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Cuento para el concurso
Soy nueva, es un cuento nuevo.
MIAU
Espero un momento adecuado para huir.
Entre mi epidermis y mis músculos se forman pequeñas burbujas de aire, muy dolorosas, más cuando recorren mi cuerpo, sobre todo cuando pasan por las partes donde el hueso no esta protegido por grasa. He intentado abrirlas con cuchillos de punta aguda, pero siempre escapan y lo único que consigo es una colección dispareja de cicatrices.
Yo vivo en una granja, se ubica 6 kilómetros después de la última fábrica. Si algún día piensas en venir, notaras que estas en el camino correcto debido al paisaje de cadáveres de vacas y borregos en estado de flatulencia que tapizan la carretera con un rojo casi verde muy peculiar, mientras desprenden olores ácidos, podridos. A veces esos cadáveres se levantan a bailar con el rió de aguas púrpuras, que separa el día de la noche.
SÁBADO 13 DE DICIEMBRE: DÍA ESPECIAL PARA MI SIGNO ZODIACAL.
Esta mañana la luz no logro colarse entre las cortinas de seda de la ventana, se sentía un calor sofocante, algo húmedo, pero bastante cómodo. Con ritmos oscuros me levante de mi cama, me encontraba envuelta en un vestido de satín negro, kilos de tela fresca rodeaban mi cuerpo, como un brisa invernal. Un encaje muy elaborado enmarcaba mi pecho que se protegía con un collar pesado de hierro con un olor muy oxidado que no cualquier granjero soporta. Acaricié el collar sintiendo la humedad en exceso de mi cuello mojado, sólo la parte superior derecha, y al verme la mano ensopada en sangre un sentimiento filoso regresó a mi cabeza por un instante, la imagen de un ave siendo despedazado por un tubo de cobre se mantuvo en mi mente, hasta que ubiqué un espejo en la habitación. Mi imagen era blanca, rimaba con mis labios opacos; la mancha de sangre en mi cuello se estaba secando, la burbuja de aire se movía muy cerca de ella, dolía bastante. Busqué la herida solo con la mirada. En mi cama sólo había rastros de uñas y cabello, algunas manchas de saliva, pero nada de hierro líquido. La burbuja desapareció en mi frente.
La figura de un soldado se desprendió de la oscuridad. Él llevaba una capa pesada, que escondía la mitad de su rostro destajado. Respondí con una lágrima. Me tomó del cuello y en instantes ya estaba tirada en el suelo de madera y una lluvia de espejos caía sobre mí, siguiendo el patrón de mis cicatrices, todas se abrían de nuevo sin secuencia alguna.
El soldado se lanzo hacia mí, besando mi labios con una dosis de agresividad casi exagerada acaricio mi cuerpo, buscando algo que los dos sabíamos viva dentro de mí.
MIÉRCOLES 31 DE JUNIO: DÍA CAÓTICO PARA MI SIGNO ZODIACAL
El cielo matizado de cromo presumía su presencia a un huerto de lechugas tiernas que negaba el esplendor del sol. Yo caminaba de manera distinta a otras plantas; el aire inexistente reducía las horas a simples gotas de lluvia dulce. Mi vestido ridículo producía un ruido peculiar cuando rozaba contra las lechugas, lastimaba un poco mis oídos que permanecían sensibles a consecuencia de la noche húmeda de diciembre.
La oscuridad pronto alcanzó mis pasos, la llovizna cesó de forma agresiva y sobria, las nubes celosas de mi apariencia ilusoria copiaron mi matiz y nublaron mi vista. Las lechugas se abrieron en dos, revelando una escalera lodosa algo empinada y temblorosa que llegaba al fondo de la raíz mas sana de la tierra, no un hoyo, sino el paso cuesta abajo donde el soldado me esperaba con brazos cruzados y ojos reptiles. Resbalé en el primer escalón, logré sostenerme de una pequeña raíz, fue como encender un foco, de pronto todas las lechugas encendieron su luz artificial, el huerto parecía estar ardiendo en placer, pudo ser que provocara un orgasmo terrenal al tocar la raíz o que moviera un botón en el espacio que hizo a las estrellas proyectarse. Las burbujas de aire se aceleraron dentro de mí. El soldado corrió hacia mí, su furia no me dejaba respirar, las lagrimas amargas me irritaban la piel, su mano en mi cintura quebraba mis huesos, mi cadera exploto en dolor, el sabor a tierra en mis encías me drogaba mientras el aliento a plomo del soldado refrescaba mi vientre.
MARTES 29 DE MAYO: DÍA DE EBULLICIÓN PARA MI SIGNO ZODIACAL
El soldado. Sus dientes quebrados y manchados de rojo disfrazan su boca árida, la lengua ácida acaricia mi paladar con soltura exquisita. La cara se compone de una sinfonía de notas porosas, sus ojos están protegidos por una membrana viscosa; ésta segrega un veneno que penetra la córnea, te dopa en un éxtasis en el que de pronto te encuentras escuchando gritos agonizantes de la hadas de fuego. Las uñas filosas y resecas, diseñadas para rasgar la tela más fina y la piedra más tallada. Tenía mejillas flácidas adornadas con cicatrices y varias capas de vello que endurecían su rostro cargado de soledad e insomnio acartonado. Su cuerpo se utilizaba como vehículo atrofiado de su alma agujerada. La pólvora de su cabellera estaba fresca; en abundancia, llegaba a mis pulmones. Este soldado reía a carcajadas digeridas para después ser defecadas en mis manos.
SÁBADO 13 DE JUNIO: DÍA DE GOZO PARA MI SIGNO ZODIACAL
Ordeño las vacas enfermas todas las mañanas. Huelen mal, tanto que mis ojos se irritan al momento que pongo mis manos en sus ubres. El palpitar de los corazones del animal y el mío poco a poco se vuelven uno. La vaca me mira fijamente, casi decepcionada y nauseabunda. En su pupila brillante se aparece la figura del soldado, un poco más demacrado que las últimas veces, al igual que mi atuendo exuberante al cual le faltaban piezas para regresar a su estado principal. Las burbujas de aire podían correr con fluidez, los encajes ya no apretaban mi cuerpo como antes.
El recorrió la habitación entre la sombras, se detenía a oler mi cabello, a acariciar mis brazos, suspirar en mis oídos y a lamer mis hombros. Las burbujas se concentraron en mi cuello, yo permanecía sin respirar ni moverme al centro del cobertizo, donde justo un rayo de luz contaminada por paja y polvo marcaba una línea delgada que atravesaba mi rostro helado. Justo cuando las burbujas se detuvieron en la parte superior derecha de mi cuello, el soldado afilo sus unas y rasgo tres veces sobre las burbujas dejando que la sangre corriera por mi vestido de satín negro, que mientras yo moría con su lengua dentro de mi boca, este volvía a vivir, sus encajes resurgieron de mi sangre y el seguía acariciándome, cortando mis burbujas, vomitando en mi interior.

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