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El ascensor


By machupichu - Posted on 27 noviembre 2008

Mari Cruz estaba dispuesta a robarle unos años a la oxidante vejez.  Tenía 49 años y no aparentaba más de 35, su trabajo le costaba. Una dieta estricta, cremas reafirmantes, salud y bienestar, dejando los vicios y la mala vida para los jóvenes.

No discutía para evitar el estreñimiento, le habían dicho que engordaba, por eso cada vez que su ex marido la llamaba descolgaba y contestaba “sí querido” “no querido” “adiós, adiós, adiós amor” Tomaba pastillas de te verde, rico en fibra para poder eliminar todas esas pequeñas grasas que su cuerpo consumía.

Desde hacía un mes, se cruzaba todas las mañanas  a las 6:30 en el ascensor con un guapo universitario que vivía en un piso compartido dos plantas más abajo.  Al entrar el muchacho siempre la saludaba educadamente, ella no se hacia ilusiones, pero notaba que aquel joven se ponía muy nervioso al descender con ella. “Le gusto, está buenísimo “ se decía para conseguir su propósito de tener algo romántico con aquel hermoso varón, “ así que a por él, sin titubeos que te conozco y no tienes  cuerpo para que se sostenga esperando  a que él se decida”.

Con habilidad sutil de una mujer que sabe lo que quiere ideó un plan para que el joven sucumbiera a sus encantos maduros. Una mañana se vistió con un jersey rojo de punto calado, con un escote provocador que le llegaba hasta el esternón dejando ver una pechuga de talla 120. Aquellas montañas mágicas habían enloquecido a muchos hombres y aún  se sostenían firmes por los muchos ejercicios físicos que practicaba desde su pubertad. Mari Cruz  comenzó a frotar sus manos por los hermosos pechos y contonear su cuerpo insinuantemente, mirándole directamente a los ojos .

-¿Hace calor verdad?
-Ejemmm-carraspeó el joven, notando el endurecimiento de su miembro-un poco.
-¿Paramos en el noveno un ratito a ver si se nos alivia este exceso de calor?
-Vale-contestó rápidamente el joven con cierto nerviosismo, deseando febrilmente descubrir aquellas voluptuosas pechugas que emergían como volcanes bajo el jersey-

Mari Cruz  esbozó su mejor sonrisa. Entornó sus ojos y los mariposeó varias veces, un gesto sensual de coquetería  mientras su mano tocaba con la yema de su dedo índice el botón del noveno piso. El ascensor se detuvo bruscamente, ahora tocó el botón rojo “parada y fuera de servicio”. Si algún vecino descendía a las 6:30 tendría que usar la escalera. Seguros de la intimidad que les daba aquella caja transportadora comunitaria, comenzaron a besarse tímidamente.

-Despacio, tranquilo no tan ...

Julián no la escuchaba, estaba tan caliente que le arrancó el jersey y el sostén de encaje negro en dos segundos. Se quedó boquiabierto, ante sus ojos estaban las tetas más hermosas y enormes que había visto en su vida.

-¿Estás operada verdad?
-No, son naturales.
-Bendita hermosura, eres una diosa.

Y sin poder contenerse metió su cabeza entre ellas, su lengua las recorría intentando atrapar sus enormes aureolas mamarias. Mientras tanto el fuego de su pasión  obraba bajo su vientre. El deseo fogoso le había endurecido como el cemento la verga, su mente  soñaba penetrar a galope en el desfiladero de  las montañas erectas. Sus manos y su lengua no daban abasto para devorar  tanta carne acampanada. Sudaba, más nervioso que nunca, no sabía como saciar su deseo y no se cansaba de  lamer aquellas tetas enormes, duras y perfectas que lo embebían sin poderlo remediar.

Tras unos minutos de deleite, desabrochó el botón y  bajó la mitad de la cremallera para desenfundar su  arma, que salió como si fuera el payaso de  una caja de sorpresas. El muelle en este caso eran esos pechos esponjosos y blancos descomunales,  se plantó recto apuntando a su objetivo.

-¿Te pongo a cien eh?
-Quiero que te pongas en cuclillas.

Mari Cruz obedeció. Sabía perfectamente lo que el joven deseaba. Julián puso su pene entre los pechos y comenzó a  empujar con sus caderas, atrás y adelante, con vigorosidad. El miembro  rozaba  los labios de  Mari Cruz que sacaba su lengua para recibir al vigoroso proyectil.

Fueron unos minutos intensos de placer para Julián , jadeante  colocó a Mari Cruz  de espaldas a él.

-Ahora quiero que desciendas como si estuvieras haciendo un ejercicio de gimnasia, debes tocar tus pies con las palma de tu mano.
-Ja,ja,ja... Me salvan las horas de gimnasio.
-!Hazlo ya! No tenemos todo el día.
-¡Voy, cariño!

Y al hacerlo Julián apreció relamiéndose el hermoso sexo de ella  abierto, jugoso, insinuante. Se agachó en cuclillas para lamer con su lengua  la abertura vaginal y la anal. Sus dedos se deslizaban por el clítoris y caldeaba el interior de la caverna roja. Tras unos cuantos movimientos expertos, aquella abertura creció triplicando su tamaño original. Estaba a punto.

Fue entonces cuando Julián se incorporó, agitó unos segundos su miembro con su mano  y la penetró a fondo. Notó como ella blasfemaba, no prestaba atención a sus incoherencias y gritos ahogados. La estaba haciendo disfrutar, la cabeza se volteaba hacia todos los lados, notaba como tapaba su boca para ahogar sus gritos. Él mantuvo el ritmo sin compasión ,por más de veinte minutos.

-¡Para no puedo más! ya me he corrido más de cuatro veces.
-Esperaba que me lo pidieras, aguantas mucho para ser tan mayor.
-¿Mayor? Pero no me cambiarías por una veinte añera ¿verdad?
-No, tu vagina atrapa mi polla como nadie lo ha hecho, eres buenísima.
-Práctica y experiencia, amor.

Dicho esto Mari Cruz sin darle tiempo a reaccionar se lo quitó de encima . Se arrodilló frente a él y se engulló con maestría todo el pene, le pareció una roca. Julián siguió moviendo sus caderas, como si de la vagina se tratara. Ahora el calor era especial, el jugo más denso. En pocos segundos tuvo el orgasmo más bestial de su vida. Sus ojos estaban clavados en los de Mari Cruz  ,aquella veterana amante que succionaba sus jugos con lujuria.

-¿Te gusta el sabor?-preguntó perplejo al verla comérselo todo-
-Si sabe como tú, es un manjar que trago con gozo.
-Ja,ja,ja...
-Vivo en el sexto, te espero en cualquier momento.
-¿Sexto qué?
-Sexto B.
-Ahora tengo que ir a la Universidad, espérame a las siete.
-Estaré en el gimnasio, te espero para cenar, guapo .
-Estupendo.

Juntos descendieron tras vestirse sin mediar palabra, eran las siete y media. Ella salió corriendo para hacer sus ejercicios de mantenimiento, cada mañana corría media hora, lo hacía a diario, era la única forma de mantener en forma sus carnes maduras que perdían firmeza irremediablemente. Julián  subió a su coche y pasó cerca de ella  camino a la universidad . Sus ojos se perdieron  escrutando su bella silueta y admirando su hermoso culo. Una maniobra experta y habilidosa lo salvó de estrellarse contra un coche estacionado. Sonrió por su estupidez,  era la mujer más increíble que había disfrutado en su vida y por suerte,  la tenía a sólo un paso.

Fin

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Anónimo's picture

YO CONOZCO A ESA MUJER...

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