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Bases del Concurso
Bases para el Concurso de Cuentos
- Se podrán inscribir los que quieran pero solo participará 1 de sus cuentos.
- Habrá un jurado pero no se dará a conocer para evitar malos entendidos.
- El tema será cambiado cada mes. Este mes sera el "Realismo Mágico".
- No hay extensión mínima pero no podrá exceder 2 cuartillas.
- El cuento debe ser inédito (no haberlo colgado aqui ni en otro lugar antes).
- Se pueden inscribir a partir de hoy en este mismo tema.
- El plazo de entrega será el día 20 de Abril.
- El día 25 se abrirán los cuentos para ser comentados por todos (los comentarios no serán tomados en cuenta para elegir al ganador, no ganará el que tenga más amigos en el foro sino el mejor cuento).
- El ganador se dará a conocer el mismo día 25 de Abril en la noche.
- El premio será que su cuento será puesto en un tema fijo donde se colgarán solo los cuentos ganadores de cada mes.
- El jurado recibirá los cuentos sin nombres, los devolverá y haremos el conteo de puntos. No pondremos cuantos puntos obtuvo cada uno para no herir susceptibilidades. Si hay buenos cuentos y hay algun empate decidiremos si habrán un segundo y tercer lugar.
-Colgaran sus cuentos abriendo un tema nuevo en este foro y solo ustedes veran los suyos, nadie mas los leerá hasta que los abramos.
- Los moderadores de este foro especifico no podrán concursar.
A continuación pondremos un resumén del tema y un cuento de muestra.
"En la literatura, el Realismo Mágico es un género en el que el autor combina elementos fantásticos y fabulosos con el mundo real, creando un equilibrio entre una atmósfera mágica y la cotidianidad, quebrantando las fronteras entre lo real y lo irreal, ubicando cada uno de estos en el lugar del otro.
Diferenciándose del uso tradicional de los elementos fantásticos en la literatura, el Realismo Mágico presenta lo real como maravilloso y viceversa, planteando como un suceso común, tanto para el lector como para los personajes de la obra, escenas y hechos fabulosos, mientras que brinda a su vez un carácter fantástico e irreal a actos de la vida común."
UN SEÑOR MUY VIEJO CON UNAS ALAS ENORMES
Gabriel García Márquez
Al tercer día de lluvia habían matado tantos cangrejos dentro de la casa, que Pelayo tuvo que atravesar su patio anegado para tirarlos al mar, pues el niño recién nacido había pasado la noche con calenturas y se pensaba que era causa de la pestilencia. El mundo estaba triste desde el martes. El cielo y el mar eran una misma cosa de ceniza, y las arenas de la playa, que en marzo fulguraban como polvo de lumbre, se habían convertido en un caldo de lodo y mariscos podridos. La luz era tan mansa al mediodía, que cuando Pelayo regresaba a la casa después de haber tirado los cangrejos, le costó trabajo ver qué era lo que se movía y se quejaba en el fondo del patio. Tuvo que acercarse mucho para descubrir que era un hombre viejo, que estaba tumbado boca abajo en el lodazal, y a pesar de sus grandes esfuerzos no podía levantarse, porque se lo impedían sus enormes alas.
Asustado por aquella pesadilla, Pelayo corrió en busca de Elisenda, su mujer, que estaba poniéndole compresas al niño enfermo, y la llevó hasta el fondo del patio. Ambos observaron el cuerpo caído con un callado estupor. Estaba vestido como un trapero. Le quedaban apenas unas hilachas descoloridas en el cráneo pelado y muy pocos dientes en la boca, y su lastimosa condición de bisabuelo ensopado lo había desprovisto de toda grandeza. Sus alas de gallinazo grande, sucias y medio desplumadas, estaban encalladas para siempre en el lodazal. Tanto lo observaron, y con tanta atención, que Pelayo y Elisenda se sobrepusieron muy pronto del asombro y acabaron por encontrarlo familiar. Entonces se atrevieron a hablarle, y él les contestó en un dialecto incomprensible pero con una buena voz de navegante. Fue así como pasaron por alto el inconveniente de las alas, y concluyeron con muy buen juicio que era un náufrago solitario de alguna nave extranjera abatida por el temporal. Sin embargo, llamaron para que lo viera a una vecina que sabía todas las cosas de la vida y la muerte, y a ella le bastó con una mirada para sacarlos del error.
- Es un ángel –les dijo-. Seguro que venía por el niño, pero el pobre está tan viejo que lo ha tumbado la lluvia.
Al día siguiente todo el mundo sabía que en casa de Pelayo tenían cautivo un ángel de carne y hueso. Contra el criterio de la vecina sabia, para quien los ángeles de estos tiempos eran sobrevivientes fugitivos de una conspiración celestial, no habían tenido corazón para matarlo a palos. Pelayo estuvo vigilándolo toda la tarde desde la cocina, armado con un garrote de alguacil, y antes de acostarse lo sacó a rastras del lodazal y lo encerró con las gallinas en el gallinero alumbrado. A media noche, cuando terminó la lluvia, Pelayo y Elisenda seguían matando cangrejos. Poco después el niño despertó sin fiebre y con deseos de comer. Entonces se sintieron magnánimos y decidieron poner al ángel en una balsa con agua dulce y provisiones para tres días, y abandonarlo a su suerte en altamar. Pero cuando salieron al patio con las primeras luces, encontraron a todo el vecindario frente al gallinero, retozando con el ángel sin la menor devoción y echándole cosas de comer por los huecos de las alambradas, como si no fuera una criatura sobrenatural sino un animal de circo.
El padre Gonzaga llegó antes de las siete alarmado por la desproporción de la noticia. A esa hora ya habían acudido curiosos menos frívolos que los del amanecer, y habían hecho toda clase de conjeturas sobre el porvenir del cautivo. Los más simples pensaban que sería nombrado alcalde del mundo. Otros, de espíritu más áspero, suponían que sería ascendido a general de cinco estrellas para que ganara todas las guerras. Algunos visionarios esperaban que fuera conservado como semental para implantar en la tierra una estirpe de hombres alados y sabios que se hicieran cargo del Universo. Pero el padre Gonzaga, antes de ser cura, había sido leñador macizo. Asomado a las alambradas repasó un instante su catecismo, y todavía pidió que le abrieran la puerta para examinar de cerca de aquel varón de lástima que más parecía una enorme gallina decrépita entre las gallinas absortas. Estaba echado en un rincón, secándose al sol las alas extendidas, entre las cáscaras de fruta y las sobras de desayunos que le habían tirado los madrugadores. Ajeno a las impertinencias del mundo, apenas si levantó sus ojos de anticuario y murmuró algo en su dialecto cuando el padre Gonzaga entró en el gallinero y le dio los buenos días en latín. El párroco tuvo la primera sospecha de impostura al comprobar que no entendía la lengua de Dios ni sabía saludar a sus ministros. Luego observó que visto de cerca resultaba demasiado humano: tenía un insoportable olor de intemperie, el revés de las alas sembrado de algas parasitarias y las plumas mayores maltratadas por vientos terrestres, y nada de su naturaleza miserable estaba de acuerdo con la egregia dignidad de los ángeles. Entonces abandonó el gallinero, y con un breve sermón previno a los curiosos contra los riesgos de la ingenuidad. Les recordó que el demonio tenía la mala costumbre de recurrir a artificios de carnaval para confundir a los incautos. Argumentó que si las alas no eran el elemento esencial para determinar las diferencias entre un gavilán y un aeroplano, mucho menos podían serlo para reconocer a los ángeles. Sin embargo, prometió escribir una carta a su obispo, para que éste escribiera otra al Sumo Pontífice, de modo que el veredicto final viniera de los tribunales más altos.
Su prudencia cayó en corazones estériles. La noticia del ángel cautivo se divulgó con tanta rapidez, que al cabo de pocas horas había en el patio un alboroto de mercado, y tuvieron que llevar la tropa con bayonetas para espantar el tumulto que ya estaba a punto de tumbar la casa. Elisenda, con el espinazo torcido de tanto barrer basura de feria, tuvo entonces la buena idea de tapiar el patio y cobrar cinco centavos por la entrada para ver al ángel.
Vinieron curiosos hasta de la Martinica. Vino una feria ambulante con un acróbata volador, que pasó zumbando varias veces por encima de la muchedumbre, pero nadie le hizo caso porque sus alas no eran de ángel sino de murciélago sideral. Vinieron en busca de salud los enfermos más desdichados del Caribe: una pobre mujer que desde niña estaba contando los latidos de su corazón y ya no le alcanzaban los números, un jamaicano que no podía dormir porque lo atormentaba el ruido de las estrellas, un sonámbulo que se levantaba de noche a deshacer dormido las cosas que había hecho despierto, y muchos otros de menor gravedad. En medio de aquel desorden de naufragio que hacía temblar la tierra, Pelayo y Elisenda estaban felices de cansancio, porque en menos de una semana atiborraron de plata los dormitorios, y todavía la fila de peregrinos que esperaban su turno para entrar llegaba hasta el otro lado del horizonte.
El ángel era el único que no participaba de su propio acontecimiento. El tiempo se le iba buscando acomodo en su nido prestado, aturdido por el calor de infierno de las lámparas de aceite y las velas de sacrificio que le arrimaban a las alambradas. Al principio trataron de que comiera cristales de alcanfor, que, de acuerdo con la sabiduría de la vecina sabia, era el alimento específico de los ángeles. Pero él los despreciaba, como despreció sin probarlos los almuerzos papales que le llevaban los penitentes, y nunca se supo si fue por ángel o por viejo que terminó comiendo nada más que papillas de berenjena. Su única virtud sobrenatural parecía ser la paciencia. Sobre todo en los primeros tiempos, cuando le picoteaban las gallinas en busca de los parásitos estelares que proliferaban en sus alas, y los baldados le arrancaban plumas para tocarse con ellas sus defectos, y hasta los más piadosos le tiraban piedras tratando de que se levantara para verlo de cuerpo entero. La única vez que consiguieron alterarlo fue cuando le abrasaron el costado con un hierro de marcar novillos, porque llevaba tantas horas de estar inmóvil que lo creyeron muerto. Despertó sobresaltado, despotricando en lengua hermética y con los ojos en lágrimas, y dio un par de aletazos que provocaron un remolino de estiércol de gallinero y polvo lunar, y un ventarrón de pánico que no parecía de este mundo. Aunque muchos creyeron que su reacción no había sido de rabia sino de dolor, desde entonces se cuidaron de no molestarlo, porque la mayoría entendió que su pasividad no era la de un héroe en uso de buen retiro sino la de un cataclismo en reposo.
El padre Gonzaga se enfrentó a la frivolidad de la muchedumbre con fórmulas de inspiración doméstica, mientras le llegaba un juicio terminante sobre la naturaleza del cautivo. Pero el correo de Roma había perdido la noción de la urgencia. El tiempo se les iba en averiguar si el convicto tenía ombligo, si su dialecto tenía algo que ver con el arameo, si podía caber muchas veces en la punta de un alfiler, o si no sería simplemente un noruego con alas. Aquellas cartas de parsimonia habrían ido y venido hasta el fin de los siglos, si un acontecimiento providencial no hubiera puesto término a las tribulaciones del párroco.
Sucedió que por esos días, entre muchas otras atracciones de las ferias errantes del Caribe, llevaron al pueblo el espectáculo triste de la mujer que se había convertido en araña por desobedecer a sus padres. La entrada para verla no sólo costaba menos que la entrada para ver al ángel, sino que permitían hacerle toda clase de preguntas sobre su absurda condición, y examinarla al derecho y al revés, de modo que nadie pusiera en duda la verdad del horror. Era una tarántula espantosa del tamaño de un carnero y con la cabeza de una doncella triste. Pero lo más desgarrador no era su figura de disparate, sino la sincera aflicción con que contaba los pormenores de su desgracia: siendo casi una niña se había escapado de la casa de sus padres para ir a un baile, y cuando regresaba por el bosque después de haber bailado toda la noche sin permiso, un trueno pavoroso abrió el cielo en dos mitades, y por aquella grieta salió el relámpago de azufre que la convirtió en araña. Su único alimento eran las bolitas de carne molida que las almas caritativas quisieran echarle en la boca. Semejante espectáculo, cargado de tanta verdad humana y de tan temible escarmiento, tenía que derrotar sin proponérselo al de un ángel despectivo que apenas si se dignaba mirar a los mortales. Además los escasos milagros que se le atribuían al ángel revelaban un cierto desorden mental, como el del ciego que no recobró la visión pero le salieron tres dientes nuevos, y el del paralítico que no pudo andar pero estuvo a punto de ganarse la lotería, y el del leproso a quien le nacieron girasoles en las heridas. Aquellos milagros de consolación que más bien parecían entretenimientos de burla, habían quebrantado ya la reputación del ángel cuando la mujer convertida en araña terminó de aniquilarla. Fue así como el padre Gonzaga se curó para siempre del insomnio, y el patio de Pelayo volvió a quedar tan solitario como en los tiempos en que llovió tres días y los cangrejos caminaban por los dormitorios.
Los dueños de la casa no tuvieron nada que lamentar. Con el dinero recaudado construyeron una mansión de dos plantas, con balcones y jardines, y con sardineles muy altos para que no se metieran los cangrejos del invierno, y con barras de hierro en las ventanas para que no se metieran los ángeles. Pelayo estableció además un criadero de conejos muy cerca del pueblo y renunció para siempre a su mal empleo de alguacil, y Elisenda se compró unas zapatillas satinadas de tacones altos y muchos vestidos de seda tornasol, de los que usaban las señoras más codiciadas en los domingos de aquellos tiempos. El gallinero fue lo único que no mereció atención. Si alguna vez lo lavaron con creolina y quemaron las lágrimas de mirra en su interior, no fue por hacerle honor al ángel, sino por conjurar la pestilencia de muladar que ya andaba como un fantasma por todas partes y estaba volviendo vieja la casa nueva. Al principio, cuando el niño aprendió a caminar, se cuidaron de que no estuviera cerca del gallinero. Pero luego se fueron olvidando del temor y acostumbrándose a la peste, y antes de que el niño mudara los dientes se había metido a jugar dentro del gallinero, cuyas alambradas podridas se caían a pedazos. El ángel no fue menos displicente con él que con el resto de los mortales, pero soportaba las infamias más ingeniosas con una mansedumbre de perro sin ilusiones. Ambos contrajeron la varicela al mismo tiempo. El médico que atendió al niño no resistió la tentación de auscultar al ángel, y encontró tantos soplos en el corazón y tantos ruidos en los riñones, que no le pareció posible que estuviera vivo. Lo que más le asombró, sin embargo, fue la lógica de sus alas. Resultaban tan naturales en aquel organismo completamente humano, que no podía entender por qué no las tenían también los otros hombres.
Cuando el niño fue a la escuela, hacía mucho tiempo que el sol y la lluvia habían desbaratado el gallinero. El ángel andaba arrastrándose por acá y por allá como un moribundo sin dueño. Lo sacaban a escobazos de un dormitorio y un momento después lo encontraban en la cocina. Parecía estar en tantos lugares al mismo tiempo, que llegaron a pensar que se desdoblaba, que se repetía a sí mismo por toda la casa, y la exasperada Elisenda gritaba fuera de quicio que era una desgracia vivir en aquel infierno lleno de ángeles. Apenas si podía comer, sus ojos de anticuario se le habían vuelto tan turbios que andaba tropezando con los horcones, y ya no le quedaban sino las cánulas peladas de las últimas plumas. Pelayo le echó encima una manta y le hizo la caridad de dejarlo dormir en el cobertizo, y sólo entonces advirtieron que pasaba la noche con calenturas delirantes en trabalenguas de noruego viejo. Fue esa una de las pocas veces en que se alarmaron, porque pensaban que se iba a morir, y ni siquiera la vecina sabia había podido decirles qué se hacía con los ángeles muertos.
Sin embargo, no sólo sobrevivió a su peor invierno, sino que pareció mejor con los primeros soles. Se quedó inmóvil muchos días en el rincón más apartado del patio, donde nadie lo viera, y a principios de diciembre empezaron a nacerle en las alas unas plumas grandes y duras, plumas de pajarraco viejo, que más bien parecían un nuevo percance de la decrepitud. Pero él debía conocer la razón de estos cambios, porque se cuidaba muy bien de que nadie los notara, y de que nadie oyera las canciones de navegantes que a veces cantaba bajo las estrellas. Una mañana, Elisenda estaba cortando rebanadas de cebolla para el almuerzo, cuando un viento que parecía de alta mar se metió en la cocina. Entonces se asomó por la ventana, y sorprendió al ángel en las primeras tentativas del vuelo. Eran tan torpes, que abrió con las uñas un surco de arado en las hortalizas y estuvo a punto de desbaratar el cobertizo con aquellos aletazos indignos que resbalaban en la luz y no encontraban asidero en el aire. Pero logró ganar altura. Elisenda exhaló un suspiro de descanso, por ella y por él, cuando lo vio pasar por encima de las últimas casas, sustentándose de cualquier modo con un azaroso aleteo de buitre senil. Siguió viéndolo hasta cuando acabó de cortar la cebolla, y siguió viéndolo hasta cuando ya no era posible que lo pudiera ver, porque entonces ya no era un estorbo en su vida, sino un punto imaginario en el horizonte del mar.

Alicia, si no he entendido mal, para participar debo colgar el cuento como nuevo tema en este foro. Para ello debo estar conectado, y, a pesar de ello, no se verá mi nombre. ¿Es así?.
Gracias por tu respuesta.
Hola Boris así es solo yo podré verlo y tu por supuesto pero nadie mas, ni siquiera los moderadores de otros foros. Habrá otros 2 moderadores conmigo aquí pero mientras no estén solo tu y yo podremos verlo. Saludos
Alicia
Hola Alicia!,
Si mal no entendí, los cuentos no serían vistos por los demás participantes hasta el día 25...¿no?. Sólo podrían verlos el autor y tres moderadores.
Pero el cuento de B.Miosi yo puedo leerlo...
Quisiera saber si han cambiado las reglas...
Espero tu respuesta, y gracias desde ya!
Besos,
Leny
http://sicontigocuento.blogspot.com/
Leny gracias por avisarme, es lógico que yo lo vea pero no que lo vean los demás. Estoy esperando a ver si me topo con Carlos en el msn para pedirle que me ayude pues en el de poesía si esta así (cerrado para los demas hasta que lo modere y acepte yo). En fin ya arregle este asunto por ahora pero no quiero arriesgar mas. Gracias por avisar, saludos
Alicia
Leny:
¿Cómo hago para ver mi cuento? Lo colgué y hasta ahora no he podido verlo. Creo que ya no está.
Gracias!
B. Miosi
Habia problemas y cualquiera podia ver tu cuento, preguntale a Ali donde esta, no creo que tengas de que preocuparte
Tal vez este muerto pero no he sido enterrado
Hola Ali!,
Tenemos un problema...¡Ahora puedo ver el de MONONAUTA!
Pero mira que no los leí eh?...No quiero hacer trampa ni ¨influenciarme¨
Besos,
Leny
http://sicontigocuento.blogspot.com/
Ali´¿Dónde está mi cuento? ¿y por qué Leny puede leerlos todos?
B. Miosi
Ño que dice Leny lo vi...por eso ya lo retiré...a ver que hacemos. No me entero de nada.
Chicos que no cunda el panico, el problema es que Carlos anda de viaje y hay cosas que yo no puedo hacer, solo el que es el administrador.
B. Miosi tu cuento esta guardado, yo lo borre para que nadie lo leyera. Pero esta bien.
Mononauta voy a guardar tu cuento como el de B. Miosi para que nadie lo lea.
A TODOS LOS DEMAS QUE VAN A CONCURSAR FAVOR DE ENVIAR SUS CUENTOS PARA EL CONCURSO A ESTA DIRECCION DE CORREO avquintero59@hotmail.com o a alinew55@yahoo.com. Mientras Carlos vuelve y arregla el foro yo los tendre ahí para que nadie pueda leerlos. Saludos
Alicia
CHICOS YA QUEDO ARREGLADO LO DEL FORO, AHORA SI PUEDEN COLGAR SUS CUENTOS QUE NADIE PODRA VERLOS. PERDONEN LAS INCONVENIENCIAS, NO VOLVERA A SUCEDER. SALUDOS
ALICIA
Ta bien...
B. Miosi
B. Miosi por favor ponte en contacto conmigo via email a la direccion avquintero59@hotmail.com y gracias, saludos
Alicia
A todos los participantes y curiosos les informo que borrare los temas que no tengan nada que ver con el concurso pues estamos esperando que los chicos cuelguen sus cuentos. Cualquier duda o aclaracion en este mismo tema por favor. Saludos a todos,
Alicia
Bueno chicos ya me empeze a comer las uñas, para mañana estare medio pelona jejeje (ni en mil años con tanto cabello y tan largo) pero estoy nerviosa y emocionada, ya hay 4 cuentos participando, gracias a B. Miosi, Boris, Mononauta y Jhon. Espero mas, muchos mas. Apurense!!
Besos a todos
Alicia
¡HOLA A TODOS!
LLEGUÉ!!!...Creí que me quedaba afuera del concurso pero acabo de colgar mi cuento.
Porque aún estoy a tiempo ¿no?...
Por favor Ali, contestame que síiiiiiiiiiii....
Besos,
Leny
http://sicontigocuento.blogspot.com/
Creo que llego a tiempo, eso espero.:oops:
Carpe Diem
Leny claro que estabas a tiempo tu cuento ya esta participando.
El tuyo tambien Alia.
Saludos
Alicia
¿Y Alinew? Creo que no hay que temer nada en este nuevo emprendimiento. Se ha anotado mucha gente. Creo que será una competencia muy reñida.
Aprovecho la ocasión para mandar saludos a todos los participantes y desearles mucha suerte. Recuerdo también que lo importante no es el final sino el camino recorrido, así que si alguno por ahí no tiene el resultado esperado no se decepcione, y no se olvide del placer íntimo de la creación literaria.
Sin más, un abrazo y a las órdenes.
Juank
por favor Alinew, podrías decirme la fecha tope para mandar un cuento para el concurso,
saludos y gracias
Fran Gris
Frangriso, si hubieras leído las bases te habrías dado cuenta que ya esta cerrado, la fecha límite era el 20 de Abril, o sea ayer. Las bases para el nuevo concurso estaran listas el día 30. Saludos
Alicia
Una pregunta para los próximos concursos:
¿afecta el uso horario en que estemos?
Me saqué un susto al pensar que tal vez ya había pasado la fecha límite del uso horario en el que se maneja el foro, ¿Cuál es el uso horario que se maneja?
Suerte a todos.
Chicos los resultados se los daré mañana por causas de fuerza mayor, aún espero que los jueces me los envien, de cualquier modo ya mañana sabrán quién o quiénes ganaron y abriré los cuentos para sus comentarios. Perdón por el retraso,saludos
Alicia
¿Es que se suspendió el concurso? ¿Se está cociendo algo que debamos saber?
Saludos
Panchito
No Panchito lo que pasa es que no he recibido aún respuesta de todos los jueces pero hoy en la tarde daré los resultados y abriré los cuentos, saludos
Alicia
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