funcionar para superar este percance.
Marta se vistió para la cita muy femenina. Falda vaquera a la altura de las rodillas, camiseta blanca con letras bordadas en dorado, medias de blonda que se ajustaban sobre sus muslos sin oprimir y ropa interior transparente. Para la ocasión eligió un salto de cama de gasa. Al ser traslúcida la propiedad de su ropa resultó muy certera, actuó como un potente talismán que dejaba adivinar todas sus formas femeninas intimas. De color negro, adornado con dibujos de corazones rojos a juego con el tanga.
La cita era en casa de Francisco. Él la esperaba ansioso, recién duchado y afeitado. No quiso cargarse de aroma, para no parecer un lelo acomplejado. Las manos le sudaban cuando sonó el timbre. Abrió la puerta de su casa unifamiliar y allí la encontró. Era preciosa. El corazón se le aceleró a medida que se aproximaba para saludarla tímidamente. Fueron conversando con locuacidad recíproca hacia el salón, dejándose seducir por el acercamiento mutuo .Miradas directas a los ojos que dejarían sin aliento a cualquiera con menos mundología sexual. Se sentaron uno al lado del otro en uno de los sofás.
-Pon música no? Relaja el ambiente- le solicitó Marta algo tensa por la proximidad real con su deseado amante.
-Hace tiempo que no escucho nada. ¿Que te apetece que meta?
-Subconciente, ja,ja,ja... No comiences tan rápido.
-Oye, no iba la cosa por ahí.
-Ja,ja,ja, no te sientas violento, es algo muy habitual que nuestros deseos se mezclen con nuestras palabras formales. Ocurre cuando anhelamos una cosa y debemos hablar de otra.
-Confieso que puede ser, eres hábil, además de hermosa.¿Que tomas?
-Algo sin alcohol he de conducir, luego.
-Veré que encuentro, Enseguida vuelvo.
Francisco al levantarse no se olvidó de poner algo de música. Introdujo un CD en el reproductor de Soraya. La canción de “sin miedo” comenzó a retumbar por toda la estancia caldeando el ambiente e incitando a la aspiración de gastar energías
Luego fue hacia la cocina cogiendo de la nevera dos latas de coca cola cero. Las puso sobre la mesa de centro, no se le olvidaron los posavasos para evitar la mancha sobre la madera. Marta apreció que el sabor variaba un poco, pero la idea de reducir el consumo de calorías y azúcares, era apetecible. Le encantó ese pequeño detalle, que se preocupara por mantener la línea. Le mandó una mirada de soslayo. Estaba estupendo; delgado, atlético y eso que aún no lo había visto desnudo.
Hablaron durante más de una hora. Comentando los detalles de sus vidas. Terminando por aburrirse y opinar sobre la decoración de la casa. Señal inequívoca de que los temas se acababan. Así que él, lanzado y con ganas de comenzar a conocerse en la intimidad, le propuso ir a su habitación. Ella asintió. Lo estaba esperando. Cogidos de la mano llegaron al cuarto. Fueron desvistiéndose cada uno de manera individual, poco a poco, sin perder la calma, observándose frente a frente , elevando su propia temperatura con la seducción de la imagen real de sus cuerpos que se descubrían por primera vez La novedad era poderosa para la mente ya que nunca se habían visto salvo en foto, analizar con lujuria sus respectivas siluetas atractivas disponibles a un golpe de brazo los atrapó con magia.
En ropa interior tumbados sobre la cama, la lluvia de besos que recíprocamente y con lentitud se regalaban los fue sublevando.
-¿Dónde tienes los preservativos?- le preguntó inesperadamente ella.
-¡Todavía es pronto, sigamos!-objetó él despertando de su sueño.
-Ya, sólo quiero tenerlo preparado y abierto.
-¡Toma!-le ofreció él con cierto desdén ,dejando palpable la incomodidad que le causaba la sola mención de su peor fobia.
Marta disimuló astutamente la percepción que había tenido de su incipiente malestar. Lo abrió por un lateral con facilidad y con cuidado obviándola y lo dejó preparado sin sacar de la funda sobre la almohada. Sabía que debía ser muy sutil y diestra para que no perdiera su erección. Se subió sobre Francisco y fue besándolo lentamente descendiendo hacia su zona erógena. Lamió, besó y elevó su miembro viril hasta tenerlo a punto de ebullición. Mantuvo su excitación hasta el máximo y con maestría le posicionó la goma. Francisco ni lo notó. Le susurró al oído para distraerlo mientras lo hacía “voy a cabalgarte a pelo, he cambiado de opinión”.
A Francisco se le mantuvo la erección. Lo supo al meterse su miembro. Su cerebro no había advertido que su pene había sido cubierto por la membrana de latex. Marta lo cabalgó con fuerza y vigor, susurrándole lo bien que lo hacía y lo mucho que lo necesitaba. Follaron durante más de veinte minutos y sin interrupciones. Fran se derramó dentro del condón. Al terminar y sacarla del interior de la vagina, lo avispó con perplejidad. Se había derramado en su interior y el semen estaba acumulado en el depósito a la altura del glande.
-No puedo creerlo, Marta, ¿cómo me lo has puesto?
-Con artimañas de amante perfecta. Nada, como ves no tienes ningún problema para follar con seguridad.
-Es la primera vez que siento un placer así con funda.
-Es porque siempre tu cabeza pone un impedimento, no tu cuerpo.
-Lo sé, te admiro por lo que has hecho, me encanta el sexo seguro y no me ha restado placer ni sensaciones.
-Y a mí que lo practiquemos. Yo sólo follo a pelo en relaciones de años.
-Bueno es un consuelo saber que algún día mi pene verá la luz y sentirá la fricción contra tu cuerpo interior.
-Ja,ja,ja., algún día, -respondió ella con seguridad, divertida.
-¿Tienes problemas para llegar al orgasmo Marta? He notado que has disfrutado a medias.-Le preguntó cambiando de tema algo preocupado.
-¿Cómo te has dado cuenta? A la mayoría, ni les importa.
-He leído mucho de sexo, con poner la mano sobre tu pubis sé a ciencia cierta si has disfrutado. Las contracciones del útero así lo indican.
-Cierto. Puedo satisfacerme vaginalmente, pero soy más fría y todavía no he conseguido hacerlo con un hombre Lo probé con un masturbador a pilas y resultó. Lo he comentado con alguna que otra amiga y también les ha sucedido lo mismo. Al principio de mantener sexo con ellos, luego sus novios han aprendido el punto exacto donde estallan y sí que lo han conseguido. Como no he tenido relaciones muy duraderas, no he llegado a ello todavía.
-Uhmmm... Pronto lo conseguiré espero, con la práctica sabré descubrir tu secreto Pero hay algo que aprendí que no falla. -Francisco dirigió su boca hacia el sexo palpitante de Marta
-Ahhh-sigue, sigue, ahhh.
Fue todo lo que se escuchó. Después de tanta entrega por parte de ella, estaba dispuesto a dejarla plenamente satisfecha, se lo merecía. Así que se perdió con su lengua entre sus muslos dedicándole con ahínco atención a su excitado clítoris. Ella estaba a punto del orgasmo, se veía que estaba en puertas. Su clítoris estaba desarrollado y duro, sus labios jugosos y derramando lubricante vaginal. Con su lengua y dedos en apenas cinco minutos la elevó al éxtasis. No quiso parar. Percibió que ella estaba acostumbrada a encadenar sus orgasmos y la intuición fue acertada. Logró que ella disfrutara triplemente en pocos minutos. Sólo paró cuando ella le pidió algo de tregua.
-Ha sido fantástico, Fran, espero seguir repitiendo esto.
-Ya lo creo y además con condón, creo que lo he superado.
Marta se quedó atónita. Fran estaba de nuevo con su pene erecto y con el preservativo colocado. No había perdido su erección.
-Date la vuelta, a cuatro patas- le ordenó cariñosamente.
-Tú mandas- le sonrió cómplice y con ganas de sentirlo una vez más.
Fin

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