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El diván


By machupichu - Posted on 24 abril 2009

Camila no podía bajar la guardia, al fin y al cabo Germán era un auténtico desconocido. Quedó con él siendo consciente de lo que quería, sexo rápido, febril y discreto.

Al llegar al lugar de la cita no tardó más de 20 segundos en decidirse. Germán arribó en su coche, buscó a la dama inquisidoramente con la vista hallándola a escasos metros esperándole en otro vehículo estacionado. El corazón le palpitó estrepitosamente. Era más de lo que en principio esperaba de aquella cita a ciegas. Descendió de su coche estacionado bruscamente quitando las llaves del contacto, cruzó la calzada y ella al reconocerlo, le sonrió amistosamente mostrando su aceptación, bajando la ventanilla para dialogar sobre como sería aquello.

-Hola Camila ¿te subes en mi coche y nos vamos? Le propuso directo y sin querer demorarse en la calzada.
-Ahhh, vale ¿entonces dejo mi coche aquí ?- Soltó ella insegura y dubitativa, deseaba sexo pero irse con él quedarse a su merced completa.
-Tranquila, conmigo estás segura, ciérralo y ven- le contestó seguro y confiado, acompañándolo de una sonrisa que bordó sus palabras.

Camila siguió sus indicaciones, al fin y al cabo no había recorrido más de 40 kilómetros para comenzar a desconfiar. Necesitaba calor y un rato de pasión especial para escapar del tedio de su vida sin sexo y sus deseos insatisfechos.

-¿Dónde quieres ir Camila? -quiso indagar Germán asegurando su estilo respetuoso de varón que intenta hacer disfrutar a una mujer.
-Me apetece escuchar música, beber ron con limón y hablar en un tono bajo de secretos y chorradas de la mente- le soltó ella desarmándolo.
-Vaya, no eres muy indecisa, me pides que vayamos a casa y te prepare un buen baño, masaje y sexo de calidad.
-¿Dije eso? Pues, creo que eso debí querer decir- rió irónica empezando a alegrarse de haber quedado con aquel desconocido atractivo.

Perfecto, pensó Germán, mientras conducía hacia su hogar, se acababa de entregar sin más preámbulos a sus deseos.

Al llegar a la casa de Germán, ambos comenzaron a observarse de manera más directa buscando la manera de enlazarse en un beso apasionado sin quedar en evidencia. Por muchas ganas que tuviera Camila de arrancarle los pantalones, supo retener sus impulsos primitivos y esperó pacientemente a que él diera el primer paso.

-¿Te apetece ver algo especial?
-¿Dónde está?
-En el sótano.
-Vale-afirmó ella pensando en algún taller de trabajo.

Descendieron cogidos de la mano por las escaleras sinuosas y estrechas. Al arribar al sótano sólo encontró un diván rojo . Las paredes estaban pintadas de rojo y blanco. Un rojo oscuro y brillante en la habitación rectangular sobre las paredes más anchas y un blanco intenso en las estrechas y cortas, enfrentándolas en un lenguaje secreto

-¿Qué sentido tiene esto dime?
-¿El qué?
-Pintar dos paredes de rojo y dos de blanco.
-Todo tiene su explicación, túmbate sobre el diván, quiero desnudarte lentamente allí.

Camila no entendía nada. Aquello resultaba tan extraño. Pero de nuevo la seguridad y amplia sonrisa de su incipiente amante la calmaron. Se echó boca arriba siguiendo el juego de Germán que quedó de pie mirándola, era como si buscara los puntos débiles para atarcarla con maestría.

-¡Desnúdate ya!

Su voz sonó tan autoritaria y varonil, cálida y cautivadora que lejos de ofenderla, le excitó por la imposición de la orden. Sin saber por qué lo hacía para satisfacer el deseo de su gobernante, sus manos obedecían quitándose toda la ropa, incluida la interior, mientras sus ojos miraban las paredes rojas y su sexo sudaba de placer.

-Abre tus piernas, quiero ver!

Ahora si que la había pillado, estaba tan húmeda que no pudo sino contraer más sus muslos para disimular lo caliente que estaba.

-Ábrelas tranquila, ábrelas Camila, necesito ver...

De nuevo aquella voz la sacudió por completo y sus piernas fueron lentamente relajándose hasta abrirse por completo, sus manos sujetaban sus rodillas para dar una visión más completa.

Germán estuvo varios minutos mirándola sin articular palabra, con su táctica estaba consiguiendo que ella lo deseara de forma convulsiva. Podía sentir el ritmo acelerado de su respiración jadeante de deseo. Pensó que la mejor forma de iniciar un primer ataque seria hacerla disfrutar sin que lo esperara. Así que se acercó, se sentó de lado y sus dedos penetraron en su vagina al primer intento, perdiéndose en el río emergente de lubricación del canal vaginal que favoreció la maniobra aún más. Comenzó a agitarlos observando la fisonomía de sus gestos faciales y en un par de minutos, sus movimientos expertos de la arquitectura femenina la habían elevado a las cimas del placer.

Su otra mano libre mientras tanto, se fue deshaciendo de la ropa, sin perder el ritmo de preparación de la vagina. Cuando notó que era ella la que se movía frenéticamente reclamando más ritmo, supo que había llegado el momento Retiró sus dedos mojados, el líquido vaginal le llegaba hasta el codo, se subió desnudo con su pene excitado sobre ella que estaba recostada boca arriba sobre el diván y la hizo levantar sus piernas, flexionó sus rodillas contra el pecho y con su sexo húmedo a su completa disposición la penetró con su pene profundamente.

Ella intentó quejarse, al notar un cuerpo extraño de gran grosor y tamaño en su interior, pero él hizo caso omiso, quería que ella quedara subyugada por el poder de su polla , tenía que grabar en el recuerdo esa instantánea. Tras varios minutos de resistencia y dolor, finalmente ella se entregó mudando su rostro de contrición al de relajamiento, comenzaba a disfrutar para su sorpresa ,con aquella penetración brutal y despiadada de su amante. El vigor de la estupenda forma física de Germán se hizo presente y la tuvo durante mucho rato jadeando sin interrupción.

Más tarde, cuando estaba cerca de sobrevenirle el orgasmo la volteó.

-Ponte mirando hacia delante y sujetándote sobre tus palmas y rodillas.
-Ahora me toca ver el fondo, la pared en blanco
-Así es, no grites mucho.
-¿Gritar?
-Sí, en breve esa pared blanca la verás roja.
-No lo creo. Ahhhh, no tan brusco...

De nada le sirvieron sus quejas, comenzó a comprender que aquellas penetraciones tan bestiales tenía su significado. Germán la había poseído de nuevo y la sujetaba por las caderas fundiéndose en su cuerpo con toda su fuerza y energía. Sacaba su polla y la volvía a meter haciéndola chocar frenéticamente contra sus músculos vaginales. Ella se musitaba ¡ays! y le apretaba con su mano el muslo tratando de zafarse de sus empujes para contener su maltrato, pero dejó de hacerlo al sentir un placer desconocido. Miró la pared blanca y sólo veía el rojo pasión de la pared que había tenido antes a la vista. No podía entender nada, pero sin esperarlo le sobrevino un poderoso orgasmo que la hizo gritar un ahhh como nunca lo había escuchado de su garganta. ¡Había gritado de placer!

Germán siguió elevando el ritmo durante algunos minutos más, hasta que sintió el poder del inminente orgasmo contenido en su falo. Sacó su miembro duro y bulboso y tumbó boca arriba a Camila. Ella estaba algo asustada, no sabia que quería hasta que notó el semen caliente derramarse sobre sus pechos . Él tuvo su orgasmo a la vista de ella, dejando marcada su piel con el olor de su cuerpo.

-Ha sido super excitante le confesó Camila incorporándose para recoger con su boca el semen restante que quedaba sobre el glande. Me ha encantado.

-El rojo es el calor que quiero que sientas para relajarte y el blanco la libertad que necesito para que llegues a alcanzar el orgasmo. - Le aclaró Germán intentando articular el secreto de la pintura tras el esfuerzo sostenido.

-Pues no sé como puedes haber deducido eso tú solo, pero he sentido precisamente eso. Me he relajado y mi pasión se ha elevado mirando el rojo, en cambio, al ver el blanco me he sentido limpia , liberada imaginando que era rojo viendo sólo blanco, porque necesitaba ese calor para llegar a disfrutar por completo.

-Veo que esta habitación será lo único que recuerdes de mi casa ¿verdad?
-Sin duda, lo será ,ha creado un clímax fascinante entre nosotros. Sin adornos, muebles o detalles que a uno le hagan pensar en otra cosa que no sea sexo y amor.

Germán la besó con pasión, pasando a relajar una nueva zona inexplorada, había que probarlo todo y dejar satisfecho el deseo lujurioso .

Fin

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Nelo's picture

Curioso e interesante el uso de los dos colores en este texto directo y claro.
el sótano, como escenario, es un lugar mágico y sugerentemente perverso al tiempo.
también el diván es un elemento extraordinario para lo que se destina
saludos
nelo

machupichu's picture

Algunas veces el entorno da pie a relatos sugerentes.

Sigo perdiéndome contigo en tu estupendo libro Cubayeno ya te contaré cuando lo termine que tal me pareció.

Muas!

Lordaruku's picture

Estaba bueno tu relato y es vez primera que leo un relato así en una página web.

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